24 de Abril de 2014
Oct
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El Diario Perdido de Alessa 6


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[Recorte de periódico]

Empezó una modalidad en Silent Hill que nos viene de los tiempos de las bandas de mafiosos en el Chicago de los años veinte, la del “viaje”, como forma limpia de acabar con un sujeto que está provocando problemas en bandas rivales. La operación, conocida igualmente como “dar el paseo”, consiste en persuadir al elegido, debidamente encañonado, para que entrara en un coche y acompañara a sus captores a recorrer las inmediaciones del lago Toluca. En el asiento trasero viajarían con él dos hombres que se colocan a ambos lados. Se le hacían cuestionamientos o simplemente se hacia el viaje en silencio. Invariablemente, dentro del coche se detonaban las armas y cuando el coche alcanzaba la orilla de las aguas, era lanzado el cadáver desprovisto de cualquier elemento de identificación que poseyera.

Algunas de estas víctimas estaban envueltas en una especie de túnica que le cubría todo el cuerpo con los brazos bien amarrados con cinturones de cuero. Varios cadáveres fueron encontrados en el lago, algunos de ellos por pescadores de la zona.

La noche del 26 se encontró un último cuerpo. En vida fue el máximo capo de la ciudad. Aunque su rostro estaba irreconocible, fue plenamente identificado como George Cortez gracias a los registros dentales. Fue muerto en su pequeña barca y clavado a una de las paredes del bote en una maniobra que parece más un asesinato ritual. No se encontró a ninguno de sus guardaespaldas, por lo que se presume estaban coligados con los asesinos.

Con la muerte del capo mayor, sus rivales tienen camino abierto para ocupar las plazas que deja. Quizá George Cortez pase a ser parte de la leyenda de fantasmas que se ha transmitido de boca en boca desde los tiempos en que naufragó el Little Baroness en el área marítima. Tengo la convicción que quienes están detrás del tráfico de PTV, ahora tendrán mayor poder para sojuzgar a las bandas rivales y su influencia se dejará sentir no solo en Silent Hill, sino en Paleville y Brahms,  y quizá más lejos.


Joseph Schreiber


Octubre 1. Mi madre tuvo que ir al Registro Público y, como ni Claudia ni su padre, Leonard, se encontraban en casa, tuvo que llevarme. Como se iba a tardar revisando unos papeles, le pedí permiso para salir del lugar, ya que me sentía sofocada. Ella dijo que sí, pero que no me alejara mucho.

Cruce a la acera de enfrente y observé que estrenaban en el Teatro Artaud La Tempestad de William Shakespeare. Nunca me gustó lo que escribía Shakespeare, me era difícil entender la forma de hablar de los personajes, pero aún así, muchos de los maestros de la escuela nos aconsejaban leerlo.

Estaba cerca de la puerta principal, maravillada con el arte gráfico de los carteles promocionales de la obra, cuando una chica me preguntó qué estaba haciendo allí. Le dije que mi madre estaba en el edificio de enfrente y que me había dado permiso de curiosear. La mujer se puso en cuclillas y me dijo: “¿Te gustaría ver la obra?”. Le dije que no tenía dinero, pero ella insistió, que no me cobraría nada y al final le dije que sí. Sólo me aconsejó que fuera a pedirle permiso a mi madre y que regresara con ella cuando haya obtenido la autorización. Fui con mi madre y le hice la petición, dijo que estaba bien y que al terminar de revisar los millares de documentos, iría por mi.

Regresé al teatro y busque a la chica. La encontré recibiendo los boletos de los asistentes y me dijo que pasara y encontrara un buen lugar en el medio de la sala.

Es difícil describir lo que vi. Quedé impresionada con ciertos personajes de la obra teatral. Ariel ese espíritu del aire, y Caliban me dieron tanto miedo que decidí abandonar la sala. Va a ser muy difícil quitarme de la cabeza ese ser con piel de búfalo. Cuando salía a escena, tuve que reprimir mis gritos mordiéndome el dedo índice. En uno de los asientos cercanos a la salida me topé a la chica que me había dejado entrar y le di mis impresiones. Ella sólo rió de buena gana y me dijo que si estrenaban algo más acorde a mi edad, me volvería a dejar entrar. Me despedí y salí del teatro... justo a tiempo para ver que mi madre se acercaba para llevarme a casa.

Octubre 7. Qué raro. Las luciérnagas han dejado de dar su luz. No hay una sola. El viento que viene de la zona marítima golpeó mi rostro. Era frío. Ya estaba por caer la noche cuando vi la niebla rodeando la colina que está detrás del Parque Rosewater. Allí hay un largo camino que va al cementerio donde dice mi madre que está enterrado mi padre. Nunca lo conocí a mi padre, su nombre era Jason. Mi madre dice que nos abandonó cuando era yo muy pequeña. Un día escuché a alguien de la iglesia comentar que se había largado por no soportar a la bruja loca de mi madre y su fanatismo. Yo me enojé esa vez porque mi madre no estaba loca, ni era una bruja. Ella me platicaba que había sido una luminaria del espectáculo y que cansada de esa vida, se vino a vivir a Silent Hill. Según mi madre, mi padre murió por culpa de un ebrio que lo atropelló con su coche poco después de irse de casa.

Octubre 9. Volvió a suceder, sólo que esta vez mi madre y Claudia estuvieron presentes. Discutíamos acerca un libro que yo quería comprar pero que mi madre se empeñaba en no permitírmelo bajo ninguna circunstancia. Ella decía que era un tipo de lectura no apta para niños. Cuando ya iba a salir con Claudia para ir a la librería de Andy, mi madre me arrebató la bolsita que llevaba y extrajo mis monedas advirtiéndome: “Si veo que has comprado esa inmundicia, te juro que jamás te volveré a dar dinero”.

La furia se me subió a la cabeza y lancé un grito de ira. Y ocurrió... Las cosas del cuarto comenzaron a vibrar, uno de los cuadros se escapó del clavo que lo sujetaba y fue a dar en la mesa. Las vajillas trepidaron en su estantería y dos vasos cayeron al suelo rompiéndose en mil pedazos. Una de las ventanas crujió y se quebró, mientras la tostadora salió disparada a los pies de Claudia. Luego la calma. Mi madre y Claudia tenían los ojos muy abiertos y la boca desencajada. Las manos de mi amiga se aferraban a su bolsa de flores amarillas, y mi madre había dejado caer la mía al piso húmedo. Me sentí momentáneamente mareada y me senté. Respiraba agitadamente y sentí la boca seca. Las manos las tenía enrojecidas y calientes.

Esa tarde no salimos. Claudia permaneció conmigo casi sin cruzar palabra. Mi madre se encerró en su cuarto y pude escuchar que hablaba con alguien por teléfono. Me acerqué a la puerta y sólo pude escuchar tres palabras: “Se está manifestando”.

Octubre 11. Hoy vino el doctor Kaufmann, el mismo hombre que recogió mi cometa.  Me estuvo revisando un buen rato y le dijo a mi madre que no se preocupara, que yo era una niña sana y muy normal. Ambos bajaron la escalera y creyendo que estaba en mi cuarto, comenzaron a hablar en la mesa. Bajé hasta el descanso y me puse a escucharlos. El doctor le dijo a mi madre que no estando ya el director del Alchemilla, él era el seguro sucesor al puesto. Mi madre lo felicitó, sin embargo, lo que me intrigó fueron las palabras de ella  antes de despedirlo: “Todo va de acuerdo al plan.”

Octubre 15. Los niños de la escuela no dejan de molestarme cada vez que platico con Stanley. Nos llaman tortolitos y novios. Yo le dije a Stanley que mejor no hablara conmigo para que dejaran de molestarnos, pero él insiste mucho diciendo que no le importaba lo que la gente dijera o pensara.

Octubre 22. Unos hombres entraron a la tienda de antigüedades de mi madre y hablaron con ella durante largo rato. Al final, se marcharon no sin antes recibir de mi madre una serie de sobres de celofán dentro de un sobre más grande. Yo fingía hacer los deberes de la escuela por lo que no se percataron que vi lo que estaba sucediendo.

No me gusta estar en el León Verde, tal es el nombre del local de mi madre, por el olor que se respira. Un aroma acre muy extraño y molesto. A veces mi madre enciende un incienso para disimular el olor pero yo sigo percibiéndolo.

Octubre 23. Mi madre me dejó sola en el León Verde. Dijo que iba a hacer unas compras al centro comercial que está al final de la cuadra y que no tardaría. Me advirtió que no le abriera a nadie y atrancó la puerta.

Comencé a limpiar el polvo de la calle con un plumero los muebles antiguos y los objetos de porcelana que se exhibían en los mostradores. Dado que la tienda está en un nivel bajo, el polvo se acumula más y es más difícil removerlo. Para facilitarme la tarea, quise buscar alguna aspiradora de mano entre las curiosidades que mamá guardaba aparte.

Fue entonces que noté de nuevo el olor, solo que esta vez más fuerte cerca de la pared lateral del cuarto. Me acerqué y no vi nada extraño, salvo un aparador de madera. Olí cerca del aparador y supe que el aroma de allí provenía y que era más intenso en ese lugar, quizá debajo del mueble. Nada. ¿Y si estuviera detrás? Fue en ese momento que vi marcas de arrastre en la pared, muy tenues pero visibles. Empleé todas mis fuerzas y pude separar la inmensa mole de la pared. Y allí estaba... un agujero de mediano tamaño. Al no haber obstáculo, el olor se expulsó con gran intensidad ofendiendo a mis narices.

Estaba oscuro. Tomé la linterna de mano que mi madre siempre tenía al alcance por si había un corte de electricidad y me aventuré al interior sin importarme el olor. Era más mi curiosidad por saber el origen del aroma. Caminé por lo que parecía un largo pasillo y me topé con otro agujero. Esta vez no había nada que lo tapara. Lo atravesé y me vi dentro de un cuarto extraño, al final del cual, había una mesa dorada con una copa que parecía de oro. La tomé en mis manos, y sin soltar la linterna, miré dentro. Había una masa negra quemada y todavía humeante. Era semejante al residuo que quedó de un experimento que hicimos en el laboratorio. Sólo que esto olía peor. La mesa estaba cubierta por un paño negro de terciopelo y encima de la pared había un dibujo de un ser parecido a un ángel. A este lo reconocí del libro que portaba Vincent. De pronto me empecé a sentir mareada y decidí regresar por donde vine. Ya del otro lado, volví a empujar el aparador a su lugar. Cuando regresó mi madre, no le comenté nada de lo que acababa de ver. Sin embargo, se me revolvió el estómago.

Octubre 24. Amanecí con dolor de cabeza y tenía en el estómago una sensación como de mariposas revoloteando. Mi madre me llevó al hospital y me atendieron muy bien. Me dieron medicamentos y las primeras dosis me las administro una gentil chica de nombre Lisa. Durante el tiempo que estuve en el cuarto de examinación, platicó mucho conmigo. Me dijo que su deseo era ser actriz de teatro, pero que su madre la había obligado a ser enfermera ya que era una profesión hecha tradición en su familia. Dijo que no quería contravenir a su madre por lo que dejó para después su sueño de ser estrella de las tablas. Yo no quisiera que mi madre me obligara a hacer algo que yo no quiera hacer. Lisa me dijo que alguien había venido a visitarme y abrió la puerta para dejar entrar a Claudia y a Vincent. Me alegré de verlos.

Llegó el momento de salir del hospital. Mi madre hizo una parada en la oficina de correos para dejar unas cartas. Mientras tanto, Claudia, Vincent y yo fuimos a comprar helados en el local de la esquina contraria.

En una mesa contigua un hombre estaba charlando con la chica empleada de la librería de Andy. Ambos tomaban un refrigerio y se veían muy animados. Ella se veía muy alegre y él contaba chistes. Los miré unos momentos mientras Claudia y Vincent pagaban los helados. Alcancé a ver bien al hombre. Era alto y de voz gruesa y carraspienta. Hubo algo en ese hombre. No podría describir el sentimiento que generó en mi. Parecía haber sufrido mucho en la vida y quisiera ocultarlo en una fachada de extrema amabilidad. No digo que él fuera malo, pero yo sentía que había algo muy dentro de su ser que estaba bloqueado para que no escapara. Tal vez el hombre era inconsciente de ello. Sus brazos fuertes gesticulaban mucho mientras se dirigía a la chica y soltaba carcajadas por las agudezas que decía.

El hombre se levantó para marcharse y le dijo a la chica que la volvería a ver. “Tengo una entrega en Brahms el 30 de noviembre, me alojaré en la posada de Carl para dormir un poco. Te invito a comer ese día”, dijo él. “Encantada, te estaré esperando”, fue la respuesta de ella.

Claudia y Vincent regresaron con los helados. Empecé a comer mi helado cuando vi que el hombre dejó unas monedas en la mesa y se marcho en dirección al aparcadero. No sé por qué, pero tuve la sensación repentina de que me lo volvería a topar. Mientras caminaba, noté detrás de su chaqueta deportiva solo dos letras: TG.

Continuará
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4 Comentarios:

Genial

Genial esta parte del Diario de Alessa, me encanto, por cierto, lo de las primeras manifestaciones de los poderes de Alessa, me pregunto si aparecera algo al respecto del libro que esta en la Escuela Midwich, acerca de los pltergeist y las energias negativas, acerca del olor del Leon Verde, creo que se ha de parecer al que uno huele al entrar a la casa de una mujer anciana, muchas veces me topo con el mismo olor en esas casas, talvez se mencione que talvez Kaufmann le dio un oso de peluche a Alessa, ya que pienso que ese es el origen de los Claw Fingers, bien, creo que  he estado alargando mucho esto, bien, adios, y buen trabajo.

PD: Genial el Guiño a Travis

Me encanto!!! Este diario

Me encanto!!!

Este diario va de bien en mejor.

Me encanto el detalle del teatro, el detalle de Jason, el tipo que sale en las historietas de Silent Hill que tiene un amorio con Dahlia, el detalle de la manifestacion de los poderes a traves de las ondas negativas y por sobre todo la pequeña aparicion de Travis. Soy una fiel fan a Travis e imaginarme la escena fue muy genial... De hecho e imaginado cada una de las cosas descritas en esta parte del diario.

 

Espero con ancias leer la parte 7

muy bien hasta ahora. Ya

muy bien hasta ahora. Ya hare un analisis al final. Pero quien es la chica con la que habla TG?

excelente

" se esta manifestando"

cada vez se hace mas interesante la lectura. A su vez, es de admirar  el como haces uso de los elementos y el universo  de la saga en tu relato, dando vida a un montón de claves de  variados juegos de la saga. Buena referencia a Origins, así como la conspiración entre Dhalia y kauffman y la capilla secreta de la tienda. Al decir ella que se mareaba, me acorde de la reacción de harry al entrar en la misma y la pajara que le entra ( es curioso que el cambio de realidades se haga justo donde la chica se mareo, buen punto por tu parte)

Escelente relato amigo, aunque tengo de nuevo una duda. Quien era TG?