¡Saludos, queridos amigos de
Gamefilia! Después de unos meses de retiro, en los que he
estado escribiendo la novela de Falkenberg, sin olvidarme nunca de
vosotros, vuelvo con ganas de compartir mi modesta literatura. Y para
empezar con sabor clásico, os dejo que un relato que he
escrito en los últimos días, para descansar un poco de
la novela, buscando disfrutar del Mundo Destierro más
tenebroso, sin la mayor pretensión que divertirme. Espero que
lo disfrutéis. Estoy muy contento de haber vuelto entre
vosotros. ¡Un abrazo!
En la Cripta de Kel Asborg.
Corría por las
ignotas llanuras umbrías de Kel Asborg. Arnthor era su nombre.
Y lo hacía por su vida, sumido en la más absoluta de
las desesperaciones. Perseguido por los espectros de los condenados,
entre los que se incluían sus propios compañeros, que
gemían en la oscuridad sedientos de ira y odio hacia él.
Exigiendo que compartiera su destino.
Nadie escaparía
con vida de aquella noche tenebrosa.
Unas horas antes, al
amanecer, Arnthor lideraba a su banda de cazadores de vampiros
solitarios por los bosques de Akal Phortes, en busca de un peligroso
ejemplar que aterrorizaba desde hacia semanas a las buenas gentes de
la región, interrumpiendo las caravanas de las principales
vías de comercio entre los asentamientos humanos. Era un
desafio a la altura de sus hombres, mercenarios curtidos por las
guerras entre las ciudades estado, que ahora buscaban hacer fortuna
para vivir sus últimos días en las cuevas colmena más
seguras del reino de Zardim.
Cabalgaron durante
horas siguiendo el rastro con sus mastines de guerra, perros azabache
tan fieros como un lobo hambriento y casi tan grandes como un hombre;
y se encontraron con los viajeros más osados, que habían
ignorado los consejos de las milicias locales. Carros caídos
con las mercancias desparramadas cubiertas de nieve, caballos
congelados con la garganta desgarrada y el miedo grabado en sus ojos
muertos, y rastros de sangre que desaparecían aledaños
del bosque para continuar por las copas de los árboles.
Ese fue el primer toque
de atención. No se enfrentaban a un vampiro salvaje y
descuidado cegado por la sed cualquiera. Su fuerza era antigua y su
poder respetable. Cuando los mastines de guerra encontraron su
refugio, una cabaña de madera toscamente construida en la cima
de un árbol centenario del que pendían decenas de
cadaveres humanos mordidos por los cuervos, cayeron en su trampa.
Una mujer gritaba desde
el interior de la cabaña implorando auxilio. Había
escuchado los ladridos de los mastines de guerra y a los caballos.
Les suplicaba ayuda, asegurando que el vampiro estaba fuera y que
pronto volvería con su sangriento botín. Era ahora o
nunca. Dos compañeros iniciaron el ascenso del árbol,
protegidos por el resto de la banda, enarbolando sus ballestas
encadenadas de repetición.
Los minutos se hicieron
interminables, aunque tranquilos. La escalada iba bien. Ya casi
habían llegado a la cabaña, procurando no mirar a los
cadaveres tendidos, cuando el vampiro realizó su macabra
aparición. Cayó sobre Hector, el más joven del
grupo, justo después de cancelar su hechizo de invisibilidad.
El pobre chico murió escuchando las disculpas de la sollozante
muchacha, jurando que se vio obligada a colaborar para sobrevivir. El
vampiro le rebanó el cuello con un tajo de sus garras,
precipitando su caída. Llego muerto al suelo. Su compañero
de escalada, Gaut, un hombre sereno y preciso, disparó su
ballesta contra el pecho del vampiro. La bestia, con el pecho
horadado, no se inmuto. Le dedicó una sonrisa taimada, y antes
de que pudiera volver a disparar, clavó profundamente su mano
derecha en la corteza del árbol, recogió la cadena de
la ballesta con la izquierda, e hizo a Gaut, balanceándolo por
los aires.
Cuando lo soltó,
la inercía de la oscilación y el peso de Gaut hicieron
su trabajo, arrancando el virote del pecho del vampiro con parte de
su carne. Gaut cayó partiendo cinco ramas con la espalda antes
de estrellarse contra el suelo nevado con el cuello partido. Arnthor
interrumpió la carcajada triunfal del vampiro con sendas
ballestas encadenadas clavadas en la clavícula y la cadera,
ordenando a sus hombres que aguardaran la señal. Revisó
que las cadenas estuvieran bien atadas a la silla de montar, y golpeó
las ancas de su yegua con los talones, del modo que le había
enseñado para que caminara hacia atrás con vehemencia.
El vampiro fue arrancando del árbol bruscamente, pero supo
caer de pie, desafiante, cogiendo con ambas manos las cadenas de
Arnthor, arrastrando a la yegua hacia adelante.
Entonces se dieron
cuenta de lo que era: un Vampiro Superior. Descendiente de aquellos
humanos que se transformaron durante la estación sombría,
conservando sus facultades mentales y desarrollando poderes y dones
formidables. Era un desterrado. Así lo indicaba su piel
quemada y su armadura matraqueada desprovista de distinciones. Un
rito común de los clanes vampiros, que desfiguraban a los
culpables de graves crimenes, maldecían su nombre, les
despojaban de todo rango y los arrojaban a la oscuridad después
de robarles sus poderes, donde les aguardaba una muerte horrible a
manos de hombres ansiosos por vengarse en nombre de familiares y
amigos asesinados en el pasado.
Pero este vampiro
superior era diferente: se aferraba a la vida furiosamente. Poco le
importaba el rechazo de su gente. Soñaba con empezar de nuevo
en tierras lejanas, ajenas a los humanos, con un nuevo nombre. Por
eso se había alimentando sin apenas precauciones, impelido por
la necesidad de sanar sus heridas y recuperar sus poderes. Debía
pensar que ningún humano aun en semejante estado podría
plantarle cara, y ciertamente, no estaba del todo desencaminado.
Arnthor, consciente de
lo que se jugaban, dio la señal. Sus siete compañeros,
que rodeaban en formación de arco cóncavo a la bestia,
con la seguridad y la eficiencia que da la buena disciplina, abrieron
fuego sobre el vampiro superior. Los virotes encadenados le golpearon
con tal fuerza, que la bestia retrocedió unos pasos hasta
golpear su espalda contra el árbol donde había
edificado su cabaña, perdiendo el control de las cadenas de
Arnthor. Antes de que pudiera reaccionar, hicieron retroceder sus
caballos para atraparlo bajo una tensión letal, y le arrojaron
lanzas cortas con puntas de cristal, que contenían un líquido
muy inflamable de color verde al contacto con el aire.
En el momento que las
puntas de cristal se rompieron contra la armadura del vampiro
superior, penetrando una vez fragmentadas en su carne, el líquido
inflamable se detonó envolviendo en llamas a la bestia, que
gritaba más ofendida que herida, viendo como la regeneración
de semanas se reducía a cenizas.
Reuniendo hasta la
última gota de su fuerza inhumana, se mantuvo firme ante la
tensión de los caballos en retroceso. Cogió las tres
cadenas del jinete que le había acertado con mayor acierto, y
tiró de ellas salvajemente, levantando del suelo al caballo
con su jinete, a los que arrojó contra un compañero del
otro lado.
Desmotad y a la carga,
gritaba Arnthor desde la distancia, a la espera de su oportunidad.
Los cinco compañeros restantes, desmontaron de sus caballos
desenvainando sus espadas y hachas, indicándoles que
continuaran retrocediendo, antes de precipitarse contra el vampiro
superior. El primero en contactar con él, que avanzaba
empuñando su espada con ambas manos en guardia alta para
apuñarlo en el pecho, no llego a ver el borrón de la
daga oculta que extrajó de su espalda, hasta que la tuvo
clavada en la garganta. El segundo, al ver la suerte de su compañero,
su cubrió por instinto el cuello con la hoja del hacha, justo
en el instante que impactó contra ella otra daga.
Entonces apareció
Arnthor, reclamando la atención del vampiro superior con un
grito aspero y grave que prometía muerte. Cargaba con su yegua
a una velocidad vertiginosa, sin las cadenas, empuñando una
afilada lanza de acero de casi dos metros de longitud, que arrojó
con toda la fuerza de sus musculos. El vampiro superior, distraido
por los compañeros, a los que planeaba reducir con las dagas,
y aprisionado por las cadenas, no tuvo tiempo ni la oportunidad de
esquivar la lanza. Y le miró fijamente con aquellos ojos
verdes enrojecidos, crueles y siniestros, jurándole por sus
antepasados, que se vengaría en esta vida o en la otra.
El silbido de la lanza
de Arnthor cortó el aire hasta hendirse en el pecho del
vampiro superior, al que empaló sin remedio contra el árbol
de la cabaña. Y los compañeros a la pie con las armas
desnudas en las manos, no le dieron la menor oportunidad. Cayeron
sobre él, ensartándole con espadas una y otra vez,
mientras las hachas quebraban su cuerpo con golpes demoledores. La
rabia de los hombres era tal que hacían caso omiso a las
ampollas que les producía el intenso calor de las llamas que
devoraban a la bestia. El vampiro superior se protegía el
cuello con los brazos, cada vez más mutilados. Consciente de
su suerte, con el odio que acompaña la muerte de quien ha
vivido siglos por sus verdugos, la bestia pronunció palabras
de auténtico poder. Magia abominable en lenguas demoníacas
que se alimentaba de ofrendas. Los oídos de los hombres
sangraron ante el sonido de tan indescriptible maldad, aunque
continuaron escuchando el cántico, que reverberaba en sus
propias mentes, terrible e ímpio. Atrayendo fuerzas siniestras
al mundo de los hombres.
Continúa en... Capítulo II:
5 Comentarios:
^^
31 de Agosto de 2009 • 23:20 — dream theater 15¡Buenas, dream theater 15!
1 de Septiembre de 2009 • 11:39 — Lester KnightEl relato seguramente acabará siendo una trama independiente. Está basado en una época de Mundo Destierro de la cual sólo he escrito un relato; precisamente el primero que publiqué en el blog "El Último Atardecer" Y de momento no tengo más pretensiones que terminar la historia; lo bueno está por llegar, ya que apenas ha comenzando. Cerca del final tiene algunos personajes que podrían merecer pasar a formar parte de más historias, pero eso es algo que vais a decidir vosotros
¡Un saludo!
Lester....
1 de Septiembre de 2009 • 12:35 — ErikAdams¡Que grande tu regreso!
se te echaba de menos, y si ademas vuelves con cosas tan geniales como este relato... ¡Nada que objetar! (Como si alguna vez lo hubiera hecho XD)
¡Nos vemos!
Bienvenido de nuevo
1 de Septiembre de 2009 • 13:10 — DesmodiusExcelente relato, Lester; tu calidad literaria se extrañaba. En pocas palabras, logras sumergirnos de nuevo en la particular atmósfera de Mundo Destierro con toda la calidad que sólo tú puedes desbordar. Bienvenido de nuevo, espero que tu novela vaya por buen camino y que puedas mantener el blog como antes, ya que es un gozo leer tu creatividad.
Aprovecho esta entrada para otorgarte la medalla "Yo ayudé a la Literatura" --una iniciativa mía en curso--, la cual mereces sin duda alguna. Eres el bloguero de Gamefilia que cuenta, por mucho, con el mayor número de entradas sobre el tema de la Literatura; sin ti, Gamefilia no sería igual en este aspecto. Aquí la medalla:
Saludos,
Desmodius.
¡Muchas gracias!
1 de Septiembre de 2009 • 13:41 — Lester KnightErikAdams: ¡Muy buenas, Colega! Yo también te echado muchísimo de menos. La verdad es con amigos como vosotros da gusto volver, aunque sea publicando relatos cortos. Me alegra que te haya gustado la historia. La verdad es que no las tenía todas conmigo. El sabado, mientras tendía la ropa, dándole vueltas a que me apetecía escribir algo improvisado de Mundo Destierro, me vinieron los primeras ideas de la historia, y me puse a escribirla sin saber a donde iba a ir a parar después de cada línea. Yo mismo estoy sorprendido con el resultado. En unos días publicaré el segundo capítulo, aunque advierto que es un poco "fuerte"
Desmodius: Gracias por la bienvenida, querido Desmodius. Tengo que felicitarte por las iniciativas literarias que has desarrollado en mi ausencia, como "Yo ayudé a la Literatura", que no han hecho sino dar más vida en la comunidad a la pasión que compartimos.
La novela marcha bien, anda por las 100 páginas escritas, pero ahora me he tomado una pausa para respirar, oxigenarme, aprender de algunos errores, y volver a retomarla con más ganas. Lo mejor de la experiencia, es cuanto ha llegado a aprender, y la valentía que me ha dado para afrontar historias largas; algo que antes, ciertamente, no tenía.
Muchísimas gracias por la medalla. Espero poder seguir apoyando a la comunidad con más entradas literarias.
¡Un saludo a todos!