21 de Mayo de 2013
Feb
16

Un nuevo relato

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Bueno, despues de mi aportación al guardian, me ha picado un poco el gusanillo y me he animado a colocar otro relato. Este es uno que escribí hace tiempo, al que le he echo un lavado de cara. Le he puesto una ambientación más fantástica, por ejemplo.

Bueno, voy a dejaros con el relato y ejar de quejarme.

Billetes de Lotería.

Existe un lugar muy parecido al nuestro, pero muy lejano. Un lugar donde el lobo y el cuervo son atraidos, en lugar de repelidos, por las detonaciones repentinas, porque saben que allí es donde, en breves momentos, podrán saciar su hambre y bañar en rojo sus bocas.


En cuanto la última detonación sonó en el ambiente, el instinto llevó al cuervo a volar a traves de las ramas de los árboles hasta allí donde se elevaba la nube de humo negro. Ruido, y olor a polvora, es lo que caracteriza a un tiroteo.


En medio del claro, un orco se tambaleaba, llevandose una mano al pecho y empuñado su pistola con la otra. Buscaba un blanco, pero sus ojos eran incapaces de distinguir nada. Una sombra se movió en su angulo de visión y disparo.


Una bala restaló la rama sobre la que estaba sentado el cuervo, casi a sus pies. El cuervo se limitó a bajar la cabeza, examinarlo durante un segundo y seguir mirando al horizonte.


El orco cayó de rodillas al suelo. Lanzó una bocanada y supo que, si no era la última, sería de las últimas. Supongo que ese fue el momento en qué se dijo qué hasta allí había llegado.

Y cayó, con la mano aun sujeta a su pecho.


Enfrente de el se alzaban dos plantas. No eran plantas comunes. Tenian una pinta bastante aterradora como para contarlas como “comunes”. Pero tan pronto como cayó, esas plantas empezaron a marchitarse y a deshacerse en polvo, mecidas por el viento.


De detrás de ellas aparecieron dos hombres, empuñando sus armas.

-La planta comienza a marchitarse. Sin la vida de su creador, no durará mucho.

Una cabeza se asomó en los vehículos a su espalda. Uno de los hombres levantó la mano y levantó el pulgar.

-O.K. Pronto pondremos en marcha la caravana.

Los dos merecenarios se acercaron a observar los cadaveres de la emboscada de saqueadores. En especial, aquel que descansaba en el centro.

-Era un chamán.

-Si, lo era.

-Se confio. De no haber sido así, no lo habriamos contado.

-No se esperaba tanta resistencia. Mala suerte.

Uno de los hombres, el más grande, movió el cadaver de una patada. Aun seguía aferrado a aquel objeto que le colgaba del cuello.

-¿Que es eso que lleva? -dijo, abriendole la mano. -es una especie de medallón.

-Es un graucktuk, un medallón sagrado. Afirma qué atrae la buena suerte.

-¿ah, si? -dijo el hombre, arrancandoselo del pecho.

-¿Que haces? No lo cojas, eso es solo una historia tonta.

-¿Como puedes estar tan seguro?

-¿No has oido lo que acabo de decir? “mala suerte”. Por dios, lo he dicho hace un segundo.

-Vale, pues si no crees que valga para nada, ¿que más da?

En ese momento sonó un claxon.

Los coches se mueven. Vamonos, falta poco para llegar a la ciudad.

El cuervo realizó un gesto curioso. La situación le intrigó tanto que, incluso, cesó en su empeño de comer y alzó el vuelo siguiendo la caravana.


Attalauka era una de las mayores ciudades de la región. Allí se movian continuamente caravanas de transportes con prductos del campo. Y si querias atravesar El terreno más cercano a las montañas (más conocido como el reino de los cuervos, porque todo el mundo sabe quienes son sus verdaderos soberanos) tenias que llevar buenos mercenarios contigos. Esa era la vida de estos hombres; De una ciudad a otra, a cobrar la paga, a fundirla en unos dias de divertido desenfreno, y de vuelta a la carretera, al menos, hasta que no llegases a la siguiente ciudad.


-¿Esta noche nos vemos en el bareto de siempre?

-¿Sigues queriendo ligarte a esa camarera?

-Ya está casi a punto, tio...

-Siempre dices eso...


lo primero que quería el tipo grande era una hamburguesa. Despues una lata de refresco. Placeres sencillos, para empezar. Y para seguir...¿que?


En la esquina, una mujer vendía loteria. El hombre se acarició el medallón. ¿Daría suerte de verdad?...¿que más daba? El se sentía con suerte. Estaba vivo, ¿no?

Estaría bíen ganar la loteria. La loteria de Attalauka tenía premios muy buenos. Suficientes para seguir gastanto al ritmo al que estaba acostumbrado toda su vida, sin tener que luchar más.

Se acercó a ver los billetes qué tenía la mujer. De entre ellos, el número qué más le gustaba era un primo precioso. 21312.


Se despidió, guardandose el billete en la cartera. Se distrajo saludando a la vendedora, que era una mujer que tenía su punto. Se distrajo tanto que tuvo un choque accidental con una niña.

El cuervo se posó en lo alto de una farola. Sus ojos siguieron a la niña.


Unos pasos despues, quiso volver a ver el número. Se palpó el bolsillo, pero no encontró cartera alguna. Se palpó más. Finalmente, lo comprobó con sus propios ojos.

Le había robado la cartera.


Se sintió furioso. No es que llevase allí todo su dinero (el de verdad iba a buen recaudo en la bota)

Pero si que había perdido algunos papeles importantes. Esperaba no tener ningun problema con los guardias de la ciudad hasta arreglarlo.

Gruñendo, decidió que eso no iba a arruinarle el día. Simplemente, compraría otro billete.


Compró el 32456. Se alejo un poco y lo cogió con las dos manos, para examinarlo. Y entonces, de alguna estupida manera, se le escurrió. Cayó girando hasta el suelo. Alargó la mano para cogerlo, y pudo quitarla justo a tiempo antes de qué la rueda de un coche le pasase por encima y viese a su billete irse dando vueltas a una velocidad que lo volvía una mancha blanca.

Los ojos del cuervo no se quitaban de ella.


Volvió a mirar a la vendedora. Ya era una cuestión personal. Esta vez compró el 54321. Decidió qué lo llevaría en la mano, bíen apretado. Pero entonces escuchó un graznido. Quizás fuese una de esas palomas. La radiación mágica les afecta y mutan, sin más. Toda madre preocupada temía a esas palomas.

Al levantar la mano instintivamente para cubrirse el rostro, expuso el billete. El ataque, en principio dirigido a la cara, cambió de objetivo. La criatura destrozó el billete con sus garras. Y eso, de alguna manera, provocó al hombre más rabia de la que le habría provocado perder un brazo. Sacó su revolver y vació a la criatura un tiro que resultó totalmente certero.


Todo el mundo se le quedó mirando. Temblando de rabia, pero tan tozudo como corresponde a un buen guerrero, volvió a comprar otro billete. Compró el 75642. Y esta vez, tan pronto lo compró, lo metió en su bota. El lugar más seguro del universo. En su caso sería verdad la expresión de “morir con las botas puestas”.


Pero, tan pronto trató de alejarse del lugar, se topó con una alcantarilla que tenía una reja rota. Su pierna izquierda quedó allí encajada. Tiró para liberarse, pero no cayó en el problema de perder la bota. Sacó el pie, pero su bota cayó al fondo de la alcantarilla con un sonoro “chafff”

Quedó mirando a la alcantarilla con una expresión de profunda incredulidad. Allí iban su billete de loteria...y todo su dinero...

Un cuervo se posó cerca de la zona, a observar la insondable oscuridad de la alcantarilla, hasta que un niño se dedicó a espantarlo.


Temblando de la ira, rebuscó en sus bolsillos. Aun tenía suelto suficiente como para comprar un nuevo billete. El último que le quedaba a la vendedora. 43531. Pero justo despues de hacerlo, se arrancó del pecho el colgante con un fuerte tirón y lo lanzó a la calle.

-“buena suerte”...¡bah! Basura...


Caminó, pero estaba tan embotado por la ira que no prestaba atención a la carretera. Escuchó tan solo un claxon repentino, y cuando se giró,era tan solo varias toneladas de metal lo que tenía delante. Al caer al suelo, el billete surgió flotando de su bolsillo, hasta quedar apoyado sobre el suelo, con los ojos del cuervo clavados en el...


Lejos de allí, un hombre esperaba en un bar conocido. Su amigo no tardaría en llegar. Y no obstante, el tema del amuleto aun le tenía pensativo.

“ Graucktuk. Si mantienes la fe en el, la suerte siempre te acompaña. Si te deshaces de el, entonces sufres el mayor de los castigos”.

Quedó pensativo un rato más, pero al final, se dijo

Bah, solo son paparruchas.

Y lanzó un nuevo trago a su bebida.

En la televisión, el camarero, ansioso, comprobando su billete, puso el sorteo de loteria en directo.

“Y el número ganador es el 43531”


43531. Eso era lo que ponía en el billete. La mano verde del orco lo sujetaba. Alguien pasó rozando a su lado y el se cubrió aun más con la capucha. Ser descubierto podría significar un problema. Todo el mundo sabe dstinguir a esos afeminados domesticados que viven en las ciudades de los orcos de las tribus puras.

La herida no le había matado. Y no se habían molestado en rematarle. Había tenido suerte.

En una mano tenía el medallón y en otra el billete. ¿Cobrarlo? No iba a poder cobrarlo, ya lo sabía. Tendría que buscarse algun tipo de apaño, e incluso eso era peligroso para el.

Mirando fijamente el medallón, recordó el momento en que lo había conseguido, y esa misma noche en que pidió al medalló que le volviese más rico de lo que podía imaginar. Miró el billete.


La herida de su pecho le ardía. Y en sus ojos solo daba vueltas una y otra vez ese 43531. y entonces dejó de mirar el billete, volvió a mirar el medallón y le dijo;

-Cumples lo que prometes, si...pero eso no quita que seas un bastardo retorcido.


El medallón brilló tenuemente, de una forma que casi recordaba a una sonrisa. Y el cuervo, entonces, apartó su mirada de allí y alzó el vuelo, buscando algun ojo que poder picotear...

the end

 

Bueno, espero que os haya gustado...¡¡he, que os desperteis ya! (estaba muy trillado, pero tenía que ahcerlo)

bueno, hasta otro día...

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