28 de Mayo de 2017
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La difícil interpretación de la mitología egipcia

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La entrada original se publicó en: http://bit.ly/2d8aYCk  

Una de las culturas y de las mitologías más complicadas que existen es la egipcia. Cuando hablamos de mitología griega, nórdica o inca nos encontramos con multitud de historias y relatos, pero todos unidos por una coherencia interna y una serie de fuentes orales o escritas que han hecho que su conocimiento nos sea muy cercano. Eso no sucede con Kemet (Antiguo Egipto). A continuación vamos a estudiar el por qué e intentar explicar los difíciles mecanismos que rigen la coherencia interna de una religión que se mantuvo durante más de dos milenios.

 

Al acercarnos a la mitología egipcia nos encontramos con una multitud de dioses que adoptan diversas formas. Un mismo dios puede representarse de formas muy distintas, como animal y como hombre o mujer con cabeza de animal por ejemplo, puede unirse a otros dioses dando lugar a nuevos dioses y representaciones y puede adoptar diferentes funciones. De la misma forma los mitos acerca de la creación del mundo difieren dependiendo de la ciudad de procedencia de los mismos y lo protagonizan unos dioses u otros.

Ante tal panorama es complicado conseguir una idea única y cerrada acerca de un dios o de un mito. Simplemente, es algo que nos es posible en la mitología egipcia. Tenemos que empezar asumiendo esto. No vamos a ser capaces de encontrar un solo libro o una definición única y totalitaria acerca de un solo concepto, porque no existe. A pesar de que con otras mitologías podamos encontrar una entrada o referencia para un dios con toda su historia y cualidades, esto no puede suceder en el mundo de Kemet sin nombrar todas sus diferencias y diversas versiones del mito o dios no pudiendo nunca llegar a una conclusión del tipo: Jer es el dios de... y representa...

¿Por qué sucede esto? Por diversos motivos. A pesar de todo hay una coherencia en la incoherencia de los mitos egipcios y lo veremos todo al final de la entrada tras explicar por qué nos encontramos ante semejante y aparente caos.

 

 

En primer lugar hay un factor temporal. Hablamos de una sociedad que ha existido durante más de dos mil años bajo una civilización avanzada. Hoy en día no somos capaces de comprender en su totalidad lo que significa este factor tiempo porque nuestras referencias modernas son muy escasas. Para hacernos una idea debemos pensar en todo lo que ha sucedido desde la revolución industrial hasta ahora en la “vieja” Europa para ver cómo, a pesar de haber experimentado multitud de cambios y evoluciones y dos guerras mundiales, solo es un pequeño espacio de tiempo en comparación con la sociedad egipcia.

Lo mismo sucede con otras sociedades que se encuentran más cercanas a nosotros por cultura y localización. El imperio romano, incluso contando la república, no duró ni un tercio que la sociedad egipcia. Los griegos no se perpetuaron más que los romanos y civilizaciones como la vikinga apenas duraron más de 300 años. En comparación, estas civilizaciones son una anotación dentro del espacio de tiempo que abarcó la sociedad egipcia, y sin embargo, nos parece que duraron mucho y permanecieron mucho más tiempo del que realmente hicieron.

Debido a este factor en cuenta no podemos pretender que los dioses y mitos que se originaron durante los primeros pasos de la sociedad egipcia fueran los mismos que al final de la misma dos mil años más tarde. Y a pesar de todo, no cambiaron tanto en un periodo de tiempo tan largo como si hicieron las sociedades que hemos nombrado anteriormente. Por eso en La última etapa intentamos explicar dentro de cada dios la importancia que tuvo o las modificaciones que sufrió dentro de las diferentes etapas por las que atravesó la sociedad egipcia.

 

En segundo lugar hay un factor documental. Todo lo que sabemos de antiguas civilizaciones lo hacemos gracias a los documentos y textos escritos que nos legaron. En Kemet existió la escritura desde los principios de su época civilizada por lo que podría parecer que deberíamos saber tanto como de la cultura Romana o Griega. No es así. El principal motivo es que la escritura se utilizaba casi expresamente para asuntos sagrados o documentos civiles por lo que todo lo que tenemos hoy en día son este tipo de escritos. La gente común no sabía leer ni escribir y además no existían muchos métodos de grabar textos más que en papiro, piedra u ostraca.

Esto hace que el conocimiento actual acerca de la civilización de Kemet esté influida por textos de carácter religioso o administrativo. No disponemos de muchas fuentes de particulares y gente común por lo que la egiptología se basa en el conocimiento que tenemos para intentar extrapolar hábitos, creencias y cultura a la gente corriente. Por este motivo la visión de los mitos y dioses es la visión que los templos y los textos sagrados transmiten, pero no tiene porque coincidir con el acercamiento a los mismos que tenía la gente de a pie.

Un problema que se suma son la multitud de fuentes que existen sobre la civilización egipcia elaboradas con posterioridad. Especialmente los griegos escribieron mucho sobre Kemet (Herodoto), sobre sus dioses y mitos. Al hacerlo con posterioridad a lo que contaban y desde un prisma griego muchos mitos se confundieron, modificaron o alteraron de tal forma que lo que nos llegó en ocasiones no se podía distinguir si provenía de la fuente original o siglos más tarde. El hecho de que algunos dioses se siguiesen adorando con otros nombres y funciones tampoco ayuda a tener una visión exacta de cómo era el mito original al compararlo con las fuentes antiguas.

 

En tercer lugar tenemos lo que se conoce como la contaminación cultural. Como hemos apuntado antes, griegos, romanos, árabes han tenido influencia y presencia en el país del Nilo a lo largo de la historia. Esto ha provocado que diversos aspectos culturales se confundiesen entre ellos, se adoptasen en la nueva cultura o se modificasen de acuerdo a lo que la nueva sociedad está más dispuesto a aceptar o comprender. Los griegos cambiaron todos los nombres de dioses y ciudades, asimilando los mismos a sus propios dioses para entenderlos lo que provocó una excesiva simplificación de los mismos.

Dioses griegos y egipcios no son para nada similares. Forzar una asimilación, en algunos casos excesiva como Serapis, solo provoca que la idea original se olvide o se vea sustituida. Contra esta contaminación cultural ha tenido que lidiar la egiptología desde siempre y, si bien muchos no han sido capaces de salvarla, en su mayor parte ha sido posible gracias a las fuentes originales, por escasas que estás sean, y diferenciando claramente lo que vino posteriormente de lo original.

Por último tenemos las fuentes de la egiptología que permiten el estudio de la sociedad egipcia desde todos los ángulos posibles. Ya hemos hablado de las fuentes escritas, pero tanto o más importantes que estas para poder identificar patrones de conducta, movimientos migratorios o una evolución del lenguaje y las costumbres son la Antropología física y paleopatología que permiten el estudio de una cultura dependiendo del lugar, desde el punto de vista humano analizando restos, adn, objetos y comparándolos con resultados presentes en la misma región en épocas diferentes.

¿En qué tenemos que basarnos entonces para reconstruir el mito y las funciones originales de los dioses?. Desde La última etapa recomendamos que sea en las fuentes escritas originales, a pesar de que las mismas solo ofrezcan el punto de vista de la religión y la administración. De la misma manera tenemos que abrir nuestra mente al afrontar la mitología egipcia teniendo en cuenta estos puntos que hemos tocado considerando que es imposible disponer de una única definición para un concepto y que un dios puede tener diversas formas y funciones, a veces contrapuestas, y seguir siendo el mismo dios y teniendo sentido en sí mismo.

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