20 de Septiembre de 2018
Ago
15

El Origen by Desmodius - Capítulo 2: "Profecía"

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Bienvenidos a otra espectacular colaboración por parte de Desmodius.

Ésta vez, continuando con la historia de El Origen, seremos testigos del comienzo del viaje de Abel. Pruebas, desafíos y contratiempos se interponen con su destino. ¿Será capaz de superarlos? ¿O caerá en el olvido, al igual que el resto de guerreros que desean la gloria y la fama para sí mismos? Leed y comprovadlo vosotros mismos (rima Very Happy).


 

El Origen

Capítulo II
Profecía

Había transcurrido cerca de tres semanas desde que Abel había abandonado el resguardo de su pueblo; pese a sus numerosas precauciones, en un par de ocasiones había sido detenido e interrogado, pero su disfraz le había bastado para eludir a los guardias demoníacos y continuar con su andanza.

En todo ese tiempo, las palabras que había dicho aquella misteriosa joven en sus sueños habían invadido por completo sus pensamientos, las repetía para sí mismo en todo momento. ¿Tendría ella las respuestas a sus tormentos? ¿Conocería la verdad sobre su pasado? ¿Era realmente su destino enfrentar a Ayperos? Tales dudas agobiaban al demonio en su viaje.

Durante sus diversas incursiones en tabernas y posadas, había escuchado numerosas noticias sobre el caos sembrado por Ayperos y sus legiones; parecía que el demonio había logrado aliarse con otros comandantes y su poderío era devastador. Afortunadamente, su asedio se concentraba en un lejano reino de occidente.

Las noches eran crueles para Abel bajo el frío manto de la noche y el constante acecho de las feroces criaturas de la oscuridad. La única vez que el joven viajero había decidido resguardarse en una posada, se vio forzado a huir furtivamente a medianoche, perdiendo la mitad de sus provisiones, a causa de la sorpresiva llegada de algunos guardias demoníacos.

Conforme el tiempo avanzaba, el otoño azotaba con mayor intensidad los paisajes que Abel recorría. El Sol se ocultaba más frecuentemente tras espesas nubes, mientras el joven demonio marchaba a través de caminos cubiertos por follaje amarronado.

Al llegar a una pequeña aldea protegida por altos árboles desnudos, Abel se acercó a una pequeña posada para descansar un momento antes de proseguir su recorrido; el demonio se dispuso a abastecerse de víveres suficientes para los siguientes días, pero las pocas monedas de oro que le quedaban no le eran suficientes.

El impetuoso viento de la tarde hacía que Abel pensara en diversas soluciones para sus predicamentos, hasta que oyó la lejana conversación de otros dos viajeros, ataviados con pesadas armaduras de guerra y diversas armas.

-…No, claro que no. Si lo hacemos así tendríamos que perder parte de la recompensa.- decía un hombre de baja estatura, corpulento y con diversas cicatrices en el rostro.
-Pero esta aldea ha sufrido durante tanto tiempo, si contratamos a esos mercenarios lo lograríamos sin duda.- le respondió un hombre de estatura media, más corpulento que su amigo, pelirrojo y con gesto adusto.
-¡Sólo son tres mil...! -bajó un poco la voz, pero Abel seguía escuchándolos- sólo son tres mil monedas de oro y los mercenarios nos piden más de mil por sus servicios.
-Dos mil monedas de oro y una aldea segura no son suficiente recompensa, ¿eh?
-Como sea, ellos nos piden el pago por adelantado y no tenemos…

Con un gesto, uno de los dos viajeros le indicó al otro que Abel los estaba observando y ambos decidieron marcharse del sitio sin decir una palabra más. El demonio lamentó no enterarse del resto de la historia, ya que esa recompensa le hubiera servido de sobremanera en su viaje al norte.

Abel se acercó silenciosamente al dueño del lugar y aspiró profundamente antes de suavizar su voz:

-Oiga, soy nuevo en este lugar, me dirijo al norte; pero ya no tengo dinero. Escuché a dos tipos hablando sobre una buena recompensa por hacer algo peligroso, ¿sabe usted de qué se trata?
-Claro, forastero, en unas cuevas al norte de aquí habita una peligrosa criatura que ha destruido varios pueblos en los alrededores. Por las noches, abandona su guarida y ataca ferozmente a todo pueblo que encuentra su paso; lo llamamos “Eriagnea”. Por ahora está empeñada en traspasar los muros de Dakhoris, la ciudad al noreste de aquí; le han dado batalla durante una semana, pero el monstruo es demasiado poderoso para vencerlo, así que el rey ha ofrecido una recompensa de tres mil monedas de oro a quien lo derrote y lleve su cadáver ante él.
-Suena muy interesante.
-¿Interesante? ¡Es una locura! No creo que alguien esté lo suficientemente loco como para poder arriesgar su vida por tan poco dinero. De todas formas, Dakhoris caerá muy pronto.
-No si yo puedo evitarlo, gracias por la información.

El joven demonio había tomado la decisión de vencer a aquella criatura y así ayudar a las ciudades que eran asediadas; claro, sin despreciar la recompensa que se ofrecía por su cadáver. Tomó el último sorbo de hidromiel de su copa y se dispuso a buscar a aquella criatura antes del anochecer, ya que el monstruo tendría ventaja en la oscuridad.

Estaba convencido de que podría vencer a aquella bestia sin grandes dificultades, su actitud heroica había incrementado notablemente en los últimos días. Derrotar a Eriagnea sería una importante prueba para saber si sería capaz de afrontar los retos que el destino le deparaba.

Durante un par de horas, Abel avanzó sin saber exactamente cuál era el camino indicado, sólo guiado por su instinto. Al llegar a un pequeño claro entre los árboles, pudo divisar algunos cadáveres y evidentes signos de batalla, el ambiente estaba impregnado de la inconfundible fetidez de la muerte; el escondite de la bestia debía estar cerca.

Al avanzar entre algunos árboles, Abel observó enormes entradas a las profundas cuevas donde seguramente habitaba el monstruo que buscaba; una de ellas se hallaba marcada por diversos rastros de sangre. El demonio desenvainó su espada, recordando cómo Gerhard le había enseñado a usarla años atrás, por si algún día se hallaba en graves dificultades.

Abel empuñó con fuerza su arma y avanzó sigilosamente a través de la espesa oscuridad del túnel subterráneo. Pocos minutos después, el demonio hurgó entre las cosas que llevaba consigo y encontró una antorcha envuelta en tela; desenvolvió la antorcha y la hizo arder con unas pequeñas piedras.

El cauto demonio aguzó sus sentidos y sucedió a su fuente de luz durante varios minutos, antes de escuchar el estrepitoso sonido de cuerpos siendo devorados por una criatura aparentemente enorme; Abel dedujo que la criatura se hallaba detrás de una prominente estalagmita.

Con un ágil movimiento, el demonio rodeó el obstáculo y empuñó firmemente su espada ante su enemigo, iluminado débilmente por su antorcha… pero no había algo ahí. Abel observó velozmente a su alrededor, pero no pudo encontrar a criatura alguna; el ruido había cesado repentinamente. Un fuerte impacto en el suelo alertó al joven demonio que, sobresaltado, apuntó sus armas hacia tal sitio.

Se acercó lentamente, pero no pudo ver monstruo alguno nuevamente; lo que había causado el ruido anterior había sido un cadáver mutilado que yacía en el suelo. Abel reaccionó ante aquella escena y levantó la vista, iluminando el techo de la caverna con su antorcha.

Una enorme araña negra con afilados colmillos ensangrentados lo observaba con un gesto aterrador en aquella desfigurada cara que hizo proferir un desgarrador grito al demonio. El joven guerrero se apartó de un salto segundos antes de que Eriagnea pretendiera aplastarlo. En medio de la oscuridad, Abel estaba en completa desventaja, por lo que decidió atraer al monstruo hacia el exterior.

El veloz demonio corrió con ímpetu por el camino que recordaba, una ruta lineal, hasta vislumbrar débilmente los rayos de la luz exterior. Podía escuchar los rugidos de su cazador detrás de él, sabía que el monstruo estaba a escasos metros de poder atraparlo y devorarlo vivo.

Con un ágil y veloz movimiento, Abel se abalanzó hacia la salida del oscuro túnel; el monstruo emergió segundos después que él. A la luz del exterior, la apariencia de la enorme araña era espantosa: sus ocho patas eran largas y anchas, con algunas púas rojizas al final de cada una; sus diminutos ojos, amarillentos, transmitían un miedo irracional; su cuerpo entero era negro, salvo algunas marcas rojas cerca de su cabeza.

Abel recobró el aliento y envainó su espada nuevamente; la criatura centró toda su atención en su presa y se arrojó ferozmente hacia él. Abel se deslizó por debajo del fétido monstruo e intentó cortarle una pata, pero su espada fue incapaz de atravesar la piel de la bestia. Con diestros movimientos, Abel atacó a la invulnerable criatura sin poder herirla.

Al forcejear contra una de las patas del monstruo, Abel terminó montado sobre su deforme cabeza; el joven guerrero no dudó por un instante en atacar el posible punto débil de la bestia: sus aterradores ojos. Tomó con decisión su espada y, haciendo gala de su naturaleza demoníaca, la clavó con todas sus fuerzas en uno de los dos ojos más grandes de la enorme araña.

El monstruo rugió ferozmente de dolor mientras Abel enterraba con mayor ímpetu su espada; al sobresalir únicamente la empuñadura del arma, el intrépido demonio comenzó a mover la espada y destrozarle el cráneo a la bestia; tras un exhausto forcejeo, Eriagnea cayó vencida. Abel desenterró su espada y observó el cadáver de aquella malévola criatura.

Durante un par de horas, Abel no hizo algo más que descansar y pensar en cómo podría llevar el gigantesco cadáver de Eriagnea a la ciudad de Dakhoris. Tras hurgar nuevamente entre sus pertenencias, encontró varios cuerdas gruesas; ató a la bestia por las patas y los otros extremos de las cuerdas, a su cintura.

Cerca del anochecer, Abel pudo ver una imponente muralla con un pequeño boquete en el extremo izquierdo; Eriagnea debía haber provocado ese daño y esa noche pretendería, por fin, adentrarse en la ciudad. Al entrar por las puertas de la ciudad, fue recibido con gritos de júbilo y sonoras ovaciones. Fue ayudado y escoltado por la guardia real hasta el palacio.

En presencia del monarca, Abel desató las cuerdas que lo unían al monstruo y señaló las heridas mortales que habían causado su muerte.

-Bendito seas, noble caballero; te agradezco, en nombre de esta ciudad y mi reino completo, que hayas vencido a este abominable monstruo y nos hayas librado de su tormento. Cualquier servicio que requieras será atendido de inmediato… ¿cuál es tu nombre, osado caballero?
-Abel, mi señor, nombrado así en honor a la espada que empuño en batalla.
-Que curioso, creía que la espada llevaba el nombre de su dueño, no al revés. No dudes, Abel, que serás recompensado por esta magnífica hazaña. Por favor, acepta mi invitación al banquete real que oficiaré por la muerte de este engendro y, por supuesto, en honor a ti.
-Su Majestad, sería incapaz de rechazar tan generosa invitación.

Abel cenó espléndidamente esa noche, deleitado por los bufones y artistas al servicio del rey. Exhortado a pasar la noche en el palacio, por fin descansó plácidamente en unos lujosos aposentos. Al amanecer, el rey le entregó personalmente la recompensa al joven guerrero e insistió en su permanencia en tal lugar, asegurando que sería atendido día y noche por cualquier necesidad que presentara.

Lamentablemente, Abel se vio forzado a declinar tan dadivosa oferta y únicamente pidió un medio de transporte para avanzar de forma segura hacia el norte; el rey comprendió la negativa del joven y le ofreció uno de los mejores carruajes reales, junto con una escolta de veinte guardias. Abel no pudo negarse en aquella ocasión y partió hacia su destino en su nuevo carruaje, colmado de provisiones.

Varios días después, el joven demonio reconoció el paisaje de los alrededores, se hallaban cerca del templo blanco. Hizo señas al guardia que conducía el carruaje y la caravana entera se detuvo. Abel tomó diversas provisiones, guardando algunas debajo de su amplia armadura, y salió del carruaje; agradeció los servicios de su escolta y les dio la orden de regresar a Dakhoris, alegando que el resto del viaje sólo le correspondía a él.

Su escolta lo despidió y deseó suerte antes de marcharse de vuelta a su hogar. Abel contempló su entorno, los árboles desnudos bajo el nublado cielo de un atardecer particularmente frío anunciaban que el invierno estaba muy próximo. Una fuerte brisa le transmitió un mensaje al demonio, que reconoció de inmediato la dulce voz:

Y al derrotar al monstruo, el guerrero habrá probado su valía y su derecho a buscar las dos esencias de El Origen. Tentado por la avaricia, él demostrará que su corazón es puro y noble al rechazar los vanos tesoros de los humanos Así estaba escrito, Abel, y así se ha cumplido. Es tu profecía.

 


 

 

Hay que felicitar a Desmodius por otro capítulo tan genial de esta magnífica historia. Un final genial que nos deja con ganas de más es el broche de oro para terminar con el segundo capítulo.

Y ahora un poco de hype publicitario, ya que aquí les mostraré la portada del PDF de la historia:

http://i149.photobucket.com/albums/s62/Galford1/Otros/ElOrigen-Portada.png

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Dream Avatar ¡Qué capítulo tan genial! ¿No Devil?

....

Dream Avatar ¿Devil?...

Dream Avatar ¡Se supone que soy malvado, no un héroe!

5
Valoración media: 5 (4 votos)

7 Comentarios:

.,.,.,.,.,

Muy muy bueno , ya me tienes enganxao

Estupendo

Una magnífica presentación, amigo. Aunque aquí repito lo que te dije por MP, el capítulo quedó más extenso de lo que deseaba; espero que pueda redactar el tercero de forma más concentrada, sin rebasar las 1800 palabras. Veré qué puedo hacer con la portada respecto a lo que me comentaste.

Saludos,
Desmodius.

keep that way on semper

keep that way on

semper fi

SC 

Excelente

Muy bueno el capítulo. Veremos qué más nos tiene el buen Desmo bajo la manga

Vaya, vaya,que sorpresas

Vaya, vaya,que sorpresas guarda nuestro protagonista... empieza muy fuerte ante enmigos de ese talante :D

Veremos que ocurre...

PD - fabri si me aceptas un consejo, al principio de los nuevos capitulos deberias poner los capitulos anteriores para facilitar la lectura :)

Excelente combate, me ha

Excelente combate, me ha encantado eso de que la profecía se vaya desarrollando y aclarando por capítulos. Una historia muy narrativa y descriptiva, casi como un cuento... hasta me he imaginado dibujando la eacena de Abel sobre la araña (ambos, demonio y espada XD )... si me hubieras cogido con unos años menos y con menos preocupaciones para tener tiempo para hacerlo podría haber salido algo muy lindo de esto... la historia es bastante interesante y engancha... ^^

Me sigue enganchando tu historia.

Saludos amigo Desmo.

He de decirte que me está entreteniendo mucho la narración que nos brindas en éste blog pese a que la falta de tiempo me impide leerlo con mayor rapidez.

No se como sigue pero si el personaje sigue superando pruebas así podríamos hablar de un símil con Hércules Very Happy