Bueno, despues de mi aportación al guardian, me ha picado un poco el gusanillo y me he animado a colocar otro relato. Este es uno que escribí hace tiempo, al que le he echo un lavado de cara. Le he puesto una ambientación más fantástica, por ejemplo.
Bueno, voy a dejaros con el relato y ejar de quejarme.
Billetes de Lotería.
Existe un lugar muy parecido al
nuestro, pero muy lejano. Un lugar donde el lobo y el cuervo son
atraidos, en lugar de repelidos, por las detonaciones repentinas,
porque saben que allí es donde, en breves momentos, podrán
saciar su hambre y bañar en rojo sus bocas.
En cuanto la última detonación
sonó en el ambiente, el instinto llevó al cuervo a
volar a traves de las ramas de los árboles hasta allí
donde se elevaba la nube de humo negro. Ruido, y olor a polvora, es
lo que caracteriza a un tiroteo.
En medio del claro, un orco se
tambaleaba, llevandose una mano al pecho y empuñado su pistola
con la otra. Buscaba un blanco, pero sus ojos eran incapaces de
distinguir nada. Una sombra se movió en su angulo de visión
y disparo.
Una bala restaló la rama sobre
la que estaba sentado el cuervo, casi a sus pies. El cuervo se limitó
a bajar la cabeza, examinarlo durante un segundo y seguir mirando al
horizonte.
El orco cayó de rodillas al
suelo. Lanzó una bocanada y supo que, si no era la última,
sería de las últimas. Supongo que ese fue el momento en
qué se dijo qué hasta allí había llegado.
Y cayó, con la mano aun sujeta a
su pecho.
Enfrente de el se alzaban dos plantas.
No eran plantas comunes. Tenian una pinta bastante aterradora como
para contarlas como “comunes”. Pero tan pronto como cayó,
esas plantas empezaron a marchitarse y a deshacerse en polvo, mecidas
por el viento.
De detrás de ellas aparecieron
dos hombres, empuñando sus armas.
-La planta comienza a marchitarse. Sin
la vida de su creador, no durará mucho.
Una cabeza se asomó en los
vehículos a su espalda. Uno de los hombres levantó la
mano y levantó el pulgar.
-O.K. Pronto pondremos en marcha la
caravana.
Los dos merecenarios se acercaron a
observar los cadaveres de la emboscada de saqueadores. En especial,
aquel que descansaba en el centro.
-Era un chamán.
-Si, lo era.
-Se confio. De no haber sido así,
no lo habriamos contado.
-No se esperaba tanta resistencia. Mala
suerte.
Uno de los hombres, el más
grande, movió el cadaver de una patada. Aun seguía
aferrado a aquel objeto que le colgaba del cuello.
-¿Que es eso que lleva? -dijo,
abriendole la mano. -es una especie de medallón.
-Es un graucktuk, un medallón
sagrado. Afirma qué atrae la buena suerte.
-¿ah, si? -dijo el hombre,
arrancandoselo del pecho.
-¿Que haces? No lo cojas, eso es
solo una historia tonta.
-¿Como puedes estar tan seguro?
-¿No has oido lo que acabo de
decir? “mala suerte”. Por dios, lo he dicho hace un segundo.
-Vale, pues si no crees que valga para
nada, ¿que más da?
En ese momento sonó un claxon.
Los coches se mueven. Vamonos, falta
poco para llegar a la ciudad.
El cuervo realizó un gesto
curioso. La situación le intrigó tanto que, incluso,
cesó en su empeño de comer y alzó el vuelo
siguiendo la caravana.
Attalauka era una de las mayores
ciudades de la región. Allí se movian continuamente
caravanas de transportes con prductos del campo. Y si querias
atravesar El terreno más cercano a las montañas (más
conocido como el reino de los cuervos, porque todo el mundo sabe
quienes son sus verdaderos soberanos) tenias que llevar buenos
mercenarios contigos. Esa era la vida de estos hombres; De una ciudad
a otra, a cobrar la paga, a fundirla en unos dias de divertido
desenfreno, y de vuelta a la carretera, al menos, hasta que no
llegases a la siguiente ciudad.
-¿Esta noche nos vemos en el
bareto de siempre?
-¿Sigues queriendo ligarte a esa
camarera?
-Ya está casi a punto, tio...
-Siempre dices eso...
lo primero que quería el tipo
grande era una hamburguesa. Despues una lata de refresco. Placeres
sencillos, para empezar. Y para seguir...¿que?
En la esquina, una mujer vendía
loteria. El hombre se acarició el medallón. ¿Daría
suerte de verdad?...¿que más daba? El se sentía
con suerte. Estaba vivo, ¿no?
Estaría bíen ganar la
loteria. La loteria de Attalauka tenía premios muy buenos.
Suficientes para seguir gastanto al ritmo al que estaba acostumbrado
toda su vida, sin tener que luchar más.
Se acercó a ver los billetes qué
tenía la mujer. De entre ellos, el número qué
más le gustaba era un primo precioso. 21312.
Se despidió, guardandose el
billete en la cartera. Se distrajo saludando a la vendedora, que era
una mujer que tenía su punto. Se distrajo tanto que tuvo un
choque accidental con una niña.
El cuervo se posó en lo alto de
una farola. Sus ojos siguieron a la niña.
Unos pasos despues, quiso volver a ver
el número. Se palpó el bolsillo, pero no encontró
cartera alguna. Se palpó más. Finalmente, lo comprobó
con sus propios ojos.
Le había robado la cartera.
Se sintió furioso. No es que
llevase allí todo su dinero (el de verdad iba a buen recaudo
en la bota)
Pero si que había perdido
algunos papeles importantes. Esperaba no tener ningun problema con
los guardias de la ciudad hasta arreglarlo.
Gruñendo, decidió que eso
no iba a arruinarle el día. Simplemente, compraría otro
billete.
Compró el 32456. Se alejo un
poco y lo cogió con las dos manos, para examinarlo. Y
entonces, de alguna estupida manera, se le escurrió. Cayó
girando hasta el suelo. Alargó la mano para cogerlo, y pudo
quitarla justo a tiempo antes de qué la rueda de un coche le
pasase por encima y viese a su billete irse dando vueltas a una
velocidad que lo volvía una mancha blanca.
Los ojos del cuervo no se quitaban de
ella.
Volvió a mirar a la vendedora.
Ya era una cuestión personal. Esta vez compró el 54321.
Decidió qué lo llevaría en la mano, bíen
apretado. Pero entonces escuchó un graznido. Quizás
fuese una de esas palomas. La radiación mágica les
afecta y mutan, sin más. Toda madre preocupada temía a
esas palomas.
Al levantar la mano instintivamente
para cubrirse el rostro, expuso el billete. El ataque, en principio
dirigido a la cara, cambió de objetivo. La criatura destrozó
el billete con sus garras. Y eso, de alguna manera, provocó al
hombre más rabia de la que le habría provocado perder
un brazo. Sacó su revolver y vació a la criatura un
tiro que resultó totalmente certero.
Todo el mundo se le quedó
mirando. Temblando de rabia, pero tan tozudo como corresponde a un
buen guerrero, volvió a comprar otro billete. Compró el
75642. Y esta vez, tan pronto lo compró, lo metió en su
bota. El lugar más seguro del universo. En su caso sería
verdad la expresión de “morir con las botas puestas”.
Pero, tan pronto trató de
alejarse del lugar, se topó con una alcantarilla que tenía
una reja rota. Su pierna izquierda quedó allí encajada.
Tiró para liberarse, pero no cayó en el problema de
perder la bota. Sacó el pie, pero su bota cayó al fondo
de la alcantarilla con un sonoro “chafff”
Quedó mirando a la alcantarilla
con una expresión de profunda incredulidad. Allí iban
su billete de loteria...y todo su dinero...
Un cuervo se posó cerca de la
zona, a observar la insondable oscuridad de la alcantarilla, hasta
que un niño se dedicó a espantarlo.
Temblando de la ira, rebuscó en
sus bolsillos. Aun tenía suelto suficiente como para comprar
un nuevo billete. El último que le quedaba a la vendedora.
43531. Pero justo despues de hacerlo, se arrancó del pecho el
colgante con un fuerte tirón y lo lanzó a la calle.
-“buena suerte”...¡bah!
Basura...
Caminó, pero estaba tan embotado
por la ira que no prestaba atención a la carretera. Escuchó
tan solo un claxon repentino, y cuando se giró,era tan solo
varias toneladas de metal lo que tenía delante. Al caer al
suelo, el billete surgió flotando de su bolsillo, hasta quedar
apoyado sobre el suelo, con los ojos del cuervo clavados en el...
Lejos de allí, un hombre
esperaba en un bar conocido. Su amigo no tardaría en llegar. Y
no obstante, el tema del amuleto aun le tenía pensativo.
“ Graucktuk. Si mantienes la fe en
el, la suerte siempre te acompaña. Si te deshaces de el,
entonces sufres el mayor de los castigos”.
Quedó pensativo un rato más,
pero al final, se dijo
Bah, solo son paparruchas.
Y lanzó un nuevo trago a su
bebida.
En la televisión, el camarero,
ansioso, comprobando su billete, puso el sorteo de loteria en
directo.
“Y el número ganador es el
43531”
43531. Eso era lo que ponía en
el billete. La mano verde del orco lo sujetaba. Alguien pasó
rozando a su lado y el se cubrió aun más con la
capucha. Ser descubierto podría significar un problema. Todo
el mundo sabe dstinguir a esos afeminados domesticados que viven en
las ciudades de los orcos de las tribus puras.
La herida no le había matado. Y
no se habían molestado en rematarle. Había tenido
suerte.
En una mano tenía el medallón
y en otra el billete. ¿Cobrarlo? No iba a poder cobrarlo, ya
lo sabía. Tendría que buscarse algun tipo de apaño,
e incluso eso era peligroso para el.
Mirando fijamente el medallón,
recordó el momento en que lo había conseguido, y esa
misma noche en que pidió al medalló que le volviese más
rico de lo que podía imaginar. Miró el billete.
La herida de su pecho le ardía.
Y en sus ojos solo daba vueltas una y otra vez ese 43531. y entonces
dejó de mirar el billete, volvió a mirar el medallón
y le dijo;
-Cumples lo que prometes, si...pero eso
no quita que seas un bastardo retorcido.
El medallón brilló
tenuemente, de una forma que casi recordaba a una sonrisa. Y el
cuervo, entonces, apartó su mirada de allí y alzó
el vuelo, buscando algun ojo que poder picotear...
the end
Bueno, espero que os haya gustado...¡¡he, que os desperteis ya! (estaba muy trillado, pero tenía que ahcerlo)
bueno, hasta otro día...