Saludos:
Hoy no vengo a enseñaros nada de mi mundo, ni a contaros historias de otros lugares. Hoy quiero contaros solo lo que mi corazón escribe con su negra sangre, el los pergaminos de la soledad.
Un antiguo pensador proclamo estas sabias palabras: "La inmortalidad niega a los seres sus mas bellas emociones y sentimientos, los convierte en fríos tempanos de hielo. Pero por suerte también reduce a cenizas los dos mayores sufrimientos, la tristeza y la soledad. En una vida inmortal carece de sentido el amor o la bondad."
Que confundido estabas viejo amigo... no conoces el sufrir de los corazones inmortales, pues bien es verdad que hay emociones que mi alma ya olvido y que en frías palabras habla mi voz. Pero no es cierto que la tristeza muere, pues es aun mas inmortal que los dioses. Despertar cada día con voz temblorosa y lágrimas en los ojos, cicatrices tan ondas como los abismos en mi rostro de siglos de llorar ese es mi destino.
Ya hace tiempo que deje de recitar, pues ya renuncie a que a nada o nadie le importara, pero hoy os voy a recitar algo que escribí ya hace tanto, que no se si lo podre recordar:
"No soy mas que la polvorienta sombra de un joven que murió por amor. Condenada a errar por el mundo sin consuelo ni perdón, solo y durante solo un fugaz momento los rayos del alba me hacen sonreír, me hacen creer de nuevo, pero nada es sincero, solo mentira y desasosiego. Leve sonrisa en el rostro etéreo de una sombra sin pasado, presente ni futuro, cicatrices negras de las lágrimas derramadas, ecos desgarradores de llantos de un amor que murió nada mas nacer. Estas son las ultimas palabras del sombrío ser que camina por las frías noches de la amargura, adiós, adiós y solo adiós, pues yo ya estoy perdido, olvidado, muerto..."