El electroduende
El mundo del ocio electrónico visto a través de la mirada de un duende...
Allí estaba yo, cual mosca cojonera, pegado a la derecha de mi amigo. Mis ojos se movían en sus cuencas a una velocidad pasmosa, de arriba abajo y viceversa, intentando grabar cada segundo en mi cabeza, intentando memorizar cada detalle. Porque por aquel entonces, una vida era muy importante, mucho más que ahora, ya que el precio de la vida rondaba… las 25 pesetas.
Si, lo reconozco, yo viví aquella época en la que algunas monedas aun tenían grabadas la silueta de Franco, y en la que cuando te hacías un chichón en la frente venía tu abuela y te apretaba tan fuerte una de estas monedas sobre la zona hinchada, que al final se te quedaba grabado en relieve el perfil del Rey o del Generalísimo. El chichón desaparecía, por supuesto, aunque no sé si por el susto de ver la cara de loca que ponía mi abuela mientras corría sin dentadura hacía mí moneda en mano, o porqué de tanto apretar me metía el chichón para adentro en vez de dejarlo hacía afuera. Y es que por lo visto ella no sabía de la existencia del hielo, aunque ni falta que le hacía, porque aquello realmente le funcionaba.
El caso es que con cuatro monedas de esas yo ya tenía para jugar a las recreativas, por lo que no era de extrañar que me golpeara la cabeza un par de veces entre semana (que le íbamos a hacer, es que siempre he sido muy torpe). Luego, quedaba con mis amigos y nos íbamos a las boleras, unos antros de mala muerte llenos de mesas de billar y alguna que otra máquina, donde estaba mal visto que niños como nosotros entraran. Pero allí estábamos, sorteando quién sería el primero en jugar, y mientras todos rezaban que les tocara a ellos, yo lo hacía por quedarme el último.
La causa de esto viene de los extraordinarios reflejos con los que he sido dotado desde el día de mi nacimiento, ya que si el sentido arácnido de Spiderman se debía a la picadura de una araña, la lentitud de los míos se debe a la mordedura sin duda de una mosca Tse-Tsé, esas que te contagian la enfermedad del sueño. Así que si por algún casual me tocaba ser el primero, yo era carne de cañón, y el protagonista moría a los dos minutos de juego porque las máquinas de antes no se andaban con chiquitas. Me rio yo de los niveles de dificultad del tipo Modo Superviviente, Modo Extremo, Modo Dios, Modo Salvaje, Modo Desafío, Modo Quetedén o Modo Pacagarseporpatas. Los niveles de dificultad no existían, eran un mito, y nada más empezar a desplazarte hacía la derecha aparecían siete disparos que iban directos a tu cabeza (si, todos los protagonistas iban a buscar al malo de turno siempre a la derecha, y no, no era porque los malos estaban afiliados al PP). Por suerte, las balas podían ser esquivadas, ya que eran más grandes que los implantes mamarios de Pamela Anderson y se desplazaban más lento que el coche de Fernando Alonso en su segunda etapa con Renault (si, siento tener que abriros los ojos pero Max Payne no inventó el tiempo bala, antes venía incorporado por defecto en todos los juegos árcade).
Así que, como decía en un principio, allí estaba yo cual mosca cojonera, archivando en décimas de segundos más datos que el robot de la peli ‘Cortocircuito’, como el número de enemigos en pantalla, la zona en la que aparecían, el número de impactos para ser derrotados, forma de esquivar los proyectiles, tiempo que quedaba para la merienda, etc. De esta forma, cuando llegaba mi turno, tras introducir una moneda en contestación al mensaje de ‘Insert Coin’, mi mente comenzaba a reproducir en mi cabeza todo lo visto anteriormente y mis manos se comportaban como un autómata hasta que lograba alcanzar un punto en el que nadie había estado antes, y no me refiero al Karma, me refiero a un nuevo nivel. A partir de ese momento, ante la mirada atónita de mis amigos y sus bocas abiertas llenas de asombro, la vida de mi personaje quedaba en manos de la diosa fortuna.
Y no hay dolor más grande y más profundo en esta vida llena de sprites (me refiero a los gráficos y no a los refrescos) que la de ver aparecer en pantalla la frase ‘Continue?’. Entonces no hacía falta saber idiomas para darse cuenta que lo que había pasado a mejor vida era tu moneda y no quedaba otra que volver a insertar una nueva si uno quería reiniciar la fase, por lo que la vida de tu protagonista siempre era directamente proporcional al número de monedas guardadas en el bolsillo. En eso si que son realistas las recreativas, porque la probabilidad de seguir con vida depende en gran medida del nivel de riqueza.
Y es que antes de aparecer Nintendo, los programadores de videojuegos creían que los ‘casuales’ eran los que entraban a jugar a las boleras sin llevar monedas sueltas y tenían que solicitar cambio, por lo que los juegos estaban basados en una célebre serie de televisión llamada ‘Fama’ y que decía: “Queréis la fama. Pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar”. Porque estar entre las diez mejores puntuaciones costaba sangre, sudor, parte del dinero ahorrado para tus estudios y el gasto de casi toda la herencia familiar. Todo esto para poder poner tus iníciales. ¡Iníciales!, ¡tanto esfuerzo y sufrimiento para que sólo te dejaran escribir tres letras!.
- ¡Mirad!, ¿veis ese tercer puesto con 3.567.832 puntos?. Pues ese soy yo, ALB, Andrés Loira Barrero.
- ¡Pero que dices!, si esa la hice yo el otro día, ALB es de Antonio Lotina Buenafuente.
- ¡Pero de que vais!, ¡si esa puntuación es mía!. ¡Si ALB viene de Alberto!.
Pero había una cosa peor que te quitaran la vida poco antes de acabar con el jefe final, peor que no insertar la moneda antes de los diez segundos que duraba el ‘Continue?’ en pantalla, y era… acabar el juego. Terminar uno de aquellos juegos era una experiencia en muchas ocasiones traumática, porque después de haberte arrastrado por pantanos, ciénagas, volcanes, planetas, cavernas y bosques, de haberte enfrentado a dragones, extraterrestres, malvados y mutantes, y de haber rescatado a la doncella, novia, mujer o amiga de turno, lo único que hacían aquellas estúpidas máquinas era mostrar un frio y distante mensaje de ‘congratulations!’. Y al no ver ni un modesto gesto de agradecimiento por parte de la rescatada en pantalla (con o sin lengua), presa de tu frustración gritabas:
- ¿’Congra’ que?. ¡Joder!, ¡con todo lo que he hecho ME tendrían que estar besando el culo!.
A lo cual la recreativa te respondía poniendo la misma musiquilla del principio y mostrándote un listado llamado ‘Credits’ de todas las personas a las que TU deberías besar el culo por haber creado semejante juego para tu ocio y esparcimiento.
Así que cuando os jactéis de jugar en el modo de dificultad más elevada, cuando grabéis la partida a mitad de una fase, o cuando os paséis diez minutos visionando el video final de un juego, recordad la de chichones que costaba poder tener una vida de la de antes.
¡SALUDOS ELECTRIZANTES!
El mundo del ocio electrónico visto a través de la mirada de un duende...

8 Comentarios:
Dios, que bueno me ha
2 de Septiembre de 2008 • 00:26 — maitenenaDios, que bueno
me ha encantado. Yo tengo bastante poca edad, y solo he podido jugar unas cuantas veces a las máquinas que tú dices. Pero me identifico totalmente. Como jodía el que te mataran y tuvieras 10 segundos para meter otra moneda...Menos mal que era muy pequeña y no entendía que si no me gasto toda la paga en un juego que te dice congratulations al terminarlo después de 5 horas seguidas
.
Cada vez que guarde una partida a mitad de una fase, me acordaré de ti.
¿Si digo que eso me está
2 de Septiembre de 2008 • 01:43 — M4rk09¿Si digo que eso me está pasando a mí ahora os reireis o qué?
Pues si, la recreativa en cuestión, Silent Hill The Arcade...
- ...
- ...
- ¿¡WTF!?
- Qué si coño, Silent Hill The Arcade. Siempre qué quedamos unos amigos para ir a jugar a las "recres" de ahora en un centro comercial, nos viciamos a ese juego. Y no es que sea difícil, ¡es que nunca nos da tiempo de acabarlo! Que si tenemos que ir a comer, que si la sesión del cine va a empezar, pero nosotros seguimos echándole. Tengo curiosidad pues el argumento de la "recre" me mola. Tiene minuciosas conexiones con el resto de juegos de la saga y es gracioso. Yo que sé, a esa máquina se la tengo yo jurada
!
Un saludo y excelente crónica/tema, me he reído mucho, como siempre tu y tus entradas! Un saludo!!
Descacharrante
2 de Septiembre de 2008 • 03:48 — MarkovEscelente, que anécdotas tán divertidas, 5 estrellas.
Recuerdo que en mi entrada sobre "Atisbo al pasado: Strider", cómo introducción invente un micro relato acerca de una persona en su primer día, en adentrarse al mundo variopinto de los videojuegos en arcadías.
¿ Así qué también eres de la vieja escuela? ¿ Eh? Saludos colega.
Aquí otro de la quinta de
2 de Septiembre de 2008 • 12:53 — LoganKellerAquí otro de la quinta de los recreativos que se dejaba parte de la paga en el Fatal Fury xDDD
PD: Esta parte :"si el sentido arácnido de Spiderman se debía a la picadura de una araña, la lentitud de los míos se debe a la mordedura sin duda de una mosca Tse-Tsé" me ha matao xD
Ten en cuenta que cada
2 de Septiembre de 2008 • 13:01 — Ellolo17Ten en cuenta que cada epoca tuvo su amuleto sagrado...
Con los paganos europeos podrian decirse bastantes relacionados con la fertilidad y con la cosecha/caza. Como el quemar al hombre de paja.
En la epoca de las monedas con la cara de franco, ese era un amuleto de gran poder que hacia que los chichones desapareciesen al igual que otras enfermedades.
Se dice que si pones una de esas en la boca de un muerto cuando lo entierras este se lo da a un tipo con una barca que hay al otro lado para que le lleve sano y salvo al magico lugar donde estan Jesus Gil, Franco, Hitler, el Che, Walt Disney, Elvis y varios alienigenas grises jugando a las cartas.
Un saludo.
Eran otros tiempos...
2 de Septiembre de 2008 • 13:39 — RikkuInTheMiddleEntonces te podías encontrar en una misma sala a Shinobi, OutRun, Willow, Golden Axe, Double Dragon, Los Simpsons (Simpsons??!!!). Ahora casi todas las maquinitas se limitan a: House of the Dead (¡que hay que renovar!), House of the Dead 2, Dead of da' Haus' (la versión gangsta' de la anterior, pero aqui los zombies son pandilleros...), Time Crisis 1,2,3,4 (variedad que no falte)...
Sólo hecho de menos mi querido Lost World (juego clavadito a la pelicula donde los haya), pero lo suplo con Silent Hill Arcade, que aunque suene raro ¡innova en el genero!, aunque no pase del hospital...
Yo también soy de
2 de Septiembre de 2008 • 18:34 — ShaiyiaYo también soy de recreativas desde que era una enana, desde el mítico tetris, que todos alucinaban como una mona de mi edad partia a dolescentes hormonados hasta las orejas X-D a juegos como street fighter, en el que una moneda duraba un suspiro. Y es que la dificultad no es comparable, solo hay que jugar al original metal slug para darte cuenta que el veterano de call of duty es un paseo X-D
Yo iba mucho con mi padre y mi hermano mayor, era la única chica de la sala y al ser pequeñita y con mofletes que atraian para dar pellizcos, siempre me solian dar alguna monedita los adultos que pululaban por alli, asi que no tenía que hacerme chichones X-D
Ultimamente jugaba mucho en una sala bastante grande que habia ne un centro comercial, pero la cerraron, al igual que las salas en als que jugaba antes, poco a poco estan desapareciendo todas :(
Aquellos tiempos.
6 de Septiembre de 2008 • 12:43 — primus rainstarNada peor en la vida de un jugador de Arcades que perder una moneda por morir al poco rato de empezar a jugar. Y que los juegos de antes eran casi imposibles comparandolos con los de ahora es una verdad inmensa.
Mil aplausos y 5 estrellas.