22 de Octubre de 2018
Mayo
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Novela Fallout NV: Prólogo

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 Prólogo

 

Combatía junto a mis hermanos para conservar Helios. Era una posición estratégica para toda la región del Mojave. Con ella podíamos alumbrar y llevar energía a donde quisiéramos. La RNC llegó cuando nosotros establecimos  allí nuestra base, pero las ansias de conquista suyas, junto a nuestro celo tecnológico, hizo estallar la batalla de la Helios Uno, el capítulo más sangriento de la Hermandad.

 

Con más de 20 soldados por cada paladín nuestro, la RNC avanzaba impasible. Perdíamos territorios sin darnos cuenta ya que la RNC empezó a cercarnos y a hacerse fuerte. Bajo órdenes de Elijah, el Paladín Stein, el Paladín, Solo, el Caballero Señor Lorenzo y yo, el Caballero Molero nos encaminamos a eliminar una trinchera de la RNC que estaba poco protegida.

 

Inteligencia decía que habría una gran cantidad de material, pero todo se fue a la mierda cuando entramos en un campo de minas. Stein y Solo se movían sin problemas por el campo de minas, la Servoarmadura T51b ofrecía una protección altamente eficaz contra explosivos, el único daño que recibías era el de la caída a causa de la onda expansiva, pero te podías levantar de nuevo y volver a luchar.

 

Nuestro equipo era muy superior al de la RNC: Stein y Solo iban equipados con una versión médica de la Servoarmadura T51b, una modificación realizada por la Escriba Jefe Vree en el año 2161, que solo se usaba cuando había que hacer incursiones. Su ametralladora CZ57 Avenger del .308 permitía atravesar cualquier placa de blindaje ligero, como el de la RNC, y su usabas esa munición tan codiciada, fabricada por Los Contrabandistas que permitía atravesar hasta las armaduras de combate reforzadas, más les valía a la RNC apartarse de esa ráfaga, pues solo quedarían cadáveres

 

Lorenzo y yo íbamos equipados con una armadura de combate especial, reforzada por la Hermandad, cambiando muchas piezas para así hacerla más resistente a los impactos. No llevábamos unas armas pesabas como las de  los paladines, sino que  teníamos en nuestro poder rifles de asalto M16 modificados por la Hermandad, siendo recalibrados a 5mm. Aparte de nuestro gran stock de esta munición, era un cartucho diseñado para perforar más fácilmente que con el 5.56 que usaba la RNC. Estos fusiles pertenecieron al ejército de la RNC, hasta que tuvimos que usar arma tomadas del enemigo, ya que nos quedábamos sin munición

 

Caminábamos por el campo de minas, con pies de plomo, mirando antes dónde pisar para así asegurarnos de que no seríamos descubiertos por enemigo. Muy ingenuos. Según caminábamos hacia el campamento, que la RNC había llamado “Correccional de la RNC” las minas terrestres empezaron a explotar. Los francotiradores que había sobre las torres empezaron a dispararlas para hacernos retroceder hacia Hidden Valey, pero moriríamos en el intento de acaban con ese destacamento a desvelar nuestro cuartel de operaciones.

 

Con un visor óptico fabricado por Los contrabandistas, Lorenzo y yo disparábamos a los focos de las torres de control para evitar cegarnos y poder eliminar a los francotiradores. Había algo muy entraño en todo ello, solo escuchábamos los disparos de los francotiradores, ninguno del M16 de algún soldado. Eso nos inquietó. Con decisión y con módulo de visión nocturna activado, Emerald Solo nos guió.

 

Tratábamos de salir del campo de minas, pero nos fue imposible, estábamos rodeados de minas T45LE, no podíamos hacer nada, así que nos refugiamos en una cueva que teníamos tras nuestra. Fue un movimiento de mierda, pues esa “cueva” no era más que un agujero en la roca, sin cobertura con la que poder taparnos por si la RNC nos atacaba. Solo quedaba una salida: que alguien saliese y pidiese ayuda a Hidden Valley

 

Teníamos que ser Lorenzo o yo, por que no teníamos un equipo pesado. En velocidad, yo era de los más rápidos, así que no hubo mucho que discutir. Stein salio conmigo para ametrallar todo un poco y así dar fuego de supresión para que tuviese la oportunidad de salir con vida.

 

En cuanto empecé a escuchar el movimiento del cañón salí disparado mientras el paladín disparaba para cubrirme, no nos esperábamos que unos 6 soldados de la RNC apostados a unos veinte metros de la entrada a la gruta empezasen a dispararnos. Éstos, al vernos no dudaron en apretar el gatillo para hacernos trizas.

 

El buen estado de nuestro equipo hizo que las balas se estrellasen contra la servoarmadura, pero desafortunadamente, mi armadura sucumbió ante los disparos. Lo último que recuerdo fue una molestia punzante en el estómago, seguida de una caída al suelo viendo como Stein descargaba plomo del .308 sobre la RNC. No ví a los soldados morir, pues caí inconsciente al golpearme la cabeza con una roca

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