House of games
Juegos, películas, filias y fobias.
(Quizás después de tanto tiempo, necesitaba recomenzar con el tema que acabé, relacionándolo con la innovación, de tanto calado en estos tiempos de apertura, éxito y ventas)
Considero que en la industria del videojuego existe una gran dificultad en discernir lo nuevo de lo viejo, entre el esquema y el envoltorio, entre la innovación y la apertura, la adaptación y la epifanía.
¿Se puede definir la innovación en el medio como una apertura hacia el consumidor buscando la recepción de nuevos mercados para consumidores?
¿Se podría definir como dar una vuelta de tuerca a lo tradicional, y llevar a cabo productos de concepción arriesgada y mecánica novedosa, lleven un sello reconocido o no?
¿Se debe restringir la innovación en cuestión de interface de control o relativizarlo a los nuevos usos y posibilidades de una tecnología siempre en movimiento?
La industria del videojuego, como buen negocio, ha ido evolucionando convenientemente según se han movido sus intereses. Al igual que el resto de industrias culturales, han manejado a su antojo sus términos y capacidades, acomodando socialmente sus productos según las necesidades de cada período.
Hubo un momento en que se intentó legitimar el cine como arte y gran parte de ese movimiento estuvo apoyado por una industria que quería preservar la integridad de los filmes como modelo de negocio. Anteriormente, el cine se trataba de una atracción sobre la cual los compradores (exhibidores) de celuloide podían manipular a su antojo. Luego ya llegaría Pathé y el inicio de la distribución y alquiler.
O, también podríamos hablar del primer sonoro y sus diferentes versiones de los filmes con equipos B para realizar versiones para diferentes países, donde florecieron interesantes modalidades y reconstrucciones de las mismas obras originales.
Blizzard responde a un tipo de filosofía de juego extraña en nuestros días. Por una parte, por sus controvertidos criterios de control de calidad que se demuestran en dos frentes: el consabido “se lanzará cuando esté listo” o la cancelación de los desarrollos que consideren que no se ajustan a sus estándares de calidad. Por otro, por buscar objetivos de juego y desarrollo que generalmente requieren dedicación, implicación, desmesura por parte del jugador.
De todos modos, inferir que Ninja Gaiden o Devil May Cry son juegos arcaicos en concepción y desarrollo es quizás un poco excesivo, apresurado y no demasiado exacto. Más bien son actualizaciones en diferentes sentidos de la mecánica old school, situados entre la flamante corteza y el añejo núcleo, aunque mucho más allá del simple envoltorio actualizado.
Ninja Gaiden recupera del arcade clásico esa meritoria obsesión por la frustración, el desafío, la beligerante lucha entre el jugador y el sistema; el desarrollo tortuoso, el reto constante. No se trata de deambular por las fases sino de conocerlas, estudiarlas; saber la posición de tus enemigos, sus ataques, las mejores zonas desde las que desplegarse ofensivamente, los movimientos necesarios para progresar y unos buenos reflejos a fuerza de castigo.
Haciendo un símil con un juego de corte clásico, por ejemplo el gran Ghost and Goblins; mientras que en este último la acción se dispersa en la situación de Arthur y su posición sobre el entorno, en Ninja Gaiden, toda la acción se concentra en torno de Ryu Hayabusha.
Pero, ¿qué pasa cuando un diseño jugable “simple” se encuentra con la apertura narrativa? Cuando un desarrollo lineal, determinista, motivacionalmente muy simple; es lo suficientemente abierto, pero a la vez cautivador, para hacer que el jugador participe, se implique. Pero ya no sólo de forma meramente activa (usando los botones), sino que construya su propia historia, que el usuario se involucre emocionalmente, y desde su propia experiencia, complete los vacíos del relato, lo haga suyo, único, propio.
Bueno, llegó la hora de hacer algo respecto a ésto que creé con poco en la cabeza.
Me cuesta llevar adelante proyectos de este tipo, tiendo a aburrirme pronto en estos casos. Pero hace tiempo que pasa por mi cabeza la idea de obligarme a escribir cosas de vez en cuando; pierdes la costumbre, te vuelves demasiado descentrado, atento a todo y, por tanto, a nada. Y tiendes a vagar por la vida cotidiana como las cucarachas evitan las radiaciones calóricas, sin que te rocen, sangres...
Así que doy un pequeño paso adelante, más bien para mí mismo: El ejercitar convenientemente mi escasa y oxidada prosa y obligarme a escribir textos que quizás por vanidad me duela un poco que se pierdan en los marmágnums de los foros.
No busco adocrinar ni llevar una cuenta de mi vida, sólo busco un rincón en el que obligarme a poner algunas impresiones sobre los mundos que me apasionan: la comunicación, la narratividad; principalmente enfocados al mundo del cine y del videojuego.
Juegos, películas, filias y fobias.
