Lilith regresó a sí misma tan alterada que
tardó unos segundos en reconocer el puente de mando. En silencio todos los
oficiales la observaban con la sorpresa y el desconcierto en sus rostros. Todos
excepto un hombre, el verdugo de la familia de Enardel, que seguía plantado
frente a ella con la misma sonrisa cínica y divertida del recuerdo.
No le permitió hablar. Le dijo que le
llamaría en unos minutos y corto la comunicación holográfica. Olvidó el
protocolo y caminó directamente a la zona oscura del puente de mando, ignorando
las peticiones de sus oficiales con un gesto que no admitía replica.
Encontró la consola de Enardel vacía.
Sobre el teclado había dos jirones de tela: los emblemas del Nuevo Imperio
Galáctico del traje de Enardel y su muñequera de comunicación. Apretó los
emblemas en su mano y dio un violento puñetazo a la consola. En la pantalla vio
una consulta de datos referente a la nave de transporte de la misión y los
leyó, lanzando una profunda exclamación.
Fuerzas
especiales independientes… información clasificada… nombres desconocidos…
informe de misiones secreto… unidad fundada por el Nuevo Imperio Galáctico…
proyecto clasificado… bajo la supervisión del senador Mossul… inmunidad
diplomática
Eran una unidad fantasma al margen de la ley, amparada
por el Nuevo Imperio. Mercenarios que iban de genocidio en genocidio
manchándose las manos de sangre por otros, que jamás podrían ser detenidos ni
juzgados. El corazón se le oprimió al pensar en Enardel. Se había alistado en
la marina imperial para combatir a las mismas personas que asesinaban
inocentes, y ahora descubre que los asesinos de su familia trabajan para y
según los planes de un senador corrupto del Nuevo Imperio Galáctico.
Regresó a la plataforma de mando sabiendo
lo que debía hacer, apenas le quedaba tiempo.
Enardel viajaba por uno de los tubos
deslizadores del crucero. Un conducto de transporte que impulsaba a las
personas mediante una corriente de aire a presión. Cuando escucho la alarma de
emergencia. Se bajo en la primera salida, programó el tubo de transporte para
llevarlo al hangar, activó la cuenta atrás del impulsor y continuó a pie. La
alarma seguía sonando, sin que dijeran el motivo. No le hacía falta saberlo,
era él.
Desenfundó su antiguo revolver. Un arma
arcaica de seis balas de un calibre especial, equipada con un cañón láser
secundario bajo el principal. Martilleó el percutor y siguió caminando sin
prisa apuntando al suelo. Por los pasillos se encontró con algunos marineros,
que hicieron todo lo posible por pasar lo más apartado de él. Por su reacción
de sorpresa ninguno sabía nada, aún. Eso le daba un poco de tiempo.
Llegó a la sección de camarotes de los
pilotos sin el menor incidente. El silencio del lugar le indicó que era el
preludio de la acción. La alarma no sonaba ahí y las luces se habían atenuado.
Las puertas de emergencia sellaron la sección tras él, pero no le importó.
Una vez en su camarote, una pequeña
habitación cuadrada metálica gris con una cama, un armario y un espejo, por lo
demás vacía. Se desnudó frente al espejo. Entonces reparó en las cicatrices de
los disparos láser, que le habían quedado en el abdomen y en el pecho
izquierdo. Se las toco como si quisiera comprobar que existían y cerró el puño
con rabia.
De un compartimiento secreto del armario
sacó un uniforme negro y rojo con el que se vistió. Era un traje de piloto del
Imperio Sombrío. Lo único que pudo recuperar de la devastación de su hogar al
regresar a las ruinas. Era un traje muy gastado, más grueso y compacto que el
del Nuevo Imperio. Se ceñía al cuerpo, aunque su aspecto exterior era el de un
uniforme de gala un tanto informal. Estaba trazado en líneas rectas duras, con
hombreras y el cuello alto. Las solapas en punta hacía arriba le llegaban hasta
las orejas. El color negro del traje era profundo y reluciente. Las líneas
rojas magnéticas gruesas. En cada brazo se lucía con orgullo el emblema del
Imperio Sombrío: un planeta negro alrededor de un espacio rojo. Por último fijó
los guantes y botas al traje, éste se activó y aisló su cuerpo del exterior. El
sistema de soporte vital empezó a funcionar y varias agujas se clavaron en las
venas a la espera de volcar las substancias necesarias. Entonces, finalmente
recogió su espada de energía y se la colgó de un compartimiento especial a la
espalda del traje.
Se miró un instante al espejo y abandono
el camarote revolver en mano.
- Estás muy guapo, hermano – Sandra le
sonrió apoyada en una de las paredes al lado del camarote. Era una chica exótica
de 25 años. De estatura mediana, fuerte para ser mujer. Pelo corto verde, dos
grandes ojos azul y rojo de forma casi oriental, piel castaña suave, boca de
labios carnosos con una sonrisa preciosa, y una mirada de fuego puro. Vestía un
traje de combate azul marino. Cargaba consigo un cañón táctico de infantería
personal, sin duda robado. Era un arma salvaje. Se instalaba desde la espalda
hasta la muñeca. Portaba un generador de energía propio, un brazo mecánico
amplificador sobre él del tirador y un cañón enorme, que se sostenía mediante
dos mangos. Terminaba en cuatro largas palas de conducción dispuestas en forma
de rombo, con un pequeño espacio entre ellas y el interior. Alrededor de toda
la maquina se repartían pequeños impulsores encendidos en todo momento, que
ayudaban al tirador a conducir el cañón con una relativa soltura, sin sentir su
tonelada de peso.
- Es peligroso que estés aquí – Dijo
Enardel con una seriedad tajante que le borró la sonrisa de golpe-. Deberías
marcharte, hermana.
-
Cuando yacía moribunda a las puertas de la muerte tú fuiste el único que
escuchaste mi voz y luchaste para salvarme – Dijo en un tono de madurez
impropio de su edad-. Mis hermanos murieron con todo cuanto amaba al igual que
tú. Pero me devolviste la vida, la esperanza, y me enseñaste a luchar. Ambos
somos hermanos unidos por la muerte. Tú eres todo lo que amo en este universo.
Tu destino es el mío.
- No hace falta matar a nadie – Enardel le
sostuvo la mirada modificando el regulador de potencia del cañón-. Ellos no
estuvieron allí.
- Tampoco me ayudaron – Sandra lo aceptó
de mala gana, frunciendo el ceño.
- Dales tiempo, algún día despertaran – Le
dio una palmada en el hombro -. Vamos hermana, el momento ha llegado.
Continúa en...El Barón Negro V: Morir Luchando
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Continúa en...
Crónicas de Mundo Destierro:
Metallica: 04. The Unforgiven - The Black Album.
Videoclip Subtítulado al Español.
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Versión Estudio.
The Unforgiven:
New blood joins this earth
And quickly he's subdued
Through constant pain disgrace
The young boy learns their rules
With time the child draws in
This whipping boy done wrong
Deprived of all his thoughts
The young man struggles on and on he's known
A vow unto his own
That never from this day
His will they'll take away
What I've felt, what I've known
Never shined through what I've shown
Never be, never see
Won't see what might have been
What I've felt, what I've known
Never shined through what I've shown
Never free, never me
So I dub thee unforgiven
They dedicate their lives
To running all of his
He tries to please them all
This bitter man he is
Throughout his life the same
He's battled constantly
This fight he cannot win
A tired man they see no longer cares
The old man then prepares
To die regretfully
That old man here is me
You labeled me
I'll label you
So I dub the unforgiven
El Imperdonado:
Sangre nueva se une esta Tierra
Y rapidamente él es sometido
A través de constante desgracia dolorosa
El joven aprende las reglas de ellos
Con el tiempo el chico se acerca
Este muchacho azotador lo hizo mal
Privado de todos sus pensamientos
El joven lucha y lucha, él conoce
Una promesa para él mismo
Que nunca a partir de hoy
Le quitarán su voluntdad
Lo que sentí, lo que supe
Nunca brilló a través de lo que mostré
Nunca existo, nunca yo
No veré lo que pudo haber sido
Lo que sentí, lo que supe
Nunca brilló a través de lo que mostré
Nunca libre, nunca yo
Entonces os nombro imperdonado
Dedicaron sus vidas
A dirigir todo lo de él
Él trata de complacerlos a todos
Él es este hombre amargo
Durante todo su vida lo mismo
Constantemente combatió
Esta lucha que no puede ganar
Ellos ven un hombre cansado que ya no se preocupa
El viejo entonces se prepara
Para morir arrepentido
Ese viejo de aquí soy yo
Tu me rotulaste
Yo te rotularé
Entonces os nombro imperdonado