No sé cómo empezar a contaros esto.
Estoy seguro de que no me vais a creer.
Pero empecemos por el
principio:
Yo era como vosotros, un jugador empedernido.
Me pasaba las horas, los días, los meses, probando y jugando
a mis juegos preferidos.
Eso fue mi perdición.
Acostumbrado a que en casa hubiera alguien conmigo aunque no
le hiciese ni caso por lo menos tenía asegurado que no me iba a faltar de nada.
La comida preparada que cada día hacía mi madre, la ropa
limpia y planchada.
Sólo los veía a la hora de las comidas y un poquito antes de
acostarme.
Lamentablemente, esto dejó de ser así en cuanto se fueron de vacaciones.
Se habían marchado a la costa en donde tenemos alquilado un
pequeño apartamento.
Eso fue una grata noticia para mí, porque no quise separarme
de mis consolas y preferí quedarme a solas en mi casa, para evitar traslados de
equipo.
Me restaba el
inconveniente de que ahora ya no tenía a mi madre para hacerme las cosas. Ahora
me las tendría que hacer yo.
Pero la fatalidad jugó en mi contra.
Un día, un triste día, me puse a preparar algo en la cocina.
Cogí la sartén y eché unos trozos de carne ya que estaba
hambriento.
No sé lo que pasó exactamente aunque lo imagino.
Me quedé embobado con uno de mis juegos y me olvidé por
completo que tenía algo al fuego.
Mis sentidos no se alertaron ni incluso cuando el humo
atravesó la habitación.
Un humo negro y denso que era la voz de alarma de que algo
se estaba quemando.
Me había sumergido tanto en el juego, como casi siempre, que
todos mis sentidos estaban embotados.
El fuego se fue extendiendo y la cocina empezó a calcinarse.
Para cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
Sólo recuerdo estar rodeado de llamas por todas partes y
mucho dolor cuando mi piel empezó a arder.
Pero quizás, sólo quizás mi muerte se debió a que no pude
respirar cuando todo se fue llenando de humo.
Ahora estoy aquí de nuevo con vosotros.
Me han dado una nueva oportunidad, lo justo para salvar mi
alma.
Necesito encontrar a una persona que como yo necesite de un
cambio en la vida, un pequeño empujón para que no le suceda lo mismo que a mí.
Estoy barajando varias posibilidades.
Una de ellas que es la que más me atrae, por lo interesante
del caso y por la similitud con lo que yo pasé es la de un joven de 32 años que
se ha quedado en paro.
Su padre ha tenido que cerrar el lugar de trabajo en done
ejercían ambos y su madre tiene muchas dificultades para mantener un negocio
que va cada vez más cuesta abajo.
Es un chico que aparentemente se le ve muy bien, contento con
la sonrisa fresca en los labios pero que por dentro está sumido en una
inimaginable depresión.
Todos sus ahorros se los ha gastado en nuevas y más potentes
experiencias.
Se ha comprado una televisión de las últimas que han salido
con sus gafas 3D.
Ha ampliado el ordenador con los componentes más caros y de
última generación.
Esta persona creo que necesita mi ayuda, pues está ya en las
últimas.
Sin embargo, no sé cómo afrontar, mejor dicho, como empezar
a afrontar mi delicada misión.
Estoy dándole vueltas a un peculiar modo de actuar.
Sí, creo que lo haré así, pues el tiempo se me agota.
La idea es básicamente en meterme en su mundo a través de
las partículas eléctricas y convertirme en uno de los PNJs que aparecen en
cualquiera de sus videojuegos.
Así le hablaré desde el modo que creo tengo más posibilidades
de que me escuche.
Elegiré al azar cualquiera de los videojuegos que el utiliza
para ponerme en contacto con él.
SNABISCH 25 Aniversario