Tres Mercenarios Imperiales avanzaban sigilosamente en el
corazón de la jungla de Endimión Tau, ocultos gracias a sus trajes de camuflaje
termo óptico, empuñando sus fusiles láser con firmeza ante el desafío más
importante de sus vidas.
Era mediodía. La jungla hervía de actividad: los gritos de
monos, el canturreo de pájaros, el siseo de serpientes y los aullidos de
depredadores, se sumaban al ruido de los insectos en un sonido de fondo
ensordecedor.
Para los soldados el sonido de la jungla era un eco lejano,
filtrado por su casco hermético. Susurraban instrucciones continuas al
ordenador, procesando toda la información del exterior que captaban los
sensores. Iban variando los espectros de visión y sonido en busca de la señal de
su presa.
El Predador más temido del Imperio, la bestia que había
asesinado en las últimas dos semanas a treinta de sus camaradas de Infantería
Ligera en emboscadas fugaces, obligando al General a enviar sus fuerzas de
Elite, antes de que las leyendas que corrían por los barracones hundiera la moral de la Legión.
Cada mañana aparecían en las puertas de la base los nuevos
trofeos del Predador: cráneos de sus víctimas con la columna vertebral bañados
en cobre, decorados con antiguas inscripciones de tribus olvidadas del planeta
madre, en las que se maldecía las almas de los muertos, destinadas a revivir su
cacería una y otra vez hasta el fin de los tiempos.
Hoy terminaría todo. El Predador era hábil, pero no más que
ellos. Por primera vez se enfrentaba a soldados de su mismo nivel, equipados
con la tecnología necesaria para localizarlo, y las armas capaces de destruirlo
de un impacto.
Su sistema de comunicación se consideraba la punta en
investigación del Imperio. Transmisores que captaba pensamientos los soldados,
y los enviaban telepáticamente a sus compañeros, en una frecuencia y código en
continuo refresco imposible de detectar.
Informen.
Despejado.
Todo en orden.
Estén atentos. La
tercera emboscada se realizó aquí.
El impulso mental del Teniente señaló a un árbol a la
derecha del grupo. En la corteza podía apreciarse una gran mancha de sangre
reseca, que las lluvias todavía no habían eliminado.
Territorio enemigo.
No por mucho tiempo…
¡Discipline su ego,
sargento!
¡Señor, sí señor!
Debemos asumir que el
enemigo cuenta con nuestro propio equipo. Nuestra única ventaja es el
conocimiento del defecto del camuflaje en la frecuencia visual…
Las Guerras Civiles del Imperio habían enseñado una dura
lección a los militares. Sus armas terminaban por usarse contra ellos mismos.
Desde hacía tres generaciones el nuevo material militar se construía con
defectos de serie. Secretos de estado sólo
conocidos por los más altos cargos del ejército. Preparados
para aprovechar esa ventaja para eliminar enemigos potencialmente peligros con
las menores bajas.
Por suerte para la
Legión de Endimión Tau, su general había sido uno de esos
altos cargos del ejército. Antes de que la baja pensión, al igual que sus
hombres, le hiciera comprender que la mejor actividad comercial para garantizar
su futuro, era asaltar las propias naves mercantes del Imperio.
Diez años de éxitos se habían truncado con la llegada del
Predador. Era el castigo del Imperio por haber robado la mercancía que no
debían. Un secreto del que nadie podía tener constancia. Una amenaza capaz de
hacer temblar los cimientos del Imperio.
El General había compartido el conocimiento con sus hombres,
consciente de que lucharían más motivados, sabiendo que si sobrevivían se
encontrarían en una posición envidiable para extorsionar al mismísimo
Emperador.
Cuando sus contactos les informaron de que habían enviado un
solo Predador a por ellos, las risas corrieron alegremente por los barracones.
Pero ya nadie se reía. Habían muerto treinta buenos hombres
sin que tuvieran el menor indicio del Predador.
Los sensores de largo
alcance no detectan ningún traje en tres kilómetros, señor.
Mantengan los cambios
rutinarios de los sensores. No sabemos si sigue usando el traje o ha cambiado
de equipo.
Estoy rastreando también
las frecuencias débiles de los antiguos trajes, señor.
Los rayos X y la
visión térmica no muestran más que algún depredador nativo, señor. Se están
dando un jodido festín con un herbívoro a doscientos metros al oeste.
¡Aumento de actividad
en el sensor de movimiento, señor!
Confirmado, señor. ¡La
puta jungla se nos echa encima!
Formación de triangulo
defensivo. Gradúen armas en amplio espectro. ¡Vamos!
¡Afirmativo, señor!
¡En posición, señor!
¡Ahí llegan!
Bandadas de pájaros volaban entre las copas de los árboles,
seguidas de los monos que saltaban de rama en rama. La densa espesura de la
selva temblaba al ser pisoteada por grandes herbívoros, que corrían
atemorizados en pequeños grupos, habiendo olvidado cualquier precaución. Los
animales gritaban y gruñían enloquecidos.
A lo largo de sus vidas jamás habían visto un bosque tan
excitado.
¡Contacto, señor! Se
dirige hacia nosotros.
Velocidad sesenta y
cinco kilómetros por hora. Es un animal, señor.
¡Joder, joder, un
tigre!
De la maleza frente a ellos emergió un tigre corriendo a
gran velocidad, imprimiendo tal impulso en sus piernas, que apenas llegaba a
tocar el suelo con sus pies un instante. Se les echaba encima.
Permiso para disparar,
señor.
Negativo ¡Mantengan
las calma!
Dios ¡Me va a embestir!
Sargento ¡No haga el
menor movimiento! El tigre no nos ha detectado.
Si se equivoca…
¡Es una orden,
Sargento!
¡Señor, Sí señ…
El sargento no logró terminar su frase. El tigre lo arrolló
como si fuera un muñeco de trapo. Aún así supo caer al suelo sin descubrir su
posición, al no tocar ninguna planta de tamaño considerable. La armadura del
traje termo óptico le había salvado de sufrir heridas menores, excepto en su
orgullo.
Mantenga la posición,
Sargento. No sabemos si era una prueba del enemigo para detectar nuestra
presencia.
Con el debido respeto,
Teniente Coronel. Lo único que he visto es miedo, mucho miedo.
Estoy de acuerdo,
señor. He tenido la cara del tigre frente a mis narices. El muy hijo de puta
estaba cagado de miedo hasta la cola.
Arrastraba las orejas
por el suelo con el rabo entre las piernas.
Está aquí. Ha empujado
a la jungla para descubrir nuestras posiciones.
Esto va por los dos.
Concentración. El enemigo está desesperado. Si ha tenido que recurrir a la
jungla es que no puede detectar nuestro camuflaje. Sólo hay que esperar un
error. Quiero nuevos análisis en todos los espectros de inmediato.
Afirmativo, señor.
Voy a coser la cabeza
de ese cabrón a la del tigre.
Más tarde, Sargento.
Primero hay que cazarlo.
Tras la estampida el silencio se adueñó de la jungla. Los
sensores de sonido a baja frecuencia tampoco detectaban nada.
Señor, no se lo va a
creer.
Dígame, Sargento.
Es el tercer nido de
hormigas que inspecciono. Están muertas, señor. Todos los insectos de la jungla
han muerto.
Lo confirmo, señor. No
detecto agentes biológicos.
Quiere asustarnos.
Desde luego es bueno
en su trabajo.
Veremos de qué le
sirve su mata insectos con un fúsil láser que anula los escudos defensivos.
Un regalo que les había hecho el General personalmente al
inicio de la misión. Conseguido en un abordaje a una nave Imperial gracias a un
agente infiltrado en la tripulación. Bajo el aspecto del fúsil clásico regular
de los últimos tres siglos, se encontraba un avanzado detector de frecuencias
de energía, que una milésima antes de disparar descifraba la del escudo
enemigo, y adaptaba el fuego láser a un espectro vulnerable.
El Predador estaba perdido. Sin escudos jamás sobreviviría
al ataque de tres soldados perfectamente coordinados.
Un pitido agudo les llego a los oídos sin previo aviso. La
ausencia del eco propio del casco les puso en guardia.
Sargento, incorpórense
sin delatar su posición. La acción nos reclama.
No lo entiendo, señor.
El pitido estático no proviene de ninguna fuente determinada.
Aíslen por completo el
sonido del exterior.
Una risa distorsionada les hizo volver la cabeza a los tres
mercenarios. La jungla seguía igual de vacía.
Podría ser...
La risa distorsionada volvió a resonar con más fuerza.
Entonces lo supieron. El origen era sus propias mentes.
Código tres, se ha
infiltrado en nuestra red telepática.
Imposible, señor. No
detecto ninguna violación de la frecuencia.
¡General, bastardo
hijo de la gran puta! ¡Nos has enviado a por un Mentalista!
¡Silencio, sargento!
El Imperio negaba la existencia de los Mentalistas. Soldados
entrenados en la guerra mental. Dotados de poderes telepáticos y
telequinésicos. La experimentación humana había sido prohibida dos siglos atrás
por el Senado Galáctico. El precio a pagar en
todos los casos siempre resultaba demasiado caro. En
especial, desde que un sujeto de un proyecto anterior asesinó a un Emperador,
obligando al senado a suplirlo con un clon que jamás estuvo a la altura del
original.
Se cuenta que el primer acto oficial del hijo del Emperador
auténtico, al subir al trono, fue asestar cincuenta y tres puñaladas al clon.
Los Mercenarios Imperiales conocían la existencia de los
Mentalistas, aunque nunca hubieran imaginado que se encontrarían con uno. Al
parecer los científicos no habían resuelto como reducir el esfuerzo del cerebro
en plena actividad Mentalista. La mayoría
moría al cabo de pocos años o se quedaban en estado vegetativo,
después de cruzar sus límites o usar sus poderes demasiadas veces.
Me gusta la foto de tu familia. Sí, esa que llevas en el
pecho, junto al corazón. Tu mujer es preciosa. Tus hijos se parecen a ella. Es
una suerte ¿verdad, Philip?
Voy a matarte con mis
propias manos ¿me has oído bien cerebrito?
Una carcajada
distorsionada terrible y desgarradora fue la respuesta.
¡Silencio! ¿Es que no
lo ven? Los Mentalistas captan el inconsciente de la gente sin esfuerzo. Trata
de provocarnos para acceder a nuestra parte consciente, y comprometer la
posición del grupo. ¡No entren en su juego!
¿La muerte es un
juego? Cuéntales a tus hombres el "accidente" que tuvo tu capitán en
Arturus Prime. Ese día para ti fue una ventaja.
Hoy será tú muerte.
¿Lo ven? No sabe mi
nombre. Mientras sus emociones sean estables no podrá saber donde estamos.
Otra carcajada más terrible que la anterior penetró en sus
mentes. A su fin el pitido se hizo durante un breve instante insoportable,
antes de volver a la normalidad.
Desconecten el transmisor
telepático, activen el modo autista del traje, seguiremos con...
Philip, veo que cojea
desde su incidente con el tigre. ¿Necesita que le de un masaje?
Ni el alto grado de distorsión pudo disimular el grado de
ironía del sarcasmo del Predador. Demasiado humillante para el orgullo de
hombre que jamás se había sentido amenazado por nada ni por nadie.
¡Lo veo, lo veo! ¡Veo
a través de sus ojos! ¡El muy cabrón nos ve perfectamente! ¡ahí, ahí!
¡Fuegooooooooooooo!
¡Alto, Sargento! ¡Es
una trampa!
Philip se separó del grupo corriendo a gran velocidad hacia
el Predador. Desvió la energía del traje termo óptico al fúsil láser, y abrió
fuego. La graduación de amplio espectro escupió oleadas de radiación láser que
barrieron la jungla frente a él. Árboles y plantas se desintegraban consumidos
por una lengua fuego furiosa.
Durante el segundo de recarga del arma, philip varió el modo
de fuego al normal. Acosando al Predador. Una sombra azul oscura que saltaba de
rama en rama, mientras se reía a carcajadas de él.
¡Michael, Michael!
¡Usted no, Philip está muerto!
Con el debido respeto,
señor. Váyase al infierno. Lo matamos ahora o nunca.
¡¡Michael!!
Lo último que vio de Michael, antes de que el incendio que
devoraba la jungla les separara, fue como caía al suelo desmayado por el dolor.
Sus tímpanos habían reventado de golpe, al igual que los suyos, por una
inesperada onda psíquica del Predador, en forma de pitido insoportable.
Aturdido por el dolor. No pudo más que rezar por encontrar la oportunidad de
volver las tornas.
Ese Predador era el mismísimo diablo en persona, y ellos sus
títeres.
El grito del guerrero de Philip se interrumpió por la alarma
del fúsil láser. El frenético uso lo había sobre calentando obligando al
ordenador a bloquearlo por treinta segundos. Los instintos militares, más allá
de toda emoción. Le hicieron volver a activar el camuflaje termo óptico, e
iniciar una carrera impecable por la jungla en llamas, sin ofrecer el menor
rastro visible al Predador, a la espera de la recarga del fúsil láser.
El volumen de la risa distorsionada sonó muy cercano. El
pitido se desvaneció. Estaba cerca, muy cerca. Lo suficiente para confiar en
sus percepciones habituales para buscarlo. Era el momento de quedarse quieto y
aguardar su error.
Philip se detuvo dando la espalda a un gran árbol. La quema
de adrenalina le había tranquilizado. Todos sus sentidos estaban alerta.
Pensaba encontrar y asesinar a ese bastardo.
Entonces todo terminó.
Un frío como jamás había sentido recorrió su espalda. Los
indicadores le señalaron que la fuente se situaba tras su espalda a un metro.
Carecía de lógica y de sentido. Una nueva oleada de frío volvió a sacudirlo,
produciéndole temblores involuntarios.
No existe el camuflaje
que oculte el miedo a la muerte, el miedo a lo desconocido, el miedo a la
impotencia, el miedo a la certeza de que vives los últimos momentos de tu vida.
Soy la muerte que llama a tu puerta reclamando tu alma patética sin legado.
La voz gélida, cavernosa y amenazadora que había pronunciado
su sentencia de muerte, no se había valido de la telepática. Sus oídos la
acababan de escuchar palabra por palabra. Se hizo un largo silencio que le pareció
una eternidad.
Por un momento pensó en morir sin ver el rostro de su
verdugo. Temía más su aspecto que la propia muerte.
Dame un motivo para
que perdone tu vida.
Fue entonces cuando la señal de fúsil disponible parpadeó en
su HUD visual.
¡Muereeeeeeeeeeeeee!
Philip se giro bruscamente empuñando el fúsil láser con
ambas manos, apuntando a bocajarro al centro del árbol. El lugar donde se
encontraba el Predador.
Pero lo único que vio fue a su mujer, Alexia. Desnuda,
mojada, con el cuerpo amoratado. El aspecto que tenía habitualmente cuando le
daba palizas borracho, antes de que ella logrará salvar su alma. Alexia le
gritaba histérica con el rostro desencajado, suplicando por su vida.
El fúsil láser se escurrió de las manos de Philip. Quería
abrazar a Alexia. Decirla cuanto la amaba, cuanto la necesitaba, cuanto le
dolía el amargo recuerdo de lo que le había hecho, y hasta que punto se odiaba
por ello. Jamás volvería a ponerle la mano encima.
Sólo quería abrazarla y recuperar su confianza.
De pronto se vio a sí mismo a tres metros de altura,
flotando sobre el suelo cubierto de cenizas de la jungla, con una daga de doble
filo clavada en su corazón. El rostro de Alexia le miraba con un odio que creía
imposible en ser humano, mientras su sangre se
derramaba a borbotones por la hoja de la daga, alcanzaba la
empuñadura, caía hasta la mano de Alexia, y seguía por el antebrazo, revelando
su forma auténtica.
El brazo que le sostenía en el aire sin esfuerzo, era de un
hombre delgado con la fuerza de un demonio. Vestía una armadura azul oscura
reluciente, recubierta por barro, cenizas y costras de sangre reseca, mucha
sangre reseca.
Su rostro le hipnotizó, en los últimos segundos de su vida.
Piel clara tan lechosa que le confundió con un muerto. Melena negra azabache
con raya a la derecha. Nariz, pómulos y barbilla afilados. Una eterna sonrisa
cruel y sarcástica a partes iguales. Pequeñas
cicatrices por todo el rostro. Y esos ojos. Pozos profundos
azul claro brillantes sin piedad, sin esperanza, sin ilusiones, sin debilidad,
sin anhelos, sin remordimientos, sin deseos, sin oportunidades... eran los ojos
de la muerte.
De su nariz brotaba una hemorragia abundante, a la que el
Predador confirió un toque más siniestro, al lamer con la punta de su lengua.
En un gesto a todas luces habitual en él.
Philip murió convencido de que Alexia había regresado del
infierno para castigarlo por sus pecados.
La supervivencia es
una necesidad, no un motivo.
Michael fue tan rápido que no dio tiempo al Predador. Le
sorprendió de pie, sosteniendo a Philip en el aire empalado por su daga.
Antes de que pudiera reaccionar y hacer el menor movimiento,
le apuntó y abrió fuego.
Cuando seguía con la vista la ráfaga láser, le pareció ver
una sonrisa en el rostro del Predador.
Con una velocidad y fuerza sobre humana, el Predador impulsó
el cuerpo de Philip contra Michael, con tal potencia que el cadáver se libero
de la daga y salió despedido, volando de espaldas a Michael en posición
horizontal. La ráfaga láser impactó de lleno en el cadáver incinerándolo.
Una daga atravesó la lengua de fuego formada por la
explosión, clavándose en la frente de Michael, que cayó al suelo muerto, con una
mueca de sorpresa.
El Predador caminó con pasos lentos y firmes hasta el cuerpo
de Michael, se arrodilló, le miró el rostro, sonrió con una crueldad indescriptible,
y puso la mano en la empuñadura de la daga para recuperarla.
Fue su último error.
El disparo del Teniente Coronel le alcanzó de pleno en el
pecho. La sonrisa cruel del Predador no se borró.
Entonces, el Teniente Coronel se observó el detalle en la
mano derecha del Predador. Seca, sin una mancha de sangre, al menos reciente.
Derrotado, dejo caer su fúsil al suelo.
Christian, dame un
motivo para que perdone tu vida.
El frío aliento de la voz gélida y cavernosa tras su
espalda, le detuvo el corazón por un instante. Justo antes de que latiera por
última vez.
Un grito agonizante desgarrado por el sufrimiento fue la
despedida de Christian de este mundo. Desconocía la respuesta a la pregunta de
Falkenberg.
Nadie que hubiera vivido una existencia egoísta la conocía.
Falkenberg jamás había encontrado una víctima que mereciera el perdón. La
decadencia de la humanidad había llegado demasiado lejos.
Al alba de la mañana siguiente, los cráneos bañados en cobre
de Philip, Michael y Christian, adornaban el árbol de trofeos frente a la base
mercenaria.
Diez meses después no quedaba nadie con vida para
contemplarlo.
Continuará...
Comentarios de Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores! Espero que os haya gustado el relato de hoy. La puesta en escena de mi nuevo personaje, El Cazador. El primero de una serie de relatos ambientados en su pasado anterior a los sucesos de la iniciativa inter blogs de septiembre.
Durante el relato he realizado unas pruebas de estilo variando el habitual en mí, más cercano al terror psicológico, y el diálogo que a la narración. De todos mis relatos nuevos ha sido el más inspirado. Las ideas previas del guión se me escaparon de las manos. Tenía dos páginas de duración previstas...
Me he dedicido a publicar el relato entero de una vez para conservar su atmósfera de terror, y despedirme adecuadamente. Sí, despedirme. Por unos días o tal vez alguna semana, dependiendo del técnico, estaré fuera de combate, aguardando la reparación de mi portatil.
Estoy publicando la entrada de prestado en un ordenador que no es mío.
Me sabe muy mal despedirme de vosotros por unos días. No poder comentar ni aportar nada. Pero son cosas que pasan en algún momento u otro. Aprovecharé para disfrutar un poco más del verano y leer. Volveré con las pilas muy cargadas y nuevos relatos del Cazador en mente.
PD: Gracias, The_unforgiven_too por los consejos.
PD2: Disculpad los emails por responder que tengo. Cuando vuelva a tener ordenador un rato respondo.
¡Un abrazo a todos y feliz semana!
7 Comentarios:
El único consuelo por tu
27 de Julio de 2008 • 16:37 — The_unforgiven_tooEl único consuelo por tu marcha momentánea es el pedazo de relato que te has marcado. Espero que todo vaya bien con el portátil.
Un saludo.
ya te dije...
27 de Julio de 2008 • 21:13 — ErikAdamsQue era la hostia. Asi que solo decirte que buena eleccion el haberlo puesto de una sola vez.
¡Que el tecnico sea benevolo y te traiga pronto de nuevo colega!
¡Nos vemos!
PD: 5 estrellas
Este cazador
28 de Julio de 2008 • 11:01 — RikkuInTheMiddleEste cazador es la leche. ¡Me ha encantado el relato, y tu forma de narrarlo ha sido demasiado! Ha sido una narración rápida y ágil, y desde el principio estás deseando ver como los va a matar, porque claro, sabemos que lo va a hacer.
P.D.: Que te sea leve lo del PC.
Espero no oir esa pregunta...
29 de Julio de 2008 • 02:57 — BaalardUna vez más, estupenda narración y descripción! Has conseguido mantenerme pegado hasta el fantástico final.
El hecho de meter ciertos personajes "protagonistas" en un relato corto lo dotan de familiaridad y emoción y, definitivamente, ha sido todo un acierto!. Por no decir la historia que hay tras el soldado Philip... simplemente genial ^^
5 estrellazas y a la espera del siguiente relato. Como siempre, un placer leerte!
Solo espero no tener que oir esa pregunta nunca cuando intente salir de Mundo Destierro...
Baalard, Relatos de Suburbia
El Cazador, Endimión Tau
1 de Agosto de 2008 • 17:52 — Lester KnightErikAdams: Gracias por la crítica antes de publicarlo. Me había salido tan demente y fuera de lo común, que precisaba de una opinión experta en tales menesteres…
Ponerlo de una vez era la mejor decisión, pensando en los lectores. Con el nuevo relato he hecho lo mismo. Cortado perdía su encanto.
RikkuInTheMiddle: Que a una persona con tantos conocimientos de Survival Horror, le guste tanto el relato significa mucho para mí. Me alegra que la narración guste. He tratado de hacerla lo más cercana posible a los personajes, en detrimento de las descripciones y los detalles del entorno.
Es curiosa la situación en la que todos sabíamos que iban a morir. Yo tenía claro sus muertes desde el principio, pero El Cazador se me ha revelado en medio del relato, y ha acabado de un modo muy distinto.
Baalard: Mucho me temo que más de un bloguero va a oír esa pregunta…
Durante los primeros compases de la iniciativa, espero reservar al Cazador todo lo posible para el clímax. Dando tiempo a los autores ha coger ritmo. Aunque claro, con él nunca se sabe
Que te haya gustado el relato es la mejor recompensa que puedo tener.
Me encantaría decir que el detalle de personalizar a los soldados fue planeado, pero sinceramente, ocurrió durante la narración, a través de los diálogos. Al principio ni siquiera sabía sus nombres. La historia de Philip fue un momento de inspiración. Según escribía trataba de meterme en la psicología de un soldado agresivo, e inadaptado emocionalmente.
Espero que el nuevo relato te guste
¡Un abrazo y gracias a The_unforgiven_too, ErikAdams, RikkuInTheMiddle y Baalard por apoyarme con el PC!
Me ha encantado el
4 de Agosto de 2008 • 01:34 — Shaiyiame ha gustado mucho la emboscada, como ha jugado con sus mentes y los enfrentamientos.
Como no, 5 estrellas como cinco soles.
Lo más terrible del Predador es…
4 de Agosto de 2008 • 12:23 — Lester KnightEn el relato he tratado de reflejar ese aspecto de su personalidad siniestra. Podía haber matado a los tres soldados desde el principio en unos segundos, pero les dedicó tiempo a fin de quebrar sus espíritus. El asesinato no es más que la firma de un trabajo ya realizado.
Ya estoy preparando nuevos relatos del Cazador. Todos muy diferentes de éste. Espero que os gusten.
¡Un abrazo, Shaiyia!