19 de Diciembre de 2014
Ago
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Los cuatro evangelistas y sus símbolos animales



Los cuatro evangelistas de las Sagradas Escrituras han tenido asignado desde hace siglos un símbolo acompañante cada uno, con el que han sido representados frecuentemente en el arte religioso (como en la obra de Karolingischer Buchmaler):

Ángel – San Mateo
Águila – San Juan
León – San Marcos
Toro – San Lucas

El que más fama a adquirido entre todos es el león de San Marcos, que fue el distintivo especial de la República de Venecia en sus tiempos de esplendor. En muchas ocasiones, los animales se han representado también sin los evangelistas correspondientes. Por ejemplo, se manifiesta en las representaciones que hay en los cuatro ángulos de la catedral de Tubinga.

Es fácil comprobar el origen de estas correspondencias, aunque no lograremos nada con esta prueba por sí sola, porque detrás se esconden relaciones astronómicas misteriosas que pocos conocen. Los símbolos de los evangelistas tienen su origen en los rostros del Apocalipsis, en el texto de los versículos 6 y 7 del capítulo cuarto:

Delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal, y en medio del trono y a su alrededor cuatro seres vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente era semejante a un león, el segundo igual a un toro, el tercero tenía un semblante como de hombre, y el cuarto era semejante a un águila voladora”.

Los cristianos de los siglos posteriores establecieron una estrecha relación entre estos animales y los cuatro evangelistas. Hasta aquí resulta normal el proceso desde el punto de vista histórico y cultural. Ahora bien, el problema se hace interesante tan pronto nos formulamos la pregunta de cómo es que Juan, el escritor del Apocalipsis llegó a la visión de aquellos cuatro animales.

El Apocalipsis contiene una cantidad sorprendentemente grande de ideas astrológicas y mitológicas de las clases más diversas. Aquellos cuatro “seres vivientes” tienen todavía su hogar en la bóveda celeste de nuestros días. El “mar de vidrio” es el cielo nocturno. Los “ojos por delante y por detrás” son las estrellas. Y ciertamente se trata de cuatro constelaciones, separadas entre si noventa grados, o sea en la cuarta parte de la circunferencia del horizonte. El león y el toro no necesitan de mayor explicación; el ser viviente con “semblante como de hombre” es Acuario, una de las pocas constelaciones con figura humana. Por último, el águila es una constelación que no pertenece a las zodiacales. Mirándolo estrictamente, deberíamos haber esperado que el cuarto animal fuera el escorpión, pero no es así. Ahora, ¿por qué no se tomó en cuenta a este arácnido y en su lugar se designó al águila?

Lo que sucede es que esta constelación resultaba muy inquietante en la Antigüedad. Los  escorpiones son temidos con toda razón en los países meridionales; la constelación misma, que vemos en el cielo (dependiendo de la latitud), tiene una sorprendente semejanza con un escorpión con la cola levantada. La Antigüedad, época llena de supersticiones, no quería tener relación alguna con esta constelación, motivo por el cual el escorpión fue sustituido por el águila en vuelo, una constelación vecina y más amigable en las representaciones astrológicas y mitológicas de aquellos tiempos. Además, hay que tener en cuenta que su estrella de primera magnitud, Altair, llama especialmente la atención por sí sola. También el Apocalipsis sustituyó al maligno escorpión por el águila, que más tarde se convirtió en acompañante de San Juan (sin relación con el escritor del Apocalipsis).

El orientalista Jeremías, fallecido hace varios siglos, ha explicado de manera convincente estas relaciones. Pero no es suficiente con esto. ¿Por qué precisamente la revelación escogió aquellas cuatro constelaciones del Zodiaco para flanquear por los cuatro costados el trono celestial? También en ese sentido se explicó Jeremías de modo detallado. En la astrología y la astronomía babilónicas de los primeros tiempos, de la que tanto judíos como los primeros cristianos sacaron sus ideas, aquéllas cuatro constelaciones zodiacales de Leo, Tauro, Escorpión y Acuario eran primitivamente los signos del Zodiaco en que comenzaban las cuatro estaciones del año: en el tercero y cuarto milenios antes de Jesucristo, tauro fue una constelación zodiacal del equinoccio de primavera; Leo, la del solsticio de verano; Escorpión (águila), la del equinoccio de otoño, y Acuario, la del solsticio de invierno.

Debido a la precesión de los equinoccios, que recorren todo el círculo del Zodiaco en unos 25600 años, las circunstancias han cambiado mucho desde los tiempos en que la astronomía babilónica nombró aquellos cuatro “animales” guardianes del cielo. El “punto vernal” se desplazó por el año 2100 antes de Jesucristo a la constelación de Aries, desplazándose  por el año 100 después de Jesucristo a la de Piscis. En correspondencia, el solsticio de verano no tiene ya lugar en Leo, sino que, después de haber pasado por Cáncer, coincide ahora con Géminis; el equinoccio de otoño abandonó la constelación de Escorpión para, a través de Libra, terminar actualmente en Virgo, en tanto que el solsticio de invierno, que primitivamente coincidió con Acuario, se encuentra ahora en Sagitario después de pasar por Capricornio.

En la misma forma que nosotros hoy, siguiendo el ejemplo de la Antigüedad clásica, continuamos hablando todavía de los puntos de solsticio de Cáncer y Capricornio y nos referimos al “punto de Aries”, como comienzo de la primavera, etc., aunque hace ya 1900 años aproximadamente que tales apreciaciones no corresponden a la realidad, la Humanidad antigua aceptó las imágenes astronómicas de Babilonia y dejó que, igual que antes, los cuatro “seres vivientes” del Apocalipsis siguieran custodiando el cielo. Aunque ya 2100 años antes de Jesucristo, aquellos signos del Zodiaco tendrían que haber sido reemplazados por otros.

Precisamente el Apocalipsis está profundamente enraizado en las interpretaciones babilónicas de las estrellas. Por ello, no debe extrañarnos de que emplee todavía, de forma poética, las ideas con que en tiempos anteriores trabajaron los babilonios.

Frente a este tesoro de ideas extraídas de la bóveda celeste, el mundo posterior se comportó de una manera extraordinariamente conservadora. Y de aquí se deriva que todavía en nuestro siglo XXI, el arte religioso continúe asignando a los evangelistas las figuras del toro, el león, el ángel y el águila, aunque, dado el estado actual de cosas existente en el cielo, los símbolos de las constelaciones habrían de ser muy distintos: concretamente Piscis, Géminis, Virgo y Sagitario.
 
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3 Comentarios:

como siempre amigo,que

como siempre amigo,que informacion tan interesante

semper fi

SC

Hola

Interesante info. y otra buena entrada

Un saludo

Tienes un mp ;D

Tienes un mp ;D