La
rabia y la ira le poseyeron. Sus gritos se transformaron en un rugido animal.
Entonces vio a los soldados y en pleno frenesí se arrojó hacía ellos.
Durante la carrera desenvainó su espada de
energía. Un antiguo modelo del Imperio Sombrío. El arma de la familia. Una
espada convencional negra. Estrecha y ligeramente arqueada de un filo temible.
Recubierta en la hoja por un campo de energía rojo. Capaz de separar partículas
a un nivel atómico al mero contacto. Ideada para traspasar blindajes físicos o
escudos de energía por igual.
El primer soldado blandía otra espada de
energía de haz blanco. Enardel rugió su desafió frente a él. Éste lanzo un
golpe directo a Enardel hacía el corazón. Quién para su sorpresa giro sobre sí
mismo mediante su pie izquierdo esquivando el golpe. Para lanzarle una estocada
mortal por la derecha que le cerceno la cabeza.
Los dos soldados siguientes, equipados con
ametralladoras láser se detuvieron de golpe. Sorprendidos por el desenlace se
unieron para contraatacar de inmediato. Enardel ya corría hacía ellos.
Recortando la distancia que les separaba entre el prado embarrado por la
tormenta. Los rayos y las ráfagas de viento se sucedían. Pero para ellos sólo
existía el combate. La mirada de Enardel no era humana. Ambos soldados hubieran
corrido a la nave de haber tenido tiempo de regresar. Era la peor bestia que
habían visto a lo largo de sus años de sangrientas campañas.
Las ametralladoras láser emitieron el
pitido agudo previo a la carga. Entonces ambas escupieron una ráfaga mortal de
rayos amarillos sin descanso. Tan pronto hicieron fuego. Enardel se desvaneció
hacía un lado. Dando inicio a una carrera frenética casi imposible de seguir.
Se movía a una velocidad tan rápida, combinada con saltos y movimientos acrobáticos
que apenas podían apuntarlo. Por más que disparaban siempre llegaban tarde o él
mismo los detenía con la espada.
Los soldados sudorosos, sin dejar de
disparar, entre juramentos empezaron a retroceder cada vez más nerviosos. Se
les estaba echando encima, hasta que de pronto desapareció.
Para cuando lo vieron estaba a su
izquierda agachado, lanzando un golpe bajo que secciono las piernas del segundo
soldado por encima de las rodillas. El tercer soldado, conmocionado entre los
gritos del segundo. Trato de disparar a Enardel a bocajarro, pero fue demasiado
tarde. No había terminado de ver caer a su compañero al suelo, y el ya estaba
flotando en el aire empalado por la espada de energía, cuyo haz de partículas
por la fuerza de gravedad le continuaba seccionando hacía arriba. Lo último que
vio antes de morir fueron los ojos de Enardel clavados en él, eran las puertas
del infierno.
El cuarto soldado contemplo atónito la
brutal muerte de sus compañeros paralizado apenas a diez metros de sus cadáveres.
Cuando el cuerpo del tercero termino de caer al suelo partido por la mitad
permaneció petrificado. El rugido de Enardel con la mirada fija en él, le hizo
regresar a la realidad. Llovía más fuerte que nunca. Enardel caminaba hacía él
con la espada apuntando al suelo. El soldado retrocedió unos pasos hasta reunir
el poco valor que le quedaba. Grito e embistió a Enardel. Éste le contesto con
nuevo rugido que apagó su grito. Dio un salto y las espadas chocaron. Enardel
retraso la espalda y volvió a lanzar otro golpe, y otro, cada vez más fuerte
que el anterior. El soldado hacía uso de toda su fuerza, con la mano izquierda
apoyada en la parte posterior de la espada para detener los golpes de Enardel.
Cada golpe le hacía temblar todo el cuerpo y le hacía retroceder unos
centímetros por la superficie embarrada. Los lanzaba uno detrás de otro a tal
velocidad que era incapaz de contraatacar. Su respiración se entrecorto y
empezó a sollozar desesperado. Cada golpe le hacía bailar más. Enardel lejos de
cansarse iba en aumento. Finalmente, tras un segundo de pausa y un grito
estremecedor lanzo el golpe final. La espada de energía del soldado se partió y
cayó muerto al suelo, atravesado por la espada.
La tormenta había ensombrecido el cielo
hasta adelantar el anochecer, iluminado por rayos fugaces. Enardel miro
fijamente al hombre, en él que se había posado un cuervo sobre su hombro
izquierdo. Parecía divertido de la situación. Desafiante volvió a enfundar la
pistola láser y le invitó con un gesto a ir por él.
Enardel acepto el desafió. Emprendió una
nueva carrera, la mayor de todas. Los cientos de metros que los separaban se
recortaron en unos parpadeos. La velocidad de Enardel fue en aumento a cada
paso hasta ser prodigiosa. El hombre permanecía inmóvil ajeno a la tormenta
concentrado. Cuando Enardel fue tan rápido que lo perdió de vista en la
oscuridad cerró los ojos.
El tiempo se detuvo entre ambos. Enardel
estaba frente a él lanzando una estocada horizontal directa al cuello. Cuando
él abrió los ojos frente a su mirada, un rayo cegador rasgó el cielo con su
estruendo. La espada de Enardel se detuvo a un centímetro de la yugular del
hombre. Sorprendido, Enardel se miro hacía abajo. La pistola del hombre todavía
apuntaba a su estomago. El cañón escupía el humo de la combustión, mientras el
barro que recubría su traje se teñía con su propia sangre.
Volvió a mirarlo fijamente a sus negros
ojos. Rugió y saco fuerzas para terminar lo que había empezado. El hombre le
devolvió el gesto con una sonrisa. Un segundo rayo rasgó el cielo cuando un
nuevo disparo le alcanzo por encima del corazón. Exhausto y moribundo Enardel
cayó de espaldas contra el suelo embarrado. El dolor emocional que le embargaba
era tan intenso que no llego a sentir el menor dolor físico a causa de heridas.
Sólo sentía que a cada bocanada de aire se le escapaba la vida. Contemplo el
cielo mientras llovía sobre él, tratando de arrastrarse hasta su hermana para
darle la mano antes de morir. Entonces una nave de asalto terrestre les sobrevolo
antes de aterrizar a un lado. El cuervo del hombre le salto al pecho. Le graznó
igual de divertido que su amo, ahora frente a él.
- Hermanos asesinando a hermanos. ¿En que
nos hemos convertido? – No espero la respuesta. Pronunció la carcajada más
horrible que jamás hubiera escuchado en su vida, y le abandono tendido en el
barro en sus últimos segundos de vida.
Continúa en...El Barón Negro IV: Hermanos de la Muerte
Capítulo anterior...El Barón Negro II: Recuerdo Cánibal
Continúa en...
Crónicas de Mundo Destierro:
4 Comentarios:
Menudas perlas tienes en tu blog!
10 de Abril de 2008 • 21:29 — markusAnimo
11 de Abril de 2008 • 02:09 — NemroDSaludos
11 de Abril de 2008 • 02:23 — Nena_BabsMe alegro enormemente de que sea tu entrada la que está en portada, porque te lo mereces hasta el infinito.
Tu Blog había pasado desapercibido para mí, pero te aseguro que a partir de ahora me voy a pasar más amenudo por aquí.
Te animo aseguir escribiendo, porque lo haces francamente bien.
Saludos aderezados con 5 estrellas y mucho afecto
De verdad que no me lo esperaba!
11 de Abril de 2008 • 15:30 — Lester KnightSiempre he escrito con el único deseo de que alguien pase un buen rato con mis relatos. Y ver que entre vosotros lo estoy logrando es maravilloso.
No pensaba publicar más relatos de Enardel, una vez terminado “El Barón Negro”. Pero viendo esto, me temo publicaré todos sus relatos. Mientras sigo trabajando en la nueva historia de Mundo Destierro.
Markus:
Gracias por la sugerencia. No sabía que los concursos de blog se hubieran extendido a uno literario. Enviaré un MP a MaQy para apuntarme.
NemroD:
Voy a seguir trabajando para que pases buenos ratos. El próximo relato de Mundo Destierro va a ir también por capítulos. Además, tengo la intención de ofrecer la posibilidad de participar a los lectores en su desarrollo, de cara a la versión final.
Nena_Babs:
Gracias por el cariño de tus palabras. Me has arrancado una sonrisa.
Voy a seguir escribiendo y publicando en gamefilia por mucho, mucho tiempo.
Hoy a las 21:00 volveré con el capítulo 4: Hermanos de la Muerte.
Un abrazo a todos.