23 de Mayo de 2013
Mar
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eternemente muerta (5)

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Los ojos de Val.

  • ¡Tu! ¿que haces aquí? -le preguntó.

  • Yo...venía...a advertir...de la emboscada...

  • Un poco tarde, ¿no?

Uther miró al desconocido. Podría intentar quitarle de en medio...pero saldría corriendo. Y no le alcanzaría. Estaba agotado, y el chico no llevaba armadura.

Y no se fiaba.

Además, ¿por qué iba a decir nada? No era asunto suyo, significaría levantar su palabra contra un noble. Y ahora mismo, le necesitaba

  • ¿cuanto llevas aquí? - le preguntó Wallmer

  • Yo...nada. Ni unos segundos

  • Y no has visto nada, imagino.- le insinuó Uther.

  • Nada de nada.

  • Excelente...mejor para todos.

La situación era tan tensa que se podía cortar con el canto de un cuchillo. Val sentía como la pierna izquierda le temblaba sin remedio. Val no sabía que hacer en esa situación, pero entonces, Algo llamó la atención de Uther.

  • Algo se acerca -le dijo a su guardaespaldas.

Mientras Uther y Wallmer comprobaban la zona, Val buscó por mero instinto algo con lo que defenderse. Su mano se cerró en torno a la daga que sobresalía de la garganta de su antiguo señor, la sacó y la sujetó, escondiendola conel cuerpo.

  • Ta´Hari -dijo entonces Uther, y como por arte de magia, Uther pasó a segundo plano dentro de sus preocupaciones inmediatas- exploradores Ta´Hari.

  • Nos han visto -dijo Wallmer- ¿retroceden?

  • Eso es que vienen -dijo Uther- nos tenemos que mover.

  • Yo no se si tengo fuerza.

  • ¿Mejor morir, entonces? ¡chico! Corre a pedir ayuda, por lo que mas quieras. Y tu y yo, Wallmer... rápido, echemosle cojones, o no salimos de esta...¡demonios, quitame esta puta mierda de coraza!

  • Que nos tengamos qué ver en una tesitura de este estilo... -dijo su guardaespaldas, deshaciendose del yelmo y sacandole las hombreras a su señor- salir por pies solos y medio en calzoncillos...

Val no se lo pensó dos veces y salió corriendo.


Arriba, mientras todo esto pasaba, Da´Rad trataba de sacar de allí a los suyos. Había dado la orden de retroceder.Unos pocos quedaron conteniendo al enemigo. Así era la guerra, el se lo había dicho a My´Myo, al fín y al cabo.

Sabía que si la caballería había superado a Ral estaban muertos, pero si eso había pasado lo estaban de todos modos. Así que se movía ya hacía abajo, confiando en la victoria de su viejo amigo.

De vez en cuando destacaba exploradores. Cuando estos volvieron, le dieron las noticias.

  • Señor... ha habido una batalla más adelante.

  • ¿Estaban allí los hombres de Ral?

Los exploradores negaron con la cabeza.

  • Ral estaba en el suelo. Herido... probablemente muerto. Solo había caballeros humanos. Pero estaban desmontados.

Da´Rad asintió,

  • Entonces vamos alla. Quede lo que quede, acabaremos con su resistencia. Y si los nuestros han caido, su sacrificio nos llevará de vuelta a casa y significará la ruina de esos caballeros.

Mientras se ponian en marcha, Da´Rad no podía parar de pensar “aguanta, viejo amigo. Aguanta...”



Si quería, podía elegir ver su reflejo, o ver el “otro lado”... El otro lado no le gustaba. Su maestro le había dicho que eso dependía de cada persona, que no todos lo ven igual. El otro lado emite un reflejo que los hombres ven como quieren ver, solo era eso.


Fue entonces cuando su maestro apareció de nuevo en la plaza. Pero no venía solo. Le acompañaba un niño. Un pequeño querubín rubio de ojos azules.

  • ¿Habiais salido a buscarle, maestro?

Su maestro mantenía una expresión grave y serena. Se limito a responder con la cabeza.

  • ¿Y quien es? -le preguntó ella, aunque comprendió que algo no estaba bíen del todo.

Su maestro le dijo al niño que se alejase y se sentó a su lado.

  • Hay...hay algo que no te he dicho aun. Algo muy importante.

La chica giró los ojos hacia el, pero no se encontró los suyos. Los suyos miraban hacia el suelo. La evitaban. Lo evitaban todo. Se le hizo un nudo en la garganta, porque sabía que lo que estaba a punto de suceder no era bonito.

  • Escucha, la magia...no es como crees. No es algo...”limpio”. La magia es poder, y el poder...el poder se erige con sangre.

La chica pestañeó.

  • Siempre es así.

La chica volvió a pestañear. Su maestro no dijo nada más, porque sabía que ella lista y no lo necesitaba.

  • ¿Quiere decir...?

Su maestro, por toda respuesta, colocó sus manos sobre las suyas, y, disimuladamente, deslizó un puñal entre ellas.

  • Es la única manera.

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas. Consiguiendo contenerlas, alcanzó a decir.

  • Pero...no puede ser. No es...tiene que haber otro modo.

El mago negó con la cabeza.

  • La magia es locura y muerte. Solo locura y muerte. Todos pagamos el precio.

Se horrorizó. Quisó salir corriendo de allí. Sintió el deseo urgente de hacer eso, de salir corriendo e ignorarlo todo. Ahora que lo sabía, todo cuando había aprendido, los largos viajes, la presencia de su maestro...todo le daba un asco horrible.

  • No puedo hacerlo, maestro.

  • Debes de tener valor, muchacha. ¿Crees que estas jugando? La magia no es un juego. Si no tomas las decisiones adecuadas, se paga un alto precio. Una vida no debe detenerte.

  • ¡Pero no puedo hacer esto!

  • No podrás ser mi aprendiz si no lo haces. ¿te das cuenta de lo que estoy diciendo? Se acabó.Yo me habré equivocado, y tu volverás a tu pueblo, a las porquerizas. ¿Quieres renunciar a eso?

La muchacha no respondió.

  • Tienes que elegir. Si quieres el poder, ese es el precio. Todos lo han pagado. No te preocupes por ello.

Quiso llorar. Quiso morir. Quiso vivir. En ese sentido de su vida sintió que lo quiso todo, y nada, a la vez. Y, sencillamente, si hubiera tenido que apostar por ella, no lo habría echo. Si en seco hubiese tenido que verse capaz de comportarse como lo comportó, habría apostado a otra cosa.

Habría perdido.


Fue mucho más fuerte de lo qué había esperado. Fue capaz de levantarse, mirar fijamente al niño, dejar la daga en las rodillas de su maestro, y decirle mientras contenía las lágrimas;


  • Maestro, todos estos años, todos, desde que usted me llevó de mi casa, me he sentido dichosa, sabedora de que no podría, de que no existe ninguna otra manera en que yo pudiese pudiese sentirme así de realizada. Siempre he querido conocer y manejar magia. Ha sido como vivir en un sueño. Pero si el precio es el que usted pide, si el precio es ese...entonces no se parece en nada a lo que yo deseo.


Su maestro quedó mirando fijamente la daga. La miró durante unos instantes. Parecía decepcionado. Luego levantó el rostro.

Y sonrió.

Sonrió, si, sencillamente. Fue una sonrisa que desarmó totalmente a su alumna. Una sonrisa de satisfacción y de felicidad.

  • Has pasado la tercera prueba. -le dijo a su alumna. Y tras ello, se acercó al niño, le dió unas monedas de color plateado y le pidió que saliese de nuevo a jugar.

  • Pero...pero... -protestaba su alumna- Pero...¿Que prueba era esa?

  • La prueba más importante de todas, claro. No es una prueba que demuestre si puedes o no puedes hacer magia. Es una prueba que demuestra si DEBES hacer magia. Lamentablemente, vivimos en un mundo que se preocupa mucho de saber que eres capaz de hacer y muy poco de saber que debes de hacer. Y no es como yo quiero ser.

La muchacha sonrió. De repente se sintió alivida. Las lagrimas que antes contenía de ira, de desesperación y pena ahora querían aflorar de felicidad.

Demonios, ¿de veras lo había logrado? No, no iba a pensarlo entonces. Nadie lo piensa entonces. Lo haría esa noche, o a la mañana siguiente. No entonces.




Val estaba aterrado. Aterrado. Más que nunca desde que había empezado la guerra. Más que en las mismas batallas. ¿Por qué la gente se lanzaba de frente, la una a la otra, espada en mano? Eso no daba ni la mitad de miedo que el qué el sentía ahora, creyendo que todo era una amenaza. Despues de todo, era un simple recluta campesino qué había visto como el hermano de su señor lo mataba a sangre fria para quitarlo de en medio. Sinceramente...¿cuanto creía que podía durar?


Lo había visto muchas veces. Si eres un campesino, no eres nadie. Algunos señores eran justos, otros no. Pero lo que a el le importaba de veras no era servir a un señor justo o no servirlo, sino...no haber escogido. Los campesinos no escogen, ellos van y vienen con las tierras. Si tu señor te quiere ver muerto, lo hará. Pero...¿y si tu le quieres ver muerto a el?

No, en realidad el no quería ver muerto a Lord Uther. Simplemente, no quería que fuera así. No quería asimilar que era como una cabeza de ganado que se compra o se vende. Que iba a morir solo por una casualidad o un deseo. Es curioso como esa mera idea de libertad, poco a poco, se iba convirtiendo en la fuerza que le convertía en hombre.

Lord Uther entró muy enfadado en su sala común. En ella estaban su guardaespaldas, Wallmer, y su tesorero, Umbert. Nada más entrar, Wallmer se dirigió a el.

  • ¿Vienes de hablar con tu padre, milord?

  • Si, Wallmer. Ese viejo hueso me acusa de la muerte de mi hermano. No, no -corrigió, la ver las caras aterradas de sus secuaces- no, no en ese sentido. Lo que quiero decir es que me echa la culpa. “Tu le diste la idea” “la responsabilidad es tuya”. Viejo idiota. Yo tambíen resulté herido en esa batalla. Salí de allí por piernas tirando trozos de armadura...

  • Al menos habeis traido las cabezas prometidas -le comentó Umbert- Pero eso no arregla vuestros problemas. Y menos si esa es la actitud de vuestro padre.

Uther le lanzó una severa mirada de reojo.

  • ¿Por qué, tan malos son los rumores?

  • Bueno, no son alentadores -respondió Umbert- La...gente...parece bastante dispuesta a echaros la culpa. Es más, no creo que les costase nada creer que vos lo asesinaisteis.

  • ¡No lo comprendo! -chilló Uther- No soy un maldito hijo de puta, ni un desollaniños, ni ofendo a dioses y demonios como hacía el idiota de mi hermano. ¡Maldita sea! Solo soy un buen soldado. ¡Nadie me ha cogido nunca en ningun desmentido!

  • Y no será porque no les hayan dado desmentidos que destapar... -comentó Wallner, con una sonrisita en los labios.

  • No se trata de eso, señor -le dijo Umbert- la gente tiende a desconfiar de los ganadores. Digamos, a secas, que la gente no es tonta.Esto le viene a usted muy a proposito, ¿entiende? Y para la gente, sería muy facil creer que es el responsable. ¿Parten dieciocho caballeros, y solo vuelven 2?...un tanto increible...

Uther se acarició el mentón.

  • No lo entiendo, señor...si lo quería muerto...¿por qué no lo comentó conmigo? Podía haberme ocupado. Fue demasiado...impulsivo...

  • ¡Ya lo sé! Lo sé, cojones...pero es que estaba allí, tan facil...y me sentía tan imbecil por haber caido en esa emboscada.

  • Es facil caer en emboscadas -le dijo Wallmer- a todo el mundo le pasa. Pero no te tienes que mortificar por eso. Eres buen oficial. Estas son tus primeras misiones y mirate, llenando los cestos de cuerpos de Ta´Hari.

  • ¡Bah! No estamos hablando de eso. Hablamos de que hay gente que quiere mi cabeza en una cesta, y la pueden conseguir a poco que, aunque sea con mentiras, me acusen de matar a mi hermano.

  • En ese sentido, señor... - se dirigió a el Umbert- tiene un problema grave...un cabo suelto...

Uther apartó la mirada

  • No me vuelvas a decir “fue demasiado impulsivo”, ¿vale?

  • Si, señor... de acuerdo. Pero aun así, hay que ocuparse de el.

  • ¿Matarlo?

  • Bueno, si hemos de ser sinceros, su declaración per sé no vale gran cosa. Sería facil decir que es un villano que miente por obtener notoriedad. Que muera...eso ya es otra cosa.

  • Sería facil acusarnos, ¿no?

  • No estoy de acuerdo -dijo Wallmer- los villanos mueren todos los dias. ¿Por qué habría de resultar sospechoso?

  • No pasa nada si muere en una guerra o de una cogorza -dijo Umbert- pero si muere mañana, en circunstancias extrañas, entonces tenemos un problema. Incluso si no hemos tenido nada que ver. Alguien podría decir “he, ese fue el tipo que vió a Lord Uther antes de morir”...Y sería peor si ya se lo ha dicho a alguien... y sencillamente, mi experiencia con la gente me dice que pocos callan...

  • ¡Casi seguro que ya anda contandolo, joder! -dijo Wallmer- Yo abogo por qué lo matemos antes de que hable más. Con suerte, pasará desapercibido.

  • Yo no dejo las cosas a la suerte -dijo Uther- estaba pensando en comprar su silencio. Eso le implicaría, se jugaría tambíen su cabeza...luego, ya se vería...

  • Es una opción, señor -le dijo Umbert- deberiamos de hacer una lista y barajar todas las posibilidades

  • ¿Que? -chilló de repente Wallmer- ¿Darle dinero a esa rata por ser inoportuna?¡que me aspen!

  • Callate, Wallmer -le espetó Uther- de este asunto me ocuparé yo. La política no es lo tuyo, ¿vale?

  • Política, política -murmuró Wallmer para sí- tu juega demasiado con la política y poco con la espada, y acabarás como tu hermanito. Tienes suerte de tenerme a mi, Uther...




Llegó. No fue tal y como lo esperaba. Pero llegó. Un día, mientras realizaba instrucción, un caballero llamó aparte a su sargento. Despues, el sargento se acercó a el, y le dijeron;

  • Val, este caballero quiere hablarte.

Val asintió y le entregó a su sargento su lanceta.

  • Todas las armas que lleves, por favor, Val.

  • ¿que más armas le parece que llevo?¡si llevo tres dias sin comer, no tengo ni para cambiarme la ropa raida! - dijo Val, mostrando sincera sorpresa.

El sargento se lo pensó durante un momento, y finalmente dijo;

  • Vale, venga, vete con el.

Val se acercó al caballero, examinandole detenidamente. Llevaba espada al cinto y arco y carcaj tambíen. Le sonreía, pero no parecía una sonrisa muy sincera. Observó el blasón de su pecho.

  • Una serpiente enrollada sobre un roble. El roble es de la casa Salomnia. En Azul de cielo. El azul del escudo de sir Wallmer.

  • Que perspicaz. Serias un buen escudero, chico.

  • ¿usted cree? - le respondíó Val. La parte de su cabeza guiada por la ira solo podía pensar “Wallmer. El perro de presa de Uther” (hacía mucho que había borrado el “ser” de su cabeza al pensar en ellos) la parte racional pensaba; “no le dejes utilizar su propia excusa. Dale tu una excusa mejor, para que el se haga con ella”

El hombre pensó unos segundos. Lo vió en sus ojos. Vió como pensaba y sabía que iba a mentir. Y la sonrisa que mostraba no le hacía confiar más en el.

  • Escuchame, chaval. Me han hablado bíen de tí. Has luchado en varias escaramuzas, y sigues vivo. Tambíen dicen que eres listo.

  • ¿De verdad, señor?

  • Si, de verdad.

Val le prestó atención al arco. Estaba tensado. Perfectamente tensado.

  • Voy a realizar mis ejercicios de tiro, necesito alguien que me ayude. ¿puedes ayudarme tu?

  • ¿no debería hacerlo su escudero?

  • Ah, mi escudero...lamentablemente, no tengo un escudero aun. He sido armado recientemente. Por Ser Wallmer, nada menos, ¿sabes?

  • ¿De veras, no tiene escudero?

“Creeme, hijo de puta. Por lo que más quieras, creeme”

  • Así es, muchacho. ¡Hola!

Saludaron al guarda al salir del campamento.

  • ¿no tiraremos dentro?

  • Oh, no, yo prefiero entrenar al aire libre. El campo de entrenamiento me limita.

El chico sonrió. “sigue pareciendo imbecil”


Caminaron un rato más. El hombre, por supuesto, le hablo de como el esperaba escoger a un escudero listo y capaz, y quizás, algun día, pudiese nombrarle caballero errante, como el. Val siempre se preguntaba como la gente podía llegar a creerse excusas de ese estilo. Pensando más con el corazón que con la cabeza, imaginaba. Se preguntaba si le llevaba a algun sitio donde quedase rodeado por varios matones, o si sencillamente quería ensartarle como aun cerdo mientras “practicaban el tiro”. No importaba, ya estaban lo suficientemente lejos.


El hombre no era tonto, por supuesto. No estaba desprevenido, estaba esperando cualquier movimiento. Hubiese sido capaz de defenderse de cualquier intento de dejarle seco con un movimiento habil y rastero, pero no esperaba que realmente Val fuese a aullar y lanzarse sobre el de frente.


Val se abalanzó sobré el e intentó llevarle hasta el suelo. No obstante, el caballero podia de dominarle con las manos, aprovechando su fuerza de hombre adulto, mucho mayor. Pero Val le mordió la mano y así consiguió tirarle de la otra. Le dió un rodillazo en sus partes nobles y le empujó hasta derribarle, y entonces, solo entonces, se abalanzó sobre el con la daga en la mano.


El caballero intentó desembarazarse de el a patadas. Val sujetó su pierna y le hundió en ella la daga. La giró, la giró de nuevo, y tiró hacía arriba para sacarla. Le destrozó totalmente la pierna.

  • Así qué...Así era...tan facil...llegar y coger una vida. Porque es una vida que no le importa a nadie...

  • ¿Que demonios estás...?-decía el caballero, sacando la espada. Se sentía confiado. Si empuñaba la espada, aun estando herido podría defenderse.

Pero con el trajeteo, arco y carcaj se le había caido, y el chico los tenía ahora en las manos. Y eso sí le acojonó.

  • ¿Y ahora?¿tan poco tiene que valer una vida...para mí?

El muchacho supo que sí. Supo que sería más facil desaparecer si le mataba. Simplemente aparecería un cadaver asaeteado a las afueras del campamento y un chico desaparecido. ¿Quien podría esclarecer eso? Mejor aun...¿a quien le interesaría esclarecerlo?

Pero no era capaz.

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Y ya está, la próxima será la última (del primer capítulo, se sentiende) muchas gracias a aquellos que lo estais leyendo.

5
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1 Comentario:

Buen cacho

Poco mas puedo decir, salvo que estoy esperando a ver como continúa :D

¡Saludos!