La Fucktoría
Blog sobre cosas que no tienen cabida en mis otros blogs.
He leído en varios de los blogs de ésta página diversos posts acerca de quién se está cargando el mercado de las consolas. Bueno, el mercado no se lo está cargando nadie, porque parece que los jueguecitos están dando más pasta de la que nunca han dado; otra cosa completamente diferente es que los juegos de hoy en día sean una auténtica porquería dirigida a auténticos gilipollas que en su vida han jugado a nada que merezca la pena. Si acaso, han echado unas partidas del tetris.
El Anticristo ha llegado. Sin fuego, ni azufre, ni pestilencias. Es negro y se llama Timbaland. El nombre es inventado, parece que no le gustaba llamarse Darrel, Clarence, Jerome o Khazim. O Jamal.
Su influencia se percibe a diario en cualquier canción. Su corpulenta figura, ( a lo ancho) se puede apreciar en cada nuevo videoclip que sale al mercado. Su profesión es la omnipotencia, no la producción musical. Su mayor habilidad, la omnipresencia. Sus armas, unos sonidos estúpidos que repite en todas las canciones que produce.
¡Eh! ¡Oh! ¡Piki Piki!
Acabo de volver de una excelente pero insuficiente semana de vacaciones, y me he traído, además de un bronceado incipiente y unas incómodas maletas, una estremecedora conclusión: la proverbial simpatía andaluza es un cuento.
El día que probé el mundo sin el resguardo de unos cristales culo de vaso, permitiendo que los mirones disfrutaran de unos ojos auténticos, pequeños, a veces azules, a veces verdes, siempre grises, cambió por completo la concepción que tenía de mí mismo y de lo que los demás creían que yo era. Empezó el infierno, de cierta manera. Empecé a odiar las gafas.
Parece que realmente creía que al ponerme esas diminutas escamas de plástico, un nuevo yo emergía y se presentaba para que todos se postraran de rodillas y alcanzasen el orgasmo al unísono. El yo sin gafas era peor que el yo sin ellas; el ocultar mis ojos, un pecado.
Así fue como me volví imbécil. Así fue como me creí, en cierto modo, Clark Kent.
He
encontrado por casa una novela de la colección “Deseo”, de Arlequín;
esa cosa, o editorial o lo que sea que produce libros que ahondan de
manera exhaustiva sobre las relaciones hombre-mujer, de forma
acaramelada y cursi...
Bueno, aparte de “Deseo”, he visto libros de la colección “Bianca” y “Jazmín”... sin palabras. El sólo título hace que te dé un coma diabético.
Como
iba diciendo, la cogí y me puse a leerla. Se llamaba “La vida secreta
de un hombre” y trataba sobre una chica chapada a la antigua, con una
visión del amor y el romanticismo que necesitaba actualizaciones. Tenía
un restaurante en una ciudad pequeña de Estados Unidos, y todo le iba a
bien... excepto el tema de los hombres.
Hasta que...
Shaw dijo una vez que su educación se vio interrumpida el día que tuvo que ir al colegio. Es una falta de buen gusto y originalidad el citar mentes preclaras, pero si algo ya ha sido dicho con simplicidad y contundencia, ¿para qué molestarse en repetirlo?
Estoy harto de estudiar. Llevo estando harto de ello desde hace algún tiempo. Unos cinco años, para ser exactos. He desperdiciado mi tiempo en la persecución de unos objetivos banales sólo para asegurarme un futuro profesional igualmente banal. A estas alturas, ya me había convencido de lo inútil de la educación universitaria, ya me había adaptado a repetir en el examen lo que el profesor decía en clase, sin aspavientos, sin intentar demostrar la poca cultura que tengo, sin aspirar a convertir cada trabajo, ensayo, examen y presentación en un alarde de elocuencia y retórica particular. Soy un esclavo más, otro ladrillo en el muro, otra tuerca entre diez millones de tuercas.
hum, humm, resulta grato ver que, habiendo escrito una tontería en un momento dado porque sí, he obtenido un par de jugosos comentarios. bien, bien!! lo único bueno de los blogs es que los lea alguien y te deje constancia de la lectura. soy un escritor prolífico, aunque últimamente he perdido fuelle. he descubierto que los blogs kilométricos escritos en serio suelen aburrir hasta a los amantes de la cursilería escrita, y que resulta mucho más eficaz la contundencia de una par de frases directas, sin rodeos. así que aprovecharé éste espacio gentilmente cedido por Meristation para fabricar vías de pensamiento simplonas en su plantemaiento pero enormemente atractivas.
diré lo que me salga de la polla y seré tan básico como el color negro.
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