25 de Mayo de 2013
Mar
4

Forever in Blue Jeans

Levi Strauss

Sí. La humanidad se volvió loca con los blue jeans, conocidos en el mundo de habla hispana como pantalones de mezclilla. Los que antes eran pantalones prácticos de los granjeros, mineros o leñadores, hoy se pavonean por las calles de todo el mundo. Tanto en el trabajo como en el ocio. Se encuentran a sus anchas en el hogar y en los palacios. Inclusive en fiestas de caché. Se dice que Norman Mailer (1923-2007) y el actor Marlon Brando (1924-2004) se presentaban en mezclilla en reuniones de rigurosa etiqueta. Los pantalones de mezclilla se llegaron a importar de contrabando en los países de Europa Oriental con un 900% del costo original. Aún hoy, los recintos universitarios están inundados de jeans unisex que deberían proclamarlos el uniforme oficial.

Los jeans son los pantalones más populares del mundo, se fabrican en todos los continentes con excepción de la Antártida y la producción mundial oscila entre los 500 y los 1000 millones. Las fábricas utilizan 330 millones de metros cuadrados de asargada tela de algodón que se conoce como denim, principalmente para la confección de jeans. ¿Cómo explicar este furor? Los jeans están de moda, no son caros, son resistentes y cómodos. Los hay de 10 y de hasta 300 dólares dependiendo del diseñador.

Quizá lo más importante es que estos pantalones encarnan una idea, un concepto, son el símbolo de una actitud de inconformismo y de espontaneidad. Representan un estilo de vida contra todo lo solemne. Y no es coincidencia que tanto el estilo de vida como la prenda misma tuvieran su origen en los pintorescos días de libertad de la Fiebre del Oro en California.

Levi Strauss (Löb Strauß, 1829-1902), un inmigrante bávaro de 20 años, llegó en un buque de vela a San Francisco en 1850 a buscar fortuna en los campos auríferos. Llevaba consigo una provisión de telas, entre ellas un poco de lona parda pesada que pensaba vender a los mineros para que hicieran sus tiendas de campañas y los toldos de sus carretas. Al final descubrió el buen Strauss que los mineros no usaban tiendas de campaña, pero observó que pocos eran los los cateadores que disponían de ropa lo suficientemente fuerte para resistir la ruda vida de las excavaciones. Con el ojo en el negocio, no tardó en conseguirse un sastre que le convirtiera en pantalones aquella tela fuerte de lona. Corrió la voz de que los “pantalones de Levi” eran los más resistentes y se vendieron rápidamente.

Convencido de que había dado en el clavo, Levi abrió en San Francisco un taller para la confección de ropa de trabajo (cerca de donde la compañía construyó el edificio Levi Strauss, de 29 pisos). Cuando se le acabó la lona, se pasó a una tela fuerte de algodón que originalmente se fabricaba en Nimes (al sur de Francia), llamada por ello serge de Nimes, que pronto se abrevió a denim. Los marineros genoveses usaban desde mucho antes unos pantalones de tela parecida a esa, conocidos como génes, de donde derivó la palabra jeans (yins). Proliferaron los cuentos alusivos a la súper resistencia del denim. Relataban que podían amarrarse a dos vagones de tren y no romperse cuando este se ponía en movimiento. Tal vez esto sea una exageración, pero de que les vendieron uniformes de denim a los hombres que tendieron los rieles, recogieron el ganado, talaron los bosques, eso si fue verdad.

A mitad del siglo pasado, los jeans se habían convertido en el traje corriente de juego para los infantes, y los adolescentes empezaron a pelear con padres y maestros por su derecho a asistir a clases enfundados en sus flamantes pantalones de mezclilla. No pasó mucho tiempo hasta que los jeans se convirtieran en un símbolo de desafío a la autoridad y a la opresión política y paterna.

El mensaje secreto identificaba entre sí a los jóvenes que los usaban: “Soy de los tuyos... y estoy contra los otros”. En los primeros años del decenio de 1960 a 1969 los manifestantes de los derechos civiles, los jóvenes que vociferaban en los conciertos de los Beatles, los pacifistas, los universitarios inconformes y los hippies  adoptaron los blue jeans como cosa propia.

Mas en el camino a las barricadas sucedió lo inesperado; que la moda descubrió estos pantalones. De pronto las tiendas se vieron inundadas de ellos, no sólo para los obreros y para los jóvenes rebeldes, sino para todos los integrantes de la familia, sin importar la edad ni la situación económica.. ya no sólo hubo los jeans corrientes (apretados en las caderas, con muchos bolsillos y costuras de doble puntada), sino toda clase de variantes: de perniles abiertos, de extremos acampanados, de colores irisados, etc. De la noche a la mañana el país se vistió alegremente de jeans para pasear, andar en bicicleta, arreglar el jardí, asar la carne, y un largo etcétera.

Aunque los ofendía que sus mayores usaran la misma ropa que ellos, no por eso los jóvenes rebeldes iban a abandonar los jeans. Al contrario; los usaron con más denuedo que nunca. ¿Que se les hacen agujeros? Se les pone un parche. ¿Rasgaduras? Se les cose encima una tira. ¿se les han acabado los fondillos? Se utiliza el de otro pantalón inservible. ¿Descoloridos? ¡Pues qué mejor! El aspecto harapiento de unos jeans más que maltratados por el uso vino a ser otra manera de mostrar desprecio por el materialismo (irónicamente) del mundo y los convencionalismos sociales.

Todo esto se puso inmediatamente de moda. Los jóvenes blanqueaban los pantalones nuevos para decolorarlos; y si la sustancia blanqueadora hacía un agujero en la tela, muchísimo mejor. Los vendedores de trapos vendían a buenos precios cualquier objeto hecho de denim a las llamadas boutiques y a los bazares, donde los jeans de segunda mano tuvieron mayor aceptación que los nuevos.

Pronto, el fenómeno de los jeans trascendió las fronteras de los EEUU para cambiar el modo de vestir de todo el mundo. Los europeos, a quienes siempre les ha fascinado el folclore norteamericano del Oeste indómito, tan difundido en cine y televisión, vieron la oportunidad de “vivirlo”. Los fines de semana y los días festivos, negociantes alemanes, tenderos franceses y banqueros españoles, dejaron en su ropero los trajes de “vestir” y se ponían sus jeans. Los adolescentes, que se libraban entonces del estricto dominio paterno, querían los jeans, con sus inherentes cualidades de jactancia y atractivo sexual, como distintivo de su recién ganada independencia. Levi Strauss pasó al mercado internacional en la década de los 60's, exportando primero y luego fabricándolos en el exterior. Con presencia en 110 países creó marcas nuevas como Dockers®, Signature by Levi Strauss & Co.™ y dENiZEN®. Es la locura de los jeans lo que les deja pingües ganancias tanto a Levi's como a sus competidores.

Pero es en Francia donde se han asociado los pantalones de mezclilla con la confección de lujo. Colecciones enteras de gran estilo se han destinado a variaciones sobre el tema de los jeans, y los elegantes impacientes pagan el equivalente a una cena en un restaurante de lujo en Nueva York por unos pantalones de hechura muy fina, con adornos de piel, copiados de un modelo de 8 dólares.

La pregunta hoy es: ¿Despertarán algún día los fabricantes con la noticia de que los jeans han pasado a formar parte de las filas de los olvidados como le sucedió a la chaqueta Nehru y al sombrero de hongo? Fabricantes y vendedores saben muy bien lo voluble que es la moda, pero tienen fe ilimitada en la capacidad de permanencia de esos recios pantalones. Pero no importa, porque nuevos o viejos, caros o baratos, los jeans nos acompañarán durante mucho tiempo. Ya han logrado lo que muchos otros productos solo sueñan, trascender en tiempo y espacio.

 

-

0

2 Comentarios:

" Quizá lo más importante

" Quizá lo más importante es que estos pantalones encarnan una idea, un concepto, son el símbolo de una actitud de inconformismo y de espontaneidad. Representan un estilo de vida contra todo lo solemne"

Quizás antes fuera así, pero hoy en día apuesto más por la relación calidad precio que aludes antes que por esto otro. 

@ Lord_Areg

Pues es una prenda que no pasa de moda y yo la uso diario (ahora que ya no trabajo).

Saludos !