18 de Junio de 2013
Sep
17

Chouza ayudó a la literatura - Circus

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El cielo azul marino nocturno de Kent se veía salpicado aquella noche por titilantes estrellas que eran como puntadas de hilo plateado en la tela celestial que se doblaba y plegaba sobre sí misma y que de no ser por un botón de color marfil en fase creciente se hubiera deshecho en cientos de harapos de tonalidades azules. Los niños conversaban en un murmullo de casa a casa sentados en los alféizares de las ventanas. Sus rostros se iluminaban intermitentemente con la luz quejumbrosa de las velas moribundas que la mayoría sostenían en un platito de metal dorado. En la otra mano todos agarraban, incluso algunos apretaban contra el corazón, unos pequeños trozos rectangulares de cartulina finamente grabados con información y dibujos delicados de acróbatas. Todo el mundo en Kent estaba ilusionado ante la inminente llegada del Gran Circo Dunkle Lächeln. Los brillantes ojos infantiles vigilaban la tortuosa senda de entrada al pueblo con la esperanza de que, en cualquier momento, apareciera el circo ambulante.

Ya avanzada la noche, cuando el cielo empezaba a teñirse de color rosa, gran parte de los trasnochadores no aguantó el peso de los párpados, que se resistían a separarse de su abrazo una vez cerrados, ni la falta de conversación y poco a poco huyeron en retirada a resguardarse en la calidez de sus camas. Los más afortunados tenían hermanos pequeños a los que poder aferrarse y arrebatarles el calor. La llegada del Gran Circo estaba fijada para esa mañana según los carteles que no dejaban hueco en ninguna pared del pueblo. Hasta había colgados de algunos techos un par de ellos. Poco a poco Kent se fue levantando. Los despertadores del alba sonaban puntuales. Pronto las calles se llenaron de olor a pastel de manzana, ternera asada, guiso de pato, patatas, guisantes… Se daban los últimos retoques para la bienvenida. Cordeles de colores colgaban de balcón en balcón, la buena ropa esperaba planchada y perfumada a cada habitante, se habían cortado las malas hierbas de los jardines, podado árboles y flores ornamentalmente y se había limpiado cada recoveco, rincón o esquina del pueblo.

A media mañana risas y conversaciones se agolpaban en cada calle. En la plaza algunos ancianos veían jugar a los niños bajo la sombra de los árboles. Un hombre tocaba la flauta. Todo esto sucedía bajo un cielo color amarillo pastel decorado con unas nubes grises. Las gotas de lluvia se precipitaron contras los tejados, los adoquines, las fachadas, las ventanas y contra las cabezas de los que no corrían a resguardarse. El olor a hierba y a tierra mojada flotaba en el ambiente acribillado por miles de balas de agua acompañado por el olor de la corteza húmeda, las manzanas maduras, las vacas, las gallinas, las flores y el poco perceptible olor a miel proveniente de las colmenas. La gente seguía yendo a las tiendas a comprar cosas de última hora o a charlar con los vecinos bajo paraguas poco diferentes unos de otros. Los debían de haber comprado todos en la misma tienda… La gran campana de bronce de la iglesia retumbó gravemente a las cuatro de la tarde, aunque su sonido pronto se vio engullido por el de la constante lluvia que caía sobre Kent.

El repiqueteo incesante adormecía a los trabajadores del Gran Circo Dunkle Lächeln. El circo ambulante contaba en sus filas con dos elefantes indios, un elefante africano, una tigresa blanca, una familia de cinco monos, un presentador, tres domadores, un funambulista, cuatro caballos que junto a los elefantes tiraban de la comitiva, dos conductores que se turnaban y dos acróbatas que a su vez hacían las funciones de payaso. En una de las carretas sumida en la oscuridad, pues ya la noche extendía su manto, una ciruela negra era mordida por unos dientes blancos y ligeramente felinos. Por el ventanuco se colaba la poca luz de la luna que lograba traspasar las ramas de los árboles que azotaban el lateral de la carreta y que la noche anterior habían contemplado mecerse por el viento los niños del pueblo.



Misha era una de las acróbatas (que también hacía de payasa). De padre alemán y madre japonesa siempre fue criada bajo una gran disciplina, que no dura. Su pelo negro como la tinta le llegaba solamente al cuello y caía liso, como si en cada punta hubiera una gotita de una materia oscura y densa. Tenía el flequillo cortado todo a la misma altura y de lo alto de la nuca nacían los dos picos que pendían centímetros por encima de las clavículas. A cada ligero movimiento el pelo parecía moverse segundos después, como ralentizado por la belleza y cuando lo surcaba con sus pequeñas y blancas manos, como el resto de su cuerpo, parecía colarse entres los dedos como si fuera agua. Tenía los ojos grandes y profundos como un lago de petróleo. Sus orejas eran pequeñas y levemente puntiagudas. Su nariz, en cambio, era redondeada, hermosa. Húmedos se encontraban sus labios color atardecer…

Allí estaba. Con diecisiete años. Las piernas cruzadas y la espalda contra la pared de madera. Vestía una camisa de manga corta muy ancha y unos pantalones largos y abombados color rojo burdeos que tenían una goma en los tobillos. Los pies descalzos, nunca se calzaba. Aún así, éstos eran suaves como todo su cuerpo ya que siempre se los frotaba y masajeaba antes de dormir con cremas y zumo de fruta. Sus padres habían muerto al poco de que naciera. Durante dos años vivió en casa de su tía hasta que cierto día un señor le ofreció la oportunidad de recorrer el mundo a cambio de que trabajara en su circo. Su tía se negó. En realidad poco le importaba… Desde aquel día había recorrido Alemania, Austria, Suiza y Francia. Ahora estaba en Gran Bretaña, a punto de llegar a Kent. De repente la carreta giró a la derecha y abandonó el camino de tierra para encontrarse con toscos unos adoquines de granito que la hacían rebotar sobre el pavimento y sacudirse de lado a lado constantemente. La lluvia amainó hasta el punto de no sentirse. Allá, a unos trescientos metros, unas fantasmagóricas luces de farolas y lo que parecían hormigas, esperaban a Misha y al resto del Gran Circo Dunkle Lächeln.

Bocas abiertas, ojos brillantes, gritos y murmullos recibieron a la comitiva. Explotó la pólvora y tras los árboles surgieron como flechas luminosas los fuegos artificiales. Silbaban en la noche e irrumpían en la bóveda celeste como balas de cañón. El pueblo entero avanzaba rodeando al circo. Golpeaban las carretas, algunos metían los brazos en las jaulas… Parecían rémoras bajo las aletas de una manta. Ya el hechizo del circo flotaba sobre sus cabezas. Misha observaba sonriente como cantaban y bailaban desde el ventanuco. Subieron una pequeña cuesta y se detuvieron en el centro de una pequeña colina rodeada de unos árboles altos y viejos. Habían casetas montadas en las que se vendían diversos productos, comida, telas, ropa… Decenas de mesas y bancos delante de los puestos servían como lugar de entretenimiento a los más mayores, que jugaban al dominó y a las cartas, bebían cerveza y reían. Los niños y jóvenes miraban entre juegos como poco a poco la carpa de color azul marino y blanco marfil cogía forma alzándose hacia las estrellas. Se levantaba alrededor del mástil y caía en todas direcciones apoyándose en postes más pequeños para finalmente arrugarse contra el suelo.

A la mañana siguiente se dio por inaugurada la feria anual de Kent. A lo largo del mediodía y de la tarde gente de las regiones cercanas se fue acercando. Algunos músicos tocaban canciones alegres, bailarinas vestidas con lentejuelas las bailaban. Los mimos aguantaban las bromas. Todo era lo normal en ese tipo de ferias; carreras de caballos, algodón de azúcar… La cola se extendía desde la entrada de la carpa como un dragón multicolor hasta casi la mismísima entrada del pueblo. Las gradas se llenaban a medida que la gente entraba. Pasadas dos horas no cabía ni un alfiler. Un calor pesado y agobiante se apoderó del lugar. Gotas de sudor recorrían la piel de los presentes. Los focos se apagaron. Apenas entraba una tenue luz desde el exterior. Un murmullo recorrió como la marea las gradas. Uno de los focos se encendió apuntando al techo. Misha bajaba delicada por un trozo de tela rojo carmín. Sus desnudos pies tocaron la tarima y, tras una reverencia, entró el presentador, que al ritmo de la música fue llevando la gala. Tenía una voz grave, una voz de alguien que hubiera trabajado toda su vida desgarrándose la garganta.

La noche fue inolvidable. Vibró la gente al ver a la tigresa saltando por aros de fuego y mostrándose dócil ante el látigo de cuero de su domador, rió con la familia de monos que saltaban de aquí para allá, montaban en monociclo y hacían malabares con botellas llenas de mitad ron y mitad vapor del líquido mantuvo la respiración con el funambulista que a treinta metros sobre el suelo caminaba sobre una cuerda que cada vez que levantaba un pie desprendía partículas de polvo e hilo. Pero sin duda lo que más impresionó al público fueron los tres elefantes. Las tres bestias se elevaban sobre sus patas traseras. En los pliegues de su piel azul y marrón tintineaban lentejuelas y cascabeles. Llegó el momento de los acróbatas; Lou y Misha. Sobrevolaron las cabezas de los espectadores danzando en el aire, soltándose, agarrándose, sonriendo…

Bajaron al suelo. Se inclinaron para saludar agarrados de la mano. Al incorporarse Misha dejó de sentir la mano de Lou. Lou era una de esas personas que aunque estuvieras a veinte metros de distancia notabas su presencia… No había nadie, sólo un niño de unos siete años sentado enfrente de ella. Se acercó a él. Estaba guapa como siempre. La cara pintada de blanco al igual que todo el cuerpo, dos estrellas negras pintadas que tenían como centro a los ojos, los labios pintados de un color azul oscuro y brillante. Tenía puestos unos pantalones acolchados que le llegaban hasta debajo de las rodillas del mismo color que sus labios, una camisa blanca arremangada, un trozo de tela rojo en la cintura y un guante negro en la mano izquierda. Los pies de Misha empezaron a caminar dejando tras de sí columnas de polvo en suspensión…

Iru, que así se llamaba el niño, estaba sentado en la primera fila. Tenía los pies cruzados y los dedos de las manos entrelazados. Llevaba puestos unos zapatos acharolados de color negro y punta redonda sin atar, unos calcetines de media caña bajados hasta los tobillos, un pantalón corto azul marino, una camisa blanca y un chaleco también azul marino. El pelo perfectamente peinado con la raya a un lado. Tenía los ojos cerrados y silbaba una alegre melodía inflando los cachetes. A su lado había un pequeño saco de tela.

Misha se paró delante de él. Dos segundos más tarde llegó su pelo… Una fragancia penetró en ella embriagándola con una dulzura y una frescura que nunca antes había sentido. Se sentó al lado de Iru. Pasados unos diez minutos Iru dejó de silbar y abrió sus ojos verdes como una hoja. Sacó dos ciruelas del saco y le ofreció una a Misha. Empezó a hablar muy bajito.

Kent siempre ha sido un pueblo muy supersticioso y místico. El folclore es denso, complejo y amplio por aquí. Cientos de leyendas cantadas, escritas y habladas durante generaciones. Un aura mágica que acompaña a los niños y niñas desde antes de su nacimiento hasta que ven crecer las flores desde abajo. Criaturas extrañas que habitan en el bosque, tripulaciones de piratas que perecieron en las costas cercanas y que por las noches vagan riendo con sus voces gastadas por las playas, hacen hogueras, bailan… Espíritus de personas que escapan de sus tumbas…Nunca creí demasiado en esas historias. Pero una en concreto me extrañaba y la sentía más real, cercana, casi palpable. Se trata de “La leyenda de los marcados por La Luna”.

“Dos personas se encontrarán. Se parará el tiempo. Dejarán de existir los demás. A partir de ese momento sus vidas quedarán unidas irremediablemente. Viajarán juntos haciendo feliz a la humanidad. Nadie conseguirá llenar el corazón de ninguna de las dos como se lo llenarán la una a la otra… No se sentirán desconocidos, no deben sentirse desconocidos… Serán hermanos. Serán hijos de La Luna.”

Partió el circo. Atrás quedaba Kent; la pequeña colina rodeada de árboles altos y viejos, la cuesta, las calles empedradas, las ventanas abiertas por las que se despedían los niños que la noche anterior habían hecho vigilia en ellas, los carteles, el hombre que tocaba la flauta en la plaza del pueblo, la buena ropa que ya esperaba en el armario otra ocasión, el olor a comida, a tierra húmeda y a hierba, los paraguas casi iguales… Todo se perdía…

Las ramas de los árboles azotaban el lateral de la carreta. La luz del mediodía entraba por el ventanuco y dibujaba sombras de hojas en los cuerpos de Iru y Misha. Tenían los ojos cerrados. Silbaban entre los dos la canción que la madre de La Luna le había enseñado a Ojos color naturaleza haciéndola más hermosa aún. Estaban sentados con la espalda contra la pared y se agarraban las manos. Iru tenía en su mano derecha el trozo de luna que le faltaba a Misha… 
 

 
 
Hasta ahí Circus.
 
Sinceramente, es un placer haber participado en esta iniciativa llevada a cabo por Desmodius, pero ha sido un placer aún mayor haber recibido esta colaboración por parte de Chouza, el que para mi opinión es un genial escritor.
 
Quiero pedir perdón al autor del relato por el retraso que sufrió su publicación, pero es que tuve una semana muy ajetreada que me impidió colgarlo antes. También, a pedido de Chouza, quiero darle un agradecimiento especial a Misha Wink.
 
Y ahora, un aviso. Lamentablemente, el relato que yo escribí para el concurrso no podrá ser publicado debido a que la persona a quien debía enviárselo (Ilink) ha sido expulsada definitivamente. Así que Desmodius me ha asignado a una nueva persona para darle el relato (que no diré quien es). Así que estad atentos Wink.
 
Ahora sí, saludos gamefilia!! Y dejen comentarios Very Happy.
 
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6 Comentarios:

Medalla

Y no digo mucho mas porque son la 1 y 15 y estoy muerto de sueño :S

 

Esto es una entrada literaria con todas las de la ley ¡He Dicho! (Otorgable por LoganKeller, RikkuInTheMiddle, In_Anywhere o Shaiyia)
(Pincha para Informarte de como conseguir este reconocimiento)

¿ILink expulsado de GAMEFILIA?

Me acabo de enterar ¿por qué han expulsado a ILink?

@Invitado

 No tengo idea @.@!!! Sólo sé que hoy me fijé en su perfil para ver por qué no había publicado mi relato y me saltó el cartelito de EXPULSADO.

 En fin. Hablaré con Desmo para ver si puedo donar mi relato a alguien más. y sino, pes haré lo que ya había dicho.

@fabrimuch

Habiendo platicado la solución de tu problema, espero que podamos ver tu relato pronto, Fabri. Cuando terminé de leer "Sangre Fresca", colaboración que Chouza me envió hace mese y no he podido publicar por problemas personales, descubrí su gran talento literario. Leeré este texto con calma el fin de semana, gracias a los dos por participar; la medalla de la iniciativa (para los dos):

Medalla

Saludos,
Desmodius.

Circus ^^

Pues por fin me paso por aquí (perdón por no haberlo hecho antes). Muchísimas gracias por poner la entrada con todas las peticiones que te dije. Un placer para mí también colaborar en esta iniciativa y mucho más hacerlo en un blog por el que no me paso mucho, pero que de vez en cuando me gusta visitar.

La idea del relato tardó en llegarme, prueba de ello es que le cambié hasta tres veces el final. Lo primero que tenía claro como tenía que ser era la protagonista; Misha. Luego el circo y las demás cosas fueron viniendo lentamente. Siempre que escribo me gusta introducir pequeñas referencias a mi vida, a frases, canciones, otros libros, etc. Así Misha es el "apodo" de alguien importante para mí; Kent (Inglaterra) es un pueblo a donde se mudó hace poco un gran amigo mío; Dunkle Lächeln viene a significar algo así como "Sonrisa Oscura" en alemán; Iru (me parece) significa "tres" en vasco... pero no estoy nada seguro... y más cosas así que no recuerdo ahora...

Gracias a Logan y a Desmodius por las medallas. ^^ A ver si se pasa alguien más por aquí...

Saludos.

PD: No, no me di cuenta de lo que cambiaste LMAO.

PD2: Si, el dibujo es mío. Es de una fotografía que hizo Misha precisamente, de ahí las gracias a ella.

Gracias

Oye, te agradezco que te sigas pasando por mi blog y por apuntar a la falta de una de las imagenes. Ya la coloqué donde debe ir. Ahora, una pregunta... ¿Cuándo vas a actualizar tu blog?