Los
ojos de Val.
Uther
miró al desconocido. Podría intentar quitarle de en
medio...pero saldría corriendo. Y no le alcanzaría.
Estaba agotado, y el chico no llevaba armadura.
Y no se
fiaba.
Además,
¿por qué iba a decir nada? No era asunto suyo,
significaría levantar su palabra contra un noble. Y ahora
mismo, le necesitaba
-
¿cuanto
llevas aquí? - le preguntó Wallmer
-
Yo...nada.
Ni unos segundos
-
Y
no has visto nada, imagino.- le insinuó Uther.
-
Nada
de nada.
-
Excelente...mejor
para todos.
La
situación era tan tensa que se podía cortar con el
canto de un cuchillo. Val sentía como la pierna izquierda le
temblaba sin remedio. Val no sabía que hacer en esa situación,
pero entonces, Algo llamó la atención de Uther.
Mientras
Uther y Wallmer comprobaban la zona, Val buscó por mero
instinto algo con lo que defenderse. Su mano se cerró en torno
a la daga que sobresalía de la garganta de su antiguo señor,
la sacó y la sujetó, escondiendola conel cuerpo.
-
Ta´Hari
-dijo entonces Uther, y como por arte de magia, Uther pasó a
segundo plano dentro de sus preocupaciones inmediatas- exploradores
Ta´Hari.
-
Nos
han visto -dijo Wallmer- ¿retroceden?
-
Eso
es que vienen -dijo Uther- nos tenemos que mover.
-
Yo
no se si tengo fuerza.
-
¿Mejor
morir, entonces? ¡chico! Corre a pedir ayuda, por lo que mas
quieras. Y tu y yo, Wallmer... rápido, echemosle cojones, o
no salimos de esta...¡demonios, quitame esta puta mierda de
coraza!
-
Que
nos tengamos qué ver en una tesitura de este estilo... -dijo
su guardaespaldas, deshaciendose del yelmo y sacandole las hombreras
a su señor- salir por pies solos y medio en calzoncillos...
Val no
se lo pensó dos veces y salió corriendo.
Arriba,
mientras todo esto pasaba, Da´Rad trataba de sacar de allí
a los suyos. Había dado la orden de retroceder.Unos pocos
quedaron conteniendo al enemigo. Así era la guerra, el se lo
había dicho a My´Myo, al fín y al cabo.
Sabía
que si la caballería había superado a Ral estaban
muertos, pero si eso había pasado lo estaban de todos modos.
Así que se movía ya hacía abajo, confiando en la
victoria de su viejo amigo.
De vez
en cuando destacaba exploradores. Cuando estos volvieron, le dieron
las noticias.
Los
exploradores negaron con la cabeza.
Da´Rad
asintió,
Mientras
se ponian en marcha, Da´Rad no podía parar de pensar
“aguanta, viejo amigo. Aguanta...”
Si
quería, podía elegir ver su reflejo, o ver el “otro
lado”... El otro lado no le gustaba. Su maestro le había
dicho que eso dependía de cada persona, que no todos lo ven
igual. El otro lado emite un reflejo que los hombres ven como quieren
ver, solo era eso.
Fue
entonces cuando su maestro apareció de nuevo en la plaza. Pero
no venía solo. Le acompañaba un niño. Un pequeño
querubín rubio de ojos azules.
Su
maestro mantenía una expresión grave y serena. Se
limito a responder con la cabeza.
Su
maestro le dijo al niño que se alejase y se sentó a su
lado.
La
chica giró los ojos hacia el, pero no se encontró los
suyos. Los suyos miraban hacia el suelo. La evitaban. Lo evitaban
todo. Se le hizo un nudo en la garganta, porque sabía que lo
que estaba a punto de suceder no era bonito.
La
chica pestañeó.
La
chica volvió a pestañear. Su maestro no dijo nada más,
porque sabía que ella lista y no lo necesitaba.
Su
maestro, por toda respuesta, colocó sus manos sobre las suyas,
y, disimuladamente, deslizó un puñal entre ellas.
A ella
se le llenaron los ojos de lágrimas. Consiguiendo contenerlas,
alcanzó a decir.
El mago
negó con la cabeza.
Se
horrorizó. Quisó salir corriendo de allí. Sintió
el deseo urgente de hacer eso, de salir corriendo e ignorarlo todo.
Ahora que lo sabía, todo cuando había aprendido, los
largos viajes, la presencia de su maestro...todo le daba un asco
horrible.
-
No
puedo hacerlo, maestro.
-
Debes
de tener valor, muchacha. ¿Crees que estas jugando? La magia
no es un juego. Si no tomas las decisiones adecuadas, se paga un
alto precio. Una vida no debe detenerte.
-
¡Pero
no puedo hacer esto!
-
No
podrás ser mi aprendiz si no lo haces. ¿te das cuenta
de lo que estoy diciendo? Se acabó.Yo me habré
equivocado, y tu volverás a tu pueblo, a las porquerizas.
¿Quieres renunciar a eso?
La
muchacha no respondió.
Quiso
llorar. Quiso morir. Quiso vivir. En ese sentido de su vida sintió
que lo quiso todo, y nada, a la vez. Y, sencillamente, si hubiera
tenido que apostar por ella, no lo habría echo. Si en seco
hubiese tenido que verse capaz de comportarse como lo comportó,
habría apostado a otra cosa.
Habría
perdido.
Fue
mucho más fuerte de lo qué había esperado. Fue
capaz de levantarse, mirar fijamente al niño, dejar la daga en
las rodillas de su maestro, y decirle mientras contenía las
lágrimas;
-
Maestro,
todos estos años, todos, desde que usted me llevó de
mi casa, me he sentido dichosa, sabedora de que no podría, de
que no existe ninguna otra manera en que yo pudiese pudiese sentirme
así de realizada. Siempre he querido conocer y manejar
magia. Ha sido como vivir en un sueño. Pero si el precio es
el que usted pide, si el precio es ese...entonces no se parece en
nada a lo que yo deseo.
Su
maestro quedó mirando fijamente la daga. La miró
durante unos instantes. Parecía decepcionado. Luego levantó
el rostro.
Y
sonrió.
Sonrió,
si, sencillamente. Fue una sonrisa que desarmó totalmente a su
alumna. Una sonrisa de satisfacción y de felicidad.
-
Has
pasado la tercera prueba. -le dijo a su alumna. Y tras ello, se
acercó al niño, le dió unas monedas de color
plateado y le pidió que saliese de nuevo a jugar.
-
Pero...pero...
-protestaba su alumna- Pero...¿Que prueba era esa?
-
La
prueba más importante de todas, claro. No es una prueba que
demuestre si puedes o no puedes hacer magia. Es una prueba que
demuestra si DEBES hacer magia. Lamentablemente, vivimos en un mundo
que se preocupa mucho de saber que eres capaz de hacer y muy poco de
saber que debes de hacer. Y no es como yo quiero ser.
La
muchacha sonrió. De repente se sintió alivida. Las
lagrimas que antes contenía de ira, de desesperación y
pena ahora querían aflorar de felicidad.
Demonios,
¿de veras lo había logrado? No, no iba a pensarlo
entonces. Nadie lo piensa entonces. Lo haría esa noche, o a la
mañana siguiente. No entonces.
Val
estaba aterrado. Aterrado. Más que nunca desde que había
empezado la guerra. Más que en las mismas batallas. ¿Por
qué la gente se lanzaba de frente, la una a la otra, espada en
mano? Eso no daba ni la mitad de miedo que el qué el sentía
ahora, creyendo que todo era una amenaza. Despues de todo, era un
simple recluta campesino qué había visto como el
hermano de su señor lo mataba a sangre fria para quitarlo de
en medio. Sinceramente...¿cuanto creía que podía
durar?
Lo
había visto muchas veces. Si eres un campesino, no eres nadie.
Algunos señores eran justos, otros no. Pero lo que a el le
importaba de veras no era servir a un señor justo o no
servirlo, sino...no haber escogido. Los campesinos no escogen, ellos
van y vienen con las tierras. Si tu señor te quiere ver
muerto, lo hará. Pero...¿y si tu le quieres ver muerto
a el?
No, en
realidad el no quería ver muerto a Lord Uther. Simplemente, no
quería que fuera así. No quería asimilar que era
como una cabeza de ganado que se compra o se vende. Que iba a morir
solo por una casualidad o un deseo. Es curioso como esa mera idea de
libertad, poco a poco, se iba convirtiendo en la fuerza que le
convertía en hombre.
Lord
Uther entró muy enfadado en su sala común. En ella
estaban su guardaespaldas, Wallmer, y su tesorero, Umbert. Nada más
entrar, Wallmer se dirigió a el.
-
¿Vienes
de hablar con tu padre, milord?
-
Si,
Wallmer. Ese viejo hueso me acusa de la muerte de mi hermano. No, no
-corrigió, la ver las caras aterradas de sus secuaces- no, no
en ese sentido. Lo que quiero decir es que me echa la culpa. “Tu
le diste la idea” “la responsabilidad es tuya”. Viejo idiota.
Yo tambíen resulté herido en esa batalla. Salí
de allí por piernas tirando trozos de armadura...
-
Al
menos habeis traido las cabezas prometidas -le comentó
Umbert- Pero eso no arregla vuestros problemas. Y menos si esa es la
actitud de vuestro padre.
Uther
le lanzó una severa mirada de reojo.
-
¿Por
qué, tan malos son los rumores?
-
Bueno,
no son alentadores -respondió Umbert- La...gente...parece
bastante dispuesta a echaros la culpa. Es más, no creo que
les costase nada creer que vos lo asesinaisteis.
-
¡No
lo comprendo! -chilló Uther- No soy un maldito hijo de puta,
ni un desollaniños, ni ofendo a dioses y demonios como hacía
el idiota de mi hermano. ¡Maldita sea! Solo soy un buen
soldado. ¡Nadie me ha cogido nunca en ningun desmentido!
-
Y
no será porque no les hayan dado desmentidos que destapar...
-comentó Wallner, con una sonrisita en los labios.
-
No
se trata de eso, señor -le dijo Umbert- la gente tiende a
desconfiar de los ganadores. Digamos, a secas, que la gente no es
tonta.Esto le viene a usted muy a proposito, ¿entiende? Y
para la gente, sería muy facil creer que es el responsable.
¿Parten dieciocho caballeros, y solo vuelven 2?...un tanto
increible...
Uther
se acarició el mentón.
-
No
lo entiendo, señor...si lo quería muerto...¿por
qué no lo comentó conmigo? Podía haberme
ocupado. Fue demasiado...impulsivo...
-
¡Ya
lo sé! Lo sé, cojones...pero es que estaba allí,
tan facil...y me sentía tan imbecil por haber caido en esa
emboscada.
-
Es
facil caer en emboscadas -le dijo Wallmer- a todo el mundo le pasa.
Pero no te tienes que mortificar por eso. Eres buen oficial. Estas
son tus primeras misiones y mirate, llenando los cestos de cuerpos
de Ta´Hari.
-
¡Bah!
No estamos hablando de eso. Hablamos de que hay gente que quiere mi
cabeza en una cesta, y la pueden conseguir a poco que, aunque sea
con mentiras, me acusen de matar a mi hermano.
-
En
ese sentido, señor... - se dirigió a el Umbert- tiene
un problema grave...un cabo suelto...
Uther
apartó la mirada
-
No
me vuelvas a decir “fue demasiado impulsivo”, ¿vale?
-
Si,
señor... de acuerdo. Pero aun así, hay que ocuparse de
el.
-
¿Matarlo?
-
Bueno,
si hemos de ser sinceros, su declaración per sé no
vale gran cosa. Sería facil decir que es un villano que
miente por obtener notoriedad. Que muera...eso ya es otra cosa.
-
Sería
facil acusarnos, ¿no?
-
No
estoy de acuerdo -dijo Wallmer- los villanos mueren todos los dias.
¿Por qué habría de resultar sospechoso?
-
No
pasa nada si muere en una guerra o de una cogorza -dijo Umbert- pero
si muere mañana, en circunstancias extrañas, entonces
tenemos un problema. Incluso si no hemos tenido nada que ver.
Alguien podría decir “he, ese fue el tipo que vió a
Lord Uther antes de morir”...Y sería peor si ya se lo ha
dicho a alguien... y sencillamente, mi experiencia con la gente me
dice que pocos callan...
-
¡Casi
seguro que ya anda contandolo, joder! -dijo Wallmer- Yo abogo por
qué lo matemos antes de que hable más. Con suerte,
pasará desapercibido.
-
Yo
no dejo las cosas a la suerte -dijo Uther- estaba pensando en
comprar su silencio. Eso le implicaría, se jugaría
tambíen su cabeza...luego, ya se vería...
-
Es
una opción, señor -le dijo Umbert- deberiamos de hacer
una lista y barajar todas las posibilidades
-
¿Que?
-chilló de repente Wallmer- ¿Darle dinero a esa rata
por ser inoportuna?¡que me aspen!
-
Callate,
Wallmer -le espetó Uther- de este asunto me ocuparé
yo. La política no es lo tuyo, ¿vale?
-
Política,
política -murmuró Wallmer para sí- tu juega
demasiado con la política y poco con la espada, y acabarás
como tu hermanito. Tienes suerte de tenerme a mi, Uther...
Llegó.
No fue tal y como lo esperaba. Pero llegó. Un día,
mientras realizaba instrucción, un caballero llamó
aparte a su sargento. Despues, el sargento se acercó a el, y
le dijeron;
Val
asintió y le entregó a su sargento su lanceta.
-
Todas
las armas que lleves, por favor, Val.
-
¿que
más armas le parece que llevo?¡si llevo tres dias sin
comer, no tengo ni para cambiarme la ropa raida! - dijo Val,
mostrando sincera sorpresa.
El
sargento se lo pensó durante un momento, y finalmente dijo;
Val se
acercó al caballero, examinandole detenidamente. Llevaba
espada al cinto y arco y carcaj tambíen. Le sonreía,
pero no parecía una sonrisa muy sincera. Observó el
blasón de su pecho.
-
Una
serpiente enrollada sobre un roble. El roble es de la casa Salomnia.
En Azul de cielo. El azul del escudo de sir Wallmer.
-
Que
perspicaz. Serias un buen escudero, chico.
-
¿usted
cree? - le respondíó Val. La parte de su cabeza guiada
por la ira solo podía pensar “Wallmer. El perro de presa de
Uther” (hacía mucho que había borrado el “ser”
de su cabeza al pensar en ellos) la parte racional pensaba; “no le
dejes utilizar su propia excusa. Dale tu una excusa mejor, para que
el se haga con ella”
El
hombre pensó unos segundos. Lo vió en sus ojos. Vió
como pensaba y sabía que iba a mentir. Y la sonrisa que
mostraba no le hacía confiar más en el.
Val le
prestó atención al arco. Estaba tensado. Perfectamente
tensado.
-
Voy
a realizar mis ejercicios de tiro, necesito alguien que me ayude.
¿puedes ayudarme tu?
-
¿no
debería hacerlo su escudero?
-
Ah,
mi escudero...lamentablemente, no tengo un escudero aun. He sido
armado recientemente. Por Ser Wallmer, nada menos, ¿sabes?
-
¿De
veras, no tiene escudero?
“Creeme,
hijo de puta. Por lo que más quieras, creeme”
Saludaron
al guarda al salir del campamento.
El
chico sonrió. “sigue pareciendo imbecil”
Caminaron
un rato más. El hombre, por supuesto, le hablo de como el
esperaba escoger a un escudero listo y capaz, y quizás, algun
día, pudiese nombrarle caballero errante, como el. Val siempre
se preguntaba como la gente podía llegar a creerse excusas de
ese estilo. Pensando más con el corazón que con la
cabeza, imaginaba. Se preguntaba si le llevaba a algun sitio donde
quedase rodeado por varios matones, o si sencillamente quería
ensartarle como aun cerdo mientras “practicaban el tiro”. No
importaba, ya estaban lo suficientemente lejos.
El
hombre no era tonto, por supuesto. No estaba desprevenido, estaba
esperando cualquier movimiento. Hubiese sido capaz de defenderse de
cualquier intento de dejarle seco con un movimiento habil y rastero,
pero no esperaba que realmente Val fuese a aullar y lanzarse sobre el
de frente.
Val se
abalanzó sobré el e intentó llevarle hasta el
suelo. No obstante, el caballero podia de dominarle con las manos,
aprovechando su fuerza de hombre adulto, mucho mayor. Pero Val le
mordió la mano y así consiguió tirarle de la
otra. Le dió un rodillazo en sus partes nobles y le empujó
hasta derribarle, y entonces, solo entonces, se abalanzó sobre
el con la daga en la mano.
El
caballero intentó desembarazarse de el a patadas. Val sujetó
su pierna y le hundió en ella la daga. La giró, la giró
de nuevo, y tiró hacía arriba para sacarla. Le destrozó
totalmente la pierna.
-
Así
qué...Así era...tan facil...llegar y coger una vida.
Porque es una vida que no le importa a nadie...
-
¿Que
demonios estás...?-decía el caballero, sacando la
espada. Se sentía confiado. Si empuñaba la espada, aun
estando herido podría defenderse.
Pero
con el trajeteo, arco y carcaj se le había caido, y el chico
los tenía ahora en las manos. Y eso sí le acojonó.
El
muchacho supo que sí. Supo que sería más facil
desaparecer si le mataba. Simplemente aparecería un cadaver
asaeteado a las afueras del campamento y un chico desaparecido.
¿Quien podría esclarecer eso? Mejor aun...¿a
quien le interesaría esclarecerlo?
Pero no
era capaz.
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Y ya está, la próxima será la última (del primer capítulo, se sentiende) muchas gracias a aquellos que lo estais leyendo.
1 Comentario:
Buen cacho
23 de Marzo de 2009 • 16:21 — LoganKellerPoco mas puedo decir, salvo que estoy esperando a ver como continúa :D
¡Saludos!