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Sonaban mil alarmas, decenas
de luces indicaban daños, se ahogaba, el blindaje exterior se consumía y el
escudo perdía fuerza, sin que llegara a ver el fin de la Tormenta Solar.
En el puente de mando del crucero todo
regresaba a la normalidad. La Tormenta Solar apenas había causado daños
menores, aunque nadie hablaba. Todos pensaban silenciosamente en Enardel.
Lilith daba instrucciones para continuar el vuelo hacía la nave de transporte,
ordenaba a las escuadras volver a salir para patrullar la ruta de viaje y
supervisaba todo, sin que pudiera evitar revisar constantemente las lecturas de
los sensores en busca de la nave de Enardel, al igual que todos en el puente de
mando. Los minutos se sucedieron en una angustia terrible, hasta que el oficial
de sensores estrategicos se pusó en pie sobresaltado.
- ¡Es él, ha sobrevivido¡ - El griterío se
adueño del puente de mando por unos instantes, pero el semblante serio del
oficial de sensores hizo temer lo peor-. Oh dios mío, casi ha llegado a la nave
de transporte. Llega por detrás en rumbo de intercepción. Tiempo estimado: 30
segundos.
Lilith llamo de inmediato al comandante de
la nave de transporte.
- El piloto desertor está a punto de
atacarlos por detrás – La hostilidad en los labios del comandante cambió
radicalmente, para sonreir igual de divertido que cuando se río de Enardel en
el prado-. Tiene dos torpedos nucleares y no podemos detenerlo.
- Yo lo haré… - Le cortó la comunicación
con una mueca en su sonrisa.
La nave de transporte encendió sus motores
a máximo impulso. Las baterías de torretas láser anti-caza se desplegaron.
Entonces apareció Enardel. Amparado por la estática de la tormenta solar, no
pudieron detectarlo hasta tenerlo encima. Todas las baterías de la parte posterior
se giraron, y escupieron una tormenta de ráfagas de fuego láser contra el caza,
que volaba en rumbo kamikaze contra los motores esquivando los disparos.
Justo antes de impactar, después de
traspasar el escudo protector, el caza disparó un torpedo nuclear contra el
motor principal, y continuó el vuelo por encima de la cubierta del transporte.
La parte posterior de la inmensa nave de transporte de un kilómetro de longitud
explotó salvajemente desintegrándose por completo.
El puente de mando, situado en la punta
del transporte era un hervidero de gritos y heridos, por las explosiones en
cadena desatadas por toda la nave. Cuando el caza de Enardel les pasó por
encima a escasos centímetros. El comandante ajenó al desconcierto de sus
hombres, caminó unos pasos con su cuervo al hombro hasta el cristal del puente.
A lo lejos vio el caza con el blindaje en un estado lamentable darse la vuelta
antes de detenerse. Quería saber quién era ese hombre. La cúpula de la cabina
del caza se abrió, y su piloto se puso en pie con orgullo protegido del espacio
por el escudo del caza.
Ambos se reconocieron mutuamente y
observaron con atención unos interminables segundos. Lanzado el desafió,
Enardel cerró la cúpula del caza y el comandante se volvió a sus hombres. Les
ordenó embestir con el máximo impulso de los motores de apoyo al caza que
tenían delante.
La gigantesca mole herida de la nave de
transporte se puso en marcha directa al caza, y éste se lanzo contra la nave de
transporte para jugar la última mano. El comandante abandono en silencio el
puente mando cerrando las puertas tras de sí. Sin tiempo para esquivar a la
nave, Enardel disparó el torpedo nuclear.
Una devastadora explosión transformó la
nave de transporte en una gigantesca bola de fuego, de la que emergió triunfal
el caza de Enardel.
No habían pasado unos segundos cuando las
alarmas de misiles sonaron de nuevo. De la bola de fuego emergió un segundo
caza negro en rumbo de intercepción. Enardel giro 180 grados el caza,
disparando las ametralladoras láser contra los misiles, arrojando los suyos
propios. El segundo caza igualó la posición. Ambos uno frente al otro en
constante giro a una pequeña distancia se dispararon a muerte. Enardel lanzó
una lluvia de misiles, y cargó contra el caza sin dejar de disparar con los
cañones láser. El segundo caza le devolvió la jugada y ambos se esquivaron in
extremis. La explosión conjunta de sus misiles los sacudió dañando sus
sistemas.
Enardel atacó al segundo caza sin darle
tiempo a volverse en rumbo de colisión. El comandante en vez de apartarse se
giró y abrió fuego a discreción. Ambos cazas se machacaron en una lluvia
mortifera de fuego láser. Enardel pasó por debajo y ambos se volvieron a girar.
La igualdad de sus habilidades hacía de sus ataques un continuo empate. En el
último choque, el caza de Enardel, agotado por los esfuerzos anteriores se
quedó sin energía a merced del comandante. Éste le propino una ráfaga de láser
que termino de dañarlo por completo.
Con la victoria en sus manos, igualó el
rumbo a la deriva del caza de Enardel, para situarse a escasos metros frente a
su cabina. Quería verlo una vez más, antes de volver a quitarle definitivamente
la vida.
Cuando se abría la cúpula de su cabina e
incorporo. Vio a Enardel correr por encima de la cubierta de su caza, con la
espada de energía de haz rojo desenvainada, pronunciando un rugido desgarrador
que se grabo a fuego en su mente, más fuerte que el anterior unos años atrás.
Se serenó llevando la mano a la empuñadura de la pistola láser, dispuesto a
repetir el choque. Enardel cruzó la distancia entre los cazas con un salto
suicida, y una vez aterrizó en el del comandante continuó su carrera por la
cubierta. Su rostro estaba desencajado por la rabia y la furia que le
consumían. El comandante desenfundó la pistola láser apuntando al corazón de
Enardel. Cuando iba a oprimir el gatillo, un golpe seco le empujó contra el
asiento. Incrédulo, con la boca de la pistola láser sobre el corazón de
Enardel, no logró pulsar el gatillo. Por primera vez en su vida tuvo miedo,
bajó la mirada a su pecho, vio que la espada de energía le había empalado
contra el asiento. Furioso alzó la vista buscando la mirada de Enardel, lanzó
su último rugido y pulsó el gatillo de la pistola láser. Pero Enardel más rápido
le hundió la espada hasta la empuñadura, el movimiento mortal del comandante
murió con él antes de llegar a la mano.
Enardel rugió triunfalmente con todo el
dolor que había acumulado a lo largo de los años. En pie sobre la cabina del
comandante muerto por fin. La onda de choque psíquica fue tan grande que
alcanzó a todos en el crucero estelar y las escuadras. Lilith en la distancia
lloró de la emoción, mientras la primera escuadra le sobrevoló. Nadie acababa
de creer lo que había hecho.
Lentamente recuperó la espada del cuerpo
del comandante muerto, la envainó en la funda de la espalda y se impulsó de
vuelta a su caza. La nave de abastecimiento robada por Sandra apareció detrás,
después de un salto, en rumbo de acoplamiento. Enardel cerró la cúpula del caza
mirando al sol y ambos saltaron a lo desconocido.
Comenzaba la leyenda de “The Singer of The
Death”.
Capítulo Anterior en...El Barón Negro VII: Tormenta Infernal
Primer capítulo en...El Barón Negro I: Puente de Mando
Historia previa...El Éxodo I: La Caída de la Humanidad
Historia previa...El Éxodo II: El Renacimiento
Continúa en...
Crónicas de Mundo Destierro:
Metallica: 08. Nothing Else Matters - The Black Album.
Live.
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(S&M).
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Videoclip.
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Versión Estudio.
Nothing Else Matters:
So close no matter how far
Couldn't be much more from the heart
Forever trusting who we are
And nothing else matters
Never opened myself this way
Life is ours, we live it our way
All these words I don't just say
And nothing else matters
Trust I seek and I find in you
Every day for us something new
Open mind for a different view
And nothing else matters
Never cared for what they do
Never cared for what they know
But I know
Never cared for what they say
Never cared for games they play
Never cared for what they do
Never cared for what they know
And I know
So close no matter how far
Couldn't be much more from the heart
Forever trusting who we are
No, nothing else matters
Nada Más Importa:
Muy cerca, no importa que tan lejos
No pudo ser mucho más que del corazón
Por siempre confiando en quienes somos
Y nada más importa
Nunca me abrí de esta manera
La vida es nuestra, la vivimos a nuestro modo
Todas estas palabras que no me limito a decir
Y nada más importa
Busco confianza y la encuentro en ti
Cada día hay algo nuevo para nosotros
Abrir la mente para una visión diferente
Y nada más importa
Nunca me preocupé por lo que hacen
Nunca me preocupé por lo que saben
Pero lo sé
Nunca me preocupé por lo que dicen
Nunca me preocupé por los juegos que juegan
Nunca me preocupé por lo que hacen
Nunca me preocupé por lo que saben
Y lo sé
Muy cerca, no importa que tan lejos
No pudo ser mucho más que del corazón
Por siempre confiando en quienes somos
No, nada más importa
2 Comentarios:
Bravo
20 de Abril de 2008 • 22:45 — The_unforgiven_tooGran relato, y gran conclusión, muy épica.
Sobresaliente en todos los sentidos.
Un saludo.
Yo tambien te aplaudo,
21 de Abril de 2008 • 23:51 — NemroDYo tambien te aplaudo, espero que nos sigas deleitando con tus relatos y puliendote como escritor.
Un saludo!