DISCLAIMER: el relato tiene un alto contenido sexual es muy visceral y por ello y mucho mas deberías pensar dos veces en leerlo y traumatizarte por ello. Así mismo reniego de cualquier responsabilidad si después de leerlo tienes la brillante idea de introducirte una zanahoria por el culo o hacer alguna cosa peor. Si has visto la película o leido el libro del club de la lucha sabrás como se las gasta Chuck Palahniuk, después del aviso podéis proseguir tranquilamente con la lectura.
Chuck Palahniuk es un escritor autor entre otros de "el club de la lucha", hace tiempo que había leído la historia pero hoy he vuelto a encontrar el texto y he decidido compartirlo con vosotros amantes lectores de relatos explícitos. Cuenta la historia que Chuck estaba de gira en 2003 promocionando su novela: "Diario: una novela", aparte de lo original del título, Chuck leyó en la radio esta historia (la cual forma parte de su libro "fantasmas") y se cuenta que unas 35 personas se desmayaron mientras escuchaban la susodicha historia.
Toma tanto aire como puedas.
Esta
historia debería durar lo que puedas aguantar la respiración, y después
un poquito más. Así que escucha tan rápido como puedas.
Un
amigo mío, cuando tenía 13 años oyó hablar del "pegging". Esto es
cuando un hombre es penetrado por el culo con un consolador. Se
estimula la glándula prostática lo suficiente, y el rumor es que se
pueden tener explosivos orgasmos manos-libres. A esa edad, este amigo
es un maníaco del sexo. Siempre está necesitando una nueva forma de
vaciar sus huevos. Sale a comprar una zanahoria y un poco de vaselina.
Para llevar a cabo una pequeña investigación privada. Después se
imagina como va a quedar en la caja del supermercado, la zanahoria
solitaria y la vaselina corriendo por la cinta transportadora hacia la
caja. Todos los compradores esperando en línea, mirando. Todos viendo
la gran noche que ha planeado.
Entonces mi amigo, compra leche, huevos, azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes de una torta de zanahoria. Y vaselina.
Como si fuera a su casa a meterse una torta de zanahorias por el culo.
En
su casa, corta la zanahoria y se convierte en una herramienta sin filo.
La unta con grasa y acerca el culo profundamente a ella. Después, nada.
Ningún orgasmo. No pasa nada excepto que duele.
Entonces, su mamá le grita que vaya a cenar. Que baje ahora mismo.
Trabaja la salida de la zanahoria y guarda la cosa resbaladiza y hedionda en las sábanas sucias abajo de su cama.
Después
de comer, va a buscar la zanahoria, y ya no está. Toda su ropa sucia,
mientras cenaba, su mamá la había llevado para lavar. No había forma de
que no hubiera encontrado la zanahoria, prolijamente esculpida con un
cuchillo de su cocina, todavía brillando con vaselina y oliendo.
Este
amigo mío, espera meses debajo de una nube negra, esperando que sus
viejos le digan algo. Y nunca lo hacen. Jamás. Inclusive ahora que es
adulto, esa zanahoria invisible cuelga en cada Navidad, cada fiesta de
cumpleaños. En cada Pascua con sus hijos, los nietos de sus viejos, esa
zanahoria fantasma esta acechando sobre ellos. Eso demasiado feo para
nombrar.
La gente en Francia tienen una
frase: "espíritu de la escalera". En francés: espirit de l'escalier.
Significa el momento en el que encuentras la respuesta, pero es
demasiado tarde. Como cuando estás en una fiesta y alguien te insulta.
Tienes que decir algo. Entonces bajo presión, con todos mirando, dices
algo estúpido. Pero en el momento que te vas de la fiesta... mientras
bajas las escaleras, magia. Se te ocurre la cosa perfecta que deberías
haber dicho. La réplica perfecta desperdiciada.
Ese es el espíritu de la escalera.
El
problema es que ni siquiera los franceses tienen una frase para las
cosas estúpidas que realmente dices bajo presión. Esas cosas estúpidas,
desesperadas que realmente piensas o haces.
Algunos actos son demasiado bajos para tener un nombre. Demasiado bajos siquiera para hablar de ellos.
Mirando
atrás, psicólogos infantiles, psicopedagogos, ahora dicen que la
mayoría del último pico en suicidios adolescentes eran chicos tratando
de estrangularse mientras se pajeaban. Sus padres los encontraban, una
toalla alrededor del cuello del chico, la toalla atada al palo de su
armario, el chico muerto. Esperma muerto por todos lados. Por supuesto
los padres limpiaban todo. Le ponían unos pantalones al chico. Lo
hacían parecer...mejor, intencional por lo menos. El triste y usual
tipo de suicidio adolescente.
Otro amigo
mío, un chico de la escuela, su hermano más grande de la Marina le dijo
como los tipos del medio oriente se pajean diferente de como lo hacemos
aquí. Este hermano más grande estaba destinado en un país de camellos
donde venden abridores de cartas muy elegantes. Cada una de esas es un
palo finito de plata o bronce pulido, quizás largo como tu mano, con
una gran punta de un lado, una gran bola de metal o el tipo de
empuñadura que verías en una espada. Este hermano de la Marina cuenta
cómo los árabes ponen su polla dura y luego insertan esta vara de metal
a lo largo de su miembro. Se hacen la paja con eso dentro, y hace que
acabe mucho mejor. Más intenso.
Es este hermano mayor que viaja por el mundo, mandándonos frases francesas. Frases rusas. Consejos de masturbación útiles.
Después
de esto, el hermano chico, un día no aparece por la escuela. Esa noche,
me llama a ver si le puedo guardar los deberes por un par de semanas.
Porque está en el hospital.
Tiene que
compartir la habitación con viejos a los que les están trabajando las
entrañas. Cuenta como tienen que compartir el mismo televisor. Todo lo
que tiene para su privacidad es una cortina. Sus viejos no lo visitan.
Por el teléfono, dice cómo sus viejos matarían ahora a su hermano mayor
de la Marina.
Por el teléfono, el chico
cuenta cómo el día anterior estaba un poco fumado. En su casa y en su
habitación, se tiró en la cama. Estaba prendiendo una vela y mirando
unas revistas porno viejas, preparándose para hacerse una paja. Todo
esto después de haber escuchado lo de su hermano de la Marina. Ese
consejo útil de cómo se pajean los árabes. Busca a su alrededor algo
que pueda hacer el trabajo. Una birome es muy grande. Un lápiz es muy
grande y áspero. Pero caída sobre un lado de la vela, hay una tirita
suave de cera que podría funcionar. Con la punta de un dedo, el chico
despega el palito de cera de la vela. Lo hace rodar por la palma de sus
manos. Largo y suave, y fino.
Loco y
caliente, lo mete dentro, profundo y más profundo en su miembro. Con
una buena porción de cera todavía fuera de la punta, se pone a trabajar.
En
este momento, dice que esos tipos árabes son bastante vivos.
Reinventaron completamente la masturbación. Tumbado de espaldas en su
cama, las cosas se están poniendo tan buenas, el chico no puede llevar
rastro de la cera. Está a una buena apretada de saltar en leche cuando
la cera ya no está asomando para afuera.
El palito fino de cera, está metido adentro. Completamente adentro. Tan adentro que no puede sentir la presencia en su miembro.
Desde
abajo, su mamá le grita que vaya a comer. Dice que baje ahora mismo.
Este chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas
diferentes, pero todos vivimos más o menos la misma vida.
Es
después de comer cuando las entrañas del chico empiezan a doler. Es
cera, entonces se imagina que se derretirá adentro y después la meará.
Ahora la duele la espalda. Los riñones. No se puede poner derecho.
El
chico hablando por teléfono desde la cama del hospital, de fondo puedes
escuchar campanitas, gente gritando. Programas de televisión.
Los
rayos X muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su
vejiga. Esta larga y delgada V dentro de él, está recogiendo todos los
minerales de su orina. Se está poniendo más grande y áspera,
conteniendo cristales de calcio, está moviéndose lastimando la suave
pared de su vejiga, bloqueando su orina para salir. Sus riñones están
hinchados. Lo poco que gotea de su pito es rojo y con sangre.
Este
chico y sus padres, su familia, mirando la radiografía con el doctor y
las enfermeras paradas ahí, la gran V de cera brillando en blanco para
que todos la vean, tiene que decir la verdad. La forma que se pajean
los árabes. Lo que su hermano mayor le escribió desde la Marina.
En el teléfono, ahora mismo, empieza a llorar.
Pagaron la operación de vejiga con sus fondos universitarios. Un error estúpido, y ahora nunca será un abogado.
Meterse
cosas dentro de uno. Meterse uno dentro de cosas. Una vela en tu polla
o tu cabeza en una horca, sabíamos que iba a ser un gran problema.
Lo
que me metió a mi en problemas, lo llamé Buceo de Perlas. Esto
significaba hacerse una paja bajo el agua, sentado en lo profundo de la
piscina de mis viejos. Con una buena respiración honda, me iba al fondo
y me sacaba mi traje de baño. Me sentaba ahí por dos, tres, cuatro
minutos.
Solo por pajearme, tenía una
gran capacidad pulmonar. Si tenía la casa para mi solo, lo hacía toda
la tarde. Después de haber bombeado afuera mis cosas, mi esperma,
quedaba por ahí como grandes, gordos, globos de leche.
Después
de eso era más buceo, para agarrarlos todos. Para juntarlos y ponerlos
en una toalla. Por eso es que se llamaba Buceo de Perlas. Hasta con
cloro, me tenía que preocupar por mi hermana. O, santo Dios, mi mamá.
Ese
solía ser mi peor temor del mundo: mi hermana virgen adolescente,
pensando que sólo esta poniéndose gorda, y después dar a luz a un bebe
retrasado de dos cabezas. Ambas cabezas iguales a mi. Yo, el padre Y el
tío.
Al final, nunca es lo que te preocupa lo que te agarra.
La
mejor parte del Buceo de Perlas era la rejilla interna para el filtro
de agua y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y
sentarse ahí.
Como dirían los franceses: ¿A quién no le gusta que le chupen el culo?
Igual, en un minuto sois sólo un chico haciéndose una paja, y al siguiente nunca vas a ser un abogado.
Un
minuto, estoy sentado en el fondo de la piscina, y en el cielo hay
olas, a través de celestes ocho pies de agua sobre mi cabeza. El mundo
está en silencio excepto por el latir de mi corazón en mis oídos. Mi
bañador a rayas amarillas está agarrado alrededor de mi cuello para
tenerlo a salvo, por las dudas de que un amigo, un vecino, cualquiera
aparezca a preguntar por qué no fui al entrenamiento de futbol. La
succión constante del agujero interno de la piscina está lamiendo y yo
estoy frunciendo mi flaco y blanco culo por esa sensación.
Un
minuto, tengo suficiente aire, y la polla en mi mano. Mis viejos se
fueron a trabajar y mi hermana está en ballet. Nadie debería pasar por
casa en cuatro horas.
Mis manos me llevan
a punto de acabar, y me detengo. Nado arriba para agarrar otra gran
bocanada, respiro hondo. Me sumerjo y voy de nuevo al fondo.
Hago esto una y otra vez.
Por
esto debe ser que las mujeres se quieren sentar en tu cara. La succión
es como echarse un cagada que no termina nunca. Mi polla dura y
haciéndome comer el orto, no necesito aire. Los latidos en mis oídos,
me quedo debajo hasta que grandes estrellas de luz empiezan a colarse
en mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de cada rodilla
raspada contra el fondo de hormigón. Mis dedos se están poniendo
azules, mis dedos de los pies y de las manos arrugados por estar tanto
tiempo en el agua.
Y después lo dejo pasar. Los grandes blancos globos empiezan a brotar. Las perlas.
Es
ahí que necesito algo de aire. Pero cuando voy a patear contra el
fondo, no puedo. No puedo poner mis pies debajo de mí. Mi culo está
trabado.
Paramédicos de emergencias te
van a decir que cada año aproximadamente 150 personas se traban de esta
manera, chupadas por una bomba de circulación. Que te agarre tu pelo
largo, o tu culo, y te vas a ahogar. Todos los años, muchísimas
personas lo hacen. Muchos de ellos en Florida.
Sólo que la gente no habla de eso. Ni siquiera los franceses hablan de TODO.
Poniendo
una rodilla arriba, metiendo un pie abajo mío, llego a estar medio
parado cuando siento el tirón contra el culo. Poniendo mi otro pie
abajo, pateo contra el fondo, estoy pataleando libre, sin tocar el
hormigón, pero sin conseguir aire tampoco.
Todavía
pateando agua, remando con los dos brazos, estoy quizás a mitad de
camino para la superficie pero no llego más arriba. Los latidos dentro
de mi cabeza son más altos y rápidos.
Las
brillantes chispas de luz cruzando mis ojos. Giro y miro atrás... pero
no tiene sentido. Esta soga gruesa, algún tipo de serpiente,
azul-blanca y trenzada con venas ha salido afuera del drenaje de la
pileta y se está agarrando a mi culo. Algunas de sus venas están
perdiendo sangre, sangre roja que parece negra debajo del agua y se
escapa de pequeños rasgones en la pálida piel de la serpiente. La
sangre se va, desapareciendo en el agua, y dentro de la delgada
azul-blanca piel de la serpiente podés ver trozos de alguna comida a
medio digerir.
Es la única forma de que
esto tenga sentido. Un horrible monstruo de mar, una serpiente marina,
algo que nunca vio la luz del dia, había estado escondiéndose en el
oscuro fondo del drenaje de la piscina, esperando para comerme.
Entonces...
la pateo, a la resbaladiza, elástica y anudada piel y sus venas, y más
de ella parece salir del drenaje de la piscina. Es quizás tan larga
como mi pierna ahora, pero todavía agarrándose firme al agujero de mi
culo. Con otra patada, estoy a una pulgada más cerca de tener aire.
Todavía sintiendo la serpiente tirando de mi culo, estoy a una pulgada
más cerca de mi escape.
Anudado dentro de
la serpiente, puedo ver maíz y porotos. Puedo ver una gran bola
naranja. Es el tipo de píldora de vitaminas para caballos que mi viejo
me hace tomar, para ayudarme a mantenerme en peso. Para tener una beca
escolar de futbol. Con extra hierro y ácidos grasos omega-tres.
Es ver la píldora vitamínica que salva mi vida.
No
es una serpiente. Es mi intestino grueso, mi colon sacado afuera. Lo
que los médicos llaman, prolapsado. Son mis tripas chupadas en el
drenaje.
Los paramédicos te van a decir
que una bomba de una pileta tira 80 galones de agua por minuto. Eso es
como 400 libras de presión. El gran problema es que estamos todos
conectados adentro. Tu culo es sólo el lejano final de tu boca. Si lo
dejo seguir, la bomba sigue trabajando -desdoblando mis entrañas- hasta
que tenga mi lengua. Imagináte echarse un cagada de 400 libras, y vas a
ver como esto te puede doblar para afuera.
Lo
que te puedo decir es que tus tripas no sienten mucho dolor. No de la
forma que tu piel siente dolor. Las cosas que estás digiriendo, los
doctores lo llaman materia fecal. Más arriba hay bilis, un desastre con
maíz y porotos y guisantes redondos y verdes.
Eso
es toda esta sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y porotos flotando
alrededor mío. Incluso con mis tripas desenmarañando afuera de mi culo,
yo agarrándome de lo que me queda, incluso en ese momento mi primer
deseo es de alguna forma ponerme el traje de baño de nuevo.
Dios no permita que mis viejos me vean el pito.
Una
mano agarrando por el culo, mi otra mano engancha mi bañador de rayas
amarillas y lo saca de mi cuello. Todavía, ponérselos es imposible.
Quieres
sentir tus intestinos?, vete a comprar una caja de esos forros
ultrafinos. Saca uno y desenrrollalo. Llénalo con mantequilla de maní.
Untálo con vaselina y agarralo bajo el agua. Después, trata de
romperlo. Trata de partirlo por la mitad. Es muy fuerte y elástico. Es
tan delgado que no lo puedes agarrar bien.
Un forro ultrafino, es sólo el intestino.
Puedes ver contra que me enfrento.
Te dejas ir por un segundo, y estás destripado.
Nadas a la superficie a respirar, y estás destripado.
No nadas, y te ahogas.
Es una decisión entre estar muerto ahora o dentro de un minuto.
Lo
que mis viejos van a encontrar después del trabajo es un gran feto
desnudo, encorvado en sí mismo. Flotando en el agua de su piscina.
Atado al fondo por una soga gruesa de venas y tripas retorcidas. Lo
opuesto de un chico ahorcándose mientras se pajea. Este es el bebe que
trajeron a casa del hospital hace trece años. Aquí está el chico que
esperaban ganase una beca de fútbol escolar y que obtuviera un MBA.
Quien cuidaría de ellos cuando sean viejos. Aquí están todas sus
esperanzas y sueños. Flotando ahí, desnudo y muerto. Alrededor suyo,
grandes perlas lechosas de esperma desperdiciada.
Es
eso, o mis viejos me van a encontrar envuelto en una toalla sangrienta,
colapsado a mitad de camino entre la piscina y el teléfono de la
cocina, las andrajosas sobras de mis tripas todavía colgando de la
pierna de mi bañador a rayas amarillas.
De lo que ni siquiera los franceses hablarían.
Ese
hermano mayor de la Marina, nos enseñó otra buena frase. Una frase
rusa. La forma que decimos: "necesito eso como un agujero en mi
cabeza..." los rusos dicen: "necesito eso como dientes en el culo..."
Mne eto nado kak zuby v zadnitse
Esas
historias sobre animales atrapados en esas trampas que se mastican la
pata, bueno, cualquier coyote te va a decir que un par de mordiscos te
salvan de estar muerto.
Mierda... incluso si eres ruso, algún día podrías querer esos dientes.
De
otra forma, lo que tienes que hacer es --tienes que retorcerte. Pones
un codo detrás de tu rodilla y tiras esa pierna hacia tu cara. Muerdes
y desgarras tu propio culo. Te quedas sin aire, y vas a masticar
cualquier cosa para tener ese próximo aliento.
No es algo que le quieras contar a una chica en la primera cita. No si esperás un beso de buenas noches.
Si te dijera qué gusto tiene, nunca, jamás comerías calamar de nuevo.
Es
difícil decir lo que le molestó más a mis viejos: cómo me metí en
problemas o cómo me salvé. Después del hospital, mi mamá dijo, "No
sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock." Y aprendió a hacer
huevos pasados por agua.
Toda esa gente desagradada o sintiendo lástima por mi...
Necesito eso como dientes en el culo.
Ahora,
la gente siempre me dice que me ve muy flaco. La gente en fiestas o
cenas se incomodan y se enojan cuando no como lo que cocinaron. Un
puchero me mata. Jamón cocido. Cualquier cosa que esté en mis tripas
por más de un par de horas, sale todavía como comida. Pedazos de
pescado cocinado en casa, me voy a cagar y los voy a ver todavía ahí en
el inodoro.
Después de tener una
resección intestinal importante, no se digiere la carne tan bien. La
mayoría de la gente tienen cinco pies de intestino grueso. Yo tengo
suerte de tener mis seis pulgadas. Así que nunca tuve una beca escolar
de fútbol. Nunca tuve un MBA. Mis dos amigos, el chico de la cera y el
chico de la zanahoria, crecieron, se hicieron grandes, pero yo nunca
pesé una libra más de lo que pesaba ese día cuando tenía trece años.
Otro
gran problema fue que mis viejos pagaron bastante dinero por esa
piscina. Al final mi viejo le dijo al tipo de la piscina que fue un
perro. El perro de la familia se cayó y se ahogó. El cuerpo muerto fue
succionado por la bomba. Incluso cuando el tipo de la piscina abrió el
filtro pescando y sacando un tubo elástico, un cacho aguado de
intestino con una gran píldora vitamínica adentro, incluso ahí, mi
viejo decía, "Ese perro de mierda estaba loco."
Incluso
desde la ventana de arriba en mi cuarto, podías escuchar a mi viejo
decir, "No pudimos confiar en ese perro por un segundo..."
Después a mi hermana no le vino.
Incluso
después de que cambiaron el agua de la piscina, después de vender la
casa y mudarnos a otro estado, después del aborto de mi hermana,
incluso ahí mis viejos nunca lo mencionaron de nuevo.
Jamás.
Esa es nuestra zanahoria invisible.
Tú. Ahora puedes dar un buen, profundo respiro.
Yo todavía no lo hice.
Esta entrada solo tiene la finalidad de compartir el texto, espero que no os disguste de sobremanera, un saludo y nos vemos en los bares.
3 Comentarios:
Conforme iba leyendo...
7 de Noviembre de 2008 • 14:31 — RikkuInTheMiddle... he empezado ha sentir un pequeño escozor en las hemorroides...
Bueno, por un momento me he llegado a creer que realmente eran las vivencias del autor, pero lo que me ha descolocado ha sido lo de la hermana embarazada por el espermar flotante de la piscina... Vamos, el mismo sistema por el que Rose de las Chicas de Oro se quedó embarazada...
P.D.: La historia de la paja arabe me ha recordado a lo que explicó Arguiñano una vez en el programa de Fuentes...
Mi reacción al leer:
7 de Noviembre de 2008 • 14:51 — LoganKellerPD: 5*
Digamos que amedida que
12 de Noviembre de 2008 • 15:20 — Shaiyia