La noche, sabía en sus sueños, anunciaba el desenlace de una
historia que se perdía en el tiempo de los hombres, interpretando la mejor de
sus piezas. Ambos jinetes cabalgaban envueltos en una profunda oscuridad,
confiando en el instinto de sus animales, alumbrados a intervalos por los rayos
que hendían la tierra con su atronador martillo, a la merced de una tormenta
salvaje de nieve que arrojaba sobre ellos verdaderas olas desde los cielos,
acompañadas por las rafagas de un viento capaz de arrancar el alma a un hombre.
Resonando en su interior unas voces desgarradas que antaño fueron humanas.
El primer jinete huía de su destino, el segundo esperaba
conocerlo al atraparlo a él. Escalaban la falda de la montaña sur, una mole
escarpada de roca negra esculpida a viento y nieve en una época anterior a la
llegada de los hombres. Ahora maldita por uno de ellos, un rey del que nadie
pronunciaba su nombre por miedo a invocarlo en la noche. Soberano del horizonte
visible desde lo alto de la atalaya del castillo, situado en la cima en la
montaña norte. El lugar donde su propio hermano le apuñaló con el
consentimiento de su familia. Seres corrompidos por la envidia que contemplaron
en silencio sin advertirle de la hoja que
penetró por su espalda hiriéndole de muerte. Moribundo, desencajado por
el dolor de la amarga traición de aquellos que amaba. El Rey les maldijo por la
vileza de sus corazones, poniendo a los dioses del viento por testigos, que los
condenaba a permanecer por siempre en sus montañas, cercanos a él, donde
pudiera castigarlos por su crimen noche tras noche.
Tras señalarles con el dedo con una mirada llena de rabia,
como jamás le habían visto en vida, se arrojó al vacío susurrando la letanía de
la maldición durante la caída. Cuando los guardias llegaron alertados por los
gritos del rey a la atalaya “ha sido un accidente, ha sido un accidente” gimieron
aterrados aún conmocionados sus familiares, cada vez más bajo ante sus miradas
de reproche. Viendo como en silencio, paso a paso eran rodeados, hasta que sus
cabezas rodaron por el suelo antes de ser
arrojadas al vacío, prendiendo en llamas sus cuerpos. Los guardias abandonaron
el castillo en busca del cuerpo de su majestad, al que dieron un entierro
solemne en la tumba que le construyeron donde fue encontrado, rogando por su descanso.
Antes de salir del reino juraron custodiar su reposo, impidiendo el paso a los
extranjeros, velando por su sueño de generación en generación.
Nunca habían hecho una excepción hasta hoy, cuando vieron a
la singular pareja de jinetes, a lo lejos sin que ellos se percataran, comprendiendo
en sus miradas que le correspondía a su majestad juzgarlos, regresando a la
difusa sombra del bosque alrededor de las montañas. Donde las leyendas de los
bardos los situaban, sin haber sido nunca vistos por nadie, que no hubiera
cubierto con su sangre sus armaduras oxidadas. Piezas forjadas cuando los
hombres reinaban en el continente, antes de la aparición de las abominaciones
de sangre, y los horrores de la penumbra, que los habían confinado en las
entrañas de la tierra, o en el interior de ciudades inexpugnables de piedra.
La llegada al sendero de piedra, un angosto paso excavado en
la tortuosa piedra, de apenas un metro de ancho en ruinas. Estaba cubierto por
un manto de tierra negra encharcada entre franjas de hielo o nieve, que ocultaba
algunas piedras capaces de romper las patas de las monturas. La senda ascendía
hasta la cima de la montaña, siguiendo su demencial orografía de giros abruptos
constantes, alcanzado la cumbre a través de una serie interminable de anillos
alrededor de sus paredes, con la constante sensación de a cada paso se jugaba
una ruleta con la muerte, al borde de la caída por el precipicio. Peligros que
no tuvieron la marcha de los jinetes un ápice.
Al contrario, el primero al ver como le recortaba su distancia
se puso en pie, espoleando el caballo con más fuerza, ignorando los golpes que
le propinaba la tormenta de nieve y viento en su cuerpo, arrancando la piel de
su rostro como si de un afilado cuchillo se tratara. El miedo que le inspiraba
aquel hombre en su corazón diluía cualquier otro terror, incluso el de la
muerte.
Nervioso al sentir su presencia más cercana sin verla, aún
en pie, durante un instante, abrió un poco la capucha ceñida de piel de bisonte
que ocultaba su rostro para comprobar su posición. Le seguía a unos cien metros
sentado sobre su impresionante caballo blanco de las nieves. Un ejemplar de
tres metros de longitud de una tonelada de peso cubierto por una gruesa capa de
vello lanudo, de una crin interminable, que mostraba cicatrices en el rostro,
el cuello y el pecho de disparos, espadas y garras.
Era un animal bravo sin temor, confiado en la valía de su
jinete. Dispuesto a guiarlo hasta el océano del que nadie retornaba, más allá
de los confines del mundo conocido, y de los horrores por conocer. Tal era su
espíritu que el haber cambiado de caballo en cuatro ocasiones los últimos cinco
días no había logrado dejarlo atrás. Era como si la determinación de su jinete
alimentara sus fuerzas. Un hombre a pesar de la diferencia con su caballo no
menos imponente. Oculto en su traje de abrigo elaborado con la piel de un oso
creado por los antiguos, de unos seis metros erguido, que él mismo había matado
en lucha singular, portando su cabeza como casco en la capucha probando una
hazaña que pocos hombres lograban.
Se mantenía sereno pero tenso en la marcha, atento, dueño de
la situación. Durante una fracción que le pareció una vida sus miradas se
cruzaron, contemplando sus implacables ojos azules carentes de toda emoción que
no fuera el deseo de atraparlo. Supo con absoluta certeza que lo haría, y entonces
su revolver dictaría sentencia. Para la que había confeccionado balas
especialmente para él.
Ajusto su capucha volviendo la vista al frente para forzar
de nuevo su caballo, sin permitirle bajar la marcha a pesar del giro abrupto a
la izquierda que le venía, ciego por el muro que lo ocultaba. Ambos estuvieron
a punto de caer por el precipicio. Salvados por la propia fuerza del viento que
les empujó a la parte interior de la senda. Apenas se había repuesto del susto
cuando vio una franja del camino hundida, abriendo un espacio de caída libre al
bosque. El caballo logró saltarla in extremis. Volvió su mirada rogando a los
dioses vampiros la desgracia de su perseguidor, cuando le vio tomar tierra sin
aparente esfuerzo, alejado de la caída. Su caballo se irguió sobre los cuartos
traseros bramando con orgullo su potencial, y emprendió la persecución de
nuevo. El Jinete esbozó la sonrisa que jamás se había permitido en su vida,
consciente de que se acerca al final de la cacería
Remdall dio unas palmadas al cuello de su caballo,
felicitándole por su gran salto, a las que respondió girando su cabeza a la
derecha lo suficiente para cruzar sus miradas, asintiendo, sin llegar a perder
de vista el sendero, volviendo a tirar con fuerza, hasta donde le permitía su
amo con la rienda, indicándole que aún no había llegado la hora de volar sobre
la tierra.
Seguro de haber visto los primeros signos de cansancio en el
animal de su presa. Aprovecho la pausa que se estaba tomando la tormenta al
amainar. Abrió por el pecho su gruesa capa, mostrando su traje morado de piel
de mamut, cerrado herméticamente por su cuerpo hasta la cabeza, para impedir la
congelación, manteniendo la temperatura constante. Desenfundó su revolver. Una
pieza de artesanía pura regalada por un herrero al que salvo la vida, cuando
era un joven cazador. Un estudioso de la perdida ciencia antigua de las armas
de fuego, que había logrado fabricar con sus propias manos, uno de los primeros
y últimos revólveres del continente, aplicando su ingenio en las lagunas del
conocimiento transmitidas por los bardos.
El suyo era un ejemplar de más de dos palmos de longitud con
el cañón incluido. Forjado en metal negro a martillo pieza a pieza, tras
cientos de horas de trabajo. De un peso igual al de una espada bastarda, con el
relieve de un lobo con las fauces abiertas grabado en él, confiriéndole un
aspecto amenazador, que se completaba con el tambor de cinco cilindros.
Ato las riendas a su mano izquierda, sujetando con ésta el
revolver por encima del cañón, antes del espacio del tambor, que extrajo de un
bolsillo interno para encajarlo en el eje del revolver, abierto por su
izquierda. Con calma de un bolsillo de su cinturón sacó una bala esférica del
mismo metal negro, del tamaño de la falange de su curtido pulgar. La introdujo
en uno de los cilindros del tambor. Cogió del cinturón un pequeño saquillo de
cuero terminado en una boquilla, y lo presionó expulsando un hilo de pólvora
que relleno el espacio vacío del cilindro.
Al repetir la operación alzó la vista alertado por su
instinto, su caballo también lo sentía. No le veía a él, tapado por la
siguiente curva ciega, pero si el majestuoso volcán de tres mil metros de
altura que se erguía en el horizonte al sureste, en plena erupción trayendo luz
a esta noche de profunda oscuridad, en que las nubes no permitían la visión del
anillo del planeta, que en cambio reflectaban la luz del volcán, tornando la
oscuridad en un rojo tenue, preludio de desgracias. Más sangre vertida sobre la
nieve.
El reflejo del revolver le alertó, volvió la vista atrás
observando el imparable avance de una tormenta tenebrosa por encima del bosque,
a una velocidad difícil de creer. Era un manto vaporoso blanco con brillo
propio, por el que navegaban cientos de
puntos de luz más brillantes. Almas inocentes capturadas por la tormenta
arrancadas de su cuerpo en la noche. Obligadas a vagar por siempre con ella
hasta que compraran su libertad con sangre ajena. Remdall sabía que había algo
más en el interior de la tormenta, algo que los propios vampiros temían lo
suficiente para huir sin rodeos de ella, y con saber eso le bastaba.
Dentro de unos minutos la tormenta rompería contra la
montaña, ascendiendo por sus paredes, trayendo consigo su perversa maldad. No
estaba a salvo, y lo sabía. Espoleó a su caballo golpeando con suavidad
mediante las piernas sus costillas, manteniendo el equilibrio como podía
cargando el arma al tiempo, no tenía alternativa.
De un bolsillo secreto de su cinturón del mismo color que su
traje morado, difícil de ver, situado detrás a su derecha. Sacó una esfera de
metal negro envuelta en un halo de luz propia azulada, encantada por el
poderoso hechizo de un vampiro. Cambio su saquillo por otro morado, y al
presionarlo sangre en polvo relleno el cilindro.
Un nuevo salto al vacío estuvo apunto de hacerlo caer, de no
ser por el propio movimiento de su caballo, al que hizo caso omiso, al escuchar
como la tormenta tenebrosa impactaba contra la falda de la montaña. Llegando a
sus oídos unos gritos desgarradores sedientos de sangre.
Sin tiempo, completo la carga, cerró el tambor en el interior
del revolver, y presionó cada cilindro con la palanca bajo el cañón con todas
sus fuerzas. Disponiendo como primera bala una hechizada, seguida de las dos
restantes. Empuño el revolver en su mano derecha, ocultándola tras su espalda,
y tiró con fuerza de las riendas, susurrando a su caballo que había llegado la
hora, trotando por primera vez con su auténtico ritmo.
La espuma de vapores del impacto de la tormenta tenebrosa,
pasó por encima de ellos unas decenas de metros, sin llegar a tocarlos. Contemplando
como varios hilos de almas pasaron con ella siguiendo su impulso. Cuando
repararon en ellos. Remdall mantuvo la vista al frente en el camino, mirando
por el rabillo del ojo a la más cercana, unos cien metros por delante. Ésta cambio
de rumbo hacía ellos. Martilleó el percutor del revolver y esperó una eternidad
comprendida entre dos latidos de su corazón. Observando como su vuelo irregular
se transformaba en un salto salvaje directo hacia ellos, abriendo su boca etérea
llena de odio por estar vivo contra él. Alzó el revolver por sorpresa en la
última décima, viendo su mirada de pronto asustada frente a él, cuando vio su
propia boca en el interior del cañón antes de ser detonado.
- Hasta que seamos uno – Presionó el gatillo detonando el
alma en una nube de vapor etéreo que se diluyó en apenas unos segundos,
engullida por la tormenta tenebrosa que ya descendía. Martilleo el percutor del
revolver, y lo alzó a la altura de su vista, a la derecha. Viendo en la negra
superficie del metal dos reflejos cada vez más cerca. Se giró de improvisó
apuntando al alma más cercana, detrás del caballo a su derecha, y disparó antes
de que pudiera reaccionar disolviéndola. Sin cambiar de postura, manteniendo el
equilibro aferrado con la mano izquierda a las riendas, martilleó apuntando a
la última alma. La cual, perdida la sorpresa, navegaba de un modo errático
dificultando el blanco. Aun así, presionó sin dudar el gatillo rozándola,
arrancando una pequeña parte de su cola etérea.
Durante unos segundos ambos se miraron fijamente. El alma
gritó desafiante su victoria con una voz forjada en las entrañas del infierno,
reclamando la sangre del jinete. Consciente de que no le quedaban más balas encantadas
capaces de herirla. Remdall con un gesto estoico, martilleó de nuevo el
percutor del revolver, y sin la menor concesión al miedo, invitó con un gesto
al alma a venir a por él.
Continuará...
Comentarios de Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores! Hoy inicio la publicación del relato al que Mundo Destierro debe su existencia. Cuando no era más que un Mundo Glacial donde las condiciones climáticas habían hundido una civilización tecnológica, y la magia regresaba al corazón de los hombres, hubo un personaje, un valiente explorador, que asumió la responsabilidad de dar a conocer las tierras heladas, sus peligros, gentes y costumbres. Ese personaje fue Remdall. El primer personaje principal de Mundo Destierro, y hasta la actualidad el más importante.
Duelo al Sol fue también el primer relato escrito de Mundo Destierro. El esbozo de la trama argumental del personaje, y el banco de pruebas de lo creado anteriormente. Además de ser mi relato más ambicioso hasta la fecha, en un ya lejano Junio del 2006.
Fue el relato que marco un antes y un después en mi escritura: el salto a Mundo Destierro, larga duración, varias tramas simultaneas, cuidado en la escritura... nunca antes me había esforzado tanto en una historia.
La historia de Remdall, el cazador de almas poseedoras continuó más allá de mis mejores expectativas, desembocando en el guión de una triología de novelas, que algún día, espero poder escribir.
Técnicamente el relato era lo mejor de lo que era capaz hace 2 años. A día de hoy, por suerte, en ese aspecto se ha quedado obsoleto. He realizado cambios menores arreglando los mayores errores, tratando de no robarle la esencia del original, ese Mundo Destierro tan primitivo e inexplorado.
De momento mi PC sigue en taller. Muchas gracias por vuestros comentarios de apoyo. Es un placer tener amigos como vosotros. Os echo de menos y añoró participar en Gamefilia. Espero que en breve vuelva a dar guerra. Hasta entonces iré publicando los capítulos de Duelo al Sol para impedir que el blog quede desatendido del todo. Cuando vuelva haré un especial de colaboraciones para compensar, a esos buenos colaboradores que me han enviado tantos relatos últimamente.
Disculpad mi ausencia de comentarios y trato email. Me han vuelto a prestar un PC y no tengo más que unos minutos para publicar la entrada. A mi regreso me pondré al día.
¡Un saludo a todos!
7 Comentarios:
Estamos sincronizados
30 de Julio de 2008 • 12:50 — The_unforgiven_tooEstamos sincronizados X-D
Menos mal que has aparecido, ya me estaba entrando el mono :D Es interesante que éste fuera el relato que dio comienzo a todo, se nota porque no hay referencias, sino sólo historia, llevada de forma muy dinámica.
Un saludo.
Para ser un relato primerizo
30 de Julio de 2008 • 12:54 — RikkuInTheMiddlePara ser un relato primerizo, no se nota nada. Es realmente poesia pura, sobretodo la forma tan lírica como utilizas las palabras en las descripciones y la narración.
¡A ver si te arreglan ya el ordenador! Aunque nos va a pillar a todos de vacaciones...
Pues no esta nada mal...
30 de Julio de 2008 • 13:05 — ErikAdamsy mas tratandose de un relato primerizo...
¡A ver si el tecnico se porta y te tare de vuelta pronto!
¡Nos vemos!
Así da gusto leer...
30 de Julio de 2008 • 15:00 — BaalardPocas veces me he quedado tan pegado queriendo saber el final. Creo que la esencia de ese mundo gélido y cruel que es Mundo Destierro queda reflejada a la perfección en este texto. La gramática y descripciones en general son estupendas, muy bien elaborado. Bueno, en tu línea ;) 5 estrellazas.
Saludos, compañero.
Baalard, Relatos de Suburbia
Remdall, Duelo al Sol.
1 de Agosto de 2008 • 18:20 — Lester KnightDuelo al Sol es de las historias que guardo con más cariño. Tenía muchas ganas de publicarla. Es la esencia pura de Mundo Destierro. Quizás este mismo año os sorprendo con algo relacionado con Duelo al Sol
RikkuInTheMiddle: No se ha notado por el repaso que le he dado antes de publicarlo
El original tiene momentos buenos y otros muy irregulares. Pero me alegra mucho que te guste el estilo lírico de la narración. Era la base de mi antiguo estilo. Donde jugaba con las palabras, tratando de narrar y embellecer el texto al mismo tiempo.
Debido al formato de los blogs abandone ese estilo, buscando unas dimensiones por relato más aceptables, vista una lectura rápida. Con el nuevo de hoy he tratado de buscar un punto intermedio.
Mientras estéis de vacaciones yo me tomaré las mías (muy pequeñas) e iré entrenando a El Cazador
ErikAdams: Querido amigo, agradezco tus palabras, pero te voy a decir lo mismo que Rikku, el repaso ha salvado el honor del relato. Espero que en los capítulos siguientes logre arreglarlo igual de bien. La historia lo merece. La adoró. Sobre todo el final
Baalard: Ahora que lo pienso, es curioso, una de aquellas cosas que haces inconscientemente. Pero tanto como en la entrada de hoy he dicho, que El Campeón Reencarnado ha sido mi reto del 2008, y el Barón Negro lo fue en el 2007. Duelo al Sol fue el reto del 2006.
En los capítulos siguientes dan comienzo nuevas historias dentro de la trama principal, y los detalles aumentan en profundidad. En su momento intente ofrecer la visión más amplia de Mundo Destierro hasta la fecha.
Si os gusta el relato tengo un par de capítulos del principio de una novela de Remdall. Igual los publico una vez arreglados.
¡Un saludo a todos y gracias por el apoyo, con lectores así, escribir es un placer!
Asi que estos son los
4 de Agosto de 2008 • 01:20 — ShaiyiaAsi que estos son los origenes de Mundo Destierro,...increible.
Espero que lleves a cabo esa trilogia, si lo ahces sabes que vas a tener uan lectora fiel, asi que muchos animos con los proyectos que tienes en mente!!! ^^
Es increible el mundo que estás construyendo de la nada.
Mundo Destierro fue un accidente creativo
4 de Agosto de 2008 • 13:00 — Lester KnightA los pocos días Remdall ya cabalgaba por la Tundra de Mundo Destierro, en busca de su mayor enemigo. Poco después ya había escrito Duelo al Sol. La magia que sentí al crear de Mundo Destierro me sedujo, decidí pasar un tiempo por aquí, y de eso ya hace 3 años.
Me encantaría escribir la Trilogía. Este año ya he hecho un gran progreso en ese sentido, al haber encontrado el mayor tesoro: unos lectores como vosotros. Las personas que dais sentido a la existencia y crecimiento de Mundo Destierro.
Mundo Destierro, por suerte, lo estamos construyendo entre todos. En septiembre con la iniciativa del Cazador, vamos a hacer algo para recordar.
Muchas gracias por tu apoyo, Shaiyia. Estás conmigo desde el principio del blog, dando ánimos y apoyo. Te puedo asegurar que tienes buena parte de culpa, junto a otros amigos, que me quedará por aquí y lograra remontar un sueño perdido hace dos años.