Asfaltando el camino hacia el futuro

Estancarse no es bueno. Seguramente esto suene a obviedad, pero a veces no caemos en lo importante que es la aportación de nuevas ideas para oxigenar un mercado con centenares de ofertas similares. Por norma soy un gran defensor de las nuevas propuestas frente a las sagas de incontables entregas (aunque lo adecuado es encontrar un equilibrio entre ambas cosas), pero tampoco me importa que alguna de estas lance decenas de títulos si al menos logran cierta evolución entre unos y otros. Final Fantasy, de hecho, es un gran ejemplo. Dejando a un lado la independencia de cada argumento (que sirve para no acabar cansando al personal con el mismo mundo y los mismos personajes de siempre), poco a poco ha sabido aportar cosas nuevas para que entrega lanzada al mercado tuviese algo más que un nombre para aportar. Jugar en una misma a semana a, por ejemplo, Final Fantasy I y Final Fantasy IX, evidencia el gran camino recorrido entre ambas obras, camino tan grande como el propio tiempo que las distancia.
Si a cualquier aficionado le preguntamos que define a un Final Fantasy, seguramente busque una serie de elementos comunes a todos los que haya jugado. No obstante, es muy posible que no todos los que acabe citando hayan estado ahí desde el principio, pues la saga lleva evolucionando desde su gestación hasta nuestros días. El primer
Final Fantasy, con su desarrollo a base de combates, exploración y mazmorras marcó la mecánica a seguir. Luego vendría FF II, con personajes prefijados (no se escogían entre varias clases) y mayor involucración de estos en el argumento. FF III fue una vuelta a los orígenes, ya que de nuevo
puso énfasis en las clases de los personajes (que en esta
ocasión se podían ir cambiando durante el juego) y también añadió dos
de las características capitales de muchas entregas: cada oficio tenía sus comandos específicos (por ejemplo, los ladrones
robaban) y se podían invocar poderosas criaturas para que nos ayudasen en combate. Para cuando SNES vio la luz en 1990, la saga ya gozaba de un gran renombre en Japón (en América solo habían recibido la primera parte), por lo que una cuarta entrega en 16 bits era
inevitable: en julio del siguiente año, Final Fantasy IV salió a la venta.
Si Final Fantasy III había supuesto un retorno al planteamiento del original, FF IV por su parte bebió más de la segunda entrega de NES. De hecho, si observamos las seis primeras entregas (las bidimensionales), podemos comprobar como de forma alterna se han dado dos corrientes en cuanto a la forma de tratar los personajes: mientras en I, III y V se centraron en ellos como combatientes moldeables (libre elección de oficios/clases), en II, IV y VI se optó por limitar su personalización y adecuarlos más al contexto de la historia. Supongo que ni hace falta decir para los seguidores de la saga que posteriormente en las entregas 3D, aun con ciertas matizaciones, la balanza se inclinó más a favor de este segundo estilo. Por ello (y ciertas características jugables que mencionaré más adelante), si bien las tres primeras entregas aportaron muchos elementos de vital importancia para sentar las bases de la saga, IV puede considerarse un poco como el padre de los Final Fantasy modernos.
El juego nos pone en la piel de Cecil, un Caballero Oscuro del reino de Baron que al mando de la flota Alas Rojas cumple las cada vez más cuestionables órdenes de su monarca. Pero poco a poco la duda crece en él, y tras una misión en la que las cosas no suceden como esperaba, emprende su propio periplo. Un periplo en el que se le irán uniendo varios personajes y los giros de guión están a la orden del día. Con una temática más sentimental y un argumento mucho más épico de lo habitual en sus días, FF IV además no se limitaba a la ambientación medieval de sus antecesores, sino que ya empezaba a mostrar escenarios y situaciones más fantásticas (aunque sobre esto no puedo entrar en detalles sin desvelar ciertas sorpresas del argumento). Por su parte, las relaciones entre los personajes también fueron mucho más trabajadas que antaño, con Cecil como el primer protagonista de la saga en tener una personalidad realmente lograda, con sentimientos, debilidades y preocupaciones. Y esto no solo se aplicaba al protagonista: cada personaje importante tenía su pequeño trasfondo. Así nació el primer elenco memorable de la saga, en el que figuraban nombres como el propio Cecil, Golbez, Kain, Tellah o Rydia (entre otros).
Como ya habíamos adelantado líneas atrás, Final Fantasy IV dejó de lado el sistema de oficios para centrarse en las diferencias individuales de cada combatiente. Cada uno de los personajes controlables tenía ya asignada una clase por defecto (una maga blanca, un monje, un paladín, una invocadora... así hasta un total de doce) y esta solía estar relacionada con su papel en el argumento. Dentro de las batallas, por primera (y última) vez podíamos luchar hasta con cinco personajes simultáneamente, aunque más curioso quizás es el hecho de que el grupo estaba cambiando continuamente durante el progreso del juego: las idas y venidas de personajes por pretextos del guión eran tan constantes que el grupo se modificaba cada pocas horas (a veces casi cada pocos minutos). Esto, unido a los cambios experimentados por algunos de los protagonistas en el transcurso de la aventura, hacía que el abanico de opciones y estrategias disponibles variara mucho desde el inicio del juego hasta los compases finales.
Pero sin duda lo que influiría de forma decisiva en las entregas posteriores fue la inclusión del popular Sistema de Batalla Activo (o Active Time Battle, ATB). Las clásicas peleas por turnos “puros” dejaron paso a un sistema en el que cada personaje debía esperar un lapso de tiempo concreto antes de poder elegir el comando deseado (proceso que de FF V en adelante se visualizaría gracias a una barrita que se rellenaba. De hecho, el ATB se reutilizó en las demás entregas de la saga de forma ininterrumpida hasta la llegada de FF X). De esta forma, los enemigos no quedaban a la espera de que realizásemos nuestras elecciones, sino que atacaban cada pocos segundos y nos obligaban a pensar rápido. Un sistema dinámico que aceleraba el desarrollo de los combates y hacía que los personajes tuviesen diferentes tempos a la hora de atacar (evitando así que se siguiera siempre el mismo orden o provocando que atacaran varias veces en el intervalo en el que un enemigo preparaba su ofensiva, por lo que aportaba bastante variedad).
Fuera de los combates, la mecánica era casi idéntica a la de sus precursores. Pueblos en los que hablar, descansar o comerciar; mazmorras llenas de enemigos con los que combatir para adquirir experiencia y mejorar nuestras habilidades; mapas de gran extensión por los que desplazarnos... Sí, mapas, en plural, pues aparte del típico y gigantesco mapamundi, FF IV nos llevaría a recorrer otras zonas. ¿Cuáles? Lamentablemente no entraré en detalles, pues no me gustaría estropear la fiesta a aquellos interesados en jugarlo en el futuro revelándoles de antemano las peculiaridades de su original desarrollo. Pero tal extensión no iba a suponer ningún problema, ya que durante el juego, como mandaba la tradición, podríamos conseguir diversos medios de transporte como barcos, aeronaves o los clásicos chocobos. Donde realmente marcaba las diferencias FF IV era en la aportación de la trama, que al estar mucho más cuidada servía como perfecto hilo conductor y dotaba al desarrollo de una mejor cohesión (anteriormente era más fácil sentirse perdido o sin objetivo aparente).
Otro tema importante era el relativo a la dificultad. Si bien esta se había reducido considerablemente respecto a las anteriores entregas, seguía ofreciendo un reto bastante duro para el jugador medio. Por ello se creó una versión alternativa conocida como Final Fantasy IV Easytype, que modificaba varios aspectos del juego para suavizar su dificultad, como jefes con más puntos débiles, objetos más baratos en las tiendas o eliminación de algunos hechizos. Por si esto fuera poco, al parecer la versión americana (lanzada bajo el nombre de FF II, pues no habían recibido ni la segunda ni la tercera entrega de NES), además de ser bastante similar a la Easytype (y por ende, más fácil que la original japonesa) sufrió ciertos cortes en forma de diálogos eliminados o censura de algunos elementos relacionados con la muerte (algo difícil, ya que... bueno, mejor me callo, que para algo me he propuesto revelar lo mínimo posible del argumento). Dichos cortes fueron retirados en la versión lanzada para PlayStation en 1997.
Por otro lado, tampoco se puede olvidar que el salto generacional tuvo sus consecuencias a nivel técnico. Tanto escenarios (dijo adiós a los combates sobre un insulso suelo negro) como personajes y monstruos se vieron claramente beneficiados de la mayor potencia de SNES frente a su antecesora de 8 bits. Es cierto que el juego no llevó, ni mucho menos, la consola al límite, pero eso no quitó que a pesar de su condición de primerizo demostrase
buen hacer con gran cantidad de detalles, colores y efectos que sin
duda quedaban ya fuera del alcance de NES. Eso sí, según pasaron los años no fueron pocos los JRPGs que se posicionaron muy por encima de FF IV, tales como Secret of Mana, Terranigma, Chrono Trigger o el propio Final Fantasy VI, que casi hacía parecer al título de Cecil y compañía como un juego de otra generación.
Donde sí no caben dudas de que Final Fantasy IV experimentó un gran salto cualitativo fue en la banda sonora. No en vano, el chip de sonido de SNES permitía el uso de hasta siete canales de sonido (frente a los cuatro de los que se disponían en NES). O lo que es lo mismo, Nobuo Uematsu, el compositor habitual de la saga, pudo incluir melodías de mayor calidad y complejidad (mayor número de sonidos enlazados). Las armonías de pitidos dieron paso a la emulación de instrumentos perfectamente reconocibles como arpas, órganos, trompetas o baterías. Esto, unido al talento que ya había demostrado Uematsu en entregas anteriores, dio lugar a un magnífico repertorio de melodías como
Theme of Love,
Golbez Clad in the Dark o
The Big Whale (entre muchas, muchas otras) que se pueden contar ya no solo entre las mejores composiciones de este afamado autor, sino de todo el género.
Sé que son muchísimas las cosas que se podrían decir de Final Fantasy IV, pero por desgracia gran parte de ellas no tienen cabida aquí ya que, como he dicho varias veces, arruinarían las sorpresas que su desarrollo esconde para los jugadores que aún están a tiempo de darle esa merecida oportunidad (ya sea mediante la versión original de SNES o el reciente remake de Nintendo DS que 05_kefka_06 comentará en detalle más abajo). Y es que si bien casi todas las entregas han aportado su granito de arena para que la franquicia sea el fenómeno que es hoy día, Final Fantasy IV fue posiblemente EL salto, el giro a partir del cual la saga empezó a adoptar como propio el espíritu que muy tímidamente habían apuntado las entregas anteriores (en especial la segunda): la de crear un puñado de personajes inolvidables e involucrarlos en una historia de grandes proporciones.
Por supuesto, a lo largo de estos años han aparecido valientes (y necesarias, añadiría yo) excepciones, como por ejemplo FF V y FF XII, donde la mecánica jugable cobra más protagonismo que los propios personajes involucrados en la historia. Pero en el fondo (o no tan en el fondo, si lo pensamos bien), el ritmo argumental y jugable de esta cuarta entrega sigue siendo el son que bailan los más recientes capítulos, incluso los de orientación futurista y gusto por los retorcidos melodramas. FF IV enseñó el camino a seguir, y ya solo por eso debería ser siempre recordado como una de las obras más importantes de la saga. Pero es que además lo hizo con una oferta impecable, donde la trama y la jugabilidad se daban la mano para no soltarla hasta los mismos créditos. Una joya de principio a fin que porta en su corazón como ninguno antes (y muy pocos después) toda la magia que puede contener un JRPG.
4 Comentarios:
Sensacional repaso
21 de Septiembre de 2009 • 20:11 — ZeraelUn gran trabajo ^^ Os habéis lucido, eh ;)
Final Fantasy IV es una maravilla, así de simple. Coincido plenamente con la apreciación de Franchuzas: es el padre de los FFs modernos (al menos de la generación "pleisteisonera"). hace con maestría lo que sólo se intuía en la segunda entrega.
Mi primer contacto fue con la versión easytype, que no se la recomiendo a nadie :S Cuando me hice con la versión de ps1 descubrí un juego bastante más profundo y exigente. Lo único que no me gusta de esta entrega es el tema de los vaivenes en el plantel de personajes :S Jugablemente prefiero el final fantasy V, uno de mis preferidos ^^ Una pena que sea de la hornada "argumentalmente plana" (interesante división, por cierto, la que te has marcado con el estilo de cada entrega, Franchuzas)
Sobre la revisión/remake de Ds poco puedo decir. Lo que he leído me ha gustado, aunque lo del Eidolon me ha sorprendido bastante. Desde luego se agradece el componente gráfico y su impacto en la narración... ¿pero de verdad se le puede considerar mejor que el original? ^^u Es una afirmación bastante importante ^^uuu (claro, que yo no lo he jugado, así que mejor me callo XD)
En fin, estupendo trabajo en equipo ^^ Mucha suerte a los dos.
Un saludete ^^
COOPERATIVE MODE? xD
21 de Septiembre de 2009 • 23:14 — MarkovExcelente repaso, cuando leí que se trataba de kefka pensé que no habría cabida para ambos análisis. ¿Eh? xDDD
Secundo a Zerael, FF IV es un venero de los FF modernos. Y uno de mis favoritos sin más.
No he probado la remasterización, y por no poseer ds dudo que le ponga las manos encima. Pero por lo que ha escrito kefka me ha convencido de que el remake de FF IV no ha mejorado solamente en el apartado técnico. Sin embargo, aun me mantengo reticente ante las políticas actuales de Squareenix.
Un saludo.
¿De que me suena esta
23 de Septiembre de 2009 • 15:28 — 05_kefka_06¿De que me suena esta entrada?
No he visto la pasta por ningún sitio ¿sabes lo que eso significa?
Fuera coñas ^^ Un placer haber aportado mi granito de arena y ya de paso, hemos matado dos pájaros de un tiro. Hemos conseguido que esta entrada forma parte del concurso y además te he ofrecido una colaboración que te debía. Así todos contentos y felices ^^
Un saludo y 5 estrellas ^^
@ Zerael
24 de Septiembre de 2009 • 02:27 — FranchuzasMuchas gracias ^^
Sobre la versión DS, no sé que decir pues mi experiencia se limita a la tercera entrega (hablando de los remakes), pero al parecer sí está a la altura, no ya solo por lo que apunta kefka (puesta en escena, nivel de exigencia en los combates, extras...), sino porque además amplía la historia (y para bien, según tengo entendido).
Eso sí, está claro que no tendrá la repercusión que tuvo el original, pues fue un punto de inflexión en la saga, mientras el remake es "solo" un lavado de cara. Pero aparentemente, un lavado de cara formidable. A ver si tengo la suerte de probarlo, aunque el tema de la dificultad a mí no es que me entusiasme precisamente xD
Markov: Bueno, se puede estar o no de acuerdo con la política de una empresa, pero si un juego te interesa de verdad, creo que eso no debería impedirte hacerte con él (aparte de que cuando hacen las cosas bien, adquirir dicho producto es una forma de premiar e incentivar dichas propuestas).
kefka: Es que me lo gasté todo, y ya con los bolsillos vacíos, pues...
. Y que yo sepa, no me "debías" nada xDD. Si al final se va a creer la gente que de verdad os tengo a todos extorsionados, o algo así
Saludos!