10 de Enero de 2009
Jul
21

Güerva, que ermoza ere

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Acabo de volver de una excelente pero insuficiente semana de vacaciones, y me he traído, además de un bronceado incipiente y unas incómodas maletas, una estremecedora conclusión: la proverbial simpatía andaluza es un cuento.

 

Al menos, por lo que respecta a Huelva. O Güerva, según el dialecto de allí. No he encontrado gente más borde y repulsiva que por esos lares, concretamente por ese maravilloso pedazo de tierra que es Punta Umbría. Del lugar no tengo quejas; de los servicios, los brebajes y el papeo, tampoco. No tengo quejas ni del mar, ni de las playas, lo cual es mucho decir si lo dice un mestizo que ha vivido toda su vida en el Caribe. Es la gente, coño, la que me saca de quicio. Su ceceo insoportable, sus malas maneras y su chauvinismo. Su grazia epontánea, zí, pero zólo pa zu jente. En cuanto huelen que eres del norte, de Madrid, vamos, te miran con ajco y dezprezio. No piden nada por favó, y en las discotecas te apartan graciosamente sin decir ni un tímido “perdona”. Vamos, no me jodas.

 

Puntualizo que mi decepción la provocan los jóvenes. Las únicas personas que han hablado conmigo afablemente, o eran mayores o eran de otras tierras andaluzas. Pero  los demás, las jamelgas jovencitas, los bakalas onubenses y el pijerío en general (que por allí hay musho) son tan simpáticos  y divertidos para con los extranjeros como los cineastas decapitadotes iraquíes.

 

Así que, en verdad os digo, no creáis los cuentos sobre el coló especiá, sobre la jente, el zalero y tó lo demás. Al menos en lo que respecta a Güerva.

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1 Comentario:

Ojú niño! Que ensagerao!

Digo yo, que algún joven se salvará... ¿o no? Pero piensa que de gente borde hay en todas partes y Huelva no es la excepción.