27 de Noviembre de 2014
Sep
14

Dualidad

Categorías: , ,

 

 

http://norandom.com/wp-content/uploads/2011/06/cyberpunk-52.jpg

 

 

 

Accionado por un torrente de pensamientos en ecuaciones y algoritmos, solucionaba los problemas matemáticos almacenados en su base de datos de la matriz. Los profesores se habían pasado tres pueblos; perder el tiempo de esa manera tan absurda con unos ejercicios tan burdos. Aburrido, abrió ventanas emergentes de foros y una radio en línea. Una punzada en el cuello, tanteó ligeramente el conector cutáneo. Cuando terminara, pediría uno nuevo al SAT.

Al teclado le faltaban teclas, una excusa más para dejar de lado todo lo mandado y escabullirse por la puerta trasera al primer MMORPG que pillase. Folios amarillentos se amontonaban en su escritorio, vetusto y carcomido en las patas; los libros sufrían impasibles la misma suerte, un puñado de letras en filas que no eran de ninguna utilidad en la Ciudad. Las áreas de informática e ingeniería eran las más prácticas, abatiendo su interés. Para qué demonios te servía que hubo dos guerras mundiales, que había emperadores, cultura y reyes. Estaba claro que no te iban a socorrer si un vagabundo sacaba la navaja y te degollaba para robarte un aumento o chaqueta.

Desconectó las clavijas. El fin de ese calvario. Libros electrónicos esparcido por la alfombra como un felpudo de baño. Le empezaba a doler la cabeza y estaba tan consternado por la monotonía... -Qué puto coñazo-. Tantas materias le obligaban a estudiar, y ninguna captaba su interés en lo más mínimo. -¿Para qué me sirve saber la teoría de un tío sobre triángulos si voy a ser empresario?- Estaba claro que Pitágoras no iría a echarle un cable con sus triángulos si unos inversiones se salían de madre en la bolsa.

Oprimía con la fuerza suficiente como para partir su último teclado de repuesto en dos. Si lo hacía, su padre lo regañaría, estando en casa; tan importante era su vida en las calles que no tenía tiempo de acordarse de comprarle un teclado, ni para su cumpleaños... El ordenador se reinició, otro fallo en el kernel del Win7. -Lo que faltaba...- A este ritmo, otra visita al basurero en busca de componentes, y también pedirle al viejo que actualice el SO. Regatearía por un SO de última generación, pero no tenía ni un sólo duro. -Vaya vida...-

Sus padres no estaban en casa, como todas las veces, todo el tiempo. Le agradaba la soledad paternal de su hogar; ni un alma, ni un estorbo ordenando, imponiéndose. Los robots de limpieza se replegaban a sus puestos, el salón lucía impoluto. Un televisor Sony de 70 pulgadas de cristal componía su pasatiempo. Puso el canal de noticias; una tía farfullando titulares insignificantes. Una peli, a los cinco minutos lo apagó y encendió el chat. Jess estaba ausente; para hacerse la importante.

Su madre arropaba a su hermano de cuatro años, sus manos surcadas por las cicatrices sugerían una vida arriesgada de duro trabajo. Él la observaba desde la rendija de la puerta. Ella odiaba la tecnología, en el basurero había robots de limpieza, muchos de ellos intactos; su madre se había encabronado “que esas cosas se rompen y no sirven para nada”, estaba todo el día metida en casa, tan clásica que era nostálgico. Una mala experiencia con las máquinas, probablemente. Lo que no comprendía es que alguien como ella se había casado con un traficante de nanotipos que se tiraba mínimo una semana completa fuera de casa. Su padre no le regalaba nada, tampoco lo llevaba con él; su madre lo forzaba a ir un colegio ruinoso a un kilómetro, con lecciones absurdas que poco se equiparaban con la auténtica y pura esencia mortífera de la Ciudad, del universo hermético de sus murallas. Su padre le había contado anécdotas sueltas sobre la Ciudad, cuando era muy pequeño. Le relataba historias de caza-tesoros más pequeños que él jugándose el pellejo en callejones más estrechos que los pasillos de su casa. Neones inundando avenidas tan enormes como el barrio en que habitaban. Matones, sicarios, traficantes, sectarios. Aumentados, nunca había visto un aumentado. La Ciudad, él quería conocerla. Se alejó de la puerta prometiéndose que cuando tuviera 18 años se las ingeniaría para salir de ese barrio en los más recóndito y rancio del Sector 6 para abrir horizontes en el 5.

Jess era una chica simplista, la típica rubia pija incapaz de discernir un sarcasmo o una indirecta. Pero como follaamiga le venía en bandeja; esa cabeza de chorlito era llenado con constantes enaltecimientos vacíos. Sería suya, como Anxtrium algún día, mejor; fundaría su propia empresa, una más o tan enorme y poderosa como Anxtrium. Su padre era un importante ejecutivo de la sede austriaca de la corporación, un pez gordo y muy a tener en cuenta. Frente a su ansía adquisitiva y burlonamente aristocrática, su padre lo había amenazado con meterlo en la academia del Sector 3. -Puto viejo-. Repudiaba la Ciudad, repudiaba todo sector que no fuera el primero. La Ciudad era un estercolero, uno enorme, el Sector 1 era un paraíso; demasiado reducido, cerrado. Todo a lo que aspiraba estaba fuera de sus murallas, el camino del éxito por encima de las nubes. Se tumbó en el sofá mirando al techo. Cuando saliera de la universidad cogería el primer transbordador, a cualquier lugar.

0