21 de Abril de 2014
Mayo
8

Cuento de una noche de enamorados

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Aquí os dejo un pequeño cuento en homenaje al primer amor. Espero que os guste ya que lo escribí hace un tiempo.

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Érase un a vez, en el viejo reino de Arcadia, habitaba un joven rey llamado Sojame. Este rey, era bondadoso y justo y trataba a todos sus súbditos como hermanos, desde que un triste día de lluvia ascendió al trono tras el fallecimiento de su anciano padre.

 

El reino entero agradecía el trato que recibían de su rey y, muy de tarde en tarde, todas aquellas personas que componían aquel lejano reino regalaban multitud de presentes a Sojame en agradecimiento por su bondad. Ricos, pobres, sabios, incultos… todo el mundo quería conocer a aquel rey que trataba de manera tan especial y cariñosa a aquellos que moraban en sus tierras desérticas.

 

El joven rey nadaba en la abundancia y repartía gran parte de esta a aquellos que más lo necesitaban pero, aún estando satisfecho por sus actos altruistas, sentía que su ser estaba incompleto, sabía que le faltaba algo en la vida, algo que completara su espíritu y llenara su alma de la esencia de nuestra existencia: el amor.

 

En plena noche de luna llena, Sojame se levantó de sus aposentos inquieto y extrañamente preocupado por algo, sin saber muy bien cuales eran los motivos que le impulsaban a dar cada paso que cada y, casi por intuición, el rey avanzaba a grandes zancadas por las enormes estancias de palacio. De repente, se detuvo junto a las enormes puertas de la biblioteca y las abrió desesperado en busca de aquello que le motivaba a seguir adelante.

 

En el centro de la biblioteca e iluminada por la luz de la luna estaba postrada una joven dama leyendo uno de los miles de libros que se hallaban en los centenares de estantes de polvo y sabiduría. Al acercarse la joven se giró y al rey le dio un vuelco el corazón puesto que acababa de ver el motivo de su inquietud. Sus ojos ocultaban un atrayente misterio y su figura era la que muchos poetas describían en sus versos. Era oscura como la noche pero en su interior radiaba una luz tenue y azulada.

 

Sojame, tras acercarse cautelosamente a la joven, le preguntó por su nombre a lo que ella respondió diciendo: “me llamo Yeres o Luna”. El rey se sorprendió al escuchar esto último y quiso saber si de verdad era la luna pero, a punto de formular tan extraña pregunta, Yeres desapareció con una cálida e inesperada brisa que atravesó al rey.

 

Nuestro joven rey pasó los tiempos olvidados recordando a Yeres contemplando cada noche, siempre que estuviera, la bella imagen de la Luna, deseando ver a aquella dama que le cautivó y hechizó.

 

Pasó mucho tiempo y el rey perdió toda esperanza de volver a verla pero, una extraña noche de san Valentín, el rey volvió a sentir aquella sensación que en antaño le hizo despertar de súbito de sus aposentos y, tras incorporarse, decidió regresar a la biblioteca. Su intuición no le engañó, puesto que allí volvía a estar Yeres esperándole, libro en mano, y mirándole con cariño al ver a Sojame atravesar aquellas envejecidas puertas de madera.

   

Tras acercarse, Yeres sólo le hizo una pregunta a Sojame: “Dime lo que sientes por mí empleando cien palabras” a lo que el rey, tras poco meditar, respondió “Amor”. Yeres, tras ver que el rey no proseguía le hizo otra pregunta: “¿serías capaz de abandonar tu vida de riquezas, tu lugar de nacimiento, tu nombre, tu alma mortal… serías capaz de abandonarlo todo por mí?¿ por una vida juntos hasta el final de la existencia?”. El rey, decidido y sin dudar un solo segundo, respondió tajante que sí.

 

Yeres sonrió y dijo sorprendida y llena de júbilo que una persona que lo sacrifica todo por un amor y que conoce con certeza el significado de estar enamorado es merecedor de una promesa eterna, puesto que el verdadero amor bebe de las fuentes de la sinceridad, del cariño, de la bondad, de la confianza y muchos otros valores que hacen de una pareja de enamorados dignas de ser reyes del mundo que han creado y crearán juntos.

 

Desde entonces, Sojame abandonó todo lo que tenía para convertirse en el sol y su reino se quedó sin rey, mientras que Yeres le juró amor eterno al sol. Sojame y Yeres, Yeres y Sojame, dos amores que sólo se ven en los eclipses pero, según dice la leyenda, los días de san Valentín el destino les une otra vez en sus formas encarnadas en la tierra, permitiéndoles verse de nuevo, en aquellas lejanas estancias de palacio.

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