23 de Octubre de 2017
Feb
5

Mis cuentos: El Monstruo del transmonte


Este cuento lo escribí hará un año, y releyendome, tiene sus fallos y tal (debidos a que lo redacté deprisa y corriendo para presentarlo a tiempo a un concurso, del cual quedé en el segundo puesto) y a que debía ceñirme a ciertas normas impuestas por los organizadores, pero no está mal.
 
La imagen es del premio, de hecho, es el premio. No os parecerá gran cosa, pero fue un reconocimiento de los lectores y además ojo, no movilicé familiares/amigos/conocidos para votar, ya que me daba un poquillo vergüenza que leyesen mis movidas
Ahora me gustaría compartirlo también aquí, con todos vosotros, comunidad de Gamefilia y Meristation

 

 

 

 

 

 

 

 


              EL MONSTRUO DEL TRANSMONTE                  

 

 

Al norte de Castilla, en una tierra fría, allí estaba la finca. La mansión se hallaba en el corazón de un lugar llamado "Campo del Godo". Mansión, castillo o lo que fuera, tampoco lo sabía en ese momento durante el trayecto, aún a las puertas de la entrada a los terrenos de los "Condes de Transmonte", pero lo del título nobiliario inducía a ese pensamiento: una vivienda señorial suntuosa, barroca e incluso medieval.

La noche erguía un tétrico horizonte de negrura y cada árbol en la oscuridad dibujaba estridentes formas siniestras, cuyas ramas se retorcian azotadas por el viento, confiriendo extraño movimiento, a aquellos monstruos imaginarios engendrados en algún recondito recodo del subconsciente.

Fueron mis acompañantes, unos amigos, los instigadores del viaje. Una amiga de cuando el instituto, su novio que era argentino y al cual yo no conocía en persona hasta esta visita turística, y también estaba un amigo mío que era el que ejercía de cicerone. Lo cierto es que yo no pasaba por mi mejor momento, algo depresivo, melancólico y nostálgico, nada que ver con los tiempos en que mi amiga me había conocido. No obstante, tanto ella, Dani y mi colega Soro pensaron que lo idóneo para animarme era que me viniese con ellos. Y allí estabamos; ante la verja de un portón de metal cuyos barrotes se alzaban como lanzas.

Soro se bajo del coche, que él conducía, y zarandeando unas llaves se inclinó levemente junto la puerta. Estuvo enredando aparatosamente hasta que, finalmente, se abrío. Volvío a su coche, un monovolumen amplio no muy de mi estilo, alto y robusto que le pegaba bastante a Soro, de ancha complexión. Miró hacía atras torciendose sobre su respaldo y soltó un -'¿que Definit, mareaillo como siempre? no te preocupes eh ¡¡ya estamos aquiiiií!!' Yo pasé un poco de sus frikadas, así que continuo con Dani y Nico, que se sentaban en las dos plazas que había entre el conductor y el fondo, donde me recostaba yo escorado junto a la ventanilla, mustio y apocado, - 'Es que aquí el amigo se marea, 15 minutos en el coche y le falta esto pa´ potar, no me quiero ni imaginar hoy ¡eh Definit!' - 'Vos no valés para ser viajante espasial pues.' Me añadio Nico.  - 'La verdad es que no quiero ser astronauta... además, las náuseas son por el "aroma" de tu "fragoneta", Soroya.' les expeté. - 'Eh, eh ¡tío! para empezar: no es una puta furgoneta, es un coche, un cochazo. Un vehículo espacioso ¿Ves lo practico que es? Por lo menos anda, no como tu Lamborghini imaginario.' - 'Verdaderamente tenés un buen auto.' - ´Me esta gustando este Nico, aprende Definit' - '¿Ah, sí? pero si lo de buen auto lo dice por mi Lamborghini. Soro, no me mola el olor de la tapiceria, sobretodo cuando es nueva, me pasa en muchos coches, no te lo tomes como algo personal.' - 'A mi también me pasa eso, sí' dijo Dani. Soro negó con la cabeza varias veces, como de coña - '¡Este tío, es incorregible, incorregible!' Dani a su vez estaba muy tranquila pensando en sus cosas y disfrutando del paisaje (era fotógrafa) y de vez en cuando le echaba un vistazo al movíl.

  En el aparato de música del coche sonaba "El Bosque" de Sidonie, una canción que ilustraba bien el lugar que recorriamos. Viejos troncos resitian el otoño y los embites incipientes del invierno, El vasto paraje, inmerso en lo más hondo de la noche, causaba una extraña inquietud, un vacío en el estomago , como una especie de vértigo. El fosco panorama, se perdía en la inmesidad del yermo páramo, un oceano lóbrego de infinito negror.   La luna llena tenía una espectacular aura de plata, que resplandecia sobre la atmósfera nocturna arrojando algo de claridad. El cielo estaba salpicado de estrellas, que lucían con nitidez en contraste con el negro telón de fondo. Proseguíamos avanzando por el irregular sendero, agreste y salvaje, un camino de tierra sin un gramo de asfalto. Típicamente rural. Baches, charcos, un tropezón aquí, un pedrusco allá, y nos tambaleabamos en nuestros asientos mientras Soro le pisaba como si no hubiera un mañana... y tal vez, no lo habría.

En algunas zonas, las ruedas salpicaban barro a las ventanillas, y es que el abrupto terreno era un barrizal. Continuabamos todo cuesta arriba, y en lo más alto descollaba ya la silueta umbría de la morada del Conde de Transmonte. Lo elevado del emplazamiento le confería, desde la lejanía, la apariencia de oscuro torreón de pelicula de terror. Muy tétrico.  Tras atravesar un badén tras otro, con sus sendos sobresaltos y sacudidas, al fin aparcamos cerca de la entranda a la monumental casa.

Era una majestuosa edificación decimonónica. Más ancha que alta. en las distancias cortas desmentia la imagen espigada que proyectaba a lo lejos. Soro salió del coche, dio un portazo y se dirigió al gran pórtico de la mansión. Llamó impetuosamente, a golpes. Entonces, un hombre mayor alto y degaldo, embutido en una suerte de bata roja, se asomó presurosamente conforme abria las pesadas puertas de roble lujosamente trabajado. Nos estaba esperando, y ya conocía a Soro que, como conté antes, era el organizador de nuestra estancia en tan fastuoso lugar.  

Accedimos al interior del que seria nuestro efimero hogar durante la próxima semana. Un vestíbulo bien iluminado por una lucerna que colgaba del techo, con un mostrador a la izquierda, donde se sentó rapidamente el conserje que nos recibió en la puerta. A la vera de su silla se hallaba una escopeta. La casa estaba plagada de referencias a la caza. Reses cuyas cabezas disecadas ejercian de trofeo de dudoso gusto y cuadros que mostraban escenas de montería de antiguos señores. Al fondo del recibidor, había una sala aún más iluminada, y se oía jaleo y bullicio: eran los otros huespedes. Soro transpaso rapidamente ese portal, diáfano del umbral al dintel, arco sin puerta.   Por lo que pude oír, Soro se integro veloz, no me sorprendió: era relaciones publicas. Dani y Nico le siguieron.

Por mi parte, le dí conversación al celador de batín rojo escarlata, de cabellos gris blanquecino largos por los lados y calvo el resto de la cabeza. Sus ojos eran de un indefinido entre el azul y el verde, casi brillantes, con un toque grisaceo. - 'Me podría haber jubilado hace años ¿sabe? Pero este sitio es el mio desde la juventud. El campo, la caza y la casa son mi vida desde muchacho cuando entré a servir al conde. Después, tras mucho tiempo con él, su fallecimiento fue una pena. Sus herederos no viven aquí, ni intención que tienen. Llevan su vida moderna en la ciudad y esta es, de sus posesiones, la última de sus preocupaciones. Afortunadamente, no vendieron, pues los posibles compradores eran extranjeros que querián rapiñar una ganga. Por contra, determinaron convertir en un hotel rural esta casa. Ultimamente, la cosa andaba algo muerta, pero esperan que la visita de estos de la tele haga propaganda.'  Reparé en la botella de Whisky, antigüisima. No se la bebía, si no que la utilizaba como antiseptico sobre unos desgarros en la pierna izquierda. Se percato de mi atención al respecto deste hecho, y me conto - ·Esta mañana, uno de los perros más fieles, estaba como loco, rabioso diria yo, oye. Tanto es así que casí me arranca la pierna. Le tuve que meter un tiro. Una lastima, aunque ya era viejo.'

Tras un rato más charlando con el portero, me adentré en sala contigua. No casaba muy bien con el resto del hostal. Parecía una sala de espera, con sillas de plástico, moderna. Y un televisor minúsculo y cuadradote de no menos de 35 años en frente. Un chaval joven fumaba de pie en un rincón, un becario de los de la tele, al parecer.   - 'No me extraña que los becarios fumen ¡¡es estrés!! con el Pedrerol ese ¡no me extraña!!' dijo Soro entre carcajadas. - 'Bueno, no nos dedicamos a los deportes, curramos para los de "Cuanto Misterio", el programa de Iker Jimenez' Replicó un tipo con gafas que se parecia a Santiago Segura, sentado junto a Soro. - 'Vamos a poner la tele ¿no? propuso Soro. El pseudo Torrente de la "nave del misterio" cogió el mando y encedio el televisor, que soltó un chasquido. Sorpresa: funciona. Eso sí, la mayor parte de los canales no se sintonizaban. Haciendo zapping, el tio llegó a un programa con música misteriosa y sobre un fondo negro unas letras blancas. NIGHT SPRINGS "La noche se levanta" pronuncio una voz grave y solemne, dandole mucha intriga. Según el tipo que era el doble de Segura, la serie esa era "la hostia", de culto por lo visto. Soro también se entusiasmo, o al menos, se lo hizo para empatizar con su nuevo colega (la verdad es que eran tal para cual)  - '¿No conoces esta serie? me decia aquella versión en friki de "Torrente" ¡joder, macho, es una serie americana buenisima!! el guionista, un tal Alan Wake ¡menudo genio, que puto amo! - 'Pues no sé, nunca le he prestado mucha atención a esta serie, sinceramente.' respondi.

Y me fui a acostar alegando estar muy cansando, aunque lo cierto es que no estaba para fiestas. Retorné al atrio, salude vagamente a Luis, el conserje, y subí las escaleras que en aquella sala principal había. La escalera daba a un largo pasillo con un barandal cuyo sostén era una hilera de balaustres, ese pasillo se erigia como un llamativo balcón que presidia todo el vestíbulo. Se veia la puerta de la casa, el mostrador y gran porción del recibidor, menos el umbral de la sala de espera que estaba justo debajo deste corredor. Debia recorrer todo el pasillo, torcer en la esquina y allí al final, las escaleras que conectaban con el tercer piso, planta en la cual me aguardaba mi habitación.  

El cuarto era un magnifico aposento, alcoba otrora de la que fuese condesa de Transmonte, una de las mujeres más célebres de su época y la que encargo la realización desta mansión en pleno siglo XIX. He de reconocer que sí, durante el ascenso hasta este punto me iba, progresivamente, sugestionando. Las historias, mitos y leyendas, algunas de base histórica corroborada y otras meras habladurias, que habia oído abajo sin interés y con indiferencia, rodeado de gente y bajo una luz que no daba pábulo a las obscuras sombras de la incertidumbre, ahora me desasosegaban en la soledad (o no...) de aquella tercera planta desierta en ese momento y sumida en la sombría penumbra. Tanto la vista por el ventanal a las profundidades de una tenebrosa noche, como el interior de la estancia en si, recargada y rococo, no ayudaban a templar mi turbao animo. La cama era muy comoda eso sí, suave y acolchada. Pero todo ruge, cruje y chirría en la oscuridad.  

Siempre según el doble de Santiago Segura, los nativos celtas del lugar, miles de años atrás, tuvieron la maravillosa idea de realizar aquí un extraño ritual. Al parecer, el montículo en donde se asienta los cimientos del edificio no son un relieve natural, si no un túmulo funerario neolítico. Luego, se establecieron los godos, siglos después, con tan buen ojo que un jefe suyo tenía que enterrarse también aquí, precisamente, aqui, en el mismo promontorio. Vaya, hombre, no habría más campo por ahí. Más adelante, los templarios, los cátaros y un largo etc, se ve quel sitio tenía magnetismo. Así hasta que los Condes de Transmonte lo hiciesen su patria. Superticiosos que eran desde que se asentaron en la misteriosa colina, allá por el siglo XIII, suscitaban suspicacias de auspiciar y ser aliados de las brujas, actividad que la leyenda negra achacaba al éxito de la familia.  Un motín popular a finales de XVIII derivó en la quema de la residencia original de los Transmonte, y motivó que la condesa erigiese la actual sobre las ruinas de la anterior. Durante el siglo XIX la relación de la casa con el ocultismo y el espiritismo eran un secreto a voces. Además, corria el rumor de un miembro de la familia deforme e inhumano, al cual escondian en el sotano, en la soterrada mazmorra que la condesa pergenio para su allegado.

Ese era el origen de la famosa criatura de Campo Del Godo, el Monstruo del Transmonte. Para rematar, cuando acabó la segunda guerra mundial, el entonces conde cobijó con sumo gusto a unos "pobres refugiados de guerra"... eran nazis, putos psicópatas del tercer Reich. Científicos, doctores... e importantes criminales de guerra del eje, al que el conde habia sido afín. Sobra decir que nada desto contribuyo a la paz de aquel lugar, per se especial.  Supuestamente, tal bagaje invocaba perniciosas e insidiosas fuerzas sobrenaturales, malignas, surgiendo en los aledaños una sucesión de fenomenos paranormales. La fenomenologia y casuística del enclave, eran un filón, un imán, para los de "Cuanto Misterio" del canal "Cuarto". Luces raras, fantasmas, ovnis... en su salsa, vamos. Tras un par de horas aproximadamente, logré conciliar el sueño.

 Derrepente, desperté. Apenas llevaba dormido 2 horas, cuando me sobresalté. Creí que fue el estruendo de un trueno, y de hecho, creo que así fue, gracias a Dios. No obstante, escuché extraños alaridos, chillidos de locura y gritos de dolor. - '¡No lo puedo creer! esta pasando ago chungo de verdad, no puede ser real...' Pero lo que resulto estremecedor y espeluznante, a la par que sonoro y contundente, fue el disparo. Pensé en la escopeta. Ahí abajo, habian pegado un tiro. Unos delirantes rugidos más y entonces, silencio, demasiado silencio...  - 'Esto no va bien, joder... voy a ver que pasa, que no son horas...'

Salí al pasillo con mucho cuidado, y temblando, llegué a tientas al rellano y comence el descenso por las escaleras que desembocaban en la segunda planta. Conforme bajo, intento escuchar... se oía una presencia, se sentia su respiración jadeante y extravagante. Profería ruidos guturales raros y lo peor, una especie de risa nerviosa que se entrecortaba, mascullando ininteligibles sonidos. Al menos una cosa estaba clara en la oscuridad: alguien estaba vivo ahí abajo... o algo.

 Finalmente, un súbito flashazo, un primer vistazo fugaz al vetisbulo, al llegar a los balaustres del segundo piso... sumergida en las tinieblas, la puta criatura. El monstruo de los Transmonte, era real. Un humanoide deforme, muy desfigurado, se tambaleaba espasmodicamente en el primer piso, contorsionando su amorfo cuerpo. Me ha visto. En estas ocasiones, el instinto marca la diferencia, y corrí como poseido hasta la ventana, al otro extremo del pasillo. Los 25 metros más rapidos de mi vida, para estrellarme violentamente contra los cristales que explotaron en mil pedazos, haciendose trizas.

El follaje de la vegetación amortiguo parcialmente la caida, el resto lo hizo la adrenalina, que me impele a seguir huyendo.   No me plantee ni un segundo pararme, no me detendría hasta alcanzar la civilización. Un pueblo, una ciudad, un coche... cualquier atisbo de humanidad. Cuando, tras recorrer kilometros, llegaba a la verja por donde habiamos accedido a esta pesadilla, me percaté del curioso color anaranjado del cielo. No era el amanecer, eran incendios a lo lejos. Una impresionante humareda se erguía negra en el horizonte. Salté la valla, y en la carretera, una ranchera que iba como un rayo se detuvo allí, al verme, con un frenazo. Un tio con un botellin de cerveza en la mano, de pie atras me dijo -'eh ¿tú no eres un puto zombie? pues raro, porque esto es el... ¡PUTO APOCALIPSIS ZOMBIE!! y alzó los brazos como celebrandolo.   Me dije a mi mismo. - 'Doctores nazis, a quien coño se le ocurre acoger a unos "doctores" nazis'

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