La choza de Genghis Crom
Blog dedicado a todas esas estupideces que se me ocurren y me ocurren, rol, cerveza, viviencias personales, perladas, comics, libros, películas, series, discos...de todo.
Escrito hace dos noches...creo que haré más.
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El helicoptero paró de zumbar poco a poco, Kaoh y las dos docenas de hombres armados que le obedecían estaban quietos, el agua de lluvia empapaba sus uniformes negros deslizándose incómodamente. A su alrededor brillaba la ciudad.
Al final, el viejo bajó con un paraguas en la mano, tenía la misma cara de amargado que hacía dos años y el doble de arrugas, encorvado hijo de puta, pensó Kaoh tras su máscara de carne mientras hincaba la rodilla en un charco negro.
-Que tus enemigos se pierdan en el bosque de espadas venerado B’eda.
-Que son los tuyos, en pie joven Kaoh, en pie.
Se levantó, el viejo parecía de broma al lado suyo…pero aquel condenado podía matarlo de muchas maneras.
-Los señores del continente piden una reunión urgente venerado, tienen miedo de lo que se avecina.
-Dos putas Kaoh, dos putas jovencitas y hermosas en mis habitaciones en menos de una hora, y que el jefe de cocina preparé el fuego, quizás me las coma después.
-Si venerado.
Asqueroso carcamal, hacia años que no probaba la carne humana, se le hizo la boca agua.
Algo había atacado los vagones del metro la noche anterior, algo blanco y emparentado con un ser humano sin duda, pero retorcido y asqueroso. Le habían metido siete tiros antes de que cayese a las vías y desapareciese, solo había dejado su sangre.
Una sangre verde fluorescente que hedía.
Fuese lo que fuese causó antes de desaparecer destrozos en el metro, un vagón estaba completamente destrozado, reducido a chatarra pura a golpes.
Eso decía el informe, grosso modo que le habían pasado. Los pasajeros habían jurado sacar fotos y grabar videos a la cosa esa con sus móviles pero apenas se veía nada.
Habían cortado el transporte ferroviario durante un día entero, Jemele lo había ordenado, para encontrar galerías escarbadas en la roca y huesos rotos y blancos.
Había algo debajo de la ciudad, esas cosas podían ser cualquier cosa y estaba convencido de que existían más.
Suspirando agarró el pesado teléfono y llamo al Gobierno, la mejor solución era esa, el Defensor General lo sabía.
-Limpiemos el subsuelo con fuego líquido señor Gobernador, inundemos los túneles hasta ahogarlos en fuego, será…si, será lo más económico. Daremos el comunicado mañana mismo.
Paralizaría la ciudad durante una semana para desinfectarla, le odiarían pero los monstruos dejarían de molestar.
B’eda se limpiaba los labios sonriendo, había devorado 60 kilos de mujer antes de saciarse, tenía sus afilados dientes enrojecidos y la mirada encendida. Sin duda la cena había sido de su agrado.
-¿Decías algo de los señores del continente Kaoh?
-Piden una audiencia con usted venerado.
-Como no, dentro de 6 horas le viene bien.
-No sé señor.
-No hay nada que saber, por cierto, haz los preparativos para librarme de ellos, panda de niños malcriados.
-Si señor.
-Haremos limpieza ¿Qué te parece? Suena bien, no digas que no.
-Si señor.
Suena perfecto.
Los niños colgaban del techo con las consolas conectadas a sus cuerpos, babeaban, algunos incluso se lo hacían encima, se divertían. Eran presas fáciles para unas manos rápidas, expertas…tristemente expertas. Sustrajo de los bolsillos de doces niños ricos suficiente para comer un mes antes de que sus gorilas/asesinos a sueldo pagados por papi y mami se diesen cuenta.
Salió de la sala de juegos entre tiros y se perdió en la multitud que deambulaba por la avenida nuevo día. Tuyek con solo doce años era el mejor ladrón de los barrios periféricos, era eso o la prostitución, aquello era menos degradante y estaba mejor pagado, sin chulos.
Miró al cielo, estaba blanco como siempre, los focos, las luces, la publicidad habían robado a la noche y al día sus colores.
¿Qué era aquella cosa inmensa?
Fue solo un momento.
Los cuerpos de los señores del continente presentaban todos la misma pauta fatal, ellos mismos se habían atravesado el cerebro con una vara hasta matarse, B’eda estaba complacido y en la presidencia de la sala mesa bebía agua con gas.
-Muy interesante Kaoh, obediencia forzada, que miradas tenían, que gritos más angustiosos pidiendo clemencia, que delicia.
-Gracias señor.
-¿Dónde estaba el núcleo? En la bebida supongo.
-No señor.
-Entonces estaban envenenados antes de entrar en la sala, muy astuto calvito.
-No señor.
-¿Entonces?
-En el aire señor, el que respira usted ahora mismo.
-¿Qué?
Le agarró del cuello y le miró a los ojos.
-No grite, no hable, sencillamente devórese a si mismo hasta morir viejo asqueroso pero antes sáquese los ojos y arránquese la lengua.
Dejó atrás la sala, ordenó tapiarla, vería el espectáculo otro día, la grabación iba a ser memorable. Ignoró los desagradables ruidos.
Pero hoy no había tiempo para distracciones, tenía que tomar las riendas de una conspiración, hecho un vistazo por la ventana y dio su primera orden.
-¡Sacad esa nave sokli de mi planeta!
Una explosión de vació blanco y un borrón más en la no historia.
Hacía dos días que el centro era un infierno, cientos de miles de estúpidos se quejaban en las calles del cierre de las vías ignorando a mala fe que les estaba salvando las vías. Jamele estaba harto, estaba hartísimo, sacó su arma y la apuntó hacia la multitud.
Estaba caminaba sobre el aire completamente desnuda, un hombre de fuego sin ojos ni boca pero que lo veía todo y cuya voz llegaba a todos los oídos, el arma sencillamente les pidió que volviesen a casa, usasen los servicios habilitados para solventar la difícil situación de la ciudad por parte del Gobierno y luego se fue.
No hubo más voces, no hubo más destrozos.
El centro estaba asustado, el viejo gordo de piel blanca lo celebró haciendo pagar al contribuyente una buena fiesta.
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