19 de Mayo de 2013
Abr
28

Terror al agua

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Ayer estuve apunto de continuar escribiendo, me dio un bajón de nuevo y solo de pensar en que hoy tendría que volver a relatar el tema que tanto me trastorna...

Pero bueno, todo sea por volver a recuperar el control de mi vida.

Ayer me pasé la tarde viendo la tele y hoy he ido a trabajar como otro día cualquiera. Fui con mi compañero, llamemosle Gabriel, a montar unas cuentas vallas publicitarias junto a una autopista de Madrid Sur. La altura me hizo agarrarme bien a la barandilla de la grúa un buen par de veces, pero por suerte nunca he tenido vértigo. Ojala pudiera decir lo mismo del agua. Sé nadar y por regla general nunca he tenido problemas a la hora de darme un buen par de largos pero... aquello ya es agua pasada, nunca mejor dicho...

Tengo tanto pánico a meterme en una piscina, o incluso en una ducha, que me veo obligado a utilizar barreños para lo segundo y así no sentirme agobiado o/y en peligro. Sé que es estúpido, y más impotencía me produce entenderlo, pero las cosas de la cabeza son así. Es meterme bajo el chorro de la alcachofa de la ducha y sentir un mareo y una falta de respiración...

Según mi psiquiatra es un síntoma claro de ataque de ansiedad, cosa de la que estaría totalmente de acuerdo si no fuera porque me recetó algunas pastillas contra ello... y siguen dándome cada vez que me meto en la ducha; eso sí, duermo fenomenal por las noches. Al menos el sistema de utilizar un barreño me facilita un poco la vida y hacerme los recuerdos menos amargos.

 Supongo que ya que he hablado de mi fobia a las grandes cantidades de agua, las que pueden llegar a cubrirme y en las que puedo caerme y ahogarme, asi que debería ir iniciando el relato sobre como empezó todo.

Me he informado y efectivamente, parece ser que es beneficioso contar anonimamente a otras personas los problemas de uno mismo. Yo aún no he notado ninguna mejoria, pero claro... solo es mi segunda vez escribiendo esto. ¿Quién sabe si al final resulta que estas chorradas sirven de algo?

En fin... creo que se nota demasiado que intento atrasar el momento de empezar con lo importante asi que... le sacaré huevos y empezaré a escribir, aunque sea solo una pequeña parte; prefiero hacerlo poco a poco para no agobiarme al remover la mierda.

Mis problemas comenzaron hace casi ocho años. Sí, lo sé, fue hace mucho. Llevo desde entonces con el problema que tengo hacia el agua y mi repentina obsesión por no relacionarme con prácticamente nadie. Solo lo hago si es necesario; como con mi compañero Gabriel, al fin y al cabo es el que me mantiene seguro dentro de la grúa todos los días.

Bueno, a lo que iba. Vivía junto a mis padres en Santa Eugenia, un barrio del extrarradio de Madrid; muy cerca de Conde de casal. Algunos lo conocerán por ser una parada de Renfe y estar pegado a Vallecas, otros se acordarán de que allí explotó una de las bombas de los atentados del 11M.  Pues bien, fue poco después. La gente continuaba dándole vueltas al tema pero en mayor parte todos hacíamos vida normal, que otra cosa podíamos hacer. 

La temporada que estaba llevando no era muy buena, pensaba dejar los estudios pero tampoco encontraba nada que me pudiera servir para trabajar e iniciar un oficio; algo que mi padre se ha empeñado toda la vida en recordarme.  

Mientras pensaba en ello me dedicaba a dar vueltas continuamente por la zona. Recuerdo que al principio me sentaba en un banco y me pasaba horas dándole vueltas a que podía hacer con mi vida, estaba jodidamente perdido y mis pocos amigos tampoco ayudaban; muy ocupados con sus estudios y sus ciclos de FP.

Una tarde de esas, no recuerdo cuanto tiempo después de empezar a dar vueltas para despejarme, pues el piso en el que vivía aportaba un ambiente demasiado denso e incomodo debido a mi situación, conocí a cierta persona. Me duele tener que cambiarle el nombre pero no debo caer en temas peliagudos y legales, y a los demás tampoco creo que les importe. Su nombre era, digamos, Elisabeth; Eli para los amigos.

Era una tía maravillosa. Cada vez que me acuerdo de como nos encontramos dibujo una sonrisa en mi cara, antes de acordarme de lo demás y acabar deprimido. Me gustaría hablaros de ella, a fin de cuentas es la clave de todo esto... pero quiero hacerlo poco a poco y en pequeñas dosis. A nadie le gusta leer biblias y aunque nadie se interese por lo que tengo que decir sigo sintiendo la necesidad de hacerlo lo más accesible posible; y que queréis que os diga, me resulta muy cansado, mentalmente hablando, escribir este tipo de cosas. 

 

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2 Comentarios:

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Brrrrrrr, fobias, muchas

Brrrrrrr, fobias, muchas personas las padecemos, ha pesar de ser completos deconocidos puedo confiarles que la mia en particular es ha la de las agujas... el simple hecho de pensar como ese frio metal agudo puede atravesarme me pone de nervios brutalmente.

Tambien le tengo panico a las armas de fuego y eso se debe a que de pequeño me amenazaron con una poniendomela en mi frente... mmm es la primera vez que digo estas cosas a los demas.

Saludos compañero.