Caminaron juntos en la
oscuridad intermitente. La luz roja de emergencia era la única que funcionaba
en la sección de camarotes. Pasaron varios compartimentos en silencio hasta que
el sonido de un tumulto de pisadas corriendo se fue haciendo cada vez más
audible. Un pelotón de soldados de infantería con trajes completos de combate,
escudos de energía activados alrededor del cuerpo y ametralladoras láser
irrumpieron en formación por el pasillo frente a Enardel. Avanzaban hacía él
lentamente aputándole con las ametralladoras láser. Éste les dedicó un saludo
con la cabeza y giró el siguiente pasillo a la derecha ignorándolos.
- Habéis venido a por algo – Sandra apareció
de las sombras, tras el pasillo por él que había venido Enardel. Les apuntaba
con el cañón con una mirada desafiante. Los soldados desconcertados por unos
segundos cerraron filas y le apuntaron a ella. El cañón empezó a cargarse
produciendo un estruendo. Las luces de los pasillos y todas las maquinas se
volvieron locas, mientras un brillo cegador se iba acumulando en las palas del cañón-.
Aquí lo tenéis.
Una descarga brutal de energía fue
escupida por el cañón. Los rayos alcanzaron las cuatro caras del pasillo, rebotando
en ellas, penetrando en los escudos de los soldados, que caían al suelo entre
convulsiones y gritos. Se hizo un breve silencio y un segundo grupo llegó al
pasillo. Sandra volvió a cargar el cañón y los soldados abrieron fuego indiscriminado
sobre ella, quién respondió con una segunda descarga, cargando contra ellos.
El sonido del tiroteo se fue haciendo más
lejano, a medida que se acercaba a la sección del hangar. Las luces de los
pasillos volvieron a encenderse al máximo. Al fondo de pasillo, a unos cien
metros vio la enorme puerta del hangar abierta. Por ella avanzaban 50 soldados
en 5 filas hacía él. Volvió a girar a la derecha, y de ambos pasillos contiguos
salieron más soldados. Ninguno hizo el menor gesto de ataque. Se limitaban a cerrarle
el paso, empujándole hacía el punto muerto, una salida de emergencia al
exterior al frío espacio.
- Lo
he visto todo – La voz de Lilith resonó en su mente, con una ansiedad que
nunca antes había escuchado en ella.
- Lo
sé – Las opciones se agotaban, iba directo a la salida de emergencia.
-
Tienes que volver.
- Sabes
que no puedo – Se plantó a unos metros de la puerta de emergencia. Decenas
de soldados se detuvieron detrás de él a la espera de una orden. Sus
respiraciones entrecortadas por la tensión eran un coro. Por más soldados que
fueran, temían al misterioso hombre que les daba la espalda empuñando un
revolver arcaico en la mano.
- No
puedo permitir que continúes esto, morirás.
- Ya estoy
muerto, ahora deben morir ellos.
- La
venganza no devolverá la vida a tu familia.
- Es
cierto, pero salvara la vida de otras.
- Es
mentira y lo sabes, vas a morir inútilmente en ese pasillo. Jamás llegarás al
hangar. Por favor, no me hagas dar la orden y vuelve conmigo. Te necesito.
- La última
esperanza de los hombres murió con el Imperio Sombrío. Me he engañado toda la
vida pensando que luchando por éste, las cosas cambiarían, ya no puedo vivir de
ilusiones por más tiempo.
- Entre
vivir en este mundo, o morir luchando por recuperar lo que un día fuimos… elijo
luchar.
Dio un violento puñetazo con la mano izquierda al
cristal, que protegía la palanca de la puerta de emergencia. Y antes de que los
soldados pudieran reaccionar, la estiró con todas sus fuerzas. La puerta previa
de protección se cerró de golpe y la de emergencia se abrió. Enardel salió
expulsado al espacio bajo el planeta de fuego como telón de fondo.
Continúa en...El Barón Negro VI: Rumbo al Destino
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