23 de Julio de 2014
Jun
9

Recomendación de la semana: "Estudio en Escarlata"

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Autor: Sir Arthur Conan Doyle

Año de publicación: 1887

 

La primera de la serie de las nueve obras publicadas sobre el celebérrimo detective Sherlock Holmes. Por esta saga de novelas detectivescas siento especial devoción, dado que fueron las que me introdujeron años atrás al apasionante mundo de la lectura.

Os recomiendo ésta en particular puesto que es el comienzo de toda una maravillosa sucesión de relatos cortos y novelas que a buen seguro os cautivarán si os gusta el misterio del bueno. De todas maneras, no hay inconveniente alguno en comenzar por cualquiera de las otras publicaciones, salvo el hecho de que siempre contaréis con una idea más vaga de lo acontecido anteriormente. Aún así, yo comencé por "El Sabueso de los Baskerville", pero sea como sea os invito encarecidamente a conocer en persona a este fascinante personaje desde la entrega que sea, ya veréis que es una grata experiencia.

Como prefiero que el libro hable por sí mismo en vez de hacerle yo continuos halagos, os dejo aquí con un breve fragmento que entrañan sus páginas:

 

"- ¡Miren! - exclamó triunfalmente.

He dicho hace poco que no había papel en algunos sitios de la pared ; en un rincón, un gran pedazo de este papel había sido arrancado, dejando al descubierto la pared, sucia y mugrienta; en el muro veíase escrito con letras rojas y en caracteres burdos y groseros: RACHE.

- ¿Eh?… ¿Qué piensan ustedes de esto? - dijo el policía tomando el tono de un saltimbanqui a la puerta de su barranca -. No habíamos visto antes esta inscripción porque está, como se habrán ustedes fijando, en el rincón más oscuro de cuarto; pero el asesino, hombre o mujer, ha escrito esto con su propia sangre, indudablemente; miren, miren cómo se ha corrido la sangre a lo largo de la pared; este descubrimiento aleja por completo toda idea de suicidio. Ahora bien; ¿por qué ha escogido el asesino este sitio y no ha escogido el asesino este sitio y no otro? Muy sencillo: cuando aquella vela estaba encendida, éste era el rincón más alumbrado del cuarto; lo contrario que ahora, que es el más oscuro.

- Bueno; ¿y qué os viene usted a demostrar con este descubrimiento? - preguntó Gregson irónicamente.

- ¿Qué vengo a demostrar? Pues que alguien iba a escribir el nombre de Raquel y, que circunstancias fortuitas , no ha podido terminarlo; acuérdese de lo que digo: cuando se haya hecho la luz en este misterio, verá usted cómo una mujer llamada Raquel interviene en el asunto… Sí, sí; ríase, señor Sherlock Holmes; usted será muy hábil, muy malicioso, pero una vez más el viejo perro de caza ha ganado al joven…

- Dispénseme, Lestrade - dijo mi amigo, cuyo intempestivo acceso de risa había provocado aquella salida del policía -. Reconozco desde ahora que a usted corresponde la gloria de haber descubrimiento esta palabra, que, como dice muy bien, no puede haber sido escrita más que por el segundo personaje del drama de esta noche. Yo no he tenido aún tiempo de examinar este cuarto, y con su permiso voy a hacerlo inmediatamente.

Y acompañando la acción a la palabra, sacó de su bolsillo un metro y una lupa redonda y se puso a examinar todos los rincones de la habitación silenciosamente, parándose aquí, arrodillándose allá, y algunas veces hasta deteniéndose cuan largo era en el suelo.

Esto le absorbía de tal manera, que parecía haber olvidado nuestra presencia; se le oía de vez en cuando hablar en voz baja, dejando escapar exclamaciones de rabia, despecho, alegría o gozo. Viéndole así, traía a la memoria un perro de caza cuando va de un lado a otro persiguiendo la caza, y que ladra de vez en cuando.

Estas investigaciones duraron veinte minutos. Tan pronto Holmes medía con minuciosidad extremada la distancia entre dos señales casi invisibles, como aplicaba el metro contra la pared para medirla por extenso. Una de las veces cogió un puñado de polvo gris del suelo y lo metió en un sobre. Por último, examinó detenidamente con la lupa los contornos de las letras escritas con sangre. Y acabado este examen, dio por terminada su investigación y se guardó el metro y la lupa en el bolsillo.

- Dicen que es hombre de talento el que se sabe dar importancia inconscientemente - dijo sonriendo -. No es cierto este axioma, pero se puede aplicar perfectamente a los policías.

Gregson y Lestrade habían estado observando las maniobras de su colega con cierta curiosidad no exenta de desdén; no comprendían lo que yo empezaba a adivinar: que los más pequeños actos de Sherlock Holmes convergían a un punto determinado y definitivo.

- ¿Qué opina usted? - preguntaron a un tiempo los dos.

- No quiero arrebatarles a ustedes el mérito de resolver este problema - contestó mi amigo -. Y por otra parte, no necesitan que nadie se mezcle en sus asuntos, pues ustedes solos se bastan para acometer las más altas empresas.

Estas palabras encerraban todo un mundo de ironía, que no comprendieron.

- Sin embargo, si quieren ustedes darme cuenta del resultado de sus investigaciones, no tengo el más pequeño inconveniente en ayudarles en la medida de mis fuerzas. Quisiera hablar con el policía que ha descubierto el cadáver. ¿Podrían decirme dónde vive?

Lestrade consultó su libro de apuntes.

- Se llama John Rance - dijo -. Pero ahora está franco de servicio. Le encontrará usted en Kennington Park-Yate, número 46.

Holmes apuntó la dirección y me dijo:

- Vamos, doctor, vamos a buscar a ese hombre.

Después, dirigiéndose a los dos policías, añadió:

- Permítanme que les dé algún detalle que quizás pueda serles útil. Estamos presencia de un asesinato, y lo ha cometido un hombre; este hombre tiene de estatura un metro ochenta centímetros por lo menos, y está en la plenitud de su vida; sus pies son pequeños con relación a su estatura; llevaba calzado vulgar de punta cuadrada y fumaba pitillos de Trichinópolis. Vino aquí con su víctima en un coche de alquiler de cuatro ruedas, de un solo caballo, cuyas herraduras tres eran viejas y la otra completamente nueva. El asesino, casi aseguraría que es sanguíneo; las uñas de su mano derecha son extremadamente largas… Esto, repito, no son más que detalles, pero quizás puedan ser útiles.

Lestrade y Gregson se miraron sonriendo con incredulidad.

- Si hubo un asesinato, ¿cómo lo han matado? ¿Con qué? - preguntó el primero.

- Por medio de un veneno - respondió secamente Sherlock, e hizo ademán de irse - ¡Ah! Una palabra, Lestrade - dijo en el momento de franquear el umbral -. "Rache" es una palabra alemana que significa "venganza"; no pierda usted el tiempo en buscar alguna Raquel.

Y después de haber disparado esta especie de "flecha de parto", salió definitivamente, dejando con la boca abierta a sus dos colegas, que le miraban alejarse con ojos llenos de asombro."

 

 

Y recuerda...

 

 

 

 

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3 Comentarios:

"Rache" es una palabra

"Rache" es una palabra alemana que significa "venganza"; no pierda usted el tiempo en buscar alguna Raquel.

Y después de haber disparado esta especie de "flecha de parto", salió definitivamente, dejando con la boca abierta a sus dos colegas, que le miraban alejarse con ojos llenos de asombro."

Esa parte ha sido brutal. De Sherlock me he leido muy pocos libros, pero a ver sitiene mi madre este y lo añado al montón de los pendientes para verano, prometo que si me lo leo te pongo aquí mi opinión ^^

PD - el cartelito final es brutal X-D 

Sin duda

Cuando leí ese fragmento me cautivó por completo la brillantez del personaje. Precisamente busqué esta parte en concreto para que apareciera esa puñaladita que tanto me gustó Very Happy Si no has leído "El Sabueso de los Baskerville" y te apetece pasar una veraniega noche de misterio con dosis de terror, creo que también lo ibas a disfrutar y mucho. Me encantaría que compartieras tus impresiones sobre el libro (o sobre cualquiera de la serie) si finalmente lo lees, así que ¡ánimo!

PD: a ver si el cartelito surte efecto Very Surprised Very Happy

 

Un libro como la copa de un

Un libro como la copa de un pino. Aún recuerdo la cara de asombro que puse cuando Holmes apresaba al asesino(dios, que momento más grande Kitten)