21 de Septiembre de 2017
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La Verdad Acerca de Perry Mason

Erle Stanley Gardner

Para Darrell Parker, fiscal de distrito, el juicio por asesinato que se siguió a Frank Pass en 1941 debiera haber sido perfecto: se contaba con el arma, con un martillo manchado de sangre y con un testigo bien dispuesto. Pero el testigo era la esposa del presunto homicida, y la ley del estado de Arizona manifestaba que la esposa no podía declarar en contra de su marido sin el consentimiento de este.

Cansado de repasar mentalmente el asunto, Parker se sumió en una novela policiaca: The Case of the Curious Bride (el caso de la novia curiosa) de un tal Erle Stanley Gardner. A medida que leía se encontró con que el héroe, Perry Mason, abogado y detective, se enfrentaba a un problema opuesto al que tenía desesperado a Parker: cómo evitar que el tribunal aceptase el testimonio de un marido contra su cónyuge. En el caso de Mason, el fiscal intentó anular el matrimonio permitiendo así que el hombre prestara su declaración. Mason demostró que el matrimonio era legal, de esta forma obstruyó el testimonio del esposo. La inquietud se apoderó de Parker. ¿Y si Frank Pass y su mujer no estuvieran legalmente casados?

Parker revisó los documentos matrimoniales del acusado y descubrió que Pass tenía suficiente sangre indígena como para calificarlo de indio paiute. Su esposa, aunque medio mexicana, era legalmente caucásica, y un decreto de Arizona hacía ilegal tal matrimonio. Posteriormente se admitió el testimonio de la señora Pass ante el tribunal y el homicida fue condenado. Perry Mason, irrumpiendo en la vida real desde las páginas de un libro, se había apuntado otro éxito.

Desde su primera aparición en marzo de 1933, con The Case of the Velvet Claws (el caso de las garras de terciopelo), Perry Mason se convirtió en el investigador de ficción con más éxito del siglo pasado. Nunca perdió un caso (si acaso en la novela de 1956 The case of the terrified typist), y las ventas de sus 82 aventuras, plagadas de acción llegaron a marcas típicas de los best sellers.

A la fecha se han vendido más de 325 millones de libros de Erle S. Gardner, y las hazañas de Perry Mason han sido traducidas a más de 35 idiomas. Aunque no ha vuelto a aparecer en ninguna nueva aventura literaria, desde 1973 hasta principios de los 80s se llegaron a vender 2000 libros cada día.

 

Las dramatizaciones del investigador, con Raymond Burr representando el papel del investigador, fueron emitidas durante nueve años en la televisión norteamericana, se han proyectado en más de 60 países, incluyendo América Latina. Durante 12 años, Mason estuvo en la radio norteamericana cinco veces a la semana. Fue el héroe de media docena de películas hasta que Gardner retiró su autorización porque, desde su perspectiva, Hollywood no comprendía a su héroe.

Sus admiradores sí que lo entienden. Saben que sus armas son: una gran presencia ante los tribunales, un conocimiento enciclopédico de la ley de California y la inquebrantable lealtad del detective Paul Drake y de la secretaria Della Street. Con la mayor frecuencia, su adversario es Hamilton “Ham” Burger, el ficticio fiscal de distrito de Los Angeles. Una y otra vez, Burger y sus compañeros fiscales creen tener el caso completamente a su favor, pero Mason, con su dominio de la brujería legal y su letal habilidad como inquisidor, encuentra la manera de desenmascarar al verdadero villano de la sala.

Incluso cuando el fiscal de distrito cree tener a un testigo ocular irreprochable, Mason contraataca. En The Case of the Howling Dog (el caso del perro aullador, 1934), Bessie Forbes, la cliente inocente de Mason, se ve acusada de homicidio por que tomó un taxi hasta la escena del crimen y había olvidado un pañuelo perfumado en el asiento trasero. Sabiendo que la parte acusadora utilizaría al taxista para identificar a la señora Formes, Perry contrata a una actriz que se parece a su clienta, y la empapa con Vol de Nuit, el perfume del pañuelo. Envía entonces a la actriz a pedirle el pañuelo al taxista. En la corte, Mason anula el testimonio del hombre al hacerlo admitir que si se ha equivocado al identificar a la mujer que recuperó el pañuelo, también puede estar en un error sobre la identidad de la pasajera original. Cuando el conductor sostiene que fue Bessie Forbes la que recogió el pañuelo, Mason va en camino de probar la inocencia de su clienta. Por supuesto, ninguno de los clientes de Mason es culpable jamás. En su mayoría son chicas hermosas menores de 30 años, con bonito cuerpo y bocas apetecibles, que por alguna desgracia se han echado la ley de California encima.

Casi todas las aventuras del investigador se apoyan en un principio legal o en un caso real que Erle S. Gardner, como abogado, había usado ante la sala de tribunales de California. La cuestión de dónde acaba el creador y dónde empieza la creación casi no tiene respuesta.

Erle S. Gardner

Nació el 17 de julio de 1889, en Malden (Massachusetts), pero después que cumplió los trece años, sus padres se mudaron a California, donde pasó el resto de su vida. Combinó la escuela secundaria con un puesto de mecanógrafo en una empresa de abogados en Palo Alto y después estudió derecho por su cuenta. En 1911, tras cumplir 21 años, ingresó en el cuerpo de abogados y empezaron las aventuras típicas de Perry Mason en la persona de Erle Stanley Gardner.

En 1913 Gardner comenzó a ejercer en Oxnard, pequeño pueblo de California con una población china considerable. Erle, a la sazón, rechoncho, con gafas, defensor nato de los débiles y estudioso de los más lóbregos subterfugios del código penal del estado, se convirtió en su paladín.

Una vez lo contrataron para defender 20 chinos que iban a ser acusados de vender billetes de lotería. Sabiendo que el detective de otra población que habían contratado para arrestar a los chinos era incpaz de distinguir a un oriental de otro, Gardner cambió de lugar de trabajo habitual a todos los acusados y los trasladó a un local nuevo. Puso a Wong Duck, el carnicero, en la lavandería de Ah Lee, y también mudó a los otros 18. En la estación de policía el detective se equivocó al identificar a todos. En el juicio Gardner hizo notar que si el funcionario que procedía a los arrestos no era capaz de distinguir a un chino de otro, ¿cómo era posible que supiera quién había estado vendiendo los billetes de lotería? El caso fue sobreseído (tipo de resolución judicial que dicta un juez o un tribunal, suspendiendo un proceso por falta de causas que justifiquen la acción de la justicia) y Gardner se convirtió en el héroe del Barrio Chino.

Las repercusiones del caso fueron múltiples. Con el tiempo, Gardner aprendió el cantonés suficiente para charlar con sus nuevos clientes y se ganó el sobrenombre de Dà zhuàng shī (大状师 el Gran Abogado) y recopiló material para la trama de sus historias. Algunos años después hizo un viaje a China, donde se le trato con gran distinción. Pero en sus viajes también fue sujeto a arresto domiciliario, acusado de ser espía, y perseguido por piratas que nunca habían oído hablar del Gran Abogado de California.

En 1921, se decidió a escribir ficciones para aumentar sus ingresos. Durante el día se afanaba en su profesión legal. Por las noches, Gardner, que más adelante escribiría más dedos millones de palabras en un año y que quedaría inscrito en el Libro Guinness de las Marcas Mundiales como el escritor más rápido del mundo, concebía narraciones para revistas vulgares. A pesar de haber sido rechazado en varias ocasiones, al final de los dos primeros años Gardner, que escribía bajo el seudónimo de Charles Green, se las arregló para vender una buena cantidad de sus historias.

Doble éxito

Tanto el ejercicio del derecho como la escritura progresaban año con año. En 1926 Gardner, el escritor nocturno, vendió 35 de sus narraciones y novelas cortas; y Gardner, el abogado, siguió sacando casos desesperados del fuego.

En cierta ocasión actuó en una reclamación por daños por valor de cuarto de millón de dólares interpuesta por una joven que alegaba que sus nervios habían sido destrozados por los actos del cliente de Gardner. Esto había impedido su matrimonio y la había dejado hecha una ruina tímida. El caso del cliente parecía desesperado hasta que se desencadenó un terremoto. Mientras la sala temblaba, todos se lanzaron bajo las mesas y los bancos... excepto la demandante y Gardner.

Cuando se reanudó la vista, el abogado, en una jugada digna de Perry Mason, señaló a la demandante y se dirigió al jurado: “Todos ustedes se asustaron. Esa chica que ven ahí quedó tan fresca como una lechuga. ¿Parece esa la acción de una mujer que supuestamente se convirtió en una tímida por algo que hizo o dijo mi cliente?” Quince minutos después el jurado volvía con un veredicto favorable para el cliente de Gardner.

Hacia 1932, Gardner había escalado la cumbre de los escritores mercenarios que llenaban las página de las revistas de detectives. Incluso con el módico salario de las revistas sensacionalistas ganaba durante de Depresión de 1929 más de 20,000 dólares anuales escribiendo.

Fue el advenimiento del dictáfono lo que hizo posible que naciera Perry Mason. Dictando y empleando a tres secretarias, el autor pudo realizar una cantidad de trabajo aun más cuantiosa. En 1933, cuando aparecieron las dos primeras novelas de Mason, Gardner publicó también 69 novelas cortas más, narraciones breves y artículos para revistas.

El primer libro de Perry Mason, The Case of the Velvet Claws, fue dictado por Gardner en tres días y medio mientras atendía su práctica profesional por parte del día. Rechazado por varios editores, fue aceptado por William Morrow and Company y demostró ser tanto para Gardner como para Morrow la clave de grandes ingresos. El libro ha aparecido en más de 20 ediciones y reimpreso en 34 versiones fuera de Estados Unidos. Los nuevos libros de Perry Mason se sucedieron en torrentes de a dos y tres por año. Apasionado por el aire libre, el tío Erle, como muchos le llamaban, equipó una camioneta con lo necesario para sobrevivir en zonas desiertas y se dedicó a dormir en el desierto con su aparato de dictar, para resurgir días después con una nueva aventura de Perry Mason ya terminada.

Pero hacia 1938, empezaba a preguntarse si un día cedería al interés de los lectores por Perry Mason. ¿Podría duplicar su éxito escribiendo una novela con otra serie de personajes? El libro, escrito bajo el seudónimo de A. A. Fair, era The Bigger They Come (Cuanto más grandes son) y caracterizaba a Bertha Cool, una mujer obesa propietaria de una agencia de detectives y con anillo de diamantes, y a su diminuto empleado Donald Lam, todo un paquete de dinamita legal. La pareja se anotó un éxito inmediato y Gardner se puso a escribir 29 libros de Cool y Lam.

En 1947 Gardner se encontraba disfrutando de la vida y probablemente de los más altos ingresos de un escritor de su época. Entonces recibió la visita de un joven abogado de nombre Al Matthews. Matthews tenía un cliente en la miseria y sin amigos, William Marvin Lindley, que había sido condenado por homicidio. Lindley, a quien el gobernador Earl Warren había negado el indulto, estaba a punto de ir a la cámara de gas. Convencido de la inocencia de su cliente, Matthews preguntaba si Gardner podría ayudar.

El abogado-escritor puso manos a la obra para salvar a Lindley. Reconstruyendo el crimen,llegó a la conclusión de que el joven abogado tenía razón. Escribió cartas en las que plasmaba sus conclusiones al gobernador y a todos los magistrados de la Corte Suprema de California. Aunque Warren, que se hallaba fuera del estado, había ordenado que no se indultase a Lindley, las cartas de Gardner eran tan persuasivas que la Corte Suprema solicitó por unanimidad al vice gobernador Frederick Houser que ordenara un aplazamiento de la pena de muerte. Finalmente, el gobernador Warren, influido por la sugerencia de la Corte, cambió la sentencia de Lindley a cadena perpetua. 20 años después fue exonerado. El caso Lindley llevó a Gardner, con la ayuda del editor Harry Steeger, a comenzar en 1948 un programa llamado "El Tribunal de última instancia" en la que un equipo de peritos encabezados por Gardner estudiaban los casos dudosos individualmente y aquellos considerados injustamente condenados fueron publicados en la revista Argosy cuyo editor era el mismo Steeger. (http://www.victimsofthestate.org/CA/Lindley.htm) Durante los 10 años siguientes, el equipo examinó cientos de solicitudes de abogados y prisioneros y se consiguió salvar las vidas de 33 hombres y mujeres inocentes.

Gardner dejó este mundo el 11 de marzo de 1970, a los 80 años, cubierto de honores por sus colegas abogados y aceptado como perito internacional en derecho penal. También dejó tras de sí una de las vidas más colmadas y llenas de éxito que se pueden imaginar. Y lo mejor de todo, legó al mundo a Perry Mason que vivirá para siempre.

 

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3 Comentarios:

Una entrada realmente

Una entrada realmente curiosa, anque te ha quedado un tanto caótica en los primeros párrafos (además de que no se te ven las imágenes).

Gracias por avisar.

No sé a qué se deba qué no aparezcan las imágenes. Ya las subí dos veces y nada. Voy a cambiar de hosting de imágenes.

Buena publicacion

Me ha parecido un artículo muy bueno y curioso,se nota que te lo has currado bien,me encantan estos temas,he oído repetidas veces todos los podcast de pasajes del terror,los recomiendo. http://algomasquejuegox.blogspot.com.es/?m=1