3 de Diciembre de 2008
Sep
25

Sysene'eh - Capítulo 1: Lunes

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El primer contenido de éste blog va a ir dedicado al primer capítulo de un relato que escribí hace ya unos meses, cuyo título es Sysene'eh. Ire colgando periodicamente los capitulos (no son muchos, asi que leed tranquilos Very Happy) y espero vuestros comentarios y críticas. Por cierto, no me pidais que os lo spoilee (toma palabro!), si quereis saber de que va, o por que pasa esto o lo otro, tendreis que esperar a leer los siguientes capítulos

¡CHAN CHAN CHANNNN!! Emoción, intriga y dolor de barriga asegurados, disfrutad! 

 

 

LUNES 

El temblor de tierra no fue especialmente violento, solo lo suficiente como para sacar de su sueño a Adam. Se incorporó sobre la cama y se quedó unos segundos quieto, moviendo la cabeza de un lado a otro de la habitación, examinándola cuidadosamente como si algo en ella le pudiera explicar lo que acababa de suceder. Por supuesto no encontró nada. Tan sólo la luz que se colaba a través de las rendijas que dejaban las raídas cortinas, y que bañaba cálidamente su colchón, indicándole que era hora de levantarse. Adam no usaba nunca despertador ya que lo consideraba una costumbre antinatural, y se despertaba todas las mañanas espontáneamente con los primeros rayos de sol.

-Joder, que mal he dormido- masculló Adam con las manos sobre las sienes, mientras se levantaba de la cama y se calzaba las zapatillas de estar por casa. El dolor que palpitaba en su cabeza le informaba de que no había descansado lo suficiente. Le esperaba por delante una larga jornada de trabajo en el almacén de fruta en el que trabajaba diligentemente desde hacía más de veinte años, y definitivamente esa mañana no se encontraba en plena forma.

Adam se arrastró como pudo hacia la cocina y empezó a calentar su vieja cafetera italiana, con la esperanza de que el inmundo brebaje que de ella salía le consiguiera espabilar lo suficiente como para atinar a salir de casa. Miró hacia el rincón del salón que permitía el marco de la puerta de la cocina y vio como Ridge, su enorme sabueso, seguía durmiendo plácidamente sobre su manta de pelo.

-Tu tampoco has dormido suficiente, ¿eh, granuja?

Sonrió levemente, salió de la cocina y se dirigió hacia él. Le pasó suavemente la mano por su lomo, que subía y bajaba con pesadez.

-Será mejor que te vayas desperezando amigo, que ya es lunes y te tengo que dejar al cuidado de la casa-

Ridge irguió la cabeza y le miró lánguidamente con sus grandes y tristes ojos nublados por los años, mientras mecía su cola como si se tratara de un niño suplicando cinco minutos más de sueño. Adam decidió ser compasivo y dejó que siguiera durmiendo mientras se terminaba de preparar su café.

Se dirigió de nuevo a la cocina, se sirvió una taza llena de aquel alquitrán acre, y con ella en la mano volvió al salón para sentarse en su sillón. Dejó la descascarillada taza sobre la pequeña mesa de madera que tenía a su lado y tomó el mando a distancia. A Adam le gustaba desayunar mientras veía los estúpidos anuncios que a esas horas inundaban los pocos canales que podía sintonizar. Adam no vivía precisamente en pleno contacto con la civilización. Habitaba con la única compañía de Ridge aquella destartalada casa hecha de madera y chapa oxidada en lo alto de una de las pocas colinas que se erigían en aquel semidesértico paraje, únicamente conectado con el resto del mundo por una carretera de tierra y un cartero que le visitaba resignadamente una vez cada quince días.

Hizo un poco de zapping y decidió dejarlo en un canal en el que una atractiva joven de pelo rubio, escrupulosamente recogido en un moño, prestaba atención a un payaso vestido de chef que le explicaba el manejo de un extraño artículo de cocina, cuya estrambótica forma sugería que no servía absolutamente para nada.

-Cállate- Adam le recriminó a Ridge, que se había levantado de repente, y estaba ladrando hacia la ventana- ya se que a ti no te interesa, pero no me dejas escuchar la tele.

Alargó de nuevo la mano para volver a tomar la taza, pero la dejó paralizada a medio recorrido. Observó que unas ondas se estaban formando en la densa superficie del café. En cuestión de segundos las ondas habían aumentado su intensidad, y pronto aquel temblor se trasladó hacia toda la casa. Los platos apilados sobre los muebles comenzaron a tintinear, los cuadros iniciaron un grotesco baile sobre las paredes, la pintura de las paredes se deshacía y caía en forma de polvo sobre el suelo, donde continuaba saltando. Los ladridos de Ridge no conseguían imponerse al ensordecedor ruido del terremoto, y Adam, paralizado sobre su sillón, no se atrevía a moverse. Aquello no era normal, la zona en la que vivía era tectónicamente inerte. Ni él, ni su padre, ni su abuelo habían presenciado un terremoto a lo largo de la larga historia de aquella casa. Adam temblaba de miedo, y por un momento, la idea de que era el propio planeta el que temblaba de miedo sacudió su mente como un látigo de hielo.

Aquel pensamiento se esfumó repentinamente junto con el temblor, y la casa quedó en completo silencio a excepción de Ridge, que continuaba ladrando desafiante. Adam respiró aliviado. A pesar de que, salvo unos cuantos platos y algún que otro cuadro derribado, no había sufrido daños, la ausencia de experiencia ante ésta situación había despertado en él un miedo cerval.

-Hay que ver, siempre te las das de duro y resulta que eres un cagado- Se recriminó lo infantil de su reacción y sonrió para sus adentros.

Volvió a tomar la taza y a punto estuvo de volver a acomodarse en el sillón cuando se percató de que en la televisión, donde antes estaban dos personajes vendiendo cachivaches inútiles, ahora sólo había estática. Tomó el mando y cambió a otro canal. Nada. Otro canal más. No había suerte.

-Maldita sea, se debe haber estropeado la instalación de la antena con el terremoto- Se desplomó sobre el respaldo, e inclinando la cabeza hacia atrás cerró los ojos y suspiró con resignación.

Entonces abrió los ojos y reparó en algo que hasta ahora le había pasado inadvertido.

El reloj de agujas que había colgado sobre la mesa en la que estaba la tele marcaba las 3:48 de la madrugada.

Adam se quedó unos segundos perplejo, se levantó y miró el reloj de pulsera que guardaba en el cajón del mueble del salón. Las 3:48 de la madrugada. Sus ojos recorrieron lentamente el camino que había desde el reloj de pulsera hasta la luz anaranjada que dejaba pasar la traslúcida cortina a la que Ridge llevaba unos minutos ladrando.

Había amanecido cuando aun faltaban más de dos horas para que saliera el sol.

Un escalofrío recorrió la espalda de Adam. Se acercó lentamente hacia la ventana y comenzó a extender sus manos temblorosas hacia las cortinas, haciendo retroceder a Ridge, que ahora gimoteaba con el rabo entre las patas traseras. No sabía lo que iba a encontrar al otro lado, pero sí sabía que fuera lo que fuera no podía ser bueno. Aferró las cortinas y así se mantuvo titubeando unos segundos. Entonces cerró los ojos y las apartó enérgicamente.

Cuando consiguió reunir las fuerzas necesarias para abrir los ojos, sólo percibió el cegador resplandor que iluminaba su cara y sus brazos. Poco a poco, cuando sus ojos se fueron acostumbrando a la luz consiguió distinguir la traslúcida figura de la luna menguante. Una vez recuperó completamente la visión, dirigió su mirada más arriba, hacia la fuente de aquella extraña luz. Y entonces lo vio. Vio aquella gigantesca esfera dorada que pendía de la bóveda celeste, extraña, amenazadora. No sabía lo que era, pero sí sabía que no se trataba del Sol. Era más grande, más luminosa, y la luz que despedía se anunciaba como un mal presagio. No era una luz limpia y uniforme, sino que parecía serpientes semisólidas, formando ondulaciones, girando y retorciéndose hasta alcanzar el suelo. Tampoco su color era el propio de ninguna de las horas del día, era de un anaranjado oscuro, marchito, casi enfermizo. La visión de aquella figura turbó la mente de Adam, que soltó las cortinas en un sobresalto y trastabilló unos pasos hacia atrás hasta que consiguió recuperar el equilibrio.

Cerró las cortinas y se dirigió apresuradamente hacia el teléfono. Lo descolgó y se lo llevó a su oído derecho. La línea estaba muerta. Tomó un pequeño transistor que solía utilizar los fines de semana para escuchar los partidos, y lo encendió con la esperanza de que alguien a través de las ondas le diera alguna respuesta a lo que estaba pasando. Tomó un respiro y comenzó a girar suavemente la rueda del dial, buscando algún sonido entre la estática predominante.

…..d….er….aña….adi…………in…en…..s…..... .......ios....n.....yud........

Fue lo único que llegó a percibir antes de que la débil voz se esfumara.

Adam apagó la radio. Estaba viviendo una pesadilla. Algo estaba pasando ahí fuera pero no sabía que. La televisión, la radio y el teléfono estaban inoperativos, y Adam de algún modo sabía que el terremoto y el falso sol que se erigía en el cielo estaban relacionados con aquello. En qué manera, no sabría decirlo.

En cualquier caso, no estaba dispuesto a quedarse allí para averiguarlo por sí mismo. Se abalanzó sobre la puerta de su casa, aferró el pomo, y se giró.

-¡Ridge, aquí! ¡Nos vamos!

Abrió la puerta y salió, seguido inmediatamente por Ridge. Cerró la puerta sin llave, “¿Para qué?” se dijo a sí mismo Adam, que sólo pensaba en salir de allí lo antes posible. Se dirigió al porche que tenía en el lateral de la casa, donde tenía aparcada su vieja furgoneta. Ridge subió a la parte de atrás de un salto con una agilidad impropia de su edad, Adam abrió la puerta del lado del piloto, y de un movimiento se situó sobre el asiento. Introdujo la llave en el contacto y la giró. De algún modo, ya sabía lo que iba a ocurrir de antemano. El vehículo vibró, se quejó, intentó arrancar, pero nada más. Volvió a girar la llave del contacto, de nuevo sin éxito. Lo intentó una y otra vez, mientras apretaba los dientes con rabia.

-Vamos maldita sea, arranca de una vez. No me pienso quedar en éste infierno.

Sin embargo, su vieja furgoneta no obedeció aquella súplica disfrazada de orden.

Finalmente Adam se dio por vencido, se bajó de la furgoneta y se encaminó con relativa calma de nuevo a su casa. Al llegar a la puerta se volvió sobre si mismo y dirigió de nuevo la mirada hacia aquel intruso irradiante. Se quedó un minuto, quizá más observándolo desafiantemente.

-No podrás conmigo- pensó Adam. Lo volvió a repetir en voz alta, intentando convencerse a sí mismo, en un inútil esfuerzo por apartar de su mente el hecho de que estaba totalmente aislado. Con la única compañía de su perro, en una casa abandonada a su suerte en mitad de la nada, y sin forma humana de averiguar que era aquello y que iba a ser de él.

 

Se giró y entró de nuevo a la casa, cerrando la puerta tras de sí.

 

 

5
Valoración media: 5 (1 voto)

4 Comentarios:

Antes de nada Felicidades

Antes de nada Felicidades por el blog!!!!

Bueno me puedo considerar afortunado de haber leido al completo Sysene'eh y de haberlo disfrutado muchisimo tanto por su Gran historia como por su impecable ejecución. Recomendable al 100%

5 estrellitas y sigue así.

Largos días y placenteras noches...

 

Muchas gracias majo!! Como

Muchas gracias majo!! Como ves he puesto una imagen al final del capítulo. Resulta que yo tengo una imagen, o una fotografía para cada capítulo bastante claro, y había pensado buscar lo más parecido para añadirlo al final y que transmita mas o menos lo que yo sentía en ese momento. Ese escenario se parece bastante a la visión que tengo del lugar donde vive Adam, un lugar desértico que inspira soledad y aislamiento. Gracias por tu comentario, y a los demás deciros que este hombre es un gran literato y en su blog (del cual encontrareis un enlace en esta pagina) ha colgado sus relatos que son maravillas en miniatura, totalmente recomendables. 

Hola Ecco!!

Hola Ecco!! Yo tb soy de los afortunados, ya que he podido dsfrutar ya de Sysene'eh, al releerlo sigo pensando que es bueníííísimo!!! :D Que todo el mundo lo lea pq merece la pena!!!! Pero queremos tinta frescaa :P Me parece genial esta idea y prometo visitar tu blog a menudo. P.D.:Visité a tu hermano blogero (lo siento si no se escribe así) y leí algunos de sus relatos, felicitale de mi parte pq escribe de miedo. **Besos** La 2ª K (por orden de ejecución, jejeje)

aqui veo mucho peloteo pero

aqui veo mucho peloteo pero mi excelente labor artística no aparece en ningún sitio.