Capítulo 4
Cuando finalmente despertó, el teniente Sarayev quedó cegado
momentáneamente. Le dolía terriblemente la cabeza por culpa de la
conmoción cerebral y le costó asimilar unos segundos la cantidad de luz
que se filtraba por la Orleans. En realidad, lo que le costó unos
segundos asumir era que una mitad de la Orleans ya no estaba. La
sección del casco en la que se encontraba, descansaba su panza sobre el
suelo pedregoso del planeta, mientras que la otra mitad no aparecía por
ninguna parte. El puente de mando, simplemente se había volatilizado.
Aún sujeto a su asiento por los correajes, André, se giró para
comprobar el estado de su compañera, que como él, aún seguía firmemente
atada a su sillón. No había duda de que la Alianza hacía estas cosas a
conciencia, pensó. Comprobó el pulso y la respiración de la cabo
Sánchez, que aunque débiles eran constantes a pesar de no haber
recuperado la consciencia. No era medico y apenas recordaba las clases
de primeros auxilios en Arturo, pero sabía que no era conveniente
moverla en ese estado si no quería provocarle daños mayores que podían
ser irreversibles. Con todo, comprobó que no hubiera hemorragias en
boca y oídos, síntomas inconfundibles de una hemorragia interna o de un
traumatismo craneoencefálico. No había ninguno de esos. Sin embargo, un
hierro afilado de una pulgada de ancho se le había clavado
profundamente en el muslo, cerca de la artería, taponándole la
herida al mismo tiempo.
Un poco más tranquilo, Sarayev, sopesó la situación. Aunque no era el
oficial al mando, no hacía falta mucho para saber que Trebin era un
planeta deshabitado, alejado de todas las rutas comerciales
intergalácticas. En la cola de la nave, estaban las bodegas que aún
tenían comida y agua para al menos medio año más. Sin embargo, aunque
podían sobrevivir sin demasiado esfuerzo gracias a las provisiones, la
baliza de socorro manual se encontraba cerca del puente de mando, es
decir, en la parte que había desaparecido por completo. La baliza
activada por IV seguramente había quedado destrozada, como la propia IV
de la nave, por culpa del impacto, de modo que no había forma de pedir
ayuda, tal como estaban las cosas.
La culpa era de la teniente. El mando de la Orleans debían habérselo
concedido a él, un militar de probada experiencia en el campo de
batalla y lo suficientemente responsable como para hacerse cargo de la
tripulación y la nave. Así debía haber sido. Sin embargo, allí llegó
ella, con sus aires de suficiencia y sus excelentes notas en la
academia, y sobre todo su enchufe, y se hizo con el puesto, que por
orden natural le tocaba a él. Había tenido que tragarse su orgullo
aquel día y los que le siguieron ante la hija del general Simmons,
aunque tenía que reconocer que su mandato había sido impecable, hasta
este día. Sin duda, la maniobra había sido errónea y muy arriesgada. Si
hubiesen optado por escapar de la nave geth utilizando el motor MRL,
ahora estarían a salvo después de atravesar el relé más próximo, en
cambio, ahora estaban condenados a muerte. En su fuero interno, Sarayev
deseaba que Simmons hubiese muerto de la peor forma posible.
- ¿D...Dónde estamos? - susurró una voz frágil a su lado. La cabo
Elizabeth Sánchez, Lizzy para los amigos, acababa de despertarse - ¡Oh,
Dios! - aulló de dolor, al tomar conciencia de la metralla clavada en
su pierna.
- Nos hemos estrellado. - se limitó a contestar mientras le inyectaba
una dosis de calmante que había encontrado en la bodega - No te muevas.
Intentaré buscar algo para inmovilizarte el cuello.
- ¿¡El cuello!? - exclamó señalándose la pantorrilla - ¡Joder, André! ¡Eres un médico pésimo!
Sarayev no pudo evitar soltar una carcajada. Lizzy era así, capaz de
quitar hierro a la situación más trágica con comentarios de ese tipo, y
eso, cuando te enfrentas a la muerte cada día, era de agradecer.
Comprobó que la cabo Sánchez tenía movilidad en todas las extremidades,
lo que indicaba que no había ninguna lesión vertebral, aunque nunca
estaba de más asegurarse con un collarín cervical, que por supuesto,
Lizzy se negó a ponerse.
- Bueno, ¿y ahora qué hacemos? - replicó finalmente la chica, saltándose todo el protocolo militar.
Las opciones estaban claras. Quedarse en la sección de cola, aunque
tuvieran comida para varios meses, no era algo viable, al menos en el
estado de la cabo Sánchez, sería como alargar la agonía. La otra opción
era buscar y activar la baliza que se encontraba en la otra sección de
la nave, desaparecida, que podía haber quedado completamente destruida.
Ninguna de las dos opciones era buena porque si bien una suponía la
muerte a largo plazo, la otra no tenía garantía de éxito: podían
intentar caminar cientos de kilómetros en busca del puente de mando y
este haber quedado completamente destruido, por lo que nunca lo
encontrarían. André buscó en el horizonte hasta divisar una débil
columna de humo que ascendía hasta el cielo, así que lo echó a suertes.
- Buscaremos la otra sección de la nave y la baliza manual. Calculo que
está a unos 15 kilómetros más o menos. ¿Crees que podrás caminar? - le
dijo entregándole una muleta improvisada fabricada con piezas de la
nave.
La joven asintió con la cabeza.
- ¿Crees que aún pueden seguir vivos? - preguntó con un rastro de temor en su voz.
- Espero que no. - le contestó él tajante.
Capítulo 5
- No podrás engañarles, - dijo Sam enfurruñado - se ve a la legua que no tienes dieciocho años.
Algo de razón tenía su hermano pequeño, le costó admitir. Aunque
pudiese disimular su escasa estatura alegando la genética como causa,
lo cierto era que se debía a que aún no había acabado de dar el
estirón. Sin embargo, no podía esperar dos años más para entrar en la
academia. Había recorrido un largo trecho para ahora, justo al final
del camino, dejarse vencer por esas minucias. Su ficha falsa,
modificada gracias al sabio trabajo de un salariano por una buena
cantidad de créditos, daba perfectamente el pego, y al ser aún una
civil y menor de edad, sus datos aún no habían sido introducidos en la
base de datos de la Alianza. No había una razón lógica para pensar que
no sería aceptada como una más: tenía muy buenas notas, era
inteligente, y además sobresalía en cualquier deporte que practicase,
fruto de haberse criado con cinco hermanos varones, incluido Sam.
- Piérdete, enano - fue su respuesta, el latiguillo que siempre usaba cuando su hermano se ponía pesado.
La cola de reclutamiento avanzaba. Para acceder al ejercito de la
Alianza había que cumplir una serie de requisitos, entre ellos la
altura y la fuerza física, atributos estos que Lizzy Sánchez cumplía de
forma muy ajustada. A pesar de todo, la muchacha era optimista. Se
había propuesto alistarse en el ejercito costara lo que le costara, y
ahora no se iba a rendir: Eden Prime era una colonia idílica pero
también un mundo muy reducido para alguien que, como ella, quería ver
el espacio y vivir aventuras. Para una hija de granjeros, sólo había
una vía de escape posible, el cuerpo de marines de la Alianza. Por eso
lo había planeado todo con bastante detalle, desde el viaje hasta el
centro de reclutamiento y el pirateo de sus datos, hasta la nota de
fuga que había dejado sobre su cama, dispuesta para ser leída dos días
después de su desaparición. Si no la seleccionaban, aún tenía margen
para deshacer todo aquello y aparentar que no había pasado nada,
siempre que el chivato de su hermano mantuviera la boca cerrada, claro.
Por fin le toco su turno en la cola. El oficial de reclutamiento era un
hombre con un semblante serio e intimidante, demasiado tal vez, pensó
Lizzy. Después de rellenar los datos de rigor y de mirar su ficha, el
reclutador hizo la pregunta clave.
- ¿Seguro que tienes 18 años? - preguntó dubitativo - Eres bastante bajita.
- En mi familia somos bastante bajos - le respondió sonriendo, tratando
de disimular las gotas de sudor que iban perlando su frente.
De hecho, la media de altura de su familia rondaba el 1'85, tanto en
hombres como en mujeres, por lo que sus escasos 1'64 eran
provisionales. Además, estaba comprobado que la gravedad de Eden Prime,
ligeramente superior a la de la Tierra, tenía efecto sobre el
crecimiento de los niños, retrasándolo, lo que no quería decir que no
alcanzaran la estatura para la que genéticamente estaban predispuestos.
Lizzy se había imaginado la clase de sorpresa que se llevarían en la
academia si la admitían, cuando dentro de un año, pegara súbitamente el
estirón.
El reclutador hizo una pausa mientras miraba la pantalla del ordenador.
- Es curioso... - susurró - Tu historial académico acaba en décimo
grado... ¿qué has estado haciendo los dos últimos años? - inquirió
tratando de descubrir a la joven mentirosa.
Los nervios empezaron a traicionarla. ¿Había descubierto el reclutador
su engaño? ¿o era simplemente una pregunta sin mala intención sobre el
lapsus que el salariano había cometido? Desde luego, no podía
reclamarle nada. Ella se había limitado a pedirle que le cambiará la
fecha de nacimiento, modificando también el resto de fechas que
hicieran referencia a su historial académico, no a que se inventara por
la cara, dos años de su vida. En un momento tan delicado, decidió hacer
uso de una de sus habilidades que no aparecía en su ficha, la de tahúr.
- Mi madre enfermó y tuve que dejar el colegio para llevar la granja - afirmó fríamente.
- Lo siento, - se disculpó el oficial - espero que esté mejor...
'Sana como un roble', pensó para sí misma mientras mantenía la cara de
circunstancia, como siempre hacía cada vez que le tocaba mentir
descaradamente. Era curioso cómo la gente se dejaba engañar tan
fácilmente, simplemente siguiendo un par de trucos bien manejados.
El reclutador tecleó un buen rato en el ordenador, mientras introducía sus datos, y al acabar le dijo, entregándole un DOA:
- Aquí tienes. Preséntate mañana aquí, con tu equipaje y... - hizo una
breve pausa - Mira, no sé si realmente tienes la edad que dice tu ficha
o no. Tal vez debería expulsarte, pero veo que tienes mucha
determinación y eso es precisamente lo que nos hace falta aquí... Al
fin y al cabo, ¿qué son dos años? - sonrió.
A riesgo de ser descubierta, Lizzy le devolvió la sonrisa mientras
cogía su pase. Al día siguiente, allí estaba, la primera de la fila,
lista para embarcar.
Los siguientes dos años los había pasado en la academia en la estación
espacial de Arturo, entrenando para el N7, el mejor cuerpo de toda la
Alianza. No podía negar que habían sido años bastante duros, aunque no
lo suficiente para echarse atrás, y además habían tenido su recompensa.
Ahora, su primera misión como marine consistía en patrullar el espacio
cercano a los Sistemas Terminus para proteger las colonias humanas,
como la de Terra Nova, a bordo de la Orleans. A diferencia de Sarayev,
con el que se llevaba bastante bien a pesar de su constante mal humor,
a ella sí que le caía bien la teniente Simmons, a la que consideraba
bastante cercana y accesible para ser una superior.
A pesar del calmante, la pierna le dolía horrores, y en más de una
ocasión, había estado tentada de arrancarse el trozo de metal del
muslo, pero sabía que si lo hacía, la arteria reventaría y sufriría una
hemorragia masiva. Con todo, si no conseguían llegar a algún lugar
habitado en pocos días, la herida se le gangrenaría y acabaría muriendo
de septicemia. Lo mirase como lo mirase, ella, la cabo primera
Elizabeth Sánchez, ya estaba sentenciada, pero si se negaba a seguir a
André, éste no la abandonaría a su suerte, de modo que se decidió a
aguantar todo lo que su maltrecho cuerpo le permitiese. Al fin y al
cabo, esa era la filosofía de los Sánchez, nunca rendirse ante la
adversidad.
Mientras avanzaban por la superficie del planeta, a trompicones, algo
llamó la atención de Lizzy, un reflejo distante que sólo podía ser
provocado por algo metálico. ¿Se trataba de algún resto de la nave? ¿o
era alguna sonda perdida? Un candidato aún más terrorífico se le pasó
por la cabeza, ¿y si eran geth? Lizzy se aferró con fuerza a su
escopeta modelo Storm.
Capítulo 6
Ya llevaba caminando un buen rato, pero aún así, apenas había logrado
avanzar un tercio de la distancia que la separaba de la sección de
cola. El aire ligeramente alcalino del planeta, tampoco la ayudaba
demasiado, irritándole constantemente los pulmones aunque, con una
densidad bastante alta de oxigeno, éste era respirable. Incluso podría
pasar por los síntomas de una simple alergia si su efecto no se viera
amplificado por el calor, que empezaba a ser insoportable. 'Ahora ya sé
porqué no está habitado' pensó Ellie mientras caminaba a duras penas
por la planicie, tachonada de restos del accidente.
No lo podía negar, algo de todo eso le hacía sentir incómoda. Era más
que un simple presentimiento, una premonición. Tenía la sensación que
algo malo iba a pasar, algo que no tenía nada que ver ni con el calor
asfixiante ni con la atmósfera casi tóxica. Se paró un momento y
escuchó en silencio. Nada. Ni siquiera se oía el vuelo de una mosca o
el ruido de algún animal. Sin embargo, notaba que algo se estaba
moviendo...
De repente, el sonido inconfundible del impacto de un proyectil de
francotirador rompió el silencio y un geyser diminuto de polvo
amarillento del suelo, brotó, revelando el lugar exacto donde la bala
había penetrado en la tierra. ¡Le estaban disparando! Echó a correr en
zig zag para hacerle más difícil el trabajo al asesino hasta lograr
parapetarse tras los restos de una sección del ala. A lo lejos, en la
dirección en la que había sido disparada la bala, sólo podía ver un
punto blanco refulgente en la distancia. Sin prismáticos o un fusil con
mira acoplada, resultaba imposible verlo a simple vista, y a esa
distancia, podría tratarse de cualquier vehículo pesado, un rover, un
transporte ligero,... Cualquier duda, le fue rápidamente resulta: una
bola de energía de masa, similar a la proyectada por un biótico
impactó a unas decenas de metros de donde se encontraba, haciendo que
los guijarros empezaran a flotar por la energía de masa residual. Sea
lo que fuera lo que le había disparado, debía tener un tamaño
considerable, similar a un tanque pesado de la Alianza. Por suerte,
seguía estando fuera de su alcance. El siguiente proyectil cayó mucho
más cerca, seguido de un tercero, segundos más tarde, que impactó de
lleno en su cobertura. La estructura de metal había dispersado la
energía de masa.
Ellie respiró ligeramente aliviada. De momento estaba a salvo, pero si
esa cosa se acercaba más y se colocaba a su altura, poco podría hacer
con su pistola reglamentaria de pequeño calibre. A medida que se
acercaba, pudo distinguirlo. No sé trataba de un único vehículo, como
había pensado en un principio, sino de una caravana completa compuesta
por varios efectivos de diferente tamaño, entre los que destacaban dos
enormes tanques de cuatro patas que se movían como si de enormes
dinosaurios se trataran, y a su lado, flanqueándolos, había unidades
más pequeñas de dimensiones humanas, de diferentes tamaños y rangos.
Supuso que era la forma en que los geth se dividían en clases. Para ser
simples máquinas, parecían adoptar los rangos y especialidades del
ejército.
La columna siguió su camino, alejándose de donde ella se encontraba, en
dirección sur. Era obvio, que no la perseguían sino que se encontraban
siguiendo una ruta que casualmente, pasaba demasiado cerca de ella. Se
agazapó todo lo que pudo para pasar desapercibida. Cuando creía que ya
iban a pasar de largo, una pequeña patrulla se desgajó del pelotón y
marchó en su dirección. Era obvio que no la iban a dejar escapar y que
habían sopesado la amenaza que ella suponía, sólo merecedora de ser
eliminada por cuatro soldados de a pie.
Aunque fueran un contingente pequeño, su pistola no era rival para
cuatro soldados geth armados con fusiles de pulsos, ni siquiera aunque
usara la biótica a su favor. Debía utilizar sus cartas sabiamente y
elegir el mejor ataque cuando llegara el momento, pero para eso, debía
esperar que se acercaran lo suficiente. Una lluvia de proyectiles
golpeaba sin descanso la estructura metálica del ala, que le servía de
cobertura. Salir al descubierto en esa situación, era un suicidio. Sin
armadura ni escudos cinéticos - el ataque había sido tan repentino que
no había tenido tiempo de ponersela en la Orleans - cualquiera de esos
impactos atravesaría su carne como si fuera mantequilla, mientras que
ella, necesitaría al menos dar tres veces en el mismo blanco para
atravesar sus escudos. Su única salida era utilizar la biótica, y el
único ataque lo bastante poderoso para derribar a cuatro enemigos, lo
suficientemente cercanos entre sí, era crear una singularidad, un
pequeño vórtice de energía de masa que podía ser letal. El problema era
que todo ataque biótico necesitaba cierto tiempo de preparación que,
bajo las ráfagas de los fusiles geth, era virtualmente imposible.
Entonces, de repente, uno de los soldados geth, cayó al suelo, inerte.
Una segunda bala trazadora dio en el brazo de otro geth, atravesando
sus escudos de un sólo disparo y volándole el brazo en el que llevaba
el fusil de pulsos. Sin pensar que el misterioso atacante también podía
dispararle a ella, Ellie se puso en posición de ataque mientras la
energía empezaba a concentrarse a su alrededor. Cuando los geth que aún
quedaban en pie se giraron para ver a su víctima, un remolino de
energía ya los había atrapado haciéndolos girar frenéticamente en el
aire, golpeándolos y elevándolos varias decenas de metros por encima
del suelo. Cuando finalmente cayeron, ya estaban todos muertos.
Exhausta, Ellie se dejó caer en el suelo, respirando con dificultad.
Crear una singularidad suponía un esfuerzo sobrehumano, por eso pocos
bióticos, a excepción de los asari, eran capaces de realizarlo, en
parte porque requería una perfecta coordinación entre cuerpo y mente,
cosa que era obvio que ella no poseía. Kaworu estaría orgulloso de ella
por crear una singularidad efectiva en tan poco tiempo, y sobre todo,
tan potente. Nunca había lanzado nada a tanta distancia. No pudo evitar
sonreír de satisfacción.
- Deja esa mueca estúpida y ponte a cubierto - una figura embutida en
un traje ambiental la miraba alucinada hablando en un perfecto dialecto
comercial aderezado con un curioso acento que Ellie no había escuchado
en su vida.
El extraño la estiró del brazo, obligándola a seguirle y arrastrándola
de nuevo a la cobertura. Después de unos segundos tensos en los que se
dedicó a comprobar que los geth continuaban su camino sin echar en
falta a sus compañeros, finalmente, el extraño habló.
- Había oído historias sobre la proverbial estupidez de los humanos
pero nunca lo había visto en persona. - dijo en un tono demasiado serio
como para estar bromeando.
- ¿Perdón? - fue lo único que Ellie fue capaz de responderle a su
salvador por tal de no lanzarle un derechazo a su seguramente horrible
cara.
- Este llano es el terreno de caza de fauces trilladoras. - le contestó
con el mismo tono carente de emoción - Has tenido mucha suerte de que
no te hayan devorado ya. Supongo que la presión de las pisadas de los
colosos geth les han confundido.
Mientras Ellie seguía observando con curiosidad a su salvador, éste se
dirigió a examinar los restos que quedaban de los geth. Uno de ellos,
el más cercano, era el que él había abatido de un disparo certero en la
cabeza. Los otros tres habían ido a parar unas cuantas decenas de
metros más allá y estaban demasiado dañados como para sacar nada en
limpio. Del primero, extrajo el núcleo de memoria con la esperanza de
poder encontrar algo, pero sin duda serían migajas en comparación con
lo que había esperado descubrir siguiendo la caravana. Dejó escapar una
maldición en quariano.
- Mira, - le interrumpió Ellie - te estoy agradecida por salvarme la
vida y todo eso. Desconozco si en la cultura quariana existen conceptos
como la deuda de vida o algo así, pero ahora mismo no es el mejor
momento para acatarla, de modo, - dijo dispuesta a seguir en la misma
dirección en la que iba, hacia los restos de la cola de la Orleans -
que si no tienes ningún inconveniente, proseguiré con mi camino...
- ¡Espera! - le gritó Dalsem para que se detuviera - Por lo visto no
has oído nada de lo que te he dicho - suspiró - Ese camino está
infestado de fauces trilladoras. El modo más seguro para evitarlas, si
de verdad quieres ir en esa dirección, es dar un rodeo a través de las
montañas. Ya te haré de guía... al fin y al cabo, ya no tengo nada más
importante que hacer.
Aún no se lo podía creer. El quariano, sin ni siquiera pedírselo, se
acababa de ofrecer para acompañarle hasta la sección de cola, y desde
luego, parecía un gran conocedor de los peligros que se podían
encontrar enterrados debajo de la arena. Aunque nunca había visto una
fauces trilladoras, sabía que eran como gusanos gigantes que se
caracterizaban por un apetito insaciable que no les hacía despreciar ni
a la víctima más pequeña. Con sus enormes mandíbulas, eran capaces de
destrozar un vehículo acorazado de un sólo mordisco, y además, podían
disparar el ácido que sus propios cuerpos secretaban. Desde luego, no
le apetecía para nada vérselas con uno de estos monstruos, así que
asintió con la cabeza y le ofreció la mano como muestra de buena
voluntad.
- Dalsem'Nal nar Islayya - le respondió él, devolviéndole el saludo.
- Teniente Elle Simmons, del cuerpo de marines de la Alianza terrestre.
- contestó Ellie siguiendo el protocolo y cuadrándose en el saludo
militar - Si no es mucha molestia... ¿tienes agua?
Capítulo 7
Sareyev también había visto el brillo metálico que refulgía sobre la
arena. Aunque no podía determinar de qué se trataba a esa distancia,
tampoco podía correr riesgos. En un movimiento rápido y profesional, de
alguien que ha participado en multitud de batallas, André activó los
escudos cinéticos de la armadura y extrajo el fusil de su espalda,
desplegándolo. Con un gesto, le indicó a Lizzy que se mantuviera
preparada detrás, mientras él se adelantaba poco a poco: aunque la cabo
Sánchez estuviera armada, no había tenido tiempo de ponerse la armadura
Onyx estándar de la Alianza, y por tanto estaba indefensa ante
cualquier ataque de los geth.
Avanzó poco a poco, hasta poder distinguir los detalles del bulto que
brillaba con esa claridad a tanta distancia. Desde luego no era un
geth, sino que más bien parecía una de las placas de refracción de la
Orleans que brillaba como un espejo. Cuando se disponía a girarse para
confirmar a Lizzy que no había peligro, algo llamó su atención. Un poco
más alejado de allí, había una forma que le resultaba familiar, por
haber despertado no hacía mucho sujeto a ella. Se trataba de uno de los
asientos de la tripulación de la Orleans, que había salido despedido
por el choque. Poco a poco, se fue acercando temeroso por lo que podía
encontrar. La superficie del asiento estaba completamente carbonizada,
fruto de la fricción con la atmósfera durante la caída, y si el
recubrimiento del sillón estaba en ese estado, su ocupante,...
La imagen que vio se le quedaría grabada para siempre en la memoria,
tan escalofriante que, a pesar de haber visto muchas heridas de guerra,
no pudo evitar sentir nauseas y una punzada horrible en la boca del
estómago. Alarmada, Lizzy también acudió a ver lo que ocurría, y aunque
lo intentó, Sareyev no pudo evitar que ella también contemplara la
escena. La muchacha se llevó la mano a la boca tratando de no vomitar,
y, después de unos interminables segundos, preguntó:
- ¿Quién es? ¿Crees que es...?
- Es Nichols - le respondió aún turbado.
Ahora lo recordaba con mayor claridad. Mientras la nave caía envuelta
en llamas, el fuselaje se partió como un cristal quebradizo. Nichols
había tenido la mala suerte de encontrarse en el asiento delantero,
justo detrás del puente de mando, en tierra de nadie, de modo que
cuando la nave se desgajó en dos, su asiento, el peor situado de todos,
se desencajó del suelo y fue arrastrado por las turbulencias. El calor
de la reentrada y el golpe final habían hecho el resto. Su cuerpo
estaba irreconocible, sino fuera porque aún llevaba la armadura Onyx
que sólo él y Nichols habían tenido tiempo de ponerse.
Bajó la mirada y recitó en voz baja un padrenuestro, la única oración
que recordaba de su época de catequesis. Aunque su apellido era ruso,
Sareyev, como la mayoría de los habitantes de la Tierra en pleno siglo
XXII, era el paradigma de lo que significaba el mestizaje, con
ascendencias rusa, francesa e italiana corriendo por sus venas. Por eso
se había criado como católico practicante en una de las estaciones
espaciales que orbitaban el planeta azul, destinadas para aquellos
humanos con un nivel adquisitivo alto o una salud delicada. André
Sareyev había formado parte del segundo grupo. De pequeño, había sido
diagnosticado con el Mal de Ferreti, un trastorno muscular que
provocaba dolores muy intensos y una malformación de los músculos.
Cuando él nació, ya se había descubierto que los síntomas de este mal,
y la cura del mismo, se paliaban con sesiones regulares de gravedad
cero e implantes que daban pequeñas descargas eléctricas para relajar
los músculos, pero para recibir los mejores cuidados posibles, era
necesario trasladarse a vivir a aquellas estaciones. Con el tiempo, la
enfermedad fue remitiendo pero los implantes quedaron allí, como un
testigo mudo del dolor que le había tocado padecer de niño. La
enfermedad también había tenido otras secuelas, aunque estas no eran
visibles a simple vista: se había hecho mucho más insensible al dolor,
al propio y al ajeno. Mientras recitaba, se dio cuenta de que lo había
repetido mecánicamente, como un autómata, hasta que finalizó la oración
con un parco amén.
- ¿Eso es todo? - oyó decir a sus espaldas a Lizzy que, por el tono.
parecía un poco enfadada - ¿un simple padre nuestro? ¡Era nuestro
compañero!
- ¿¡Qué prefieres, un funeral con corona de flores y todo!? - le
respondió gritando - ¡Estamos en medio de la nada, por si no te has
dado cuenta, y tendremos suerte si no acabamos como él!
- Enterrarlo... - le dijo cabizbaja - es lo menos que podemos hacer por él...
- Mira, - dijo Sareyev tratando de ser lo más comprensivo posible dadas
las circunstancias - Nichols también era amigo mío, pero comprende que,
aunque no nos guste la idea, no podemos desperdiciar nuestras pocas
fuerzas perdiendo el tiempo en medio del desierto...
Comprendía la actitud de la chica. Apenas había tenido ocasión de
entablar un combate real, lejos de aquellas simulaciones que todos los
cadetes debían superar en Arturo. Aún seguía siendo una idealista, un
alma pura sin corromper por la crueldad de la guerra, algo que, en
cierto modo, Sareyev le envidiaba. Él también era igual a su edad,
cuando se alistó, hasta que la crudeza de ver caer a los amigos a tu
lado mientras tú aún seguías vivo, le hizo cambiar la forma de ver las
cosas. Lo importante era sobrevivir para cumplir la misión encomendada
y seguir luchando al día siguiente.
Se giró para volver a mirar a la muchacha e intentar convencerla, pero,
a diferencia de antes, ella ya no parecía enfadada, ni siquiera triste.
Su expresión parecía de sorpresa y extrañeza a la vez.
- ¿No... notas eso? - tartamudeó finalmente.
En un principio, André fue incapaz de percibir nada. Nada se movía en
aquel desierto, ni siquiera el aire. Entonces, él también lo notó. La
suave vibración era apenas perceptible en un principio, pero poco a
poco se iba intensificando hasta el punto de que parecía que el metro
pasaba justo debajo de sus pies. El grito de terror de Lizzy le sacó de
su ensimismamiento:
- ¡¡Corre!! - gritó la chica mientras echaba a correr a trompicones a la velocidad que su maltrecha pierna le permitía.
Apenas había empezado a seguirla cuando, de repente, una columna de
arena se levantó del suelo como si fuera fruto de una explosión, y su
onda expansiva, derribó a André. Desde el suelo, paralizado en una
mezcla de asombro y terror, el teniente observaba la criatura que había
surgido de aquel agujero. Su cabeza era enorme, de unos tres metros de
diámetro, calculó mentalmente, y su boca estaba dividida en tres
secciones a modo de mandíbulas batientes, sin dientes, pero afiladas
como el pico de un loro. A cada lado de la cabeza pero en posición
binocular, dos diminutos ojos le observaban curiosos, hasta que, en
apenas decimas de segundo, el cuello se arqueó hacia atrás en un
movimiento clásico que precedía a un ataque. Sareyev era incapaz de
reaccionar ante aquella mole de carne hambrienta, ni siquiera cuando un
estruendo súbito rompió el silencio. Los perdigones de la escopeta
Storm ni siquiera habían llegado a rozar la dura piel de la serpiente,
pero al menos habían logrado su objetivo: llamar la atención de la
criatura y desviarla de Sareyev.
La criatura respondió al ataque de Lizzy con un chorro de ácido que la
cabo pudo esquivar a tiempo, cayendo sobre su pierna herida. El dolor
que le produjo fue desgarrador, hasta el punto de dejarla en estado de
shock, y semiinconsciente. Si la criatura atacaba de nuevo, ya no
podría esquivarla ni huir. Su vida ahora estaba en manos de André, que
echó mano del armamento más potente que tenía, las granadas de
fragmentación. Pero cuando se disponía a lanzárselas, el animal ya
había desaparecido otra vez, bajo tierra.
La desesperación le invadió. Sabía que hiciera lo que hiciera, no
podría superar una nueva embestida del animal, que ahora, bajo tierra,
en su elemento, lo tenía todo a favor, pero por otro lado, la vida de
Lizzy dependía sólo de él y no podía defraudarla. No ahora. Bajo sus
pies, notó como la criatura se movía sinuosa y sigilosamente, a pesar
de estar arrastrándose bajo toneladas y toneladas de arena y rocas, y
que se dirigía inexorablemente hacia el cuerpo de Sánchez.
La cabeza del animal volvió a surgir de nuevo de la arena, a escasos
metros del cuerpo inerte de la soldado, dispuesto a lanzarse para
devorar a su presa. Sareyev debía calibrar bien su lanzamiento:
demasiado cerca de ella y la mataría también, demasiado lejos y no le
haría el menor rasguño a la criatura. Afinó la puntería y lanzó la
primera granada a apenas un metro de la espalda de la bestia. La onda
expansiva de la explosión empujó hacia adelante la cabeza del animal
que se giró rápidamente para ver a su atacante, que ya había lanzado
una segunda granada, que esta vez, sí dio de lleno en su objetivo. La
criatura dejó escapar un gruñido de dolor aunque a primera vista no
parecía ni siquiera herida, para a continuación volver a sumergirse
bajo tierra. Esta vez su objetivo era André.
Sareyev echó a correr en dirección a Lizzy, y en un movimiento rápido y
contundente, se la echó a la espalda como un peso muerto. Aunque con
ella encima, no podía correr tanto, ahora todo era diferente: tenía un
plan. A escasos metros del lugar donde estaban, había un pequeño
afloramiento rocoso. Si lograba llegar hasta allí, seguramente la
bestia, que sólo podía moverse entre la arena y el suelo poco firme, no
podría atacarles, o al menos eso esperaba. Cuando estaban a punto de
llegar al afloramiento, el animal volvió a atacar, esta vez tan cerca
que derribó a André, que tuvo que soltar a la chica. Desde el suelo, y
aún aturdido, echó mano de las granadas, pero estas, ¡ya no estaban! Se
habían desprendido de su cinturón por el golpe, y ahora rodaban en
dirección a la gran serpiente.
Todo estaba perdido. Ahora lo comprendía. Habían intentado evitar lo
inevitable pero no lo habían conseguido. No se podía burlar el destino.
Lo peor era que cuando muriera, no habría nadie que le llorase. Nunca
se había casado ni tampoco había tenido tiempo para relaciones serias,
así que no había podido pasar el testigo de su legado a ningún pequeño
Sareyev. Sin embargo, podía considerar que había tenido una vida plena
al servicio de la Alianza, viajando a lugares que muchos ni siquiera
habían podido soñar, combatiendo codo a codo con sus hermanos marines,
salvando el Universo,... Ya no merecía la pena arrepentirse por lo que
podía haber sido y no fue. Sólo sentía pena por Sánchez, que moriría en
la flor de la vida.
Inmerso en esas reflexiones que suelen acudir a la mente cuando se está
al borde de la muerte, Sareyev apenas se percató cuando una bala
perdida surgida de la nada atravesó el globo ocular diminuto de la
serpiente. Aunque las fauces trilladoras eran casi ciegas, el dolor
debía ser muy intenso, porque el animal se agitó moviendo la cabeza
rápidamente, aullando, para, finalmente, volver a mirar a André. Con un
gesto que transmitía inteligencia, o al menos, eficiencia depredadora,
el animal permaneció unos segundos mirando al teniente con el ojo que
aún le quedaba sano, como si estuviese decidiendo si la presa merecía
la pena o no. Finalmente, con un movimiento rápido, volvió a sumergirse
bajo la arena, para volver a aparecer de nuevo junto al asiento de
Nichols, mordiéndolo y arrastrándolo a las profundidades, para no
volver a aparecer más.
Sareyev se dejó caer en el suelo, triunfal. Ya había pasado todo y ni
siquiera le preocupaba que la bestia pudiera volver a atacar.
Simplemente, ya no le importaba nada, por culpa del efecto del subidón
de adrenalina que había experimentado. Giró la cabeza para comprobar
que la cabo seguía bien, aunque inconsciente. De repente, la radio que
incorporaba la armadura, crepitó y una voz que conocía muy bien sonó al
otro lado del transmisor.
- Sareyev, ¿eres tú? - la voz de la teniente parecía genuinamente
preocupada - ¡Gracias a Dios que estás bien! Ahora vamos hacia allá,
subíos a las rocas mientras llegamos hasta vosotros.
'¿Vamos hacía allá?', ¿Había escuchado bien las palabras de la
teniente? Eso significaba que ella y Ohone, el piloto, estaban vivos,
de modo que, después de todo, sólo había que lamentar la baja de
Nichols. Con un poco de dificultad, se levantó y volvió a cargar sobre
sus hombros el cuerpo inerte de Lizzy, hasta llegar al afloramiento,
donde la depositó con sumo cuidado. Aunque seguía inconsciente, su cara
reflejaba tranquilidad como si de alguna forma intuyera que el peligro
ya había pasado. O al menos, eso esperaba también él.
8 Comentarios:
No tendré que matarte hoy...
25 de Enero de 2010 • 14:41 — RikkuInTheMiddleSin embargo, al final no has corregido lo que te dije. Cambia "muslo" por "pantorrilla", si us plau, para corregir ese pequeño fallo anatómico (capítulo 4).
P.D.: El duende va a quedar un poco decepcionado hoy... no hay sexo
uff, cuanta letra...y dice
25 de Enero de 2010 • 14:57 — STRELOK 350uff, cuanta letra...y dice rikku que no sale sexo, bah, paso...
xDD
Ahora voy con un poquillo de prisa, cual plaza de párking reservo este comentario para luego, para habiéndo leído con más calma elaborar un comentario en condiciones.
Saludos^^
...
25 de Enero de 2010 • 15:18 — ivanete8423 de noviembre de 2009
Capitulos 1,2 y 3
Y te comenté, ya que tengo constancia que es un relato con muuuuchos capítulos...
Le pediría a Logan que incluyera los máximos capítulos posibles por entrada, y que colgara por lo menos un articulo semanal, ya que dada la extensión de la historia es muy fácil que luego se nos olvide de que iba la historia (aunque pongas un índice luego)
25 de enero de 2010, 2 meses después...
Lo siento, pero así no me puedo leer un relato, 2 meses entre capitulos es demasiado tiempo, ya que te obliga a releerte los otros porque ya no te acuerdas de nada, y eso que estamos al principio, imaginate cuando vayamos por el capitulo 20 y tardes otro par de meses en publicar la siguiente entrada ¿me tendré que volver a leer de nuevo los 20 capitulos para acordarme mas o menos de que iba la historia?
Saludos.
@ivanete
25 de Enero de 2010 • 15:29 — LoganKellerLas razones por las que he tardado tanto las sabe ya Rikku, y no tardaré mas en poner los siguientes... si todo va bien irá a razón de 12 capítulos por semana. Todo formaba parte de una iniciativa que al final no se va a poder hacer a la vez... quizá mas adelante.
Así que no te preocupes hombre, que no vas a tener que recordar los capítulos cada 2 meses ;)
Y la sencilla razón de porque no pongo mas capítulos, es que un capítulo solo mas se hace muy difícil de leer porque ya es mucho texto seguido, y es mucho mas fácil leer de seguido un libro acostado en tu cama con letras negras y fondo blanco, que en un blog con fondo de carta quemada con letra naranja xD Estoy a ver si me curro una especie de separador para los capítulos y así inserto mas sin que haga daño a la vista pero a ver si eso, me queda uno decente.
Saludos
Esto,
25 de Enero de 2010 • 20:53 — RikkuInTheMiddle¡Ahora no te pases con la frecuencia, que a ver si lo vas a finiquitar en un mes! Tenías que habermelo dicho antes, y habría sido un poco más comprensiva al respecto.
Sobre el relato, la verdad es que aún faltan muchos personajes por aparecer, algunos de ellos protagonistas, por lo que había pensado hacer una especie de mini-guía cuando esto esté un poco más avanzado, con datos que seguramente no aparezcan aquí, porque no viene a cuento. También te iré pasando las actualizaciones que vaya haciendo, con retoques y eso.
P.D.: El duende puede estar tranquilo, ya habrá sexo intergalactico más adelante
excelente^^
25 de Enero de 2010 • 22:37 — STRELOK 350Todos los capitulos tienen una gran intensidad y ritmo^^
A mi me ha gustado sobretodo como cambia de una secuéncia a otra, todas ellas muy creibles (dentro de lo que es un mundo de fantasía, se entiende
); muy entretenido.
Que más puedo decir, excelente colaboración, ojalá yo pudiera escribir asi^^
pd: Al márgen de eso, si quereis una portada para los relatos, hacédselo saber al menda (no os preocupeis, que no hablo de mis "garabatos" de siempre sino de dibujos que lleven algo más de tiempo y dedicación
)
saludos y 5*^^
Una narrativa excelente,
25 de Enero de 2010 • 22:40 — electroblogWOW
26 de Enero de 2010 • 12:15 — primus rainstarMe ha gustado mas que la primera parte ( que tambien era excelente). Las escenas de accion han quedado particularmente bien hechas, ademas de que el relato demuestra una vez mas el conocimiento de Rikku sobre el universo ME. Estoy esperando ver el resto.
Mil aplausos y 5 estrellas.
P.D: Odio a las fauces trilladoras, LAS ODIO.