7 de Febrero de 2012
Ago
31

Mundo Destierro reabre sus puertas "En la Cripta de Kel Asborg"

¡Saludos, queridos amigos de Gamefilia! Después de unos meses de retiro, en los que he estado escribiendo la novela de Falkenberg, sin olvidarme nunca de vosotros, vuelvo con ganas de compartir mi modesta literatura. Y para empezar con sabor clásico, os dejo que un relato que he escrito en los últimos días, para descansar un poco de la novela, buscando disfrutar del Mundo Destierro más tenebroso, sin la mayor pretensión que divertirme. Espero que lo disfrutéis. Estoy muy contento de haber vuelto entre vosotros. ¡Un abrazo! Wink

En la Cripta de Kel Asborg.

Corría por las ignotas llanuras umbrías de Kel Asborg. Arnthor era su nombre. Y lo hacía por su vida, sumido en la más absoluta de las desesperaciones. Perseguido por los espectros de los condenados, entre los que se incluían sus propios compañeros, que gemían en la oscuridad sedientos de ira y odio hacia él. Exigiendo que compartiera su destino.

Nadie escaparía con vida de aquella noche tenebrosa.

Unas horas antes, al amanecer, Arnthor lideraba a su banda de cazadores de vampiros solitarios por los bosques de Akal Phortes, en busca de un peligroso ejemplar que aterrorizaba desde hacia semanas a las buenas gentes de la región, interrumpiendo las caravanas de las principales vías de comercio entre los asentamientos humanos. Era un desafio a la altura de sus hombres, mercenarios curtidos por las guerras entre las ciudades estado, que ahora buscaban hacer fortuna para vivir sus últimos días en las cuevas colmena más seguras del reino de Zardim.

Cabalgaron durante horas siguiendo el rastro con sus mastines de guerra, perros azabache tan fieros como un lobo hambriento y casi tan grandes como un hombre; y se encontraron con los viajeros más osados, que habían ignorado los consejos de las milicias locales. Carros caídos con las mercancias desparramadas cubiertas de nieve, caballos congelados con la garganta desgarrada y el miedo grabado en sus ojos muertos, y rastros de sangre que desaparecían aledaños del bosque para continuar por las copas de los árboles.

Ese fue el primer toque de atención. No se enfrentaban a un vampiro salvaje y descuidado cegado por la sed cualquiera. Su fuerza era antigua y su poder respetable. Cuando los mastines de guerra encontraron su refugio, una cabaña de madera toscamente construida en la cima de un árbol centenario del que pendían decenas de cadaveres humanos mordidos por los cuervos, cayeron en su trampa.

Una mujer gritaba desde el interior de la cabaña implorando auxilio. Había escuchado los ladridos de los mastines de guerra y a los caballos. Les suplicaba ayuda, asegurando que el vampiro estaba fuera y que pronto volvería con su sangriento botín. Era ahora o nunca. Dos compañeros iniciaron el ascenso del árbol, protegidos por el resto de la banda, enarbolando sus ballestas encadenadas de repetición.

Los minutos se hicieron interminables, aunque tranquilos. La escalada iba bien. Ya casi habían llegado a la cabaña, procurando no mirar a los cadaveres tendidos, cuando el vampiro realizó su macabra aparición. Cayó sobre Hector, el más joven del grupo, justo después de cancelar su hechizo de invisibilidad. El pobre chico murió escuchando las disculpas de la sollozante muchacha, jurando que se vio obligada a colaborar para sobrevivir. El vampiro le rebanó el cuello con un tajo de sus garras, precipitando su caída. Llego muerto al suelo. Su compañero de escalada, Gaut, un hombre sereno y preciso, disparó su ballesta contra el pecho del vampiro. La bestia, con el pecho horadado, no se inmuto. Le dedicó una sonrisa taimada, y antes de que pudiera volver a disparar, clavó profundamente su mano derecha en la corteza del árbol, recogió la cadena de la ballesta con la izquierda, e hizo a Gaut, balanceándolo por los aires.

Cuando lo soltó, la inercía de la oscilación y el peso de Gaut hicieron su trabajo, arrancando el virote del pecho del vampiro con parte de su carne. Gaut cayó partiendo cinco ramas con la espalda antes de estrellarse contra el suelo nevado con el cuello partido. Arnthor interrumpió la carcajada triunfal del vampiro con sendas ballestas encadenadas clavadas en la clavícula y la cadera, ordenando a sus hombres que aguardaran la señal. Revisó que las cadenas estuvieran bien atadas a la silla de montar, y golpeó las ancas de su yegua con los talones, del modo que le había enseñado para que caminara hacia atrás con vehemencia. El vampiro fue arrancando del árbol bruscamente, pero supo caer de pie, desafiante, cogiendo con ambas manos las cadenas de Arnthor, arrastrando a la yegua hacia adelante.

Entonces se dieron cuenta de lo que era: un Vampiro Superior. Descendiente de aquellos humanos que se transformaron durante la estación sombría, conservando sus facultades mentales y desarrollando poderes y dones formidables. Era un desterrado. Así lo indicaba su piel quemada y su armadura matraqueada desprovista de distinciones. Un rito común de los clanes vampiros, que desfiguraban a los culpables de graves crimenes, maldecían su nombre, les despojaban de todo rango y los arrojaban a la oscuridad después de robarles sus poderes, donde les aguardaba una muerte horrible a manos de hombres ansiosos por vengarse en nombre de familiares y amigos asesinados en el pasado.

Pero este vampiro superior era diferente: se aferraba a la vida furiosamente. Poco le importaba el rechazo de su gente. Soñaba con empezar de nuevo en tierras lejanas, ajenas a los humanos, con un nuevo nombre. Por eso se había alimentando sin apenas precauciones, impelido por la necesidad de sanar sus heridas y recuperar sus poderes. Debía pensar que ningún humano aun en semejante estado podría plantarle cara, y ciertamente, no estaba del todo desencaminado.

Arnthor, consciente de lo que se jugaban, dio la señal. Sus siete compañeros, que rodeaban en formación de arco cóncavo a la bestia, con la seguridad y la eficiencia que da la buena disciplina, abrieron fuego sobre el vampiro superior. Los virotes encadenados le golpearon con tal fuerza, que la bestia retrocedió unos pasos hasta golpear su espalda contra el árbol donde había edificado su cabaña, perdiendo el control de las cadenas de Arnthor. Antes de que pudiera reaccionar, hicieron retroceder sus caballos para atraparlo bajo una tensión letal, y le arrojaron lanzas cortas con puntas de cristal, que contenían un líquido muy inflamable de color verde al contacto con el aire.

En el momento que las puntas de cristal se rompieron contra la armadura del vampiro superior, penetrando una vez fragmentadas en su carne, el líquido inflamable se detonó envolviendo en llamas a la bestia, que gritaba más ofendida que herida, viendo como la regeneración de semanas se reducía a cenizas.

Reuniendo hasta la última gota de su fuerza inhumana, se mantuvo firme ante la tensión de los caballos en retroceso. Cogió las tres cadenas del jinete que le había acertado con mayor acierto, y tiró de ellas salvajemente, levantando del suelo al caballo con su jinete, a los que arrojó contra un compañero del otro lado.

Desmotad y a la carga, gritaba Arnthor desde la distancia, a la espera de su oportunidad. Los cinco compañeros restantes, desmontaron de sus caballos desenvainando sus espadas y hachas, indicándoles que continuaran retrocediendo, antes de precipitarse contra el vampiro superior. El primero en contactar con él, que avanzaba empuñando su espada con ambas manos en guardia alta para apuñarlo en el pecho, no llego a ver el borrón de la daga oculta que extrajó de su espalda, hasta que la tuvo clavada en la garganta. El segundo, al ver la suerte de su compañero, su cubrió por instinto el cuello con la hoja del hacha, justo en el instante que impactó contra ella otra daga.

Entonces apareció Arnthor, reclamando la atención del vampiro superior con un grito aspero y grave que prometía muerte. Cargaba con su yegua a una velocidad vertiginosa, sin las cadenas, empuñando una afilada lanza de acero de casi dos metros de longitud, que arrojó con toda la fuerza de sus musculos. El vampiro superior, distraido por los compañeros, a los que planeaba reducir con las dagas, y aprisionado por las cadenas, no tuvo tiempo ni la oportunidad de esquivar la lanza. Y le miró fijamente con aquellos ojos verdes enrojecidos, crueles y siniestros, jurándole por sus antepasados, que se vengaría en esta vida o en la otra.

El silbido de la lanza de Arnthor cortó el aire hasta hendirse en el pecho del vampiro superior, al que empaló sin remedio contra el árbol de la cabaña. Y los compañeros a la pie con las armas desnudas en las manos, no le dieron la menor oportunidad. Cayeron sobre él, ensartándole con espadas una y otra vez, mientras las hachas quebraban su cuerpo con golpes demoledores. La rabia de los hombres era tal que hacían caso omiso a las ampollas que les producía el intenso calor de las llamas que devoraban a la bestia. El vampiro superior se protegía el cuello con los brazos, cada vez más mutilados. Consciente de su suerte, con el odio que acompaña la muerte de quien ha vivido siglos por sus verdugos, la bestia pronunció palabras de auténtico poder. Magia abominable en lenguas demoníacas que se alimentaba de ofrendas. Los oídos de los hombres sangraron ante el sonido de tan indescriptible maldad, aunque continuaron escuchando el cántico, que reverberaba en sus propias mentes, terrible e ímpio. Atrayendo fuerzas siniestras al mundo de los hombres.

Continúa en... Capítulo II: 

 

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5 Comentarios:

^^

Hombre se te echaba de menos por aquí XD que bueno que regresas, que llevo tiempo sin leer nada tuyo y me quedo con las ganas. Y con este relato, haras algo para acoplarlo a mundo destierro, o lo haras otra trama aparte? Saludos. ! ( y no escribo mas que estoy desde la ps3 y es un poco coñaso XD )

¡Buenas, dream theater 15!

El relato seguramente acabará siendo una trama independiente. Está basado en una época de Mundo Destierro de la cual sólo he escrito un relato; precisamente el primero que publiqué en el blog "El Último Atardecer" Y de momento no tengo más pretensiones que terminar la historia; lo bueno está por llegar, ya que apenas ha comenzando. Cerca del final tiene algunos personajes que podrían merecer pasar a formar parte de más historias, pero eso es algo que vais a decidir vosotros Wink

¡Un saludo!

Lester....

¡Que grande tu regreso!

se te echaba de menos, y si ademas vuelves con cosas tan geniales como este relato... ¡Nada que objetar! (Como si alguna vez lo hubiera hecho XD)

¡Nos vemos!

Bienvenido de nuevo

Excelente relato, Lester; tu calidad literaria se extrañaba. En pocas palabras, logras sumergirnos de nuevo en la particular atmósfera de Mundo Destierro con toda la calidad que sólo tú puedes desbordar. Bienvenido de nuevo, espero que tu novela vaya por buen camino y que puedas mantener el blog como antes, ya que es un gozo leer tu creatividad.

Aprovecho esta entrada para otorgarte la medalla "Yo ayudé a la Literatura" --una iniciativa mía en curso--, la cual mereces sin duda alguna. Eres el bloguero de Gamefilia que cuenta, por mucho, con el mayor número de entradas sobre el tema de la Literatura; sin ti, Gamefilia no sería igual en este aspecto. Aquí la medalla:

Medalla

Saludos,
Desmodius.

¡Muchas gracias!

ErikAdams: ¡Muy buenas, Colega! Yo también te echado muchísimo de menos. La verdad es con amigos como vosotros da gusto volver, aunque sea publicando relatos cortos. Me alegra que te haya gustado la historia. La verdad es que no las tenía todas conmigo. El sabado, mientras tendía la ropa, dándole vueltas a que me apetecía escribir algo improvisado de Mundo Destierro, me vinieron los primeras ideas de la historia, y me puse a escribirla sin saber a donde iba a ir a parar después de cada línea. Yo mismo estoy sorprendido con el resultado. En unos días publicaré el segundo capítulo, aunque advierto que es un poco "fuerte" Mr. Green

Desmodius: Gracias por la bienvenida, querido Desmodius. Tengo que felicitarte por las iniciativas literarias que has desarrollado en mi ausencia, como "Yo ayudé a la Literatura", que no han hecho sino dar más vida en la comunidad a la pasión que compartimos. 

La novela marcha bien, anda por las 100 páginas escritas, pero ahora me he tomado una pausa para respirar, oxigenarme, aprender de algunos errores, y volver a retomarla con más ganas. Lo mejor de la experiencia, es cuanto ha llegado a aprender, y la valentía que me ha dado para afrontar historias largas; algo que antes, ciertamente, no tenía.

Muchísimas gracias por la medalla. Espero poder seguir apoyando a la comunidad con más entradas literarias.

¡Un saludo a todos! Wink