19 de Agosto de 2018
Ene
7

1001 videojuegos a los que hay que jugar antes de morir

 

Pues bien, la Navidad ya llegó a su fin.

Algunos hemos tenido la suerte de poder contar durante este día de reyes con una agradable sorpresa.

En mi caso, como no, ha sido un regalo muy relacionado con el mundo de los videojuegos.

No, no ha sido un juego.

Se ha tratado ni más ni menos que del libro que tiene de título: "1001 videojuegos a los que hay que jugar antes de morir".

Un librazo que más parece un tomo del Señor de los Anillos que de un libro especializado en videojuegos por lo grueso que es.

Hoy mismo lo he empezado a leer y durante el prefacio de nuestro queridísimo Peter Molineux me he dejado llevar hasta una época en la que los videojuegos no eran un simple entretenimiento electrónico.

Eran más bien un mundo mágico en donde poder bucear y del que cada día aprendíamos nuevas cosas.

Me he sentido muy identificado con el Sr. Peter pues yo pasé una experiencia semejante.

Me ha hecho recordar la primera vez que vi un videojuego durante mi niñez.

Un mueble con una pantalla de televisión que colocaron en el salón recreativo en donde yo solía ir a pasar el rato con mis amigos.

Nada más ver el juego que salía mostrado en pantalla, supe con seguridad que estaba ante algo que me fascinaría el resto de mi vida.

Aquello no era más que rayas  y puntitos moviéndose con unos marcadores que iban anotando el resultado de cómo iba la partida.

El primer videojuego que vi en mi vida se llamaba Pong y desde aquel día, los juegos electrónicos sobre una pantalla se convirtieron en mis aliados.

Un día hasta tuve el valor de no quedarme como un tonto mirando como jugaban los demás.

Esperé hasta una hora en la que yo sabía que no había nadie jugando y me dirigí firmemente con el único propósito de probar aquella maravilla que no hacía más que llamarme.

Recuerdo que fue por la tarde noche.

Me acerqué al salón y como había previsto no había nadie pasando el rato quemándose la vista con los rayos que emitían los tubos catódicos de la pantalla.

Eché una moneda y me puse a jugar inmediatamente.

Pero no elegí la opción de un jugador, no, seleccioné la partida para dos jugadores para poder enfrentarme a mi mismo y así hacer más duradera la partida.

La experiencia me satisfizo bastante pero me di cuenta que eso de jugar uno sólo contra si mismo era aburridísimo.

Fue la última vez que jugué al Pong en aquella máquina recreativa.

Me fui a mi casa con un sabor de boca medio agridulce.

Pero desde aquel primer día que había tenido el valor de jugar mi primera partida, descubrí que lo mío no era realmente el poder disfrutar de los juegos de manera directa, probándolos sino más bien observando como funcionaban y como eran capaz de atraer a cientos de otros jugadores que se dejaban allí su asignación semanal y que endurecían las yemas de sus dedos de tanto apretar botones.

A partir de entonces, mi vida ya estuvo ligada para siempre a este mundo del entretenimiento que no sé si será más divertido que otros pero que a m me caló más a fondo que por ejemplo el cine o la lectura.

Cada mañana, aprovechando que volvíamos del colegio y pasábamos por allí, me asomaba al salón para ver si por casualidad habían sustituido la máquina por otra o si habían añadido alguna nueva.

Ese fue mi primer paso en este mundillo.

Luego vino la de poder hacerme con los servicios de un ordenador de sobremesa MSX.

Fijaos si habían pasado años.

En cuanto lo tuve en mis manos, empecé a comprarme revistas en la que aparecían listados de programas que medio funcionaban y que acaban siempre desilusionándote porque nunca conseguías ver con el programa terminado un videojuego decente y que funcionara de una manera suave y correcta.

Así me tiraba horas escribiendo los códigos para que al final un simple dibujo que simulaba a un astronauta moviera la mano de arriba abajo.

Pero fue el comienzo de mi interés como programador de videojuegos.

Algo que con el tiempo fui dejando de lado al constatar de que no se trataba de algo tan sencillo como yo creía.

 

Pues bien, este libro, sólo acabo de empezarlo.

Sólo me he leído el prefacio y de momento ya me ha hecho recordar todos estos maravillosos recuerdos que no tienen nada que envidiar al de mi primera relación sexual con mi primera novia.

Conforme vaya leyendo e inspirándome ya os iré contando el resto de mis experiencias.

5
Valoración media: 5 (1 voto)

2 Comentarios:

interesante

interesante entrada

semper fi

SC

...

Yo de este libro sólo he oido malas críticas y lo cierto es que a mí también me ha parecido un poco "meh". Lo considero demasiado comercial. No sé, se dejan muchos juegos importantes en el tintero y de cara a la recta final del libro da la impresión de que al autor se le acababan las páginas/ideas, y empieza a meter juegos ahí como quien no quiere la cosa, algunos de una calidad a mi parecer bastante discutible.
 
Aún así la lectura se me hizo relativamente amena, más que por lo que uno ya sabe, por lo que desconoce. Esto es, leer sobre juegos a los que ni he jugado y quizá ni conocía de su existencia, que no son pocos, de la época de Atari 2600. 
 
Pero como siempre, para gustos los colores. Y para tetas, los sujetadores.  
 
Un saludo.