23 de Agosto de 2017
Abr
8

Diario de un vivo: "Día primero"

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Esto es un relato corto que escribí hace muchísimo tiempo.

Cuando todavía iba al colegio y me encantaba escribir.

Antes de que yo hubiera leído ningún libro de pequeño me daba por escribir novelas.

Por supuesto, las primeras, eran bastante malas.

Buscando por entre mis papelotes que guardo por ahí he encontrado este relato que está dividido en varios capítulos que iré subiendo e intercalando con otras entradas de diversos temas para no cansaros.

Me hace ilusión dejar testimonio de algo que hace muchos años escribí.

Aquí os dejo la primera parte:

Había algo en mi frente, como un sexto sentido, que me avisaba cuando corría peligro.

Al acercarme, por ejemplo, un objeto punzante, aquello se ponía al rojo y yo empezaba a sentir una sensación extraña. Era como placer primero y dolor después.

Conforme iba aproximando el objeto, la sensación iba aumentando de intensidad.

Hoy, esta noche, me encuentro solo en una habitación a oscuras. He apagado la luz del Flexo y he abandonado mis tareas de estudiante. El lápiz sobre la mesa, sobre las hojas gastadas por la tinta de los bolígrafos.

Me siento bien.

Tengo los músculos relajados. De vez en cuando mi estado d concentración es interrumpido por el ruido del motor de algún coche que pasa por abajo.

Mis ojos permanecen cerrados, aunque suelo abrirlos alguna que otra vez.

Empiezo a sentir miedo. No es raro. Estoy solo y a oscuras.

Intento evitarlo. No lo consigo.

Siento algo en la frente. Ha empezado suavemente. Tengo mucho miedo. No me atrevo a abrir los ojos. Siento una presencia.

La sensación es ahora más fuerte. Va creciendo lentamente. Sé que no estoy solo, que algo o alguien me acompañan.

Me estoy poniendo nervioso. Apenas escucho el ruido del motor de los coches.

La noche es larga. La oscuridad me penetra. Estoy inquieto.

Recuerdo lo que significa la sensación en la frente. Hay peligro. Tengo que actuar, salir de este estado, encender la luz.

La curiosidad me invade. Deseo saber que ocurre realmente. Si enciendo la luz todo terminará. Presiento algo. Sé que estás ahí. Delante o detrás. No importa, sé que estás conmigo.

Peligro, peligro, peligro.

Te noto tan cerca y todavía no sé qué eres. No me hagas perder la paciencia, muéstrate ante mí. Eres un cobarde.

Hago esfuerzos horribles para que mi mano no alcance el interruptor y encienda la luz. ¡No lo hagas!

Por favor, muéstrate, o de lo contrario me vencerá el miedo y encenderé la luz.

Siento una mano sobre el hombro. Caliente.

Mi cuerpo está temblando. Tengo mucho miedo pero no debo encender la luz.

¿Quién eres?, ¿qué haces? Yo mismo me hago esas preguntas.

Ningún sonido. Sigue la oscuridad. La mano me suelta el hombro.

Voy a encender la luz. La mano me detiene. No me atrevo a gritar, ni a moverme. Ni siquiera estoy sudando. Tengo un espejo junto a mí, enfrente. No lo miro.

El calor de la mano se fusiona con el que despide mi cuerpo. Escucho el pasar de una motocicleta.

Deben de ser las diez y media. Mis ojos se van acostumbrando a la tiniebla. Una poca luz entra por la ventana. No es suficiente.

La mano me está apretando. Me está haciendo daño. Oigo una voz que me dice:

    - ¡Mira al espejo y todo terminará!

Quiero que te marches, que me dejes solo. ¡Retírate!

Escucho una risa. Me resulta familiar. Yo conozco esa forma de reír.

Miro con el corazón todavía en un puño al espejo. Veo una figura, una sombra que se va aclarando ante mis ojos.

Es él, sí, es él.

Enciendo la luz y le digo:

    - ¡Ya está bien de dar sustos Joaquín, déjame estudiar! 

Mi hermano sonriente abandona la habitación y me deja sólo de nuevo. Apago la luz.

Pero mi frente sigue ardiente cuando he visto un bulto negro moviéndose por la habitación.

Vuelven los mismos síntomas anteriores. Se me está acercando.

Enciendo la luz y le digo:

    - Me lo esperaba, donde está el uno, está la otra. 

Mi hermana se sale de la habitación. Apago la luz.

Todavía insiste la sensación. No me has engañado. Sin embargo, no había peligro.

He vuelto a relajar el cuerpo, a sentir miedo, la sensación extraña que acaricia mi frente.

Esta vez soy yo el que se va de la habitación.

En ella quedan mis hojas y mis bolígrafos. Algún día volveré a entrar.

Por hoy, ya es suficiente.

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SNABISCH 25 Aniversario

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