La humanidad tiende a digitalizarse y mecanizarse, en los tiempos que corren donde la tecnología ocupa un lugar relevante en nuestras vidas se nos hace difícil la ausencia de aparatos electrónicos en nuestros hogares. La generación actual crecerá rodeada de cada vez más innovaciones tecnológicas, lo cuál llevara a normalizar lo que para algunos parece absurdo o una completa utopía: el futuro en donde los humanos se relacionen con máquinas que simulen y reaccionen de la misma forma que las personas, a su imagen y semejanza, como si la obra de un dios estuviera en manos de los hombres, capaces de mostrar sentimientos y sentir afecto, de hablar y mantener conversaciones de todo tipo, realizar incluso labores que para nosotros resultarían peligrosas o imposibles, y hasta dotados de sexo.
Quizá no sólo sea una visión ficticia en las grandes pantallas, una idea explotada hasta la saciedad por la industria del cine, en multitud de películas, si no más bien sea un augurio del camino que la ciencia y la cultura esta tomando en este terreno, los avances en robótica ya aseguran que en poco menos de cincuenta años los “orgánicos” (el hombre) y los “meca” (robots) convivirán supuestamente en armonía en una civilización que si poco imagino habrá de cambiar su ética. Con todo este planteamiento surgirá un revuelo donde las diferentes opiniones de la gente suscitarán todo tipo de críticas enfocadas hacia el desarrollo de estos androides. ¿Estamos jugando a ser Dios? De alguna forma quizá sí, en la ambición más intrínseca del hombre esta hipótesis cobra gran importancia. La idea de controlar seres a nuestro antojo y ejercer autoridad sobre ellos, aún siendo artificiales, dotan al ser humano de poder. La cuestión sería si creamos o no estos seres mecánicos y con que fines, pues deduzco que los mismos problemas que nos acechan a los humanos podrían darse entre los robots con toda una serie de consecuencias quizá catastróficas para el hombre, pues si desarrollamos estos autómatas con capacidad para sentir emociones es lógico pensar que también puedan hacerlo de manera hostil. Si están capacitados para amar, quizá también lo estén para odiar
¿que tipo de manutención entonces supondrá convivir con estos “humanos artificiales”? Las tres leyes de la robótica implantadas por Isaac Asimov quizá no siempre se cumplan, si todo lo electrónico y mecánico falla, o incluso se rompe, (ordenadores, vehículos, electrodomésticos…) fácilmente me da que pensar que estos androides autómatas también estarán sujetos a estos problemas y lo peor de todo será saber hasta donde pueden llegar en caso de algún desajuste.
¿Estaremos psicológicamente preparados para esto? ¿Cuánto tendremos que cambiar para asimilar toda esta revolución? ¿y hasta dónde será la ciencia y la tecnología capaz de llegar?
La Robótica, en su concepto más simple viene utilizándose y aplicándose a las necesidades del ser humano desde tiempos remotos, Con el tiempo su estudio y su sofisticación ha hecho que las máquinas formen parte de nuestra sociedad actual no sólo como un instrumento de ocio y necesidad sino como toda una insignia de evolución y creación por parte del ser humano. La Industria y las personas nos hemos beneficiado de ellas, haciéndonos la vida de alguna forma más cómoda.
Los Robots vinculados a la industria han agilizado las duras y pesadas tareas de algunos sectores, aunque también esta “automatización industrial” ha desplazado la mano de obra de las personas que antes ocupaban esos puestos.
En el campo de la medicina estos conocimientos han servido para el tratamiento en cirugías, implantación de prótesis, multitud de instrumental clínico con los que los médicos de todo el mundo trabajan a diario.
Sin embargo algunos especialistas aseguran que el primer paso llegará con la implantación en nuestro cerebro o cuerpo de chips que nos ayuden a ser más inteligentes o hábiles, convirtiéndonos de alguna forma en mitad hombre y mitad máquina. Muchos pensamos asustados en el mañana de George Orwell (“Gran Hermano”) con cámaras de vigilancia acechando en cada esquina controlando nuestros movimientos y estos chips inteligentes que servirán para manipularnos.
Los androides venideros llegarán para cambiar de alguna u otra forma toda la cultura que hoy conocemos. Necesitaremos nuevas leyes que controlen el uso de estos y que rijan una nueva sociedad donde las personas y los robots dependan unos de otros. Esto irá sucediendo de manera gradual, expertos vaticinan fechas en torno al 2029 o al 2050 donde según ellos los robots estarán completamente integrados en la sociedad, y estaremos tan acostumbrados a ellos como lo estamos hoy día al teléfono móvil o el ordenador.
Con sólo esto me abruman multitud de preguntas e incógnitas que inquietan la visión que hasta día de hoy tenía sobre la “Metrópolis del futuro”.
Es cierto entonces que más que una ambición la pasión por evolucionar esta tecnología tenga mucho que ver con mejorar nuestro mundo, de cara a un futuro todas estas herramientas que desarrollemos quizá consigan mejorar nuestra calidad de vida, y si esto sucede así la creación de vida artificial será todo un éxito, las personas podremos pararnos a contemplar estos androides mientras pensamos si nosotros también somos la creación de alguien más, de otro tipo de vida inteligente.

2 Comentarios:
Una sugerencia: usa más categorías para tus textos.
6 de Marzo de 2008 • 21:01 — markusSi es que desde tus inicios
7 de Mayo de 2008 • 22:07 — rapsodosSi es que desde tus inicios dando caña...
Yo no me veo en el 2029 con un robotejo xDDDDDD Pero, y aunque suene vulgar, puede que agradezca en el 2050 o 2060 que hayan retreterobots que ayuden a limpiarme.
Y aunque la primera idea que se me ha venido no es que sea precisamente muy ingeniosa, cualquier innovacion de este tipo o cualquier avance importante deberia ir destinado a la facilidad y ayuda de las personas.
Un texto cojonudo.
P.D pero tristemente sigo pensando en el retrete robotico. Un retrete con brazos. Y no veas que problema si se vuelve loco que te pilla de las pelotas!!