22 de Diciembre de 2014
Jul
30

Remdall - Duelo al Sol - Capítulo I - Tormenta Tenebrosa

La noche, sabía en sus sueños, anunciaba el desenlace de una historia que se perdía en el tiempo de los hombres, interpretando la mejor de sus piezas. Ambos jinetes cabalgaban envueltos en una profunda oscuridad, confiando en el instinto de sus animales, alumbrados a intervalos por los rayos que hendían la tierra con su atronador martillo, a la merced de una tormenta salvaje de nieve que arrojaba sobre ellos verdaderas olas desde los cielos, acompañadas por las rafagas de un viento capaz de arrancar el alma a un hombre. Resonando en su interior unas voces desgarradas que antaño fueron humanas.

El primer jinete huía de su destino, el segundo esperaba conocerlo al atraparlo a él. Escalaban la falda de la montaña sur, una mole escarpada de roca negra esculpida a viento y nieve en una época anterior a la llegada de los hombres. Ahora maldita por uno de ellos, un rey del que nadie pronunciaba su nombre por miedo a invocarlo en la noche. Soberano del horizonte visible desde lo alto de la atalaya del castillo, situado en la cima en la montaña norte. El lugar donde su propio hermano le apuñaló con el consentimiento de su familia. Seres corrompidos por la envidia que contemplaron en silencio sin advertirle de la hoja que penetró por su espalda hiriéndole de muerte. Moribundo, desencajado por el dolor de la amarga traición de aquellos que amaba. El Rey les maldijo por la vileza de sus corazones, poniendo a los dioses del viento por testigos, que los condenaba a permanecer por siempre en sus montañas, cercanos a él, donde pudiera castigarlos por su crimen noche tras noche.

Tras señalarles con el dedo con una mirada llena de rabia, como jamás le habían visto en vida, se arrojó al vacío susurrando la letanía de la maldición durante la caída. Cuando los guardias llegaron alertados por los gritos del rey a la atalaya “ha sido un accidente, ha sido un accidente” gimieron aterrados aún conmocionados sus familiares, cada vez más bajo ante sus miradas de reproche. Viendo como en silencio, paso a paso eran rodeados, hasta que sus cabezas rodaron por el suelo antes de ser arrojadas al vacío, prendiendo en llamas sus cuerpos. Los guardias abandonaron el castillo en busca del cuerpo de su majestad, al que dieron un entierro solemne en la tumba que le construyeron donde fue encontrado, rogando por su descanso. Antes de salir del reino juraron custodiar su reposo, impidiendo el paso a los extranjeros, velando por su sueño de generación en generación.

Nunca habían hecho una excepción hasta hoy, cuando vieron a la singular pareja de jinetes, a lo lejos sin que ellos se percataran, comprendiendo en sus miradas que le correspondía a su majestad juzgarlos, regresando a la difusa sombra del bosque alrededor de las montañas. Donde las leyendas de los bardos los situaban, sin haber sido nunca vistos por nadie, que no hubiera cubierto con su sangre sus armaduras oxidadas. Piezas forjadas cuando los hombres reinaban en el continente, antes de la aparición de las abominaciones de sangre, y los horrores de la penumbra, que los habían confinado en las entrañas de la tierra, o en el interior de ciudades inexpugnables de piedra.

La llegada al sendero de piedra, un angosto paso excavado en la tortuosa piedra, de apenas un metro de ancho en ruinas. Estaba cubierto por un manto de tierra negra encharcada entre franjas de hielo o nieve, que ocultaba algunas piedras capaces de romper las patas de las monturas. La senda ascendía hasta la cima de la montaña, siguiendo su demencial orografía de giros abruptos constantes, alcanzado la cumbre a través de una serie interminable de anillos alrededor de sus paredes, con la constante sensación de a cada paso se jugaba una ruleta con la muerte, al borde de la caída por el precipicio. Peligros que no tuvieron la marcha de los jinetes un ápice.

Al contrario, el primero al ver como le recortaba su distancia se puso en pie, espoleando el caballo con más fuerza, ignorando los golpes que le propinaba la tormenta de nieve y viento en su cuerpo, arrancando la piel de su rostro como si de un afilado cuchillo se tratara. El miedo que le inspiraba aquel hombre en su corazón diluía cualquier otro terror, incluso el de la muerte.

Nervioso al sentir su presencia más cercana sin verla, aún en pie, durante un instante, abrió un poco la capucha ceñida de piel de bisonte que ocultaba su rostro para comprobar su posición. Le seguía a unos cien metros sentado sobre su impresionante caballo blanco de las nieves. Un ejemplar de tres metros de longitud de una tonelada de peso cubierto por una gruesa capa de vello lanudo, de una crin interminable, que mostraba cicatrices en el rostro, el cuello y el pecho de disparos, espadas y garras.

Era un animal bravo sin temor, confiado en la valía de su jinete. Dispuesto a guiarlo hasta el océano del que nadie retornaba, más allá de los confines del mundo conocido, y de los horrores por conocer. Tal era su espíritu que el haber cambiado de caballo en cuatro ocasiones los últimos cinco días no había logrado dejarlo atrás. Era como si la determinación de su jinete alimentara sus fuerzas. Un hombre a pesar de la diferencia con su caballo no menos imponente. Oculto en su traje de abrigo elaborado con la piel de un oso creado por los antiguos, de unos seis metros erguido, que él mismo había matado en lucha singular, portando su cabeza como casco en la capucha probando una hazaña que pocos hombres lograban.

Se mantenía sereno pero tenso en la marcha, atento, dueño de la situación. Durante una fracción que le pareció una vida sus miradas se cruzaron, contemplando sus implacables ojos azules carentes de toda emoción que no fuera el deseo de atraparlo. Supo con absoluta certeza que lo haría, y entonces su revolver dictaría sentencia. Para la que había confeccionado balas especialmente para él.

Ajusto su capucha volviendo la vista al frente para forzar de nuevo su caballo, sin permitirle bajar la marcha a pesar del giro abrupto a la izquierda que le venía, ciego por el muro que lo ocultaba. Ambos estuvieron a punto de caer por el precipicio. Salvados por la propia fuerza del viento que les empujó a la parte interior de la senda. Apenas se había repuesto del susto cuando vio una franja del camino hundida, abriendo un espacio de caída libre al bosque. El caballo logró saltarla in extremis. Volvió su mirada rogando a los dioses vampiros la desgracia de su perseguidor, cuando le vio tomar tierra sin aparente esfuerzo, alejado de la caída. Su caballo se irguió sobre los cuartos traseros bramando con orgullo su potencial, y emprendió la persecución de nuevo. El Jinete esbozó la sonrisa que jamás se había permitido en su vida, consciente de que se acerca al final de la cacería

Remdall dio unas palmadas al cuello de su caballo, felicitándole por su gran salto, a las que respondió girando su cabeza a la derecha lo suficiente para cruzar sus miradas, asintiendo, sin llegar a perder de vista el sendero, volviendo a tirar con fuerza, hasta donde le permitía su amo con la rienda, indicándole que aún no había llegado la hora de volar sobre la tierra.

Seguro de haber visto los primeros signos de cansancio en el animal de su presa. Aprovecho la pausa que se estaba tomando la tormenta al amainar. Abrió por el pecho su gruesa capa, mostrando su traje morado de piel de mamut, cerrado herméticamente por su cuerpo hasta la cabeza, para impedir la congelación, manteniendo la temperatura constante. Desenfundó su revolver. Una pieza de artesanía pura regalada por un herrero al que salvo la vida, cuando era un joven cazador. Un estudioso de la perdida ciencia antigua de las armas de fuego, que había logrado fabricar con sus propias manos, uno de los primeros y últimos revólveres del continente, aplicando su ingenio en las lagunas del conocimiento transmitidas por los bardos.

El suyo era un ejemplar de más de dos palmos de longitud con el cañón incluido. Forjado en metal negro a martillo pieza a pieza, tras cientos de horas de trabajo. De un peso igual al de una espada bastarda, con el relieve de un lobo con las fauces abiertas grabado en él, confiriéndole un aspecto amenazador, que se completaba con el tambor de cinco cilindros.

Ato las riendas a su mano izquierda, sujetando con ésta el revolver por encima del cañón, antes del espacio del tambor, que extrajo de un bolsillo interno para encajarlo en el eje del revolver, abierto por su izquierda. Con calma de un bolsillo de su cinturón sacó una bala esférica del mismo metal negro, del tamaño de la falange de su curtido pulgar. La introdujo en uno de los cilindros del tambor. Cogió del cinturón un pequeño saquillo de cuero terminado en una boquilla, y lo presionó expulsando un hilo de pólvora que relleno el espacio vacío del cilindro.

Al repetir la operación alzó la vista alertado por su instinto, su caballo también lo sentía. No le veía a él, tapado por la siguiente curva ciega, pero si el majestuoso volcán de tres mil metros de altura que se erguía en el horizonte al sureste, en plena erupción trayendo luz a esta noche de profunda oscuridad, en que las nubes no permitían la visión del anillo del planeta, que en cambio reflectaban la luz del volcán, tornando la oscuridad en un rojo tenue, preludio de desgracias. Más sangre vertida sobre la nieve.

El reflejo del revolver le alertó, volvió la vista atrás observando el imparable avance de una tormenta tenebrosa por encima del bosque, a una velocidad difícil de creer. Era un manto vaporoso blanco con brillo propio, por el que navegaban cientos de puntos de luz más brillantes. Almas inocentes capturadas por la tormenta arrancadas de su cuerpo en la noche. Obligadas a vagar por siempre con ella hasta que compraran su libertad con sangre ajena. Remdall sabía que había algo más en el interior de la tormenta, algo que los propios vampiros temían lo suficiente para huir sin rodeos de ella, y con saber eso le bastaba.

Dentro de unos minutos la tormenta rompería contra la montaña, ascendiendo por sus paredes, trayendo consigo su perversa maldad. No estaba a salvo, y lo sabía. Espoleó a su caballo golpeando con suavidad mediante las piernas sus costillas, manteniendo el equilibrio como podía cargando el arma al tiempo, no tenía alternativa.

De un bolsillo secreto de su cinturón del mismo color que su traje morado, difícil de ver, situado detrás a su derecha. Sacó una esfera de metal negro envuelta en un halo de luz propia azulada, encantada por el poderoso hechizo de un vampiro. Cambio su saquillo por otro morado, y al presionarlo sangre en polvo relleno el cilindro.

Un nuevo salto al vacío estuvo apunto de hacerlo caer, de no ser por el propio movimiento de su caballo, al que hizo caso omiso, al escuchar como la tormenta tenebrosa impactaba contra la falda de la montaña. Llegando a sus oídos unos gritos desgarradores sedientos de sangre.

Sin tiempo, completo la carga, cerró el tambor en el interior del revolver, y presionó cada cilindro con la palanca bajo el cañón con todas sus fuerzas. Disponiendo como primera bala una hechizada, seguida de las dos restantes. Empuño el revolver en su mano derecha, ocultándola tras su espalda, y tiró con fuerza de las riendas, susurrando a su caballo que había llegado la hora, trotando por primera vez con su auténtico ritmo.

La espuma de vapores del impacto de la tormenta tenebrosa, pasó por encima de ellos unas decenas de metros, sin llegar a tocarlos. Contemplando como varios hilos de almas pasaron con ella siguiendo su impulso. Cuando repararon en ellos. Remdall mantuvo la vista al frente en el camino, mirando por el rabillo del ojo a la más cercana, unos cien metros por delante. Ésta cambio de rumbo hacía ellos. Martilleó el percutor del revolver y esperó una eternidad comprendida entre dos latidos de su corazón. Observando como su vuelo irregular se transformaba en un salto salvaje directo hacia ellos, abriendo su boca etérea llena de odio por estar vivo contra él. Alzó el revolver por sorpresa en la última décima, viendo su mirada de pronto asustada frente a él, cuando vio su propia boca en el interior del cañón antes de ser detonado.

- Hasta que seamos uno – Presionó el gatillo detonando el alma en una nube de vapor etéreo que se diluyó en apenas unos segundos, engullida por la tormenta tenebrosa que ya descendía. Martilleo el percutor del revolver, y lo alzó a la altura de su vista, a la derecha. Viendo en la negra superficie del metal dos reflejos cada vez más cerca. Se giró de improvisó apuntando al alma más cercana, detrás del caballo a su derecha, y disparó antes de que pudiera reaccionar disolviéndola. Sin cambiar de postura, manteniendo el equilibro aferrado con la mano izquierda a las riendas, martilleó apuntando a la última alma. La cual, perdida la sorpresa, navegaba de un modo errático dificultando el blanco. Aun así, presionó sin dudar el gatillo rozándola, arrancando una pequeña parte de su cola etérea.

Durante unos segundos ambos se miraron fijamente. El alma gritó desafiante su victoria con una voz forjada en las entrañas del infierno, reclamando la sangre del jinete. Consciente de que no le quedaban más balas encantadas capaces de herirla. Remdall con un gesto estoico, martilleó de nuevo el percutor del revolver, y sin la menor concesión al miedo, invitó con un gesto al alma a venir a por él.

Continuará...

 

Comentarios de Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores! Hoy inicio la publicación del relato al que Mundo Destierro debe su existencia. Cuando no era más que un Mundo Glacial donde las condiciones climáticas habían hundido una civilización tecnológica, y la magia regresaba al corazón de los hombres, hubo un personaje, un valiente explorador, que asumió la responsabilidad de dar a conocer las tierras heladas, sus peligros, gentes y costumbres. Ese personaje fue Remdall. El primer personaje principal de Mundo Destierro, y hasta la actualidad el más importante.

Duelo al Sol fue también el primer relato escrito de Mundo Destierro. El esbozo de la trama argumental del personaje, y el banco de pruebas de lo creado anteriormente. Además de ser mi relato más ambicioso hasta la fecha, en un ya lejano Junio del 2006.

Fue el relato que marco un antes y un después en mi escritura: el salto a Mundo Destierro, larga duración, varias tramas simultaneas, cuidado en la escritura... nunca antes me había esforzado tanto en una historia.

La historia de Remdall, el cazador de almas poseedoras continuó más allá de mis mejores expectativas, desembocando en el guión de una triología de novelas, que algún día, espero poder escribir.

Técnicamente el relato era lo mejor de lo que era capaz hace 2 años. A día de hoy, por suerte, en ese aspecto se ha quedado obsoleto. He realizado cambios menores arreglando los mayores errores, tratando de no robarle la esencia del original, ese Mundo Destierro tan primitivo e inexplorado.

De momento mi PC sigue en taller. Muchas gracias por vuestros comentarios de apoyo. Es un placer tener amigos como vosotros. Os echo de menos y añoró participar en Gamefilia. Espero que en breve vuelva a dar guerra. Hasta entonces iré publicando los capítulos de Duelo al Sol para impedir que el blog quede desatendido del todo. Cuando vuelva haré un especial de colaboraciones para compensar, a esos buenos colaboradores que me han enviado tantos relatos últimamente.

Disculpad mi ausencia de comentarios y trato email. Me han vuelto a prestar un PC y no tengo más que unos minutos para publicar la entrada. A mi regreso me pondré al día.

¡Un saludo a todos! Wink

5
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7 Comentarios:

Estamos sincronizados

Estamos sincronizados X-D

Menos mal que has aparecido, ya me estaba entrando el mono :D Es interesante que éste fuera el relato que dio comienzo a todo, se nota porque no hay referencias, sino sólo historia, llevada de forma muy dinámica.

Un saludo.

Para ser un relato primerizo

Para ser un relato primerizo, no se nota nada. Es realmente poesia pura, sobretodo la forma tan lírica como utilizas las palabras en las descripciones y la narración.

¡A ver si te arreglan ya el ordenador! Aunque nos va a pillar a todos de vacaciones... Depressed

Pues no esta nada mal...

y mas tratandose de un relato primerizo...

¡A ver si el tecnico se porta y te tare de vuelta pronto!

¡Nos vemos!

Así da gusto leer...

Pocas veces me he quedado tan pegado queriendo saber el final. Creo que la esencia de ese mundo gélido y cruel que es Mundo Destierro queda reflejada a la perfección en este texto. La gramática y descripciones en general son estupendas, muy bien elaborado. Bueno, en tu línea ;) 5 estrellazas. 

Saludos, compañero.

Baalard, Relatos de Suburbia

Remdall, Duelo al Sol.

The_unforgiven_too: ¡Viva el mono! Hice las mil y una para poder subir un texto el miércoles, pensando precisamente en éso, que a lo mejor alguien echaba de menos los relatos de Mundo Destierro. Así que tire del plan B en caso de emergencias: relatos antiguos no publicados.

Duelo al Sol es de las historias que guardo con más cariño. Tenía muchas ganas de publicarla. Es la esencia pura de Mundo Destierro. Quizás este mismo año os sorprendo con algo relacionado con Duelo al Sol Embarassed

RikkuInTheMiddle: No se ha notado por el repaso que le he dado antes de publicarlo Mr. Green

El original tiene momentos buenos y otros muy irregulares. Pero me alegra mucho que te guste el estilo lírico de la narración. Era la base de mi antiguo estilo. Donde jugaba con las palabras, tratando de narrar y embellecer el texto al mismo tiempo.

Debido al formato de los blogs abandone ese estilo, buscando unas dimensiones por relato más aceptables, vista una lectura rápida. Con el nuevo de hoy he tratado de buscar un punto intermedio.

Mientras estéis de vacaciones yo me tomaré las mías (muy pequeñas) e iré entrenando a El Cazador Twisted Evil

ErikAdams: Querido amigo, agradezco tus palabras, pero te voy a decir lo mismo que Rikku, el repaso ha salvado el honor del relato. Espero que en los capítulos siguientes logre arreglarlo igual de bien. La historia lo merece. La adoró. Sobre todo el final Surprised

Baalard: Ahora que lo pienso, es curioso, una de aquellas cosas que haces inconscientemente. Pero tanto como en la entrada de hoy he dicho, que El Campeón Reencarnado ha sido mi reto del 2008, y el Barón Negro lo fue en el 2007. Duelo al Sol fue el reto del 2006.

En los capítulos siguientes dan comienzo nuevas historias dentro de la trama principal, y los detalles aumentan en profundidad. En su momento intente ofrecer la visión más amplia de Mundo Destierro hasta la fecha.

Si os gusta el relato tengo un par de capítulos del principio de una novela de Remdall. Igual los publico una vez arreglados.

¡Un saludo a todos y gracias por el apoyo, con lectores así, escribir es un placer! Wink

Asi que estos son los

Asi que estos son los origenes de Mundo Destierro,...increible.

Espero que lleves a cabo esa trilogia, si lo ahces sabes que vas a tener uan lectora fiel, asi que muchos animos con los proyectos que tienes en mente!!! ^^

Es increible el mundo que estás construyendo de la nada. 

Mundo Destierro fue un accidente creativo

Estaba trabajando en el futuro de mi universo. Unos miles de años más tarde. En los relatos de Enardel, ya convertido en una leyenda por todo el Imperio. Y más adelante, cuando me vino a la mente la idea de un mundo glacial, donde la biosfera se alimentaba de sangre, produciendo un entorno vampírico, alrededor de oscuros misterios y leyendas.

A los pocos días Remdall ya cabalgaba por la Tundra de Mundo Destierro, en busca de su mayor enemigo. Poco después ya había escrito Duelo al Sol. La magia que sentí al crear de Mundo Destierro me sedujo, decidí pasar un tiempo por aquí, y de eso ya hace 3 años.

Me encantaría escribir la Trilogía. Este año ya he hecho un gran progreso en ese sentido, al haber encontrado el mayor tesoro: unos lectores como vosotros. Las personas que dais sentido a la existencia y crecimiento de Mundo Destierro.

Mundo Destierro, por suerte, lo estamos construyendo entre todos. En septiembre con la iniciativa del Cazador, vamos a hacer algo para recordar.

Muchas gracias por tu apoyo, Shaiyia. Estás conmigo desde el principio del blog, dando ánimos y apoyo. Te puedo asegurar que tienes buena parte de culpa, junto a otros amigos, que me quedará por aquí y lograra remontar un sueño perdido hace dos años.