En Directo Desde el Frente
A veces de las caídas, tan solo se aprende que te has caído
Buenas tardes a todos. Después de esta introducción tan formal, vamos al tema.
Bioshock. Decir Bioshock es decir muchas cosas a la vez. Kevin Levine, SystemShock, poderes, Big Daddies, agua y Sander Cohen. Todos recordamos (modo flashback ON) hace años cuando se mostró por primera vez Bioshock en un E3. Ese primer Bioshock proponía algo bien sencillo: una aventurilla de pseudoterror en una claustrofóbica ciudad submarina ambientada en los 50 donde convivían las mejores mentes del mundo hasta que algo salió terriblemente mal. Después de una muy buena primera entrega, llegó Bioshock 2, varios años más tarde. Su finalidad no era otra que mostrar que había sido de Rapture después de que Jack terminara la guerra civil entre Ryan y Fontaine (mediante defunción de ambos líderes), así como procurar un “final” a la pesadilla (Tristemente en forma de DLC), mediante la introducción de una nueva villana. El resultado no fue tan bueno, pero al menos se dejaba jugar.
Y ahora, en 2013 llega Infinite, de nuevo de la mano de Levine, el creador original de la saga (Nota curiosa: no jugó Bioshock 2 hasta que se compró una copia el día de lanzamiento), y que fiel a su idea nos pone en una situación muy similar: una ciudad, Columbia, y nosotros, el jugador, llegamos a liarla parda. Por suerte, Infinite no es “Un Bioshock en las nubes”. Es algo más. ¿El qué? Podría contarlo aquí, pero prefiero que le deis a “leer más” para acumular visitas.





A veces de las caídas, tan solo se aprende que te has caído
