2 de Diciembre de 2008
Oct
8

Ciudad Paralela, Capítulo II

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18:51

- ¡Coge el puto teléfono por dios!

- Joder, que poco has tardado en llamar. Buenas noticias supongo.

- Joaquín, es Mark. He conseguido sacar a Sarah del lugar, ahora mismo está sola, estará dando vueltas por la ciudad imagino. Le he dejado la bici, encuéntramela mientras tengo al capullo de turno ocupado.

- ¿A quién quieres que te encuentre, a la bici o a Sarah?

- ¡Maldito imbécil!, ¿¡no querías una puta hora y lugar!? Empieza a mover el culo tío, date prisa.

- ¿Tú dónde estás?

- Plaza de la Avenida Libertad, Sarah se ha ido por Calle Barcelona. Vive en la cima de la ciudad, en la otra punta, así que tarde o temprano le habrá dado por subir.

- Vamos, parte Alta…

- Alargando la frase ya veo que no piensas hacerme ni puto caso, verdad?

- Oigo disparos desde el auricular, ¿¡Qué coño quieres que te diga!?

- Qué me encontrarás a Sarah.

- Sabes que no lo aré.

- ¡Mierda, Joaquín!

Ya había colgado. Lo que significaba que en cualquier momento tendría su jeto al lado pegando tiros. No se puede decir que fuese un chico que supiese escuchar. Por tanto, ya podía ir despidiéndome de Sarah, la había perdido.

18:57

Ya no sabía ni que demonios estaba haciendo. Con la tontería debía llevar cerca de 10 minutos pegando tiros por pegar, entre la llamada y lo demás. Ahora era a mí a quién le temblaba el pulso. Me tiraba del pelo, me golpeaba los nudillos contra el container, sólo por sentir dolor, hasta dejármelos rojizos. El dolor me mantenía ocupado, en mi cabeza solo había sitio para Sarah, uno en ésas condiciones no puede disparar, que no me jodan!

Sólo la veía a ella, y me temía lo peor. Mientras bizarras ocurrencias desfilaban por mi cabeza, sobre cualquier cosa que le pudiese pasar, yo me golpeaba los nudillos con más brutalidad. Me estaba volviendo loco, los ojos se me empezaban a humedecer. Por suerte, en ese momento, Joaquín llegó a prisas, siéndole imposible frenar y pegándose un buen porrazo contra el container con su bici, evitando así que me saliese la vena cursi y se me cayese alguna que otra lagrima, aunque en cierto modo, me apetecía rajarme la mejilla.

Entre risas, Joaquín pudo reincorporarse. La risa me duró poco;

- Te lo dije… Ves a por Sarah… ¿Qué haces aquí?

- Y que se supone que debo hacer, ¿dejarte aquí mientras oigo como te lías a tiros con el personaje ése? A demás, ¿por dónde se supone que debo yo buscar a Sarah? La ciudad no es precisamente enana para ello. Se supone que ha ido a casa. Teniendo a éstos aquí liados, dudo que alguien se haya dedicado a seguirla.

- En los cruces subterráneos del andén de la estación, no había ni dios éste mediodía.

- Pero que sólo tiene que ir hasta su casa, sabes que nadie cruza la Línea Intermedia que separa la parte Baja de la Alta.

- Se te olvida que la necesitas viva para salir de aquí.

- Pero también te necesito vivo a ti joder, que parece que no quieras entenderlo.

He de reconocer que en su momento la frase me desconcertó. Pero si no estaba yo cómo para pegar tiros, iba a estarlo para pensar. Así que no le dí la más mínima importancia. Con todo, Joaquín y yo seguíamos disparando a la vez que discutíamos a lo Meryl-Akiba en el centro de mando de Outer Heaven, pero sin amor, está claro. Yo esa parte de la concepción de vida humana, ya la tenía solventada por otra persona. Creo que fue en ese momento en el que caí en el cuento de que tal vez Sarah me importase más de lo que yo mismo me pensaba. Pues oficialmente, ella y yo no teníamos nada. Extraoficialmente, algo debía haber allí por cojones.

A todo ésto, cómo no, ella volvió a mi cabeza, así que me canse de tanto teatro y pose chorra, que sólo teníamos 15 años (algunos 16) cómo para rodar la secuela de Wanted con la escenita que estábamos montando. Así que me alcé en mitad del círculo de fuego, ahora ya prácticamente extinguido, y entre pólvora y ceniza, colé una bala en el hombro del brazo derecho de Mark; todos me miraron, y lo adivinaron. Ya me había cansado.

- Bien. - contesté al aire, mientras me frotaba las manos, cómo si fuese a formular una pregunta al momento -

- Joder, para ésto no me hagas bajar si en cuanto te salga de ahí lo vas a tener todo bajo control. - me reprochaba Joaquín, mientras se alzaba tras de mi con el arma en alto -

- No pedí que bajaras. Tenlo presente eso.

- No empieces, - me contestó cachondeándose - que nos están mirando.

- ¡Será hijo de la gran puta! ¡Mi brazo! - gritó Mark buscándome -

- ¡Qué no tengo madre! Haber si nos aprendemos el rollo ya.

- Dios, que alguien me lleve, necesito curármelo.

- Esto… ¿te duele? - le contesté alzando la cabeza tratando de verle, mientras bajaba a la calzada -

- De todas formas tenemos lo que queríamos.

- Joaquín, ¿porqué a dicho eso? Aquí nadie ha hablado de fechas ni de… maldito cabrón, ¡que venía en bici!, las tenían escondidas detrás.

- ¿Tan raro te parece…? Pensé que ya lo supondrías… pero no corras joder, ¿a dónde vas?

- Ha pedido que le lleven.

- Sí, ¿y?

- Las estriberas, ¡que pareces corto!. Si tienen que llevarle encima sobra una bici, aún podremos seguirles después de todo.

- ¿Qué no lo entiendes Marc?, lo han hecho adrede. Uno de ellos ya vendría montado en ellas.

- ¿Con qué finalidad? - le contesté a Joaquín, mientras buscaba entre los escombros -

- ¡Pues para que les dieras tiempo a que se fueran, se han esfumado! - gritó enrabiado Joaquín, señalando a la vez el  horizonte con el dedo índice -

- ¡Joder! ¡Joodeeeeer!

- Cálmate…

- Me llevo tu bici.

- ¡Eh no, espera! ¿Se puede saber qué demonios haces? - trataba de vocalizar apurado, mientras veía que me iba a llevar su bici tanto si le gustase como si no - Ya se han ido, déjalo estar.

- ¡Y una mierda! Te llamo en cuanto sepa algo.

- Das por seguro que vas a saber algo. ¿Qué demonios crees que vas ha averiguar yendo tras ellos? Han estado aquí todo el rato. - iba largando mientras le ignoraba y empezaba a partir - ¡Nadie le ha hecho nada a Sarah!, no puedes coger mi bici y…

- Te llamo en cuanto sepa algo. - le volví a insistir girándome hacia él, mientras lo empezaba ha dejar atrás -

- …pues sí, si que puedes. Las cosas no se hacen así Marc… - se contestó para si mismo -

19:45

La temperatura seguía bajando, y estaba decidida a seguir haciéndolo en lo que quedaba de día. Ya debía llevar en la azotea de mi edificio alrededor de media hora, efectivamente, no era sencillo seguirles. Eran unos completos inútiles, pero a la hora de pedalear… no, seguían siendo igual de inútiles. La verdad es que necesitaba huir del lugar, irme de allí en cuanto antes. Quería estar sólo, me daba palo tener que dar explicaciones a Joaquín, y a sus miles de preguntas que tendría (o al menos yo daba por supuesto de que las tendría) y que ya se las contestaría más tarde.

En realidad yo deje de vivir en casa de mis padres desde la noche en la que la ciudad se fue a pique. Ellos desaparecieron y yo me quede aquí, con los restos. Joaquín y yo vivíamos (o hacíamos ver que vivíamos) en uno de los pisos de la Línea Intermedia. Llamábamos Línea Intermedia al par de calles que separaban la zona Alta de la Baja. Eran dos calles deshabitadas, en las que nadie de ninguna de las dos partes pisaba el pié.

Decidimos quedarnos allí porqué en realidad era el mejor lugar para pasar desapercibido de la mierda de la ciudad. Nosotros manteníamos las calles en alto, nos habíamos desecho de la mayoría de los árboles ya que requerían de cuidado continuo, por decirlo de algún modo. Con el tiempo, cuidamos del asfalto y el hormigón, y nos ganamos esa imagen. Así que ya teníamos escusa para quedarnos allí metidos. Dos calles enteras, ajenas al resto, pues eran nuestras.

Mi piso andaba por ahí perdido, en la parte Baja. Las dos partes de la ciudad no se distinguían por distintas clases sociales ni nada de eso. En la parte Baja es en dónde se quedaba la gente como yo. Chavales y no tan chavales que no tenían familia por ningún lado, que renegaban del sistema y que la mayoría vivían a base del negocio de la droga y el contrabando de armas. En la parte Alta residían familias íntegras, compuestas de Madre, Padre, Hijos, Abuelos, etc.

Éstos sí que vivían, recibían ayudas del estado desde que la ciudad dejo de ser ciudad. Tenían supermercados, tiendas de ropa, y todo lo necesario para sobrevivir esperando al día en que alguien les viniese a buscar. Para un chaval como yo me es imposible saber como se produjo ésa división, ni a santo de qué. La parte Baja nunca causó problemas a la Alta, como pueda parecer a simple vista. En la vida se produjo un altercado entre ellos, y sí, llevábamos así nuestros años ya.

A Sarah empecé a verla unos años después de la caída. El gobierno no podía dejar abandonada una ciudad entera frente a los ojos del resto de habitantes del país. Tras unos años se intentó remediar la situación instaurando tres institutos en los que hacer ESO. De Primaria andábamos sobrados pues juro que ya no quedaban niños en aquél lugar. En el instituto manteníamos la mínima educación que la ley exige, paliando así viejas heridas con el público de nuestro alrededor. Todo el mundo seguía nuestra hazaña, los políticos se divertían jugando con nuestras vidas. Y si, la idea surgió a flote, tuvo cabida y aceptación. Durante un tiempo estuvimos yendo al instituto, y de ahí nos conocimos los que nos conocemos ahora. Sarah vivía con su madre y su padre en la parte Alta y, bien, el resto ya lo conocéis.

Cuando las cosas me iban mal solía subir a la azotea de lo que había sido mi casa. Mi padre era presidente de la comunidad así que tenía el juego completo de llaves del edificio entero. Subía a la azotea, y me apoyaba frente a alguna pared, me sentaba en el suelo y dejaba pasar el tiempo. Fuese la época del año que fuese, allí arriba siempre hacía frío. Y dicho y hecho, al subir empecé otra vez a rasgar con los puños, los nudillos contra la pared, hasta que me empezaron a sangrar. No pude contener las lágrimas y eché a llorar.

Si Sarah hubiese llegado a casa me habría llamado ya, sólo hacia que mirar y mirar el móvil, gritándole que sonase, pero no sonaba… Le estaba gritando a un teléfono.

Cese al momento las lágrimas, alguien me levantó. Intentando abrir los ojos sólo conseguía ver a alguien, al que veía borroso, no me lo esperaba eso. Tan sólo sabía que me tenía agarrado del cuello e intentaba ahogarme con las dos manos, pues no tenía fuerza como para bastarse de una sola. Él solo quería ver que, incluso yo podía sentir dolor. Me soltó y me dejó abrir los ojos.

- ¿Te sorprende verme?

Era un ángel, un ángel de alas negras, unas alas de gran plumaje. Lo más desconcertante del todo es que se trataba de Mark.

- Sarah no te llamará, no en el día de hoy. Quería una fecha, un lugar, y ya los tengo. Pero resulta - siguió, agarrándome la barbilla y hablándome al oído - que tengo algo más. Tómatelo como alguien pero yo lo considero algo. Al fin y al cabo no es muy distinto al uso que tú le dabas. ¿No es eso Marc, no se trata de eso?

- Yo que tú - proclamó, terminando el discurso - haría algo. Si quieres puedes, pero piénsatelo bien Marc, porqué ésta noche - sentenció, buscándome los ojos - pienso hacer historia…

Mark abrió las alas, y desapareció al vuelo. El cielo oscureció de golpe. El reloj marcaba las ocho de la tarde, y ya era de noche.         

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4 Comentarios:

Dios mio que desconcertante

Dios mio que desconcertante ese final O.O ¡¡quiero saber más!! me ha gustado mucho este capitulo, me cae muy bien joaquin X-D

5 estrellazas. 

Tienes mucho talento a la

Tienes mucho talento a la hora de redactar y expresarte. Como a Shaiyia, me ha desconcertado el final. Nunca habia reparado antes en la historia que estabas creando así que comenzé desde el primer capítulo. Sigue así. Estaré pendiente del siguiente capítulo.

Saludos Very Happy

Muy bueno, esa mezcla entre

Muy bueno, esa mezcla entre lio y palabras malsonantes es muy graciosa, un saludo.

5 Edtrellas. 

La verdad es que sailor moon

La verdad es que sailor moon nos hizo fans del anime a muchos, y eso es de agradecer, no importa lo pastelosa que fuera, con lo que nos reimos con ella, mereción la pena!!!!!!