- Es curioso. Ahora que veo la señal de entrada, me doy cuenta de que nunca llegamos a nombrarla por su verdadero nombre.
- Te lo creas o no, has conseguido sacarme de allí. Gracias.
- No me las des todavía. Dudo que ésta carretera de a alguna parte.
- ¿P-Podrías…, podrías leerme en voz alta su nombre? Tan sólo quiero oírlo, una vez…
- Tú verás. Bienvenidos a…
Ciudad Paralela
18:00
Agarré la Monty y la pasé al otro lado de la valla, era el momento de saltar yo. A la bici le hicieron una considerable reducción de peso, por lo que era ligera. Hubiese sido más fácil cruzar el paso subterráneo hasta el otro andén, pero ir solo por éstos pasadizos podía suponerte la expropiación de cualquier elemento de valor que llevases encima, y una bici era de lo más codiciado. Es curioso, pues un incidente así sólo ocurre si vas solo. Aunque bajases de la mano de tu hermano pequeño, ellos no te harían nada mientras fueses acompañado. Era hora de cruzar a pie las vías de tren.
No debía preocuparme, pues tan sólo una de las vías era transitada. El sistema de rodalies había sido inhabilitado ara cosa de un par o tres de años, en un intento de cerrar la ciudad e incomunicarla. Pero esas mismas vías muertas, servían ahora de paso para transitar de ésta ciudad al resto. El gobierno pretendía tenernos retenidos en ella, por lo que instauró un tren de vuelta, para que aquellos ciudadanos que habían rehuido a otras ciudades, pudiesen volver, sólo cuando el mono les viniese otra vez, y necesitasen abastecerse para colocarse, pues ya se sabe que mierda como la de aquí, no se consigue en ningún sitio. El tren estacionaba en las 3 ciudades próximas a ésta, en las que solía apearse la gente, les recogía, y les dejaba de vuelta. Tras esto, repetía el ciclo. El gobierno quiso reducir así la tasa de abandonos, o dicho de otra forma, de visitas a otras ciudades. Pero, lo único que hizo fue qué, teniendo un medio de transporte seguro para la vuelta, nos planteáramos entre nosotros el "ver mundo". Por suerte, pude llegar a salir en un par de ocasiones, de ésa, mi ciudad, que parecía residir en un mundo paralelo al del resto.
Me senté en el característico banco rojo de las antiguas estaciones de RENFE, a esperar el tren. Al momento, sonó Get This, de Slipknot, canción que tenía como tono en el móvil para las llamadas. Cogí el teléfono y miré la pantalla, era Joaquín quién llamaba:
- ¿Sabes algo ya? - contestó a prisas -
- Tranquilo hombre, no hace falta que saludes. - le dije, pretendiendo ser sarcástico -
- ¿¡Pero sabes algo o no!?
- No tío. Aún faltan 5 minutos para que llegue el tren.
- ¡Joder! Estoy empezando a impacientarme.
- Tú no te ralles vale, si lo que me dijo Sarah es cierto…
- ¿Y tú cuánto te fías de ella?
- Tú estate listo. Te llamo en una hora.
- No me has contestado. Creeré en ti entonces.
- Más te vale hacerlo. - le advertí fulminantemente, antes de colgarle -
En nuestras conversaciones predominaban las frases cortas y el ir directo, cosa ventajosa en situaciones apuradas. Joaquín era un tanto nervioso. Ésta vez la reacción se la provoqué yo, al darle la noticia de lo que acontecería ese día.
- Nos van a venir a buscar. - le dije -
Y lo cierto es que puede resultar algo chocante. Yo me veía a menudo con Sarah. La noche anterior, ella me dijo, que, sus padres, le habían dicho que a la noche siguiente, marcharían de la ciudad. El gobierno enviaría un "convoy" que sacaría a los de la parte Alta. Lo único que nos hizo creer en ello fue que, entre las calles, siempre había existido dicho rumor de que el gobierno planeaba sacar a unos cuantos fuera de la ciudad. Sarah me dijo que, tras la extracción de éstos, cerrarían, ésta vez sí, la ciudad de una vez por todas. Seríamos rodeados por enromes bloques prefabricados de cemento. Muros de contención, pasaríamos a ser oficialmente un ghetto. Así que ésa sería nuestra última noche en ella…
Sarah fue a despedirse de sus amistades, vigentes en la ciudad más próxima a ésta. Con la excusa, quedé con ella en la estación para recogerla, y llevarla de vuelta a casa. Pues aunque suene algo excéntrico, necesitaba que Sarah llegase esa mañana con vida a casa, pues era ella la que tenía que preguntar a sus padres la hora y el lugar donde esperaría el convoy, para poder salir así nosotros tras ellos. Por decirlo de alguna manera, casi que me aprovechaba de ella. Pues ése era uno de los trenes que solo pasa una vez en la vida, y estabamos obligados ha subirnos a él.
Entre tanta rallada, terminó por llegar el tren. Como de costumbre, Sarah se bajó del 3r vagón. Me puse en pie, y ella vino hacia dónde estaba yo. Empezó a hacer frío.
- Pareces imbécil trayéndote la bici al andén.
- Si la dejase atada afuera, lo único que me quedaría de ella ahora al volver sería el cuadro.
- Claro, menudo palazo tener que andar a mí lado hasta llegar a mí casa, no? - respondió en tono irónico -
- Aclárate.
No pude seguir renegando, se abalanzó sobre mí y me abrazó. Fui deslizando la bici por los escalones mientras mantenía agarrada por la cintura a Sarah. Cruzamos el pasillo, atónitos, al ver que allí no había ni dios. Una vez fuera, baje hasta tocar asfalto y subí a la bici, Sarah se montó detrás de mi, en las estriberas. Se agarró a mis hombros y yo empecé a pedalear.
Las puntas onduladas de su cabello rozaban mis labios, el viento seguía soplando con más fuerza que antes, el cielo empezaba a oscurecer. Las primeras gotas de lluvia, deshacían lentamente las fachadas de los edificios. El camino se me antojaba más largo que otras veces. Cada paso que daba, cada calle que lograba cruzar, se me hacia eterna. La ciudad estaba desierta, descomponiéndose al paso. El infierno se desató a la salida de la Avenida Libertad. Un familiar de 4 puertas, azul marino, reventó ante nuestros ojos. Cortando así la calle, nos obligo a cruzar la plazoleta de la Rambla de Balmes. Culpa mía. Debí imaginarlo. En momentos así solo actúas, y si un coche reventaba ante ti, en la parte Baja de la ciudad, solo podía significar que estabas en mitad de una batalla. Solo que en ésta ocasión, quién la libraba éramos nosotros.
18:37
Las llamas se expandieron. Las salidas fueron bloqueadas, por contenedores de basura y demás. Detrás de éstos, salió Dan junto a María, Gabriela y Robert. De entre las llamas del cruce de la calle cortada, emergía él. El líder de la manada, un tipo normal que lo único que le hacía resaltar del resto era una dentadura cuyos dientes estaban torcidos e amarillentos, y una gabardina negra que lucía siempre puesta.
- ¿¡A dónde coño te crees que vas!? - me preguntó Mark -
- ¿De qué va todo esto tío?
- Tú sabrás…
Me lo quede mirando a los ojos, como suponía, estaba nervioso. No aguantó la mirada, pestañeo, y miró al suelo un momento. Aproveché para fijarme que en su mano izquierda, portaba una 45.
- Dime, que cojones quieres de mí ahora. No habrás montado todo esto, yendo armado, solo para saludarme, cosa que sigo esperando que hagas.
- A ti todo el mundo debe saludarte. Sabes lo que quiero, dime la hora y el lugar, y te dejaré marchar.
- Si me abres camino, te meto una bala en la sien por haber retenido mi vida 2 minutos.
- Dime lo que quiero saber entonces.
- Dios, ¿me vas a tener mucho rato más así?, tengo algo de prisa, no sé si lo sabes eso.
- No es lo que quisiese saber.
- Me lo has dicho tu antes, técnicamente, ya lo sabías. - le contesté picado - Sabía que éstos juegos de palabras le desquiciaban. Lo único que necesitaba era sacarle de sus casillas. En el momento en que fuese yo, quién llevase la conversación, tendría control absoluto de la situación.
- Eres un mierdas, ¿¡lo sabías!? - me replicó - Era la mía. La adrenalina le hacía temblar el pulso. Era como uno de esos sistemas que permitía el paso mediante reconocimiento de voz. Solo me quedaba darle un empujoncito, y la función daría comienzo.
- E incluso siendo un mierda necesitas venir armado y de paso traerte a toda tu horda de lameculos para reducirme. Reconócelo, a día de hoy, te sigo suponiendo un reto.
- ¿A quién lla…? - contestó María -
- ¡Anda mira, pero si éstos hablan y todo! - contesté señalándoles con el dedo índice -
- ¡Por el amor de díos jefe!
- ¿Jefe?, ¿le llamáis "jefe"? - le pregunté a María frunciendo el ceño - Al momento, me saqué de debajo de la camiseta mi 45. y apunté firmemente a María, ella tampoco supo mantener la mirada.
- ¿¡Qué hace éste armado!? - preguntaron todos a tono, mientras sacaban sus armas y me apuntaban apurados -
- Imagino que tendrás un plan. - me susurró al oído Sarah -
- Quédate en la bici, y sal detrás de mi. - Me bajé de la bici y ella se montó en el sillín, me dispuse delante de ella, no saldría a no ser que yo me apartase. Con el arma en alto, observé la disposición de los contenedores, para ver cuales podría usar como cobertura. Tal y como intuí, tanto María cómo Dan habían abandonado el Este para rodearnos en arco y tener visión desde el frente. Podría resguardarme en dicha dirección y retenerlos en la plaza el tiempo suficiente para que Sarah se largase. El único problema es que tendría que salir de espaldas. Disparé 3 tiros al aire; Norte, Sur y Oeste, obligándoles a resguardarse.
- ¡Ahora! - grité a Sarah -
Ésta se dio media vuelta rápidamente y bajó el desnivel que hacía que visualmente, la plaza se viera elevada del suelo. María se puso en pié rápidamente y, con toda la rabia que alguien, humano, puede contener en su interior, disparó una ráfaga de balas. Me agaché y, como pude, llegué hasta uno de los contenedores, consiguiendo ponerme a cubierto.
- ¿No vienes conmigo? - me preguntó Sarah al verme comprobar el cargador -
- Ya te alcanzaré.
- …
- ¡Por lo que más quieras, corre!
Me reincorporé y disparé como loco al aire hasta que pude alcanzar la figura de María. Por mucho que el tiempo pase, y las heridas sanen, una mente sigue enferma. Pues estaba claro que yo a María aún no le había perdonado aún todos sus pecados. E iba a cebarme con ella, pero de una manera demencial…
3 Comentarios:
Guau, una historia muy
25 de Agosto de 2008 • 03:02 — SuperKilloGran historia. No
26 de Agosto de 2008 • 00:01 — Ellolo17Gran historia.
No recuerdo ahora que autor de 15 años llego a hacer un libro de exito. ¿Has pensado alguna vez en dar el salto y atreverte? Con suerte llames la atencion de una editorial que te compre los derechos -o el texto- y lo publique. Lo bueno es que si no es ahora, quizas en 10 años, cosa que no sucede con los videojuegos...
PD: ¿Por que todos los escritores de relatos buscamos nombres ingleses para los personajes y no les llamamos simplemete Ramon, Paco, Manolo, Pepe...? Yo una vez -aunque no aqui- escribi uno donde los nombres eran antiguos nombres nordicos en un hipotetico mundo de ciencia ficcion donde los alemanes ganaron la 2º guerra mundial y su ciencia nos llevo a otros planetas hace 20 años, la historia ocurre en un marte futurista terraformado desarrollado a partir de aqui...
Un saludo.
Arggh, quiero saber que ha
28 de Agosto de 2008 • 02:31 — ShaiyiaArggh, quiero saber que ha hecho esa Maria para que exista tanto rencor :-O
Una historia muy buena, esto promete :)
5 estrellas.