23 de Enero de 2018
Sep
8

Partida de ajedrez

Estimados lectores, al borde de mis 5000 visitas, publico aquí una historia que ideé -por motivos que aún no tengo claros- hoy (domingo) por la mañana y que concreté hace algunos minutos, me ha parecido una idea poco convencional y una redacción un poco retirada a mi estilo habitual, pero tiene un toque que me encanta, no lo puedo negar.

Espero que sea de su agrado, porque no he reparado demasiado en refinar su estructura y redacción.



Partida de ajedrez

Los peones avanzan hacia el frente, los campesinos toman las armas –de improviso, azadones, hoces y antorchas–, saben que el enemigo se acerca y deben servir a su reino si desean tener un hogar al que regresar; por lo menos, un lugar donde su recuerdo no sea olvidado.

Los caballos, astutos y hábiles, saltan por encima de los débiles peones… avanzan franqueando los obstáculos. Los caballeros conocen su obligación como sirvientes del reino: si es necesario, deben renunciar a su propia vida para defender a su rey, el juramento que tomaron antes de ser nombrados como lo que son ahora.

El enemigo aprovecha el momento oportuno y despliega a sus tropas de forma tan diestra como el reino que intenta defenderse a toda costa; un alfil avanza, aprovecha esos pequeños rincones del territorio donde otros no pueden acceder ni defender. La fuerza del clero se despliega, debe tomar partido en esta guerra si desea que su pueblo se extienda y también su dominio cultural. Los nobles caballeros al servicio de la iglesia desenvainan su espada y combaten de forma diestra ante las tropas del enemigo, quien se rehúsa a desplegar a sus mejores soldados y simplemente se vale de sus unidades más débiles para hacer frentes ante las tropas que lo asedian.

El rey del imperio ve que el asedio ha llegado ante sus murallas, su posición ya no es segura, debe darse prisa y guarecerse cerca de una las torres del castillo, donde los arqueros podrán protegerlo eficazmente. Los enemigos avanzan sin piedad, intentan arrasar cuento pueden, pequeñas casas y sembradíos sucumben ante el fuego enemigo, el feroz asedio de la caballería enemiga y algunos campesinos que han sabido maniobrar con destreza.

Los campesinos que quedan en el imperio son capaces de repeler a algunos de los invasores extranjeros, pero el daño está hecho: el imperio está al borde de la victoria… pero los planes del rey se revelan al fin: el ejército enemigo está muy lejos de su propio reino como para poder defenderlo, así que aquellos caballeros que han logrado traspasar las murallas enemigas asedian el campo enemigo, lo hacen con benevolencia… perdonan la vida de sus adversarios, a cambio de su derrota.

La reina enemiga avanza, es la única que puede controlar tan ingenioso asedio; sin embargo, la reina del “imperio negro” acude al llamado de la guerra, se despide dulcemente de su querido esposo y empuña su espada, ella es diestra en la batalla, pero derrotar a tan prodigiosa guerrera será una misión suicida. Una herida mortal para ambas combatientes, ambas caen rendidas ante la otra… ha sido justo, “reina por reina”.

Al final, ambos imperios están devastados, pocos guerreros quedan en pie y quienes siguen batallando, están al borde de la muerte, sin mayor esperanza que morir combatiendo con honor y ganarse un lugar en los anales de la historia que será recordada cada tarde por los nietos de los sobrevivientes. Cuando todos los soldados sucumben ante la muerte, rey y rey se ven, cara a cara, cada uno con una pesada y resistente espada, capaz de asesinar al otro con una simple estocada…

Ambos arrojan sus espadas y sus coronas, nadie ha ganado esta guerra… una guerra más. En medio de aquel campo de muerte y desolación, pueden verse dos hombres, ambos de vestimentas ligeras e inoportunas para permanecer en el campo de batalla, con un tablero de ajedrez entre ellos.

–¡Tablas! No lo puedo creer, has hecho los mismos movimientos por milenios y aún así no soy capaz de vencerte o yo a ti – decía el hombre detrás de las piezas blancas, con una oscura y elegante vestimenta y un tétrico aspecto que evocaba los peores recuerdos de aquel que lo observara.
–Así parece, cosas del destino – afirmaba un modesto hombre con una raída túnica blanca, de rostro gentil y bondadoso.
–¿Hasta el próximo siglo?
–Mejor dentro de 3 siglos, estaré un poco ocupado con la humanidad…
–De acuerdo, esperaré pacientemente en las entrañas de la oscuridad.

Ambos seres se desvanecieron en el acto, mientras el Mundo seguía su transcurso natural… ése que cada imperio creía forjarse por sí mismo.


Este relato hace referencia al gusto que tengo por este milenario juego -el ajedrez-, pese a que yo suelo jugarlo tan a menudo como en otrora, me siguen fascinando las elaboradas y complejas jugadas que son capaces de idear algunos colegas; esta historia mezcla ese gusto con mi actual lectura del libro "El Arte de la Guerra", de Sun-Tzu, una maravillosa obra que narra de forma brillante el proceso de la guerra -y ofrece consejos diversos sobre batallas en muchos otros sentidos-.

Saludos,
Desmodius.

4
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1 Comentario:

Me encanta

 Buena idea este relato, aunque es algo confuso, tiene su encanto, sigue asi.

PD: a mi tambien me encanta el ajedrez, ¿quedamos para jugar algun dia? xD