La choza de Genghis Crom
Blog dedicado a todas esas estupideces que se me ocurren y me ocurren, rol, cerveza, viviencias personales, perladas, comics, libros, películas, series, discos...de todo.
Escrito esta noche porque no podía dormir, no me parece gran cosa pero si gusta igual escribo la primera parte.
Sentado en su estudio Anad Jafi meditaba sobre lo que no entendía, sus duras facciones negras dejaban atisbar solo levemente algo poco habitual en él. Frustración, algo para lo que no le habían criado.
La noche era fría, nevaba, se acumulaba la nieve en el estrecho dintel de su ventana y luego caía casi quinientos metros, se estrellaba contra la gris acera de la Avenida del Rey para volverse agua negra bajo los crueles neumáticos de los autos a vapor negro.
Hasta la media noche no sacó el pequeño estuche de la caja fuerte, estaba hecho en jade rojo del Imperio Asiático de los Mao y de ser expuesto a subasta cualquier cifra ofrecida por él sería como poco ridícula.
Se levantó un sonido ronco, un susurro que parecía un trueno muy muy lejano. Su voz.
-Padres benditos, perdonadme de nuevo.
Y lo abrió.
Hacía dos semanas había aparecido en su vida el estuche y su contenido maldito, llevaba casi 10 días sin dormir ni comer, sin responder llamada alguna ni acudir a sus reuniones habituales.
-Tan poca cosa…
Dentro solo había una roca, lisa y verde, y mucho más. Cuando la tenía en su mano extendida y la miraba se abría un agujero por donde podía ver formas lánguidas y casi transparentes moverse, agitarse, gritar y llorar. ¿Acaso era el otro mundo?¿O algo más siniestro? ¿Qué era aquello?
No era la primera vez que se topaba con la muerte y los muertos, era consciente de los estratos de realidad creados, creía tras muchos estudios, por las mismas inteligencias sensibles que deseaban algo más y lo moldeaban…aunque fuese para sufrir en infiernos nacidos de sus propios miedos en el tiempo final.
Pero aquello era diferente. Había visto el rostro de su padre, con las cuencas vacías de todo menos negrura y la deforme figura que a ratos parecía estar envuelta en negruras mirándole a él.
No al padre. Al hijo.
-Al cuerno con todo, no sé si esto es lo más sensato pero al cuerno.
Deposito aquello en la mesa y lo tapó con un pañuelo, luego se puso el pesado abrigo hecho con la piel reptiliana de una vieja pesadilla y la ristra de pistolas de discos. Tampoco se dejó atrás su rifle de repetición, las armas nuevas eran más ligeras y precisas pero comprendía aquella antigualla, sabía usarla, conocía sus límites y facultades, eso nunca la haría envejecer.
-Diario de Anad Jafi, día 89 del año 1985, llevo diez días abandonado a las reflexiones y estudios más frustrantes de mi vida. Hace dos semanas llego con remitente desconocido un estuche asiático cuyo contenido es una piedra verde y lisa por donde puedo ver…muertos, muertos sufriendo, mi padre incluido. Lo poco que he podido descubrir sobre esta piedra es lo siguiente; durante la Republica Romana el senador Pompeyo obtuvo durante una de sus campañas en las Galias una piedra cuya descripción corresponde en gran medida con la mía, dicha piedra le permitió saber de la traición de Julio Cesar, se le reveló aquella conjura por obra de los muertos encerrados en un sitio accesible por la piedra, luego la empleó para acabar con sus rivales políticos y terminó muriendo asesinado a manos de un esclavo asqueado por aquel horror, la piedra desapareció aparentemente hasta hoy. Las fuentes que he consultado están encima de mi mesa, por favor, de no volver cuídenlos con mimo y desháganse de esta piedra maldita, un agujero bien profundo, varias toneladas de hormigón y sus rezos, si quieren, deberían bastar.
Tomo aire una, dos y tres veces, también una copita de coñac.
-Voy a entrar.
Quitó el pañuelo y miró aquel maldito lugar con fijeza hasta que le dolieron los ojos.
Vomitó cuando se dio cuenta que estaba dentro.
-Bienvenido al espacio sin espacio.
Eran voces que no lo eran en absoluto, el grito de una mujer al abortar y cayendo por una cristalera hasta estamparse contra el suelo fue lo que le vino a la cabeza cuando la oyó. Eran voces pero solo había una garganta, la de un niño delgado con la piel enrojecida , estaba descalzo sobre un suelo verde frío como la nieve, estaba desnudo pero la niebla de almas dolientes le cubrían a ratos, su padre estaba ahí.
-Padre.
-Anda por ahí, quiso saber cosas y las supo claro, como no, pero al final siempre reclamo el pago, puedo tardar una vida pero siempre lo hago. Soy T’zzor y tengo respuestas, todas.
-Suéltalo, a mi padre digo.
-Hoy no, de haber un hoy claro, es lo que tiene la eternidad. Hicimos un trato y como un caballero que se supone que eres deberías respetarlo.
Desenfundó las dos pistolas de discos, sus formas eran estilizadas, de un acero reluciente y ligero, se estaba poniendo nervioso.
-Oh por favor Anad, sabes de sobra que como mucho me pondrás de mal humor apretando el gatillo de esas espectaculares armas, además gracias a mi eres quien eres, tu papá ha dado su vida y eternidad para eso.
Así que eso fue, se condenó para conseguir el Objetivo de los Hijos del Cambio. Loco, loco egoísta, no quería eso, quería tener una vida, quería un padre. Dejó caer las armas.
-Me da igual, no tienes derecho criatura, no tienes derecho alguno.
-¿No? Se me dieron los derechos que cuestionas a la ligera en el principió del ser por fuerzas sensibles más poderosas que los sueños, puedo hacer lo que quiera y no es mi problema si vas a montar un numerito por alguien a quien apenas conoces.
-Es mi padre, y no hablo solo de él, los otros, la niebla que vistes y que me rodea...tienen que seguir su camino, el suyo, devuélveles el derecho a morir del todo.
-El universo no es una de vuestras democracias mortal, los derechos del hombre son un triste consuelo que habéis inventando vosotros solitos, sois carne y juguetes, nada más. Doy las respuestas que quieren y yo solo sus almas para jugar.
-¿Cualquier respuesta?
-Si, no es tan difícil de entender.
-¿Y estás obligado a responderme?
-Siempre, sea cual sea, incluso si no te gusta.
Era tan evidente, aquellas cosas nacidas, por llamarlo de algún modo, al principio estaba sujetas a unas reglas bastante estúpidas cuando interactuaban con los mortales.
-Muy bien criatura, tengo cuatro preguntas.
Sonrió mostrando doce hileras de dientes afilados y liberando una peste infecta.
-Las que quieras, el pago es único.
-¿Puedes dañarme?
-Solo si me atacas tú antes, las Viejas Reglas son así.
Perfecto.
-Quiero saber como liberarlos.
Se puso blanco, un mortal iba a matar la fuente de toda sabiduría y poder, no le movían aquellos sentimientos, para su mente estructurada pero caótica era algo totalmente alienígena, desechar las promesas de poder total por altruismo.
-Matándome…no lo hagas, no sabes lo que desencadenaras ni todo el conocimiento que estás condenando.
-¿Y como puedo matarte?
-Colapsando este lugar, por favor, imagínate lo que puedo decirte…como vivir por siempre ¡nunca reclamaré el pago!¡donde están las mayores riquezas del mundo!¡todos los secretos que tanto buscas!
Inútil, ya veía lo que se avecinaba y no podía hacer nada.
-¿Y como lo hago?
-Camina y encontrarás una criatura que ama el dolor, se alimenta de él, mátala y moriré porque ella y yo somos lo mismo con el cristal y si uno cae le seguimos todos.
-¿Qué camine? Sin más, muy bien. Adiós, no volveremos a vernos.
-Cuando mueras serás mío mortal, mío por siempre y desearás no haber formulado esas necias preguntas cuando te desolle y me mee en tus heridas.
-¿Si? Entonces no entiendo porqué tienes tanto miedo.
Y se perdió en un lugar que no era un lugar, devorado por la niebla aullante y la negrura dejando atrás algo muy viejo y muy asustado. Su padre le miraba perderse mientras las garras del vengativo ser desgarraban su piel de fantasma.
Blog dedicado a todas esas estupideces que se me ocurren y me ocurren, rol, cerveza, viviencias personales, perladas, comics, libros, películas, series, discos...de todo.

1 Comentario:
Buen relato, en Gamefilia
3 de Junio de 2008 • 10:36 — The_unforgiven_tooBuen relato, en Gamefilia ya somos unos cuantos a los que nos ha dado el gusanillo de crear relatos. :D
Un saludo.