Los cielos cargados de
energía mágica tronaban en respuesta a la llamada del
vampiro superior. Rayos surgidos desde el rencor a los vivos caían
sobre los arboles del bosque de Akal Phortes sembrándolo de
incendios. Mientras las nubes por encima de las cabezas de la banda
de cazadores de vampiros empezaron a girar frenéticamente,
dando lugar a un vortice dimensional cuyos vientos huracanados traían
consigo el ominoso eco de voces lúgubres y siseantes, que
preguntaban cada vez con mayor fuerza cuál era la ofrenda.
En la Cripta de Kel Asborg - Capítulo I
Mi alma, grito la
bestia a pleno pulmón con su último aliento, justo en
el momento que un espadazo cercenó su brazo izquierdo
limpiamente, y que un hachazo posterior le cortó el cuello
obscenamente, sin llegar a interrumpir el ritual; siendo testigos de
como el alma etérea de color marfil y esmeralda del vampiro
superior salía por su boca y ojos, elevándose libre al
encuentro del vortice, que fue sellado tras su paso con un trueno que
les hizo caer al suelo.
Se hizo un silencio
terriblemente denso, tan sólo interrumpido por la histeria de
las monturas, que forcejaban con las cadenas que las mantenían
unidas al cadaver del vampiro, y el crepitar del fuego de los rayos
mágicos que habían incendiado arboles cubiertos de
nieva y hielo. Los augurios no podían ser más funestos.
Los supervientes de la banda de Arnthor se incorporaron y atendieron
a los compañeros aturdidos por el choque de cadenas, ambos
ilesos, mirando sin cesar a las inmediaciones del bosque que les
rodeaban, como si esperaran la aparición de cualquier bestia
espectral de pesadilla.
Arnthor, como antiguo
estudiante de hechiceria en la Torre de Iktal Almir, conocía
los entresijos del ritual que había celebrado el vampiro
superior, por los tratados de magia sangrienta robada a brujos
vampiros caídos en combate. Era una magia abominable. El
conjurador entregaba su alma a criaturas perversas de ámbitos
negados a los vivos, a cambio del derecho a tomar venganza sobre sus
enemigos. Arnthor se preguntaba si el ritual se había
completado con éxito, a pesar de la ascensión del alma.
El hachazo había seccionado la garganta del vampiro durante la
pronunciación final del hechizo, cuando realizaba las
inflexiones más importantes. Seguramente, había
entregado su alma en vano, sin haber asegurado los puntos de conexión
astral con el escenario de la muerte. Y las criaturas tenebrosas se
habían apropiado de su alma igualmente; pero no podían
correr el riesgo de continuar aquí por mucho más
tiempo.
La banda se puso en
marcha haciendo gala de su férrea disciplina: cortaron las
cadenas de los virotes clavados en el vampiro con un hacha especial
para tal cometido; saquearon el cadaver de la bestia y los compañeros
muertos; prendieron fuego a los cadaveres humanos, para evitar la
profanación nocturna de espiritus capaces de poseer cadaveres,
y bañaron en acido el cadaver del vampiro, del que tan solo
recuperaron la cabeza como trofeo; extrajeron la lanza de acero de su
cadaver, la limpiaron y cargaron las ballestas con virotes de cristal
inflamable. Arnthor, por su parte, escalaba el árbol de la
cabaña a buen ritmo, sin poder evitar estremecerse al cruzar
el punto donde Hector fue asesinado.
La joven capturada por
el vampiro superior volvía a gritar sollozante mientras rogaba
que la salvaran. Cuando Arnthor alcanzó la cabaña ni
siquiera se la miró. Hizo caso omiso a la aborrecible escena
de sangre y restos humanos, diseminados por su única estancia.
Revolvió los arcones del vampiro superior y los recónditos
ocultos con la pericía de un saqueador consumado. No le costó
localizar el tesoro robado a los cadaveres de los comerciantes.
Piedras preciosas de un valor incalculable. Suficiente para pagar a
las esposas e hijos de los compañeros caídos los gastos
de su vida, y permitir a los supervivientes unos años de
relativa calma. Tal vez no pudieran devolverles los cuerpos por las
condiciones tan adversas del mundo al que estaban condenados a vivir,
pero en la banda de Arnthor nadie daba la espalda a un compañero
o un familiar.
Cuando se hizo evidente
que iba a marcharse sin ayudar a la joven, ésta le insultó
gravemente con un desprecio más que visible, poniendo en tela
de duda la humanidad de Arnthor. Éste se la quedo mirando
largamente, con el cuerpo medio tendido en el aire, cuando iba a
iniciar el descenso, con una expresión que le hizo callarse y
palidecer. Volvió a subir a la cabaña, sin dejar de
mirarla a los ojos, y le hablo de Hector y Gaut; los dos buenos
hombres que habían muerto por su culpa. Y no le gustó
en absoluto su manera de reaccionar, tan fría, tan artificial,
tan práctica. Sus palabras de condolencias sonaban huecas y
vacías. Gastadas. Acostumbradas a cautivar con la belleza de
su misteriosa sonrisa, tan insignificante para hombre de la frontera
que había visto los mayores prodigios y pesadillas con sus
propios ojos.
Con una daga oculta
bajo su muñeca derecha, diestramente desenvainada en apenas un
parpadeo, Arnthor rasgó las vestiduras de la joven que,
convencida de que iba a suceder algo muy distinto, pedía
auxilio al resto de la banda. No tardó en encontrar mordeduras
de vampiro profundas con cicatrices antiguas. Muchas más de
las que recibiría cualquier víctima antes de sucumbir.
La joven era una adorada de vampiros. Una ramera que saciaba los
instintos más bajos de un vampiro a cambio de gotas de su
sangre mutada, con la esperanza de que algún día sería
convertida, si es que sobrevivía a la transformación.
Casi con toda seguridad, la joven marchaba en algunas de las
caravanas atacadas por el vampiro superior. Se unió a él,
y desde entonces le tuvo que haber ayudado a tender trampas, como la
de hoy.
Sus excusas fueron
zanjadas por el puñetazo de Arnthor, que le partío
ambos labios y algún diente. Deshizo las ataduras que la
mantenían cautiva en la silla, curiosamente anudadas de modo
que ella hubiera podido liberarse, y la ató con cadenas
destinadas a futuras víctimas reales del vampiro superior.
Todo sucedió muy rápido. Para cuando la aturdida joven
fue consciente de lo que ocurría, ya estaba de pie y
encadenada en el marco de la puerta.
Esta vez sí
rogaba por su vida con auténtica sinceridad.
Tal vez, en cualquier
otro mundo, un lugar de segundas oportunidades y finales felices,
tras largas a interminables pruebas de fe, Arnthorn hubiera sido su
salvador y posterior mentor; pero esto era el mundo real, un lugar
inhospito y hostil donde el hombre era un extraño y la vida
una maldición, donde la línea que separaba el bien del
mal se dividía por quien sobrevivía y quien moría,
donde los peligros de la aventura eran implacables desde el primer
capítulo y nadie llegaba al final sin pagar un precio
demasiado un alto, donde quizás la mejor decisión era
morir en el lugar correcto en vez de vivir eternamente en el
incorrecto, donde la sangre era la moneda más cara y la más
fácil de conseguir, donde el hombre se desdibujaba a cada
generación dando lugar a razas bendecidas por el toque de
dioses siniestros.
Esto era Mundo
Destierro.
Arnthor empujó a
la joven al vacío de una patada en la espalda, que la hizo
caer unos metros, antes de las cadenas se tensaran y la hicieran
oscilar golpeándose con otros cadaveres, que pendían de
la cabaña. Alertados por el olor del miedo más puro,
bandadas de cuervos se acercaron hasta los árboles más
próximos. Observaban a la joven con aquellos ojos marrón
gris pálidos que desbordaban inteligencia y maldad, sin
prestar atención a Arnthor mientras descendía por el
grueso tronco. Conocían el orden natural de las cosas, y
sabían que a los seres humanos peligrosos había que
respetarlos hasta la muerte. En cambio... los indefensos eran
distintos. Lo único que les retenía era el recuerdo de
la huella del vampiro superior en la joven, pero ya no captaban su
presencia ni su influencia en ella. En el momento que la joven dejo
de oscilar en el aire, quedando bien claro que era incapaz de
liberarse, los cuervos cayeron sobre ella vorazmente. Ironicamente,
había hallado la muerte que tanto le gustaba presenciar, como
una protagonista de excepción.
La agonía llego
a su fin con un virote inflamable disparado por uno de los compañeros
de la banda, que deseaba atrapar a cuantos cuervos pudiera. Y bien
que lo consiguió. Decenas se precipataron al suelo
parcialmente quemados sin vida.
Para cuando Arnthor
llego al suelo, la banda le aguardaba montada en los caballos, con
las ballestas cargadas y los pergaminos a punto. Con un gesto de
aprobación, entregó el tesoro al contable de la
compañía, se subió a su yegua blanca, y abrió
la marcha al galope. Silbó en repetidas ocasiones, llamando a
los Mastines de Guerra, desaparecidos desde hacia un buen rato, en
busca de alguna presa. Al cabo de unos minutos, los cinco canes
hicieron acto de presencia y se sumaron a la marcha. Conquistador,
el macho dominante, un bravo animal apenas un tercio más
pequeño que un caballo, transportaba entre sus dientes los
restos humanos, de lo que por su armadura de cuero se distinguía
como un Saqueador de Sangre. Bandidos de la peor cañala que
asaltaban caravanas para robar litros de sangre a los prisioneros, en
algunos casos, hasta la muerte. Por las recientes melladuras en las
armaduras de los canes y la sangre reseca, se adivina que colaboraban
con el vampiro superior, y que los mastines de guerra los habían
atrapado por sorpresa. Seguramente, un poco antes de que se sumaran a
la trampa del vampiro, atacándoles por la espalda a traición.
Con todo, a pesar del
éxito de la misión y la amargura de los caídos,
la aventura no había hecho más que comenzar. Quedaban
pocas horas de luz, estaban lejos del refugio más cercano, y
los primeros moradores de la noche despertaban, anunciando con
gruñidos y alaridos espeluznantes el festín que pronto
se darían. Tenían que cabalgar con presteza si querían
ponerse a salvo, y encomendarse a los ancestros sagrados para que el
hechizo del vampiro superior fracasara.
O estarían
perdidos para siempre.
Continúa en... Capítulo III
Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores y amigos de Gamefilia! En la Cripta de Kel Asborg continúa con el desenlace del combate con el vampiro superior, cuyas consecuencias no pueden llegar ni a imaginarse nuestros protagonistas, presentando un terror más conocido: los seres humanos y su condición. Es también un capítulo que muestra los primeros detalles de los personajes, y a su modo, inicía la auténtica historia del cuento.
Personalmente, estoy contento con el capítulo, y espero y deseo que os guste. Tal vez, la escena de la chica es demasiado fuerte, pero pensándolo detenidamente, llegué a la conclusión que cualquier otra interpretación hubiera sido más política que realista en cuanto al modo de vida de Mundo Destierro. Fue algo surgido de la inspiración, que en frío no he querido cambiar.
Bueno, queridos lectores y amigos; por hoy me despido de vosotros. En unos días, volveré con un nuevo capítulo de "En la Cripta de Kel Asborg", del que os puedo adelantar, que si os ha gustado la historia hasta aquí, lo más probable es que os encante
¡Un abrazo!
9 Comentarios:
Relatos
4 de Septiembre de 2009 • 15:10 — Skritor... (invitado)Continua...
4 de Septiembre de 2009 • 18:04 — ErikAdamsgenial colega, y hasta me atrevoa decir que se nota un monton el tiempo que has dedicado a escribir de manera "Pro"... ¡Desde luego lo haces de P... Madre!
¡Nos vemos! (Y las 5 estrellas de costumbre ;)
No te voy a decir que no...
4 de Septiembre de 2009 • 18:33 — Lester KnightSkritor: Me apetece leer algo distinto para desconectar un poco de Mundo Destierro. Te haré una visita y ya te comentaré las impresiones que me transmite tu relato. Te deseo lo mejor con tu nuevo blog
ErikAdams: ¡Gracias, Colega! Me alegra de corazón ver que te ha gustado tanto el relato. Es bueno saber que tanto darme la paliza ha servido al menos para algo
. Fuera coñas, aunque "En la Cripta de Kel Asborg" es un cuento bastante informal que va saliendo fruto de la inspiración, sin realizar planificaciones ni meditar la prosa más allá de la mera funcionalidad, si que he notado yo también que he corregido alguno de mis defectos a base de practicar. Sigo cometiendo muchos más de los que me gustaría, y mi puntuación aún es deficiente, pero poco a poco tengo la sensación de avanzar. Con un poco de suerte, quizás, después de escribir 500 páginas más, igual comienzo a hacerlo un poco bien y todo
Aunque, sea dicho, me conformó con lograr entreteneros un poco. Tengo un par de sorpresas muy gordas para los capítulos venideros
¡Un saludo a todos!
^^
4 de Septiembre de 2009 • 20:56 — dream theater 15pues que te digo, me a encantado (aun sigo esperando algo de falkenberg :) por lambien la parto demas me encanto te donde sacrifica a la mujer ( y menos mal que no lo cambiaste ^^ ).
Espero el proximo capitulo pronto, un saludo!
¡Menos mal!
4 de Septiembre de 2009 • 21:51 — Lester Knightdream theater 15: tenía la sensación que, en el caso de reescribir la escena de la mujer, el capítulo iba a perder su auténtica personalidad. Me quedo más tranquilo si lo consideras tu parte favorita del corte. En breve, durante la próxima semana, tendrás por aquí otro capítulo.
De Falkenberg, muy a mi pesar, no tengo nada nuevo que presentar. Las partes en las que realiza sus apariciones en la novela, darían lugar a confusión de publicarlos sesgados y fuera contexto. Aunque tal vez te convenzca, Moebius, El Emperador del Norte. Te puedo adelantar que aparece "En la Cripta de Kel Asborg", y que estoy gestando un cuento muy distinto a mi registro habitual; más de tragedía clásica y diálogos entre magnos personajes, narrado en la corte de Moebius. Su título provisional es "Los Tres Reyes.
¡Un saludo!
^^
4 de Septiembre de 2009 • 22:13 — dream theater 15Legacy of Kain
4 de Septiembre de 2009 • 23:45 — Lester KnightMagnífico
8 de Septiembre de 2009 • 05:39 — DesmodiusUna excelente continuación de esta historia, Lester; la facilidad con la que envuelves al lector en tu narración me sigue fascinando. El ritmo me pareció muy bueno para cada punto y la frase "Esto era Mundo Destierro" me encantó, muy adecuada para remarcar el tono sombrío de la narrativa.
Saludos,
Desmodius.
¡Gracias, Desmodius!
8 de Septiembre de 2009 • 16:35 — Lester KnightMe alegra mucho que te haya gustado el capítulo. Para mí, su escritura fue mágica en cierta manera: a medida que iba avanzando línea a línea, sentía que la propia oscuridad de Mundo Destierro me envolvía, y cerca del final, por la parte de la joven, me deje llevar por completo, sin saber que escribía realmente. Debo confesarte que no tenía muy claro si llegaría a concluir el relato, pero vista vuestra calida acogida, se hace imperativo
¡Un saludo!