23 de Noviembre de 2017
Abr
18

Análisis: Shellshock 2: Blood Trails

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Ojocuidao, que el juego que tenemos entre manos es una puta mierda importante. Probablemente ya viéseis en el blog el vídeo relacionado con esta infamia que pretende ser entretenimiento audiovisual; y si no lo han hecho, les dejo aquí de nuevo un link a esta atrocidad. Y es que este Shellshock 2: Blood Trails, no merece un trato mejor ni por asomo. Y me jode, porque pese a saber de antemano que el juego era una castaña de proporciones bíblicas, tenía un airecillo a serie B que parecía presagiar que al menos algún apartado de este videojuego se salvaría de la quema. Me equivocaba vilmente.
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Sí, niños, ESTO es una captura del juego
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Realmente no sé por dónde empezar a hablar de Blood Trails. Tengo tantas ganas de ponerlo a parir que necesito reorganizar mis ideas mejor. Es que, como digo, prácticamente TODO en este juego está mal. La trama, el apartado gráfico, la jugabilidad, los extras... lo único mínimamente decente es el doblaje que el juego tiene a nuestro idioma. Perpetrado, cómo no, por los cuatro de siempre. Y pongo los cuatro de siempre en cursiva porque son los actores de doblaje habituales en videojuegos de este género. De disparos descerebrados y al tuntún.
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El argumento es malo de cojones, y lo más jocoso del asunto: por momentos cuesta seguirlo de lo mal planteado que está. A los que fuéseis fans del primer juego -cosa que dudo mucho viendo sus notas en Metacritic- os sentará como una patada en los cojones que cogiesen al protagonista de este juego y lo zombifiquen porque sí. Esto de meter zombies es un claro ejercicio de follow the leader, ya que lo que lo realmente lo petaba allá por 2009 era Left 4 Dead y los zombis se estaban convirtiendo en los nuevos nazis de los videojuegos. Luego vino Call of Duty a explotar esta última idea, y fue una especie de hecatombe de cromosomas bastante curiosa. En resumidas cuentas, la trama no deja de ser una excusa barata para hacernos avanzar por unos escenarios la hostia de feos pegando tiros a todo lo que se nos cruce por el camino. Encarnamos a Nate Walker, hermano de Cal Walker, el cual ha sido el último marine que ha entrado en contacto con WhiteKnight. Nadie sabe qué cojones es WhiteKnight -aunque anda que es poco evidente-, ni si es una persona, un virus, o qué. Se nos pide que vayamos a ver a nuestro hermanísimo, que anda como mu loco, para preguntarle por el paradero de WK. Pero de pronto, ¡bam! El NVA ataca nuestro cuartel, y nuestro hermano zombificado se escapa, liándola muy parda por el camino.
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Gráficamente hablando el juego es horrible. A nivel visual podría pasar perfectamente por uno de la generación pasada, y exclusivo de PlayStation 2, que fue la consola de sobremesa con menor potencia técnica de las tres que hubo. Los enemigos son todos bastante similares entre sí y hay poca heterogeneidad entre ellos, haciendo que nos dé la sensación de estar matando siempre al mismo tío porque es realmente lo que estamos haciendo. Los escenarios, aparte de ser bastante claustrofóbicos en su mayoría, están más oscuros que el escroto de Kofi Annan, obligándonos a ir con la linternita la mayoría de las veces. Una linternita que, por supuesto, tampoco alumbra una puta mierda. Las poquitas cosas salvables en este aspecto son algunas animaciones en primera persona al interactuar con algunas partes del escenario como escaleras pero, como ya digo, las texturas son más pobres que el mendigo que está siempre pidiendo en la puerta del Mercadona al que suelo ir.
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ESTO es lo común en el juego, y no exagero
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Lo mejor del juego parece ser el apartado sonoro, ya que, además de venir completamente localizado a nuestro idioma -esto sí y Metal Gear Solid 4 y la trilogía Mass Effect no, de traca- aunque dicho trabajo de localización esté perpetrado por los cuatro de siempre. Como curiosidad, la voz de Nate Walker, el protagonista de esta aventurilla de bajo presupuesto, es la de Goku/Kakarot en el doblaje que se hizo al castellano de Dragon Ball Z. O, para que nos entendamos, la de Isaac Clarke de Dead Space. La música es, en el peor de los casos, inexistente, ya que queda ahogada entre tanto berrido de norvietnamita loco y zombi aullante, aunque en unos pocos momentos de calma entre tiroteo y tiroteo he podido escuchar sonidos que parecían ser techno que no me han desagradado del todo.
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Donde verdaderamente hace aguas el juego es en su planteamiento, más propio de un videojuego de PSX que de uno de esta generación. No sólo no hay ningún tipo de multijugador -ni cooperativo ni competitivo- en el que podamos compartir esta tortura con un amigo, sino que además de ser un juego pasillero, sus alicientes para ser rejugado son más bien nulos. Es como condensar todos los pecados de los shooters de renombre -pasillos, Quick Time Events cada dos pasos, escenitas cada paso- en un único producto.
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El arsenal es ridículo. No llega a las diez armas, con eso lo digo todo. Por si no fuese poco, algunas de ellas tienen más retroceso que dos mil años de iglesia. El control no es malo del todo, pero sí lo suficientemente tosco como para convertir la práctica de tiro al norvietnamita en algo prácticamente digno de la Odisea vivida por Homero. 
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Apasionante
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Los zombis no aparecen en la trama hasta bien entrada la misma. Pero cuando aparecen, comienza el auténtico calvario. Sólo mueren de tiro a la cabeza, y teniendo en cuenta la idiosincrasia laberíntica y pasillera de los escenarios, y que a veces nos atacan de mil en mil -y con un control malo tirando a pésimo que hace que todo empeore- nos veremos obligados a, en cuanto veamos un grupo de no muertos, volver al principio del escenario disparando mientras vamos andando de espaldas e intentar despacharlos uno a uno. Todas las putas partes con zombis son así. Unos auténticos genios del mal. No sé en qué cojones pensaba esta gente a la hora de hacer el brainstorming, pero seguro que la cocaína se cortaba en caballones. 
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La salud se regenera automáticamente, y, como detalle jocoso, el daño en la pantalla se muestra de color blanco en lugar del clásico desangramiento por los ojos de Call of Duty. Esto me hace plantearme si realmente nuestro personaje es testosterona pura y al ser herido en lugar de salir sangre, sale semen, o si realmente es esperma lo que lanzan las armas de los enemigos. Pero ojo, que cuando somos dañados por un zombi la pantalla se nos llena de sangre. Tanta que parece que hayamos estado haciéndole una inspección ocular a una muchacha que tiene hemorragias vaginales severas. Ahora, sumad esto último a la retahila de handicaps que tenemos que superar a la hora de matar a un simple zombi del párrafo anterior. De traca. Y tienes que hacer esto sí o sí porque no puedes rushear y pasar de ellos ya que CORREN MÁS QUE TÚ. 
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Hay básicamente tres tipos de enemigos. El norvietnamita, el zombi, y el loco con machetes. Este último hace como de jefe final, y aguanta prácticamente una puta Fat man sin despeinarse. Este alegre engendro parido por el mismísimo Belcebú no tiene ningún tipo de tabla de daños a nivel visual que sirva para hacer saber al jugador que estás causándole daños, de forma que los combates contra estos seres se reducen a esquivar sus ataques -que quitan un cojón y medio de vida, por cierto- mientras le disparamos con la vaga esperanza de que caiga al nonagésimo octavo cartucho del calibre doce que le hemos metido entre pecho y espalda.
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Este, amigos, es EL JEFE FINAL de este puto juego. En singular, porque sólo hay uno, que lo repiten en tres putos niveles de mierda
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Para recoger las armas deberemos mirarlas fijamente, algo similar a lo que ocurre en Dead Island y Borderlands; aunque en este último caso esto se justifica porque son action-RPG en los que cada arma tiene sus propios atributos y tal. Aquí no. Aquí tenemos un arsenal ridículo y además deberemos estar buscando munición como subnormales en recovecos absurdos de los escenarios porque no es que abunde precisamente.
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Completar los diez niveles del juego nos llevará poco más de cuatro horas. Lo mejor que tiene este juego es que sus logros son chorra no, lo siguiente, de modo que se convierte automáticamente en carnaza de alquiler para putillas logreras que quieran aumentar su gamerscore a cambio de perder unas cuantas neuronas y bastante capacidad psicomotriz durante el proceso. 
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Shellshock 2: Blood Trails es un juego malo de cojones. Con malas ideas, pésimamente planteadas, y llevadas a cabo de peor forma. De hecho incluso creo que la propia carátula del juego es una alegoría al horror que produce jugar a esta cosa, porque las secciones realizadas adrede para crear ambiente y asustar al jugador a mí me dieron más bien penita. Esto, sumado a la dificultad artificial de la que hace gala el juego mediante artimañas que lo hacen poco menos que injugable, hace que yo, Slugger Maxman, declare este Shellshock 2 como una auténtica puta mierda de juego. No se lo recomiendo ni a mi peor enemigo.
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Nota: 2
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5
Valoración media: 5 (2 votos)

2 Comentarios:

Por una vez estoy deacuerdo

Por una vez estoy deacuerdo contigo, tiene un pintorro acojonante. ¿Pero sale para esta generación o para la siguiente? A ver si va a requerir tanto como el Hour of Valor, que da tironcillos con la GTX680. Otro juegazo. ¿Por qué no me van esos juegazos? Qué mala suerte.

Me habían dicho que por 6 euros tenía un pase.

También es cierto que el que me lo dijo fue el mismo hijoputa que me recomendó los DLC de Saints Row The Third.

Rebellion no ha hecho nada decente desde hace Eones. Desde el Alien Versus predator de PC (No confundir con el infame hecho esta generación) no han dado NI UNA (Dredd Vs Death para PC -Sergio Rubio dice que en PS2 es mejor, no lo sé así que comento de la versión que jugué-, Alien Versus Predator, Rogue Warrior, Este Shellshock, Neverdead,...) Lo que no sé es porque cojones con estos precedentes, las distribuidoras les siguen confiando proyectos. Que a ver, una mancha en tu historial puede ser entendible, pero mas de 4 seguidas...

En fin, me alejaré como la peste. Pero el Rogue Warrior cae fijo xD