8 de Octubre de 2008
Jun
25

Presagio - Autor: DarkOuterheaven

Presagio

Eleanor abrió los ojos. Estaba manchada de barro y algo magullada, pero viva a fin de cuentas. Inmediatamente supo que había vuelto; aunque se escondiera en el rincón más apartado del mundo, Él volvería a encontrarla. Podría cerrar los ojos tan fuerte como quisiera, arrullarse en cualquier lugar, abrazarse fuerte y apretar los dientes, que no serviría de nada: Él volvería a perseguirla, y cómo no, atraparla.

La chiquilla llevaba lo que antaño había sido un bonito vestido, que con el paso del tiempo, se había tornado descolorido y raído. Y encima estaba manchado de barro. Se irguió, desorientada, y por fin comprendió donde había venido a parar. Reconoció al momento el bosque de encinas al que mamá la llevaba de pequeña. Pero ya tenía siete años, su abuela ya le decía que casi era un mujercita, y como tal debía comportarse. Se prometió no llorar.

Cuando se levantó, respiró hondo, y sus pequeños pulmones se llenaron de la fragancia del bosque. Olía a tierra húmeda, a flores, a agua… vagamente recordaba que había estado días lloviendo, y el cielo grisáceo y cubierto así lo confirmaba. Guardó silencio por unos instantes, y además del canto de los insectos y el aleteo de los pájaros, escuchó el fluir del agua a su espalda. Un riachuelo discurría por allí. El rumor del agua le recordó que tenía mucha sed, pero le aterraba la idea de deambular sola entre la oscuridad provocada por la sombra de los árboles. ¿Qué haría una mujercita en su lugar? Por supuesto que no tendría miedo, se acercaría al agua y se quitaría toda esa mugre, hasta quedar reluciente como la princesa de alguno de sus numerosos cuentos. La abuela estaría orgullosa de ella.

Cuando llegó a la orilla del río, vio un calmado remanso que partía del mismo. Las aguas bajaban cristalinas. El simple sonido de la corriente la tranquilizó, y al acercarse al agua el río le ofreció su reflejo. Tenía ojeras bajo sus preciosos ojos azules; su melena de pelo castaño, ayer sedosa, estaba apelmazada y llena de hojarasca. Las pecas que normalmente lucía en su tez blanca ni siquiera se veían; en su lugar había una capa parduzca de origen incierto. Lo que menos le gustó fue el corte que tenía en el labio superior. Ya no le dolía, pero lo tenía hinchado, y le afeaba su inocente rostro. Agachándose, se aseó con las frías aguas provenientes de las montañas. Ya se estaba sintiendo mejor, y llegaba la hora de emprender el camino a casa.

Ni siquiera un mínimo rayo de sol iluminaba el bosque. El aire, cargado de humedad, estaba frío y pesado. Había empezado a levantarse una molesta neblina, e incluso los pájaros dejaron de cantar. A pesar de conocer el bosque, se sentía absolutamente perdida. Sabía que una vez traspasara los límites de la arboleda encontraría una carretera solitaria que le llevaría a casa de tía Marta, no tendría más que andar hasta dar con ella; pero el verdadero problema era salir de ese bosque, que segundo a segundo se volvía más extraño y amenazador.

—Oh… ¿dónde estoy? —deseó con todas sus fuerzas poder hablar con los animales, como hacían los personajes de sus historias favoritas. Pero bien pensado, de un momento había desaparecido cualquier animal con el que hablar. En el bosque no se veía más que las centenarias encinas, y la niebla.

—¿Alguien me oye? —gritó, pero sólo obtuvo el silencio por respuesta—¡Por favor, que alguien me ayude, estoy perdida! No puedo quedarme aquí sola, o…

—¿O vendrá Él, verdad pequeña?

—¿Hola? —buscaba a izquierda y derecha, desorientada.

—Vaya… perdóname pequeña, no te he saludado. Hola, y encantado de conocerte. —Eleanor seguía buscando, sin conseguir determinar de quien era la voz profunda y quebrada que se dirigía a ella. Finalmente la pequeña consiguió ver al poseedor de tan extraña voz, y la sorpresa hizo que sus piernas temblaran de emoción, y en parte, de miedo. Por unos momentos, se quedó sin habla.

—No tengas miedo amiguita, dime algo —dijo el ser con tono conciliador— tu mamá seguro que te enseñó a ser educada, y a contestar cuando se te habla, ¿verdad? —Por fin Eleanor consiguió reaccionar, y articular con dificultad algunas palabras.

—Ho… hola… ¿eres un árbol?

—Soy mucho más que “un árbol”. Yo soy la voz del bosque, mi niña.

—Pero… si los árboles no hablan. —La niña miraba descaradamente a su interlocutor. Era una enorme encina; sobre sus ramas parecían descansar un sinfín de años. Su ancho y antaño poderoso tronco aparecía encorvado por el inevitable paso del tiempo. Un halo casi mágico envolvía a la mística criatura.

—Ya te he dicho que no soy un árbol corriente, pero creo que tú, pequeña, aún no puedes comprender quien realmente soy. Y aún así me has llamado, muy valiente para una chiquilla de tu edad.

—Disculpe, señor, pero… yo no le he llamado…

—¿Eso crees? Mmmm disculpa a este viejo, creo que el paso de los años me está dejando algunos achaques. —el ser se dirigía a Eleanor casi con dulzura— Ah, y puedes llamarme Galon.

—¡Galon! Que nombre más bonito. —Eleanor empezaba a calmarse, incluso disfrutaba con la conversación que su nuevo amigo le brindaba.

—Galon… —la niña titubeaba— creo que me he perdido, y me preguntaba si podría ayudarme —dijo, sonrojándose.

—Por supuesto, pequeña. Aunque me veas aquí plantado, este bosque tiene muchos ojos, muchos oídos —afirmó Galon—, cuántos años viendo a la vida abrirse paso, tantas formas diferentes. Apenas recuerdo cómo llegué aquí, ni siquiera de donde llegué. Soy muy viejo, pequeña, muy viejo… si, eso es seguro. Mis años no me permiten merodear, como antes, qué tiempos aquellos. Pero me quedan muchos pequeños bribones, que hacen el trabajo por mí. Ardillas, conejos, hormigas… ¿te gustan las ardillas, pequeña?

—Si, mucho. —Eleanor no sabía cómo encauzar aquella conversación, que parecía no llegaría a ningún lugar.— Entonces, ¿me ayudará? —preguntó ansiosa.

—Claro, creo que me fui por las ramas —dijo el árbol, y de su tronco surgió una risa suave, pausada y grave—. Dime pues, donde quieres llegar.

—La verdad es que me gustaría ir a casa y ver a mamá.

—Me encantaría indicarte como, pero sabes bien que no puedes, Eleanor.

—¿Por qué no? Mamá debe estar muy preocupada —la niña empezó a sollozar.

—Sabes que Él está allí, no puedes dejar que te haga daño otra vez, Eleanor. —La niña estaba desconcertada. ¿Cómo podía saber Galon dónde estaba su casa, o cómo se llamaba? Estaba asustada, además sabía que Él podría estar buscándola aún. —en casa es dónde más fácilmente te puede encontrar, y tu no quieres que te haga daño. Quédate con nosotros, aquí estarás segura. Tu madre sabrá arreglárselas muy bien, por favor Eleanor…

—No… no puedo —las lágrimas resbalaban por sus mejillas— ¡tengo que irme, mamá me debe estar buscando!

—Obedéceme, Eleanor, y aquí podrás descansar por fin… con nosotros estarás muy bien, te lo prometo. Mira a tu alrededor, esto es un paraíso… —Eleanor estaba confusa, sólo veía niebla, y el silencio amenazador de la arboleda le provocaba escalofríos.

—¡Tú no eres mi amigo, eres un mentiroso! —gritaba enfurecida y asustada.— No quiero verte nunca más, ¡seguro que quieres que Él me encuentre!

—¡Eleanor, no! —dijo Galon alzando la voz, pero ya era tarde. La pequeña figura correteaba entre la niebla, ajena a los gritos que el propio bosque le lanzaba. Repetidas veces dio con su cuerpecito en el suelo, hasta que al final, se perdió de la vista de Galon.

—Hasta la próxima, y suerte, amiguita— susurró.

Eleanor perdió por completo el sentido del tiempo, y del espacio. Creía llevar días vagando por entre los árboles, escuchando el crujir de las hojas secas, y viendo tan sólo a algunos animalillos recelosos, que rápidamente se escondían de su vista. Intentaba andar en línea recta, sabiendo que así alcanzaría el margen de la carretera. Por enésima vez vio el mismo árbol, la misma roca, las mismas pisadas. El desánimo la embargó. Estaba tan exhausta que ni siquiera podía llorar, ni gritar de impotencia. Andaba como una autómata, mirando al frente, cuando le pareció ver una luz esquiva, quizá los faros de un coche.

—¡Mamá!¡Mami! —gritó hasta que le faltó el aliento, mientras corría desesperada hacia la luz. Conforme iba avanzando, le pareció que la niebla se disipaba. Alcanzó a ver la chimenea humeante de una casa, precisamente el hogar de tía Marta. Su casa estaría tan sólo a unos metros, por fin. Y Él no había conseguido encontrarla. Todo iba sobre ruedas. Como una exhalación llegó calle arriba, hasta que finalmente halló la puerta de su casa. Cruzó el camino rodeado de césped descuidado. Empujó bruscamente la puerta; estaba abierta. La alegría la desbordaba, y con una sonrisa que iluminaba su pequeño rostro, entró en busca de su mamá.

—¡Mami!¡Por fin estoy aquí, mami!

—¡Eleanor, no! —su madre intento evitarlo, pero ya era demasiado tarde. La niña quedó paralizada el instante, no podía creer lo que veían sus ojos. Su mamá estaba en el suelo, con su bata rota, enseñando su piel castigada. Tenía moratones en la cara, y sangraba por la nariz y la boca. Pero Eleanor apenas si vio esto: y es que allí estaba Él. Aquella bestia, con la cara contraída por la furia, al final la había encontrado, y además le había hecho daño a su madre. Cuando Él la miró, sintió como una fuerza extraña se apoderaba de ella, una fuerza mucho mayor que el pánico, más intensa que el odio; sus ojos desorbitados aún alcanzaron a verlo a Él, acercándose a ella con los puños apretados y la boca torcida en un feo gesto. En medio del caos, e intentando oponerse a la fuerza que se arremolinaba en su interior, la niña habló.

—No… papá, no… —y acto seguido, como una marioneta cuyos hilos manejaba el destino, emprendió a correr sin rumbo y sin conocimiento…

No se sabe cuanto tiempo más tarde, la niña despertó. Aturdida, miró a su alrededor, mientras que en su nariz entraba un olor más que conocido. Al erguirse, escuchó una voz quebrada, que le dijo:

—Sabía que volverías, mi pequeña, sabía que volverías…

Comentarios de Lester Knight: Quiero agradecer al amigo DarkOuterheaven su colaboración, en el que ha sido el relato cuyo final más me ha entristecido. Felicidades por un uso tan poco frecuente de la fantasía, donde un inicio al uso se transforma en un recuerdo de que el peor monstruo es el hombre, y del sufrimiento por el que pasan algunas familias por culpa de hombres que no merecen ser considerados humanos.

¡Un abrazo!

Mundo Literatura - Comunidad Literaria

Próximamente en Mundo Destierro:

Proyecto Survival Horror

Entra por tu cuenta y riesgo...
 
5
Valoración media: 5 (3 votos)
AdjuntoTamaño
Presagio - Autor - DarkOuterheaven.zip44.83 KB

6 Comentarios:

Me ha parecido...

un relato genial. realmente triste el final.

¡Enhorabuena Darkoutherheaven!

PD: Para Lester: Te quiero ver ya presentandote para el concurso de blogs de relatos que ha comenzado ¿Eh? yo ya he presentado el "Se alquila habitacion..."

¡Nos vemos!

A mí también me encanto

De los que más me han gustado que he publicado.

ErikAdams, gracias por el aviso. Con la preparación del Proyecto Survival Horror ni me había enterado

¡Un saludo! Wink

No me esperaba el final en

No me esperaba el final en absoluto Shocked

Con decirte que se me han quedado los pelos de punta... Muy bueno el contraste entre el relato de fantasía y el final.

Un saludo.

Un relato realmente

Un relato realmente tremendo, muy buena la mezcla entre fantasia y realidad, como ya te han dicho,...

Lo más triste de todo es que hay niños inmersos en esa situación cada dia, y que la fantasia es la única forma de evadirse de esa dura realidad... 

Gracias

A tí Lester Knight, por publicarlo; para mí es un honor colaborar en tu blog. Y a todos los demás por leerlo, espero poder seguir disfrutando de vuestros relatos. Un abrazo a todos!

Lo dicho

Es un placer para mí publicar tu relato. La buena lectura necesita variedad y gracias a vuestras colaboraciones, puedo publicar relatos que le gusten a todo el mundo.

Estad atentos a los próximos días, voy a publicar más colaboraciones de otros blogueros. Esta semana la vivo con desenfreno literario, antes de centrarme en mi iniciativa literaria inter-blogs.

¡Un saludo! Very Happy