2 de Agosto de 2014
Sep
28

Relatos videojueguiles: Dhaos, El Rey Demonio

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Dhaos, el Rey Demonio, by El_Rei_Vax

 

Hoy me siento literario, así que haré una entrada diferente ok? Espero que sus guste!

 

Según cuentan los ancianos de las aldeas, hace muchos años el mundo estaba regido por dos grandes potencias: el reino de Midgard, al norte, y el reino de Alvanista, al sur. Era la época del desarrollo mágico, gracias a las ciencias y conocimientos que los elfos entregaron a los hombres. Pero los hombres usaron esos conocimientos no para mejorar el mundo, sino para conquistarlo mediante largas guerras. Los elfos, liderados por Brambard, decidieron entonces recluirse en cierto bosque y aislarse de los humnaos, puesto que no habían demostrado ser merecedores de tal poder.

Los humanos, en su ansia de poder, jugaron su último recurso: los hijos de humanos y elfos, que no pertenecían a ninguna especie. Los semielfos fueron los únicos que siguieron prestando sus poderes a los humanos, que no podían generar magia por sí solos; por ello los elfos no permiten la entrada a su bosque de semielfos, el signo de su derrota diplomática.

En esos tiempos, un joven se presentó en Midgard y pidió audiencia con su rey. El chico, de bellas facciones y cabellos rubios como la miel, suplicó a Su Majestad que detuviera el uso de la magia contándole embrujos y mentiras infundadas. Nuestro rey, sabiamente, echó a aquél personaje de sus tierras sin aceptar sus peticiones. Pero aquel hombre, envidioso y malvado por naturaleza, decidió vengarse. Levantó un castillo al norte, en las Llanuras del Valhalla, y reunió a demonios y monstruos con los que empezó a acosar a los midgareños, mientras hacía cobardes peticiones sin sentido amenazando con liberar más monstruos. El sabio rey se negó al chantaje y respondió con la fuerza de las armas; pero aquel joven contraatacó con muchos más monstruos, dando inicio a la Guerra del Valhalla.

Aquel joven se llamaba... Dhaos.

 

-Oye, Cless, lees muy despacio! Por qué no le dejas el libro a mi hermana, que te saca dos cursos de lengua?
-Cállate, Chester, que me pierdo! A ver por dónde ibaaaaa...

 

La guerra del Valhalla enfrentó a los reinos de Midgard y su aliado, Alvanista, contra las fuerzas oscuras de Dhaos, indudablemente un demonio cuyo único objetivo era causar el mal. Nuestro rey y sus tropas demostraron gran valor y vencieron moralmente, pero físicamente recibieron una derrota de dos pares de hue-

 

-O lees lo que pone o me chivo a la profe!
-Joer Ami, eres una chivata! Chesty, controla a tu hermana
-Vuelve a llamarme así y te clavo una flecha en el ombligo!
-(Glups) Mejor sigo leyendo...

 

En esos funestos momentos, cinco valientes caballeros aparecieron de la nada y fueron a presentar sus servicios al rey. Nuestro Señor, en un inteligente acto, dispuso que sus tropas entretendrían los monstruos de Dhaos mientras los cinco valientes se internaban en el castillo enemigo y asesinaban a su líder. El plan parecía perfecto, pero el rey, en su enorme astucia, obvió la estupidez de los cinco caballeros, que permitieron a Dhaos escapar del castillo. Las tropas reales, por su lado, dieron inhumana muerte a los monstruos que, perdidos y desorientados sin su capitán, se batían en desordenada retirada. Fue una victoria gloriosa...

 

-Jooo... ya no hay nada más escrito? Me aburro...
-Ahora la historia continúa en el diario de nuestros padres. Chesty lo ha traído a escondidas
-Atrévete a decirlo otra vez y te arreo!
-Tranquilos, chicos! Será mejor que lo vaya leyendo yo

 

(...) Dhaos ha vuelto a aparecer. Está asolando las tierras del norte, donde se asentaba Midgard, y vuelve a reunir hordas de sanguinarios demonios. Esta mañana ha intentado atacar Alvanista, pero la guardia real lo ha podido rechazar. No podemos esperar más; debo hablar con Morrison y aclarar quién más se enfrentará a Dhaos. No hay tiempo que perder.

 

(...) Me ha presentado a Maria. Es de Totus, pero nunca me había fijado en ella. Que bella es... pero no debo distraerme; nuestro objetivo es acabar con Dhaos. Mañana llegará al pueblo la curandera de Euclidia; con ella seremos cuatro, y podremos planear la batalla.

 

(...) Fue duro, pero lo logramos. Caí inconsciente tratando de proteger a María, pero Morrison aprovechó el momento para lanzar su magia más poderosa y logró encerrar el alma de Dhaos en un sarcófago. Ahora soy el custodio de una de las dos llaves que abren la tumba de Dhaos; debo alejarme de la otra llave y pasar desapercibido para siempre. Pero con María a mi lado, nada me detendrá...

 

-Oooooh! Papá y mamá hicieron todo eso?
-Cless, idiota, claro que no! Sólo es un cuento para entretener a los niños, como los gullimbuster, los elfos y el canciller Valorum. Nada de esto ha pasado!
-Y cómo creeis que acabará la histora?

 

La historia terminó cincuenta años más tarde de esa tarde de lectura, cuando seis héroes derrotaron a Dhaos con el poder de la Espada Eterna (que anuló la habilidad de Dhaos de viajar por el tiempo y así escapar de la muerte). Los compendios históricos hallados en las ruinas del castillo de Alvanista no nos permiten a los sabios de la actualidad como a mí, Morgan T. Morrisson, saber la verdad acerca de aquél mal llamado Demonio. Está claro que el escribano de estos libros ocultó o tergiversó parte de la verdad; por ejemplo, ahora sabemos por la biografía de un ex-soldado de Midgard que la Guerra del Valhalla fue una derrota aplastante que sólo sirvió para dar tiempo a los seis héroes, que estaban buscando a Dhaos dentro de su propio castillo. Un sabio como yo debe preguntarse por los motivos de ése tal Dhaos, por qué hizo todo aquel mal a la humanidad, sus motivos para pedir el fin del uso de la magia. Con el fin de descubrir la verdad, he adquirido un incunable de miles de años de antigüedad supuestamente escrito por alguien que estuvo en la última batalla de Dhaos donde supuestamente reveló sus motivos a los seis héroes. Me dispongo a transcribir los pasajes importantes, como he hecho con el vídeo de esos tres niños.

 

 

 

Apenas me quedan fuerzas. Esa espada maldita ha inhabilitado mis poderes temporales, de modo que lo único que puedo hacer es almacenar mi historia en un libro al azar para que mi memoria perviva.

 

 

Me llamo Dhaos. Vengo del planeta Derris Charlan, a varios millones de soles de aquí. Soy el hijo del presidente de la República Planetaria, que gobierna mi mundo con paz y justicia desde hace generaciones. Nuestros ingenieros hace años que trabajan para mejorar las condiciones de vida de nuestra gente usando como combustible el maná la  energía mágica que extraemos del Árbol Sagrado, Yggdrasil. Pero nos equivocamos; creímos que sería una energía limpia e inagotable, por lo que extraímos más, más y cada vez más. Terminamos matando el árbol, con lo que el maná y la magia murieron en nuestro mundo. Hemos aguantado esta situación durante dieciocho años, durante los cuales el planeta ha ido pudriéndose y perdiendo la vida. El Consejo finalmente me encomendó la tarea de buscar un planeta por la galaxia del que extraer una semilla de maná para llevarla a mi mundo natal y evitar la destrucción total. Para asegurarse del cumplimiento de mi misión, el  Consejo entero se sacrificó para que con el espíritu de sus miembros pudiera acumular poder para defenderme; este poder me permite comunicarme con todo ser vivo y viajar por el espacio y el tiempo.

 

Mi viaje duró décadas hasta que encontré este planeta, Aselia. Nada más llegar, me dirigí al que parecía el líder de la raza inteligente que dominaba el planeta, un tal “rey de Midgard”, y les pedí amablemente que detuvieran durante un tiempo la extracción de maná para que yo pudiera sacar una semilla con la que revivir mi planeta.

 

Sin embargo ese rey, que como principal dirigente del planeta debía ser el más listo (eso es obvio, ¿no? ¿Quién pondría a un inútil a la cabeza de todo?), se mostró orgulloso y nada complaciente; de hecho, intentó matarme para obtener mis poderes temporales. Tuve que salir corriendo del castillo donde habitaba, perseguido por sus soldados.

 

Deduje que, si aquél era el hombre más razonable del mundo, los demás hombres debían ser incluso más estúpidos, por lo que lo mejor para el planeta era matar a todo el que siguiese a aquel rey para detener la producción de maná. Tuve que recurrir a la ayuda de seres de aspecto repugnante, hasta que descubrí que eran los descendientes de los primeros hombres defensores del árbol sagrado, que habían sido torturados por magos antiguos y se les había dado la forma de monstruos. Al oír eso, me enfurecí y me ofrecí como su líder en las batallas contra el malvado gobierno de Midgard. De esas batallas la más importante fue la Guerra del Valhalla, en la que mis tropas aplastaron al enemigo y en la que conseguí destruir la ciudad de Midgard. Sin embargo, resultó que la batalla era una trampa para quedarme solo en mi castillo; aparecieron seis guerreros y todos lucharon a la vez contra mí. Resultaron ser guerreros de gran poder, y su superioridad numérica les permitió vencerme. Pero yo no podía morir aún, necesitaba encontrar la semilla de maná para salvar mi planeta, así que me trasladé cuarenta años adelante. Durante un tiempo busqué la situación del árbol sagrado, matando toda la gente que se negaba a revelarme su paradero (supuse que su malvado rey les había ordenado no decirme nada). Pero de nuevo cuatro guerreros me tendieron una emboscada y uno de ellos, el que llamaban Morrison, me encerró en un sarcófago de piedra de donde no podía salir.

 

Permanecí unos diez años atrapado en aquel cubículo. Durante ese tiempo mi furia contra los que injustamente me impedían salvar mi planeta fue aumentando; sabía que si salía mataría todo lo que tuviese por delante. Finalmente un necio llamado Mars abrió mi tumba y me liberó. En principio quise mostrarme agradecido; parecía que algunos humanos no eran tan idiotas después de todo. Pero en cuanto oí que quería usarme como arma para gobernar el mundo de manera despótica, mi mente racional explotó y me di cuenta finalmente de que la humanidad entera era una amenaza para mi misión, por lo que había que eliminarlos a todos. Justo después de liquidar al necio de Mars apareció delante de mí el mismo hombre que me había encerrado diez años atrás, ese Morrison, y para evitar caer en sus garras fui varios años adelante en el tiempo, lejos del único hombre que me podía volver a vencer.

 

Terminé en una época llena de magia; mis actos en el pasado habían permitido que la humanidad no supiese explotar el poder de la magia, con lo que el mundo estaba rebosante de vida. Sin embargo, debía aniquilar a la humanidad para asegurarme de que no destruían ese hermoso planeta, de modo que volví a reunir a los últimos de esos mal llamados “monstruos” como ejército y me enfrenté a todos los pueblos y ciudades del mundo. Establecí una base en una zona de penumbra, construí un castillo con los restos de Midgard y me dediqué a la búsqueda del Árbol.

 

Lo encontré. Pero no era un simple árbol como el de mi mundo; aquel roble era la casa de una entidad de enorme poder, una especie de Diosa de la tierra que se hacía llamar Martel. Cuando la fui a ver para pedirle una semilla, me dijo que jamás me la entregaría mientras yo viviera porque era responsable de la muerte de muchos hombres. Aquello fue demasiado; perdí la conciencia y envié a mis monstruos por todo el mundo, vaciando mi castillo. Ese mismo día aparecieron ante mis ojos los seis malvados que casi cien años atrás me había derrotado por primera vez; la furia que sentí al verlos afectó incluso a mi planeta de origen, que me envió una enorme cantidad de energía con la que alcancé un estado de poder increíble. Con ese poder me enfrenté a los guerreros y vencí a cinco de ellos.

 

El último era un espadachín al que sus compañeros llamaban Cless. Cuando me disponía a lanzar sobre él la furia de Derris Charlan, mi enemigo blandió una inusual espada y desvió mi ataque. Al fijarme, me di cuenta que era ni más ni menos que la Espada Temporal, el objeto que contenía las almas del Consejo de mi planeta y de donde provenían mis poderes.

 

Tan solo gracias al uso de ese objeto Cless me ha derrotado hace unos diez minutos. Mi espíritu está a punto de abandonar el mundo de los vivos. Le he fallado a mi gente, los he condenado a la muerte, les he arrebatado su última esperanza…

 

-Todavía no!

 

Quién eres?

 

-Soy Martel, la diosa del Árbol Sagrado. He visto cómo luchabas por tu planeta hasta el extremo de sacrificarte por ello, y he entendido que toda la maldad que has demostrado no era sino incomprensión por la humanidad

 

-Pero si quisieron matarme…

 

-No debes juzgar al conjunto por los hechos de un individuo. Piensa en ello, sólo el rey de Midgard y unos pocos como Mars eran realmente malvados

 

-Es cierto… pero, en tal caso… ¡¡¡Yo soy el malvado!!!

 

-No pienses así. Todo lo que has visto, lo que has hecho, tus pensamientos actuales… Sabes qué son los monstruos en realidad, sabes la verdad respecto los hombres. Aún crees que existen el bien y el mal? Son solo conceptos, puntos de vista si me apuras; pero en verdad la actuación de cada uno es siempre interpretable de varios modos, no deberías calificar los hechos de otros tan a la ligera. El individuo siempre obra para sí, y en ocasiones para el conjunto; esa es la verdad

 

-Pero, incluso aceptando esta verdad, mi planeta está perdido

 

-Tranquilo. Has demostrado ser digno de la compasión de la gran Diosa Martel; toma esta semilla de maná y vuelve a tu planeta.

 

Y aquí he vuelto. Expiro mis últimas fuerzas en este absurdo relato, mientras entrego a mi anciano padre el objeto por el que mi planeta ha sufrido años de desgracias. He caído en sus brazos y ya no tengo fuerzas para abrir los ojos… ni para pensar, je je…

Pero hay algo que sí veo… estos pen… samientos no debe…rían salir de mi… cabeza (arf) (arf). Debería… borrar la me… moria de quien… le…a es..to… agh….

 

Qué raro, no recuerdo lo que he leído. Bueno, no sería nada importante. Uy, qué hora es! Será mejor que traiga a Lester de vuelta de la escuela.

 

 

 


 

 

 

Y ahora tu, lector, pregúntate: ¿existen el bien y el mal? ¿De veras la gente es mala porque sí, o en ocasiones la incomprensión y la avaricia nos impulsan a creer en la existencia de gente que es “mala” porque sí? Reflexionem-hi siusplau, re-flex-io-nem-hi

 

 

Chau!

 

PD: primer relato d'estos que escribo. Tal vez muy largo, tal vez incoherente, seguro que aburrido. Pero si has llegado a leer hasta aquí, qué te cuesta escribir un comentario?

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1 Comentario:

Dejando a un lado ciertas

Dejando a un lado ciertas incoherencias con la historia original te ha quedado bastante bien. ¿Existe el mal? No lo sé, pero de existir ya sabemos todos donde se encuentra:

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