El laboratorio del Dr. Ecco
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Y siguiendo con la celebración de los 2000 mensajes, ¡doble tema!. Continuamos con el ciclo de criptozoología, y si el calamar gigante os hizo pensar dos veces el volver a practicar submarinismo, hoy prometo quitaros definitivamente las ganas. Y es que el tema de hoy trata sobre otro animalejo presuntamente extinto, el Carcharodon (o Carcharocles) megalodon, un tiburón que vivió hace 50 millones de años y que se extinguió hace 1,5 millones de años para alivio del resto de habitantes marinos, ya que esta criatura medía ¡18 metros! y es el mayor depredador marino conocido hasta la fecha. ¿Pero, es posible que siga entre nosotros? Adentrémonos en la negrura de las aguas oceánicas para saber más sobre nuestro nuevo amigo.
Realmente se sabe poco acerca del megalodón (del griego megalos, grande y odontos, diente). Ésto es así ya que los tiburones pertenecen a la clase de los condrictios, peces cuyo esqueleto no está calcificado, es decir, está hecho de cartílago y por lo tanto no se conserva con facilidad. Por ello el registro fósil que se tiene de él se limita a alguna vértebra y a dientes rescatados del fondo marino. Sin embargo el tamaño de los dientes, de más de 10 cm de longitud, ha permitido estimar el tamaño en unos 18 metros (18,2 según el investigador C. Jeremiah, que es el tamaño aceptado hoy día como media). Por cierto, ésto también ha permitido reconstruir lo que sería la mandíbula de éste bicho, que abierta de par en par puede alojar un ser humano de pie.
El megalodón no poseía depredador natural, por lo tanto entra dentro de la lista de los superdepredadores, y su dieta parecía basarse en pequeños y medianos cetáceos, pinnípedos (focas y similares) e incluso otros tiburones. Realmente se sabe poco de su ecología y comportamiento y casi todo se infiere de otros grandes tiburones actuales, pero el hecho es que este señor de las aguas, después de un reinado de millones de años, se extinguió repentinamente hace 1,5 m.a. ¿Y qué razón puede llevar a semejante bestia parda a la extinción de la noche a la mañana? Parece factible que cayera presa del peor enemigo de un gran depredador: el hambre. Como podeis imaginar, un pez de casi 50 toneladas que se alimenta de carne está muy restringido por la dieta, precisa de grandes cantidades de alimentos disponibles a su alrededor y por lo tanto es muy sensible a los cambios ecológicos. Durante el final del Plioceno y comienzos del Pleistoceno se produjo una glaciación que cambió los patrones de migración de los mamíferos marinos de los que se alimentaba, y la bajada del nivel del agua en las zonas costeras donde cazaba redujo su hábitat. Para un animal con semejantes requerimientos de energía, estas perturbaciones ambientales supusieron la extinción.
¿Existe hoy en día?
Las pruebas que apuntan a la supervivencia del megalodón son pocas y muy poco consistentes, pero merece la pena nombrarlas para que cada uno las juzgue por sí mismo.
En primer lugar tenemos los inevitables avistamientos. Leyendas de pescadores aparte, existe un puñado de testimonios de gente que estando en alta mar ha visto tiburones de dimensiones bíblicas. Quizá el más paradigmático sea el recogido por el naturalista australiano David Stead. Según él, en 1918 los pescadores de Port Stephens (Australia) se encontraban pescando langostas cerca de la isla de Broughton cuando de entre las aguas surgió un gigantesco tiburón que se tragó las trampas para pescar, las langostas, y por poco a ellos mismos. Cuando volvieron a tierra firme, algo conmocionados, ofrecieron unas estimaciones de tamaño que variaban entre los 35 y los 90 metros de longitud, muy seguramente magnificados por el pánico del momento, y en su relato aseguraban que el agua parecía hervir tras el paso del escualo la superficie. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de experimentados (y honrados) hombres de mar, y éstos en concreto poco dados a los cuentos de mar y a la exageración en el tamaño de sus capturas. Existen otros testimonios, aunque las descripciones ofrecidas casi siempre parecen corresponderse con la del tiburón ballena, un escualo que mide 12 metros y se alimenta de pequeños crustáceos y plancton.
Además existen los "supuestos" dientes sin fosilizar encontrados en el fondo marino, y que con toda lógica deberían demostrar la existencia en la actualidad del megalodón. Sin embargo, debido a las condiciones de fosilización de los dientes de los tiburones, y de los vertebrados acuáticos en general, se suelen encontrar dientes perfectamente afilados y que incluso una vez desprovistos de la corteza mineral que acumulan con el tiempo y bien limpios, pueden tener el sano color blanco de un diente recién arrancado. Esto muchas veces lleva a la confusión, y se puede tomar como reciente un fósil de millones de años. Por último, hay que destacar que en Marzo de 1954, un barco que llegó al puerto de Adelaide (como no, Australia) descubrió 17 dientes de 10 cm de longitud clavados en la parte trasera de la quilla, formando un semicírculo (típico de la mordedura de un tiburón) que tenía un diámetro de 2 metros.
Conclusiones
Como en el caso de los Black Cats, tenemos una serie de datos y de pruebas, en ocasiones falsas, pero en la mayoría de los casos reales. El si de verdad existe el megalodón hoy en día parece extremadamente difícil, pero como siempre hay que dejar espacio para lo imposible. No hay que olvidar que los tiburones son auténticos fósiles vivientes, y algunas especies actuales han permanecido inalterados durante millones de años. No sería el primer caso de tiburón redescubierto, ya ocurrió en 1976 con el tiburón de boca ancha, un escualo de 5 metros de longitud cuya alimentación es similar a la del tiburón ballena. Sin embargo hay que ser realistas, ya que el megalodón era un cazador de aguas poco profundas, de modo similar al tiburón blanco, y las posibilidades de que un tiburón de casi 20 metros haya permanecido oculto al ojo humano hasta ahora son ínfimas. Sin embargo, es gratis soñar, y si queremos imaginar lo que sería encontrarse con uno de éstos animales en persona, podemos ver esta fantástica recreación de Nigel Marvin:
Y hasta aquí el tema de hoy, espero que os haya gustado tanto leerlo como a mi escribirlo.
Volveremos con más y mejor, ¡hasta luego!
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7 Comentarios:
Muy interesante
3 de Diciembre de 2008 • 19:52 — es inevitableMe gusta todo lo relacionado con la ciencia. Incluyendo la biologia, y la Criptozoología no es un excepción. Sigue con estos temas y te seguire leyendo. Un saludo. 5*
P.D: VIVA LA SUPERCALIFLAGILISTICA.
El semidocumental está bien
3 de Diciembre de 2008 • 22:06 — xulia (invitado)Joder, este bicho me hace
3 de Diciembre de 2008 • 23:13 — Alonsonmuy interesante, pero algunos matices.
4 de Diciembre de 2008 • 13:19 — yomismo947Hola yomismo947.Te
4 de Diciembre de 2008 • 13:46 — Ecco_83Hola yomismo947.
Te respondo sobre todo en cuanto al tema de la criptozoología. No es en absoluto una pseudociencia, es una rama de la zoología, y por lo tanto estudiada por científicos (zoólogos sobre todo) siguiendo el método científico. Se centra en la búsqueda de animales que se dan por extinguidos (hay muchos casos, como este mismo o el celacanto que se descubrió en madagascar) o que se suponen fantásticos (como el calamar gigante del que ya hablé o del bigfoot del que haré una entrada más adelante) y siempre partiendo de indicios o pruebas físicas, nunca de leyendas o fantasías. Otra cosa es que desde otros ámbitos de la ciencia se le intente desprestigiar, pero lo cierto es que desde la criptozoología ya se han realizado descubrimientos sorprendentes, y debe ser considera una rama de la zoología tan respetable como cualquier otra.
Por otro lado, el asunto del tamaño, debes tener en cuenta que en todo momento se habla de estimaciones realizadas por los zoólogos expertos en tiburones, basándose en una serie de formulas que tienen que relacionan las dimensiones de los dientes y la longitud del tiburón. Ha habido muchas estimaciones y quizá ésta tampoco sea correcta. Y como en todas las especies, habrán sido encontrados individuos más grandes (como éste) e individuos más pequeños.
En cuanto a lo de los avistamientos, en efecto parece que siempre se deben a la confusión con otras especies actuales, y como digo en el post, a mi (a título personal) me parece muy dificil que si este animal aún vive, no se le haya visto o capturado nunca, sobre todo porque habitaría aguas poco profundas.
Gracias por tu aportación, un saludo!
unos matices
4 de Diciembre de 2008 • 15:09 — yomismo947Hola! Respeto mucho tu opinión respecto a la criptozoología, pero te aseguro que ni mucho menos se puede considerar una rama de la zoología. Insisto en que no es más que una pseudo-ciencia, que más que aportar pruebas, sus partidarios lo que suelen hacer es "apropiarse" de los descubrimientos de la verdadera ciencia para defender sus "teorías" e hipotesis, por muy descabelladas que sean.Por ejemplo, uno de los casos que citas, el del calamar gigante, que cuando se descubrió recientemente estos "expertos" corrieron a relacionarlo con el mito del Kraken. O como el caso del Mokele-Mbembé, que muchos de ellos consideran como "prueba" de la existencia de dinosaurios en la actualidad. A ellos les da igual que se hayan realizado multitud de expediciones y en ninguna de ellas no se haya encontrado más que superstición o fantasías de los nativos del lugar, ninguna prueba mínimamente consistente. Insisten en que la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia. Vamos, que por esa regla de tres, yo te puedo vender a ti que paseando por Montserrat me topé con el Ratoncito Pérez, y a ver como pruebas que me lo he inventado. Insisto en que no se puede considerar como ciencia algo que califica "indicios" simples leyendas, ya sean tribales o urbanas, sin aportar nada más consistente. Eso por no mencionar que muchos de sus defensores y partidarios, por no decir que la mayoría, también son aficionados a otras pseudo-ciencias como la ufología. Yo he tenido la oportunidad de poder debatir con algunos, y te aseguro que sus aportaciones a la zoología son comparables a las de Dan Brown a la historia de las religiones.
En cuanto a lo del longitud del Megalodón, en este caso es difícil estimarlo basándose sólo en el tamaño de los dientes, puesto que no son pocos los científicos que consideran que esto no tiene una influencia tan directa como se podría pensar, aunque repito que la opinión mayoritaria se aleja de los 20 metros inicialmente estimados, y lo deja en una proporción más cercana a los 15 como máximo.
De todos modos, ya se sabe que cuando hablamos de animales extintos todo esto no son más que conjeturas que descubrimientos posteriores puedan dejar en evidencia, como sucede constantemente con los dinosaurios
.Un saludo y repito, es un post muy interesante y creo que en general está bastante bien documentado.
alonson
12 de Diciembre de 2008 • 21:35 — gasty (invitado)