19 de Octubre de 2018
Jun
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Jugar por jugar. "FUEL"

No quiero coincidir con Miyamoto sobre que el gameplay es lo único importante. Quiero pensar que la narrativa importa, quiero pensar que el arte gráfico importa, quiero pensar que que el recurso tecnológico importa. Y como quiero pensar eso, pues lo pienso. Pero hay algo, una realidad subyacente, una verdad subterránea que recorre nuestro interior. Luego de terminado, no me hace regresar a un juego su narrativa, no me hace regresar su diseño artístico, no me hace regresar su tecnología, solo regreso a un juego por culpa del gameplay, como si fuera eso lo único importante. Por eso hay juegos a los que siempre se vuelve, sin importar cuantas horas jugamos o cuantas veces lo hemos terminado, juegos que no se agotan cuando ya no hay coleccionables o secretos, porque lo que produce el verdadero disfrute es simplemente jugar. El genero de las carreras por su naturaleza hace que si el gameplay está bien resuelto volveremos siempre a un out run, un Daytona Usa o un gran turismo. Y eso mismo es lo que me pasa con Fuel. Regreso una y otra vez solo por lo reconfortante de la sensación de conducir. La excusa del juego es esta, un mundo post apocaliptico y motos, cuatriciclos, buguis y coches, compitiendo en carreras desopilantes pero no alocadas (como en motorstorm apocalipsis) vertiginosas pero no frenéticas (como en naild y similares). Los circuitos son de lo mejor logrado de juego porque es un mundo abierto donde se trata de pasar por checkpoints, sin importar si tienes que circular por una ruinosa carretera, un camino de tierra, un bosque o un barranco. La delimitación no es artificiosa como en otros juegos del género, desde el momento que se puede ir por cualquier parte, da la sensación tangible de que vamos campo a través y no de que se nos monta un escenario para hacernos creer tal cosa. Fuel es un arcade, no busca simular nada, lo exagera todo, pero nunca, nunca se pasa de la raya. Entonces controlamos el vértigo y entendemos por que nos pasan las cosas. Errores, despistes y choques, siempre son culpa de nuestra torpeza y no de un escenario que se nos viene encima como un torbellino arbitrario e irracional. En la representación de los vehículos se busca que luzcan toscos y robustos, preparados para ese medio hostil en el que deben circular. Las carreras de dividen de acuerdo al genero de vehículo y después hay pruebas de lo mas variadas e inverosímiles, como tener que ganarle a un helicóptero etc. La conducción es muy adictiva, gusta, entretiene y divierte. El enfoque que se le da al vehículo intenta hacer que siempre se vea la bastedad del escenario, luego la cámara va oscilando levemente hacia los lados del bólido generando un ángulo de visión espectacular y agradable, que se refuerza cuando derrapamos creando una experiencia jugable y visual muy digna de ser disfrutada. Se que algunos estarán pensando que son demasiados elogios para un juego que pasó algo desapercibido, tanto que ni siquiera se ha pensado en una secuela. Pero no lo duden de trata de un muy buen juego de carreras. Y lo recomiendo todo aquel que quiera simplemente, jugar por jugar.
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