La cantante seguía cantando
con tal confianza que el publico no perdió la esperanza, al contrario, coreaban
ánimos para el Singer, quién para sorpresa de los motoristas, sin soltar el
manillar con la mano izquierda, desenfundó un revolver. Un anacronismo de un arcaico
pasado en el que las armas eran de munición sólida, que hizo esbozar una sonrisa de
burla en los rostros de los motoristas, craso error.
Enardel disparó a la cabeza
del motorista más cercano. Su escudo de energía parpadeo deteniendo la bala,
pero fue incapaz de amortiguar la fuerza del disparo de un revolver de
semejante calibre, que arrojó al motorista contra el asfalto, donde sin llegar
a detenerse fue atropellado por un coche.
Cinco disparos después el
tráfico de la vía se detuvo, debido a la colisión múltiple que produjeron seis
motos caídas alrededor de cadáveres aplastados. El líder de los motoristas
saltó por encima de los vehículos accidentados, espada de energía en mano,
directo hacia Enardel con la locura dibujada en su rostro. Enardel enfundó el
revolver y le hizo un gesto retándolo a alcanzarlo.
El líder de los motoristas
sobrepasó los 350 Km/h.
Ambos adelantaban a los demás coches como dos sombras borrosas, dibujando
líneas de luz con sus faros traseros. Cuando alcanzó a Enardel, lanzó un corte
directo al cuello que esquivo agachando la cabeza en el último instante. Los
ataques eran continuos mientras la velocidad aumentaba, hasta que por fin lo
tuvo a su lado sin escapatoria. Lanzó un corte horizontal contra la cadera del
Singer. Éste le esbozó una leve sonrisa e hizo saltar a la moto. El escudo de
la rueda delantera rompió la espada de energía en mil pedazos, mientras la moto
saltaba por encima del coche que tenían enfrente. El líder de los motoristas ni
siquiera lo vió antes de chocar contra él, murió en el acto.
Bajo el sonido de nuevas
motos llegando por detrás, Enardel recargó el revolver con sangre fría y
consultó el cronómetro: 3.17 minutos. El estruendo de sirenas militares
precedió al rotor de dos helicópteros de combate militar, que ascendieron desde
la parte inferior de la ciudad hasta superar la autopista flotante. Ambos
ordenaron con potentes micrófonos a todo el tráfico que se detuviera o serían
víctimas del fuego amigo. Entonces superaron a los motoristas y se situaron a
la cola de Enardel.
No hubo la menor advertencia,
exceptuando el pitido de las ametralladoras láser pesadas al cargarse. Un
torrente de lluvia láser perseguía a Enardel. La autopista flotante temblaba
mientras se hacia añicos y se hundía en las nubes bajo ella. Enardel seguía
esquivando los disparos con movimientos imposibles. Haciendo caso omiso a la
inminente curva a la izquierda, pulsó el botón del turbo sin desviar su rumbo.
La calzada a los pies de la moto caía a su paso hacia el vacío.
Cuando los artilleros de los
helicópteros armaban sus mísiles, la imagen dió paso al Senador Mossul en pleno
discurso. Su gesto de suficiencia se contrario al ser interrumpido por uno de
sus agentes, que le susurraba algo al oído mostrándole un video con una
pantalla de mano, que retransmitía en directo la histeria colectiva de los
estadios. En especial el principal, situado en la estación especial, donde el ejército
había sido enviado a sofocar un presunto golpe de estado. Mossul clavó una
mirada desafiante a las cámaras de holovisión.
Enardel aceptó el desafio clavando
su mirada en la pantalla gigante de holovisión de la autopista flotante frente
a él, justo antes de la curva a la izquierda. El corazón de todos los
espectadores se detuvo al verle saltar por encima de la autopista flotante,
directo al rostro del Senador Mossul en la pantalla de holovisión. Los helicópteros
sin dejar de disparar sus ametralladoras láser disparon sus misiles contra él.
La moto atravesó la pantalla
de holovisión flotante cuando los misiles la alcanzaron. Continuó volando
transformada en una bola de fuego directa hacia un rascacielos. El publico del
estadio grito aterrorizado por el espectáculo, hasta que el Singer, protegido
por su escudo, de las llamas a su alrededor, se puso en pie sobre la moto y la
recorrió dando el salto final
La moto explotó
violentamente en llamas contra la fachada del rascacielos. El Singer apareció
entre ellas corriendo por la fachada de espaldas al vacío, gracias a los
generadores de gravedad de su cibertraje de combate, que trasladaron su eje de
atracción a la propia fachada.
Los dos helicópteros al
avistar al Singer, dispararon de modo indiscriminado contra él, sin importarles
la gente del interior, mientras iniciaban el ascenso vertical.
Enardel interrumpió su
ascenso y se impulsó directamente contra los helicópteros para detener la
masacre. El público pronunció un grito ahogado al verlo arrojarse contra las hélices
del primer helicóptero. La imagen saltó a la cabina de los pilotos del helicóptero
que gritaban de júbilo. El diablo se había suicidado contra sus hélices.
Fue entonces cuando la risa
del piloto se transformó en agonía. Una espada de energía roja se había clavado
en su pecho desde el exterior de la ventana izquierda. Sobre el ala izquierda
del helicóptero la empuñaba Enardel con una mirada implacable. Al extraerla arrancó restos del
cristal mezclados con la sangre del piloto muerto. Antes de que su compañero
pudiera reaccionar desenfundó el revolver, y vació el cargador entero a través
del cristal roto.
Impasible a la caída libre
del helicóptero sin pilotos que giraba sobre si mismo, el Singer miró fijamente
a la micro cámara voladora, recargó el revolver, y coreó a la cantante,
respondiendo que Alice merecía su planeta su libre de las garras
de su asesino.
Saltó a la fachada justo en
el instante que su helicóptero chocó con el segundo perseguidor, produciendo
una explosión devastadora, de la que surgió de nuevo escalando la fachada del
rascacielos.
Según ascendía el Singer,
inició una nueva canción dedicada a Miranda, la hija de Alice. Su voz reflejaba
el extremo esfuerzo que realizaba al cantar y escalar corriendo el rascacielos
al mismo tiempo. A lo que se sobrepuso gritando con más fuerza y claridad, para
la estrofa en que decía que Miranda merecía un mundo más justo donde crecer que
su madre. La orquesta entono un compás épico y la cantante tomo el relevo,
continuando la segunda parte de la canción, hablando de la vida de Mirando
desde la muerte de su madre. Una vida de tristeza, soledad, silencio y opresión
que terminaría hoy. El público la coreaba enloquecido acompañando la melodía
con sus palmas.
El Singer coronó la azotea con un salto mortal
impresionante, que lo catapultó a la otra cara del rascacielos directo al
vacío. Según caía activó el modo invisible del cibertraje de combate, y aterrizó
en el techo de un coche volador. Antes de que el conductor se preguntará que
ocurría se deslizo al vacío, volviendo a caer sobre el techo de otro coche
volador que conducía por una aeropista. A cada salto al vacío, la ciudad de la
superficie bajo las nubes se hacía un poco más grande.
La cámara se volvió a la
escuadra en “V” de cinco helicópteros de combate que avanzaban directos a
Enardel. Recogiendo la voz del coronel al mando que informaba a los oficiales
de las condiciones de la misión. Llegaba el momento de jugar duro.
Continúa en: Capítulo III: Bailando con la Muerte
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Drácula I - Bram Stoker
2 Comentarios:
:oO Dios mio, esto no puede
2 de Mayo de 2008 • 00:45 — Shaiyia:oO Dios mio, esto no puede estar mas emocionante, nos has dejado con la miel el los labios, noooooooo X-D
No veas Enardel como reparte, así me gusta, que luche por la justicia, tengo muchas ganas de ver lo que ocurrirá en le siguiente capitulo >,<
5 estrellazas.
No sabes cuanto me alegra saber que te ha gustado
2 de Mayo de 2008 • 14:32 — Lester KnightEsta es la vez que más me ha preocupado un relato al publicarlo. Cuando editaba el capítulo no es que lo revisara... es que lo rehice por completo. No queda una palabra, frase o párrafo del original. Al leerlo no me convenció en absoluto. Su narración era una sucesión continua de errores. Así que decidí hacerlo nuevo por entero. La verdad es que tenía miedo de haberme cargado la esencia del original.
Me has quitado un peso de encima. Trataré de corregir mejor el siguiente capítulo. A partir de ahí el relato ya es una montaña rusa hasta el final.
Un saludo.