La primera generación de supervivientes del Éxodo, luchó
unida frente a la inminente desaparición del género humano. Se emprendió la
construcción de un nuevo hogar mediante la conversión de la flota en una nave
estelar central. El embrión del primer planeta artificial. Un grupo de
pioneros: los exploradores del Éxodo, fundaron las primeras colonias
temporales, establecidas años por delante en el viaje de la nave central, en
mundos hasta la fecha desconocidos. De ellos se obtuvo los alimentos y
materiales necesarios para continuar El Éxodo. Conscientes, siempre, de que
tendrían que trasladar las colonias temporales, antes de la llegada de Los
Otros. Su nave nodriza era una figura omnisciente sobre la humanidad,
que seguía a la flota en conversión desde la distancia, permitiéndole tomar
años de ventaja sin escapar de su alargada sombra.
En el vigésimo
aniversario del Éxodo, Los Otros llegaron a la primera
colonia temporal fundada por los exploradores: una explotación minera sin
atmósfera respirable, abandonada meses atrás por precaución. El mensaje fue
alto y claro: la nave nodriza continuó su rumbo habitual tras la flota en
conversión, y envió a una flota de naves capital que bombardeó al planeta, trasformando
su superficie rocosa en un océano de lava.
Muertas las
esperanzas de volver a vivir en un planeta natural, se incrementaron los
esfuerzos en el desarrollo del planeta artificial, ante la necesidad de un
nuevo hogar. Finalmente, la conversión fue completada: el acero de miles naves,
el extraído en las colonias temporales y años de trabajo dieron forma al primer
planeta artificial. Una luna de metal con un jardín del edén en el núcleo bajo
un cielo holográfico, impulsada por el primer motor gravitacional humano.
Con la primera
expansión del planeta artificial, se construyó una poderosa maquinaría
industrial en la superficie. Además de puertos navales que permitieron producir
y gestionar una enorme flota. Dedicada a la fundación y transporte de colonias
temporales. Gracias a la que su número y producción aumento exponencialmente,
ayudando al propio crecimiento del planeta artificial. Hubo un hecho simbólico:
los acorazados supervivientes del Éxodo fueron rebotados, con los últimos adelantos
técnicos junto a la nueva flota militar, que protegía a las miles de naves que
viajaban entre el planeta artificial y las colonias temporales.
La nueva
abundancia generó divisiones con el paso de las generaciones. El modelo
cultural vigente de unión y supervivencia, se desgastó frente a unos pocos muy
poderosos. El planeta artificial se colapsó socialmente por el crecimiento desbordado
de la población. El gobierno civil democrático se hundió en el conflicto, salpicado
por una sangría de planes ineficaces y escándalos de corrupción. Una nueva
casta de altos mandos de la flota con naves propias y comerciantes ricos se
hizo con el poder. Se instauró un consejo de gobierno entre iguales con
auténtico poder en El Éxodo.
La época de los
exploradores tocó a su fin. El nuevo gobierno hizo del planeta artificial el núcleo:
centro de poder, fábrica de futuros planetas, naves, investigación científica y
médica, reserva de ecosistemas, centro de comercio y hogar de la clase media
Las colonias
temporales ampliaron su rol de obtención de recursos primarios. Adoptaron la
industria pesada de baja necesidad tecnológica, y la mayor parte de la
población se trasladó para incrementar la producción. En términos prácticos…
zonas de trabajo intensivo en pésimas condiciones de vida, dónde el sueño era
invertir el sueldo de una vida en un traslado al planeta artificial. Con
suerte, antes de que Los Otros llegaran o peor: fueran
trasladados a una nueva colonia temporal, volviendo a pasar los peores años de
la fundación.
En las décadas
posteriores, el planeta artificial se convirtió en un gigante con dos hermanos
menores. El nivel de ciencia hacía grandes progresos. Las colonias temporales
alcanzaron un nivel de vida y producción más que aceptable. La concentración de
tanto poder en tan pocas manos sembró la semilla de la guerra civil. Entonces,
los militares, neutrales hasta la fecha se hicieron con todo el poder. Entre
ellos a lo largo de los siglos se había desarrollado una religión acerca del
Éxodo, y de su deber respecto a guiar al género humano a un lugar seguro. Su fe
superó las tentaciones de los comerciantes, que lejos de detenerlos les dieron
mayor resolución. Un almirante, con el apoyo de la flota en pleno, impidió una
guerra económica con un golpe de estado. Los comerciantes fueron desposeídos de
su poder y el Almirante se erigió primer Emperador y Guardián del Éxodo. Cargo
que se decidió sería elegido por votación entre los altos mandos en base al
candidato más capaz de cada generación.
El gobierno militar
evolucionó a un modelo religioso bajo la figura de un Emperador absolutista.
Los otros dos planetas artificiales se hicieron autosuficientes, y las colonias
temporales vivieron una revolución con la invención de las ciudades estelares.
Construidas en la superficie de los planetas artificiales. Se trasladaban
mediante el salto conjunto de naves supercapital acopladas a ella. Una vez en
el sistema solar del destino, tenía completa autonomía para navegar, aterrizar,
fundar una colonia temporal y despegar cuando llegará el momento de
abandonarla. Desde que tomaba tierra la flota aprovechaba su espaciopuerto para
abastecerla de suministros y población. Su base industrial incorporada
levantaba los cimientos de la colonia por si misma, logrando en un establecer
en un tiempo record colonias a pleno rendimiento.
La bonanza de las
colonias temporales, dio a su población un nivel de vida sin igual en toda la
historia del Éxodo. Las nuevas generaciones perdieron su conexión frente a los
inicios del Éxodo, la masacre del género humano, y las décadas de vida
miserable en las maltrechas naves de refugiados. Temas que algunos empezaron a
cuestionarse habían sido exagerados por el gobierno religioso para así
justificar su status quo.
Una nueva
corriente intelectual dio por terminado el Éxodo. Era el tiempo de regresar a
los planetas naturales por siempre, libres de un Emperador salvador que les
conducía a un viaje interminable, escapando de fantasmas del pasado. Los
Otros según ellos no eran una amenaza, justificaban el seguimiento de
la nave nodriza como una advertencia de que no regresaran a un planeta al que
ya nadie le importaba. Las ideas pronto se transformaron en terrorismo, y esté
en revoluciones ocasionales sin éxito, que aumentaron la represión del
Emperador. Los rebeldes, desgastados por décadas de combate, recibieron un duro
golpe al ver que la mayoría de la población seguía las antiguas creencias y les
odiaba a ellos.
Fracasada la revolución civil, los rebeldes,
se concentraron en el planeta artificial menos alejado del central. Sedujeron a
los comerciantes, que no habían olvidado las afrentas del pasado, y entre ambos
se ganaron a la población tras años de campaña. Entonces, se declararon
unilateralmente independientes y abandonaron El Éxodo.
El emperador exigió
a cambio de su independencia la devolución del planeta artificial, creación del
suyo por y para El Éxodo. La respuesta fue la invasión de colonias temporales
del planeta rebelde que se habían declarado leales al Imperio, era el comienzo
de la primera guerra civil. Las fuerzas imperiales acudieron en su auxilio, la
guerra fue llevada al cuerpo a cuerpo, ya que ninguno de los dos bandos deseaba
una batalla estelar abierta con millones de muertos.
La crueldad de
los rebeldes aumentó con la perdida de cada colonia temporal a unos niveles
intolerables. El Emperador decidió asumir el riesgo de atacar el planeta
artificial rebelde bajo peligro de destruirlo, a fin de garantizar la seguridad
de la población civil de las colonias temporales. Era la situación que los
Rebeldes deseaban, al poder anular la superioridad numérica de la Flota Imperial con el soporte
de los cañones planetarios. Inconscientes de la sorpresa que les deparaba el
Emperador. La Flota Imperial,
compuesta por miles de modernas naves de combate, saltó frente al planeta
artificial, fuera del alcance de sus armas defensivas. Entonces, los rebeldes,
se estremecieron al ver el arma secreta del Imperio: una nueva clase de
acorazados supercapital con cañones planetarios propios de largo alcance. Entre
ellos destacaba uno por encima de todos, el acorazado insignia de la flota,
comandando personalmente por el Emperador.
Los cañones de
los acorazados supercapital abrieron fuego indiscriminado contra el planeta
rebelde. Su escudo de energía se vino abajo y las estaciones de defensa
planetaria empezaron a caer una tras otra. Los Rebeldes, sin opciones, se
vieron forzados a movilizar su flota en órbita para interceptar a los
acorazados supercapital, ante la inminente rendición del planeta artificial.
En los minutos
previos al choque de las flotas, El Emperador les ofreció la oportunidad de
rendirse a fin de evitar más víctimas. En respuesta, le enviaron la ejecución
en directo de su hijo, capturado en el campo de batalla años antes. El
emperador, con el corazón desgarrado por el dolor, rugió un grito de furia
enloquecida, que fue escuchado por toda la flota. Entonces condenó a muerte a
los Rebeldes. La Flota Imperial
cargada de ira avanzó, con los acorazados supercapital a la cabeza, y la nave
insignia en primer lugar.
La verdadera
fuerza del Imperio, contenida durante largos años por el sentimiento de
preservación de la raza humana, se liberó con la muerte del hijo del Emperador.
Frente a ellos yo no había otros hombres, eran bestias peores que Los
Otros. Las naves rebeldes explotaban por doquier, los escudos caían en
segundos por el fuego láser y las bombas supernova las pulverizaban. La vanguardia
de la Flota Rebelde
fue aniquilada en unos minutos. Mientras la Flota Imperial superaba a las
naves supervivientes, una tormenta de cazas las reunió con el resto de
escombros del espacio cercano. El grueso de la Flota Rebelde se batió en
retirada de regreso al planeta artificial, abrumada por la superioridad de la Flota Imperial.
Entonces,
surgidos de la nada, llegaron Los Otros. La nave nodriza retiró el
camuflaje en la cara opuesta del planeta artificial a la batalla. El Emperador ordenó
la retirada inmediata. Las cazas regresaron a las naves en combustión máxima,
que saltaron de vuelta al planeta artificial central sin perder un segundo. El
Emperador consciente de lo que iba a ocurrir, permaneció a la espera de su
momento en la nave insignia desde una distancia prudencial, obligado a observar
hasta entonces.
La Flota Rebelde se interpuso
entre Los Otros y el planeta artificial, lanzando un ataque conjunto
contra la nave nodriza que iba desplegando sus naves capital, ajena a las
interferencias humanas. Los Rebeldes suplicaron ayuda al Emperador, que con lágrimas
en los ojos, pensando en la suerte de los civiles del planeta artificial, les
dijo que no podía arriesgar la supervivencia del género humano por la soberbia
de sus actos.
La historia de
los libros sagrados del Éxodo cobró vida: la flota rebelde fue aniquilada en
segundos por el manto de oscuridad expulsado por las naves de Los
Otros, que transformaron con sus monstruosas armas la superficie del
planeta artificial en ríos de metal al rojo vivo. Penetrada por oleadas de
naves dardo hasta el interior, dónde millones de personas atrapadas se vieron
acorraladas por las hordas de soldados exoesqueleto de Los Otros. Se desató un
infierno narrado desde todas las frecuencias de radio abiertas del planeta
artificial, por las voces histéricas de los supervivientes, que relataban el
avance imparable de Los Otros. Todas las transmisiones terminaron con gritos
terribles de agonía y tortura. Canal a canal se hizo el silencio Absoluto.
Horas después por los canales aún abiertos se escucho el cántico ensordecedor
de los verdugos celebrando el festín de muerte.
Tras un día de
cánticos El Ojo de Dios apareció frente al planeta artificial. Devoró
los millones de almas asesinadas en su nombre y volvió su mirada al propio
Emperador.
Había en ella un odio más allá de toda comprensión. Sus
parpados ardientes crecieron, y su iris le mostró la pesadilla que reinaba al
otro lado. El efecto fue tal que el Emperador sintió que la vida le abandonaba.
Aún así soportó la mirada estoicamente, sabiendo que debía hacer y decir. Se
arrodilló con el rostro contra el suelo. Rogó perdón por los actos de aquellos
justamente castigados y por quienes continuaban El Éxodo. Le dijo que la
galaxia era suya y le prometió que, su pueblo no descansaría hasta marcharse.
El
Ojo de Dios continuó mirándolo unos segundos, decidiendo la vida o la
aniquilación del género humano. Entonces desapareció sin más con la nave
nodriza de Los Otros. El Emperador débil y muy envejecido ordenó regresar
al planeta central. Les susurró que no podía seguir viviendo después de haber
visto el horror detrás de El Ojo de Dios, y se quitó la vida
de un disparo láser.
Durante el
funeral del Emperador, convertido en héroe del Éxodo, el gobierno militar fue
convocado de emergencia. Los Otros venían. La nave nodriza
que siempre les había seguido en la distancia aceleraba. Además, el otro
planeta artificial era perseguido por una segunda nave nodriza en idéntica
situación. En unas semanas les atraparían. La Flota Imperial al completo se
movilizó para evacuar a los civiles de las colonias temporales. En las ciudades
estelares aterrizaban naves hasta el último minuto, que embarcaban a todos
cuantos podían antes de verse obligados a hacer despegar la ciudad, y llevarla
con naves supercapital a un planeta artificial, abandonando a cientos de miles
de colonos.
Los planetas
artificiales aceleraron al máximo de los motores gravitacionales para ganar
tiempo, logrando suministrarles energía adicional en detrimento de los demás
sistemas salvo los de soporte vital. Las primeras noticias de la destrucción de
colonias temporales con población no evacuada desataron el caos en los planetas
artificiales, que impusieron el toque de queda bajo el estricto control del
ejército. Los cimientos de la civilización del Éxodo temblaban, en unas semanas
habían perdido: un planeta artificial, todas las colonias temporales, la mitad
de la población y El Emperador.
En el día del
contacto, la Flota Imperial
se situó detrás de los planetas artificiales dispuesta a protegerlos hasta la
última nave. Reinaba el silencio absoluto en la flota, preparada para entablar
combate, a la espera del acto final. La nave nodriza según se acercó llegó a
cubrir el horizonte. El almirante dio la orden tajante de atacar solo en
defensa propia. Consciente de la presión a la que estaban sometidos, bloqueó
desde su mesa de armas maestra los protocolos de combate de la flota, con la
absoluta certeza de que alguien atacaría primero. Cuando tuvieron encima a la
nave nodriza la Flota Imperial
enloqueció, presa de los nervios y el pánico. Pero el almirante se mantuvo
firme. No atacaron. De pronto Los Otros igualaron su velocidad con
los planetas artificiales, y se quedaron ahí. Era el principio del castigo, no
el final.
Las naves nodriza
empujaron a los planetas artificiales a tal velocidad que fue inviable fundar
nuevas colonias temporales. La población vivió afinada en condiciones
infrahumanas entre constantes hambrunas y disturbios. La opresión fue el sello
de los nuevos Emperadores. Personajes oscuros, impopulares y odiados, hasta el punto
que incluso uno de ellos fue asesinado en un atentado terrorista.
Después de
décadas de acoso, un día las naves nodriza de Los Otros redujeron su
velocidad. Comenzó una nueva era de colonias temporales, en la que por primera
vez la población se agolpó para emigrar a ellos. Por el mero hecho de tener
espacio vital propio y una comida caliente al día. Gracias a las ciudades
estelares de refundación de las colonias temporales fue muy rápida. La primera
generación pasó grandes dificultades por las necesidades del momento que
exigían una elevada producción por encima de las demás consideraciones. En la
segunda la situación se empezó a estabilizar. Los planetas artificiales
volvieron a funcionar a pleno rendimiento junto a la flota. Se construían
nuevas ciudades estelares a buen ritmo, y gracias a la excelente producción de
las colonias temporales, había dos embriones de planetas artificiales en
construcción.
El mito del antiguo Emperador que salvó al
género humano con sus palabras frente al mismísimo Ojo de Dios terminó de
encumbrarlo a la divinidad. En una época en que los Emperadores recuperaron el
prestigio de la institución al devolver al Imperio la gloria pasada. Momento
que fue culminado con la botadura del cuarto planeta artificial.
El Éxodo se
acercaba al final de la galaxia. La religión era más fuerte que nunca ante el
inminente largo paso entre la oscuridad hacía la luz. Todos los recursos se dedicaban
a ampliar los planetas artificiales ya existentes, que iban acogiendo de forma
permanente a los colonos temporales, según abandonaban las colonias ante la
llegada de Los Otros.
La galaxia quedó
atrás, pero Los Otros no. Continuaron siguiendo los planetas artificiales,
que albergaban a toda la población humana en las nuevas ampliaciones. Mantenida
gracias a las reservas y programas de reciclado global. Décadas después, a
medio camino entre galaxias Los Otros se detuvieron. El júbilo
fue tal que se declaró un año de fiestas y juegos, la humanidad volvía a ser
libre.
Cuando El Éxodo
llegó a la nueva galaxia, los planetas artificiales se separaron para ocuparla
en diferentes puntos. El planeta central navego hacía el centro para establecer
un punto de enlace, y enviar a los tres futuros planetas artificiales al otro
lado de la galaxia. La red de ciudades estelares fue distribuida por la Flota Imperial,
fundando cientos de mundos permanentes.
En los siguientes
dos siglos el Imperio se transformó en un coloso de siete planetas artificiales
con miles de mundos permanentes, que se extendían por toda la nueva galaxia. El
régimen militar representado por la figura religiosa del Emperador se
encontraba en crisis: La conclusión del Éxodo, la ausencia de enemigos
externos, conflictos, el tono paternalista del gobierno y la fuerza de las
nuevas facciones económicas lo consumían. Las grandes facciones de poder
emplearon el nacionalismo, manipulando a las masas contra el Emperador en cada
planeta artificial. El clima se fue crispando hasta que estalló una guerra
civil por la libertad, de los planetas artificiales y mundos permanentes
sometidos a la opresión del planeta central y del Emperador.
La guerra duró
más de un siglo. Terminó con el asesinato del Emperador, días antes de la
ofensiva final que le hubiera dado la victoria. Traicionado por sus propios
hombres al precio de un planeta por implicado, que aprovecharon los caóticos
días tras su muerte para ejecutar a sus partidarios y personalidades vivas de
la religión imperial del Éxodo.
Por fin los
mundos eran libres del Imperio, los que quedaban claro. Entre los mundos
arrasados por la guerra, sobrevivieron algunos con unas condiciones de vida
infrahumanas. Mientras eran fundados otros en una situación inhabitable
expresamente para garantizar la lealtad de los colonos, que dependían de la
tecnología de los planetas artificiales para hacer funcionar sus máquinas, y de
sus médicos para sobrevivir en atmósferas con alto grado de contaminación. Todo
para que los planetas artificiales gobernados por reyes títere de los
comerciantes se dieran a la gran vida. Ajenos al descenso continuó del nivel de
ciencia y producción, el descontento de la población y la decadente situación
de la flota, que menguaba año atrás año, por falta de recambios.
La insostenible
situación se les fue de las manos a los opresores. Los mundos permanentes se
sublevaban en constantes guerras por la independencia. Caldo de cultivo en el
que nacieron los piratas espaciales: personas procedentes de todos los bandos
unidas para vivir al margen de la sociedad. Vivían en naves espaciales dictando
sus propias reglas. Se dedicaban al abordaje, saqueo de naves espaciales.
Además de la restauración de antiguas joyas de la Flota Imperial, que convertían
en sus hogares y en imponentes armas a su servicio y actos mercenarios.
Los dos siglos de
historia posteriores han sido borrados. Se sabe que una facción de origen
desconocido reinstauró el Imperio. Proclamó un nuevo Emperador y devolvió los
días de gloria al Imperio. La gente volvió a sentirse orgullosa de pertenecer a
él. Se hicieron grandes avances científicos en todos los campos. Y la flota
resurgió de sus cenizas más fuerte que nunca. Pero la oscuridad siempre
envolvió dicho periodo. Los miembros de esa facción eran hombres sombríos con
extraños poderes. Capaces de levantar masas fanáticas con sus voces. Creadores
de armas terribles que sólo funcionaban con su ADN. Con una aterradora visión
más allá de todo lo conocido, que les permitía ver más lejos, allí dónde no
había llegado nadie antes. Su repentina desaparición fue un misterio del que no
sobrevivió ninguna fuente de información.
El Imperio fue
gobernado por un senado moderado. Logró estabilizar la situación y el equilibrio
de poder entre las facciones, que estuvieron a punto de aniquilar al género
humano en la anterior guerra. Pero la decadencia era irreversible. Con la
desaparición de los hombres sombríos década a década la situación se degradada
más, sin que el senado pudiera impedirlo.
Los planetas
artificiales eran una vaga sombra de lo que fueron: su producción apenas cubría
los mínimos para mantener habitables los mundos permanentes, sumidos en una
situación límite. La Flota Imperial
se había descompuesto con la desaparición de los hombres sombríos, que tuvieron
las mejores naves. Sólo quedaba una pequeña parte de naves en su mayoría
irreparables con el nivel de ciencia actual. Las guerras de los mundos
permanentes por la independencia no cesaron. Los piratas abandonaron sus
escondites para tomar el espacio, llegando incluso a conquistar mundos
permanentes. Era el preludio de una nueva época en que la luz brillaba dispersa
en naciones de mundos permanentes. Amenazadas por el gigante que continuaba
siendo el Imperio, y las cada vez más poderosas flotas piratas y facciones
económicas. Enriquecidas por la miseria.
En tan profunda
crisis el Imperio se iba replegando sobre si mismo, en sectores cada vez más
cercanos al área de influencia de los planetas artificiales. En los que
florecía una nueva religión que se propagaba entre los ciudades como una plaga,
que les daba la fuerza necesaria para vivir en una realidad muerta, a cambio de
un precio que aún desconocían.
Entre los ecos
del moribundo Imperio humano las sombras crecen y las mascaras caen. Los viejos
jugadores regresan al tablero para jugar a la última partida dónde un solo
hombre tiene el destino del universo en sus manos.
Sed bienvenidos a
la época de “The Singer of The Death”
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