22 de Junio de 2018
Ene
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Odin Sphere Leifthrasir o cómo renovar un clásico

Ya hace más de cinco años os hablé, aquí en El Rincón del Chete, de Odin Sphere, para ps2, un juego de Vanillaware, un juego artesanal, mirando a los clásicos arcade del pasado, con una jugabilidad tosca, aunque desafiante, que me impidió finalizarlo, a pesar de la buena impresión que me dio.

 

Para mí las dos grandes pegas del juego eran dicha jugabilidad, adaptada para gamers más resistentes, y los gráficos de definición estándar para ps2, que en cualquier nueva televisión lucían tristes. Y entonces van y anuncian Odin Sphere Leifthrasir, una remasterización del juego original con un remozado gráfico completo en unas perfectas HD y con un “retoque” en la jugabilidad. ¿Es que mis sueños se hicieron realidad?

 

Veámoslo.

 

 

 

 

Después de las magníficas impresiones que el juego me dejó en su versión original me quedé con una espina clavada en mi pequeño corazoncito de jugón. Además es algo que cada vez me pasa más, no llegar a terminar un juego y es que cada vez mi tiempo es más limitado ¿o es que mi aguante ya no es el mismo? Da igual, la cuestión es que cuando salió Dragon´s Crown me lo jugué de cabo a rabo, y en cuanto tuve una Wii en mis manos me jugué al 100% Muramasa, The Demon Blade.


Ambos juegos, también de Vanillaware, seguían la estela de su predecesor con gráficos en 2D, jugabilidad bastante clásica y un concepto maravillosamente artesanal de los gráficos: viejos yo contra el barrio en dos dimensiones como las viejas máquinas arcade de cinco duros. Cada uno con sus peculiaridades. Muramasa se mueve en unas estrictas dos dimensiones con gráficos que son puro dibujo, con dos personajes muy distintos entre sí para narrar dos historias entrelazadas en el Japón feudal. Dragon´s Crown, que saldrá en breve en ps4, posee una maravillosa ambientación de capa y espada en unas perfectas dos dimensiones, pero con la posibilidad de moverse “arriba y abajo” en el escenario, al viejo estilo arcade, dando una irreal, pero clásica, sensación de profundidad. Esto posibilita que se introduzca el multijudador, hasta cuatro jugadores, bien en local, bien online, bien manejado por la inteligencia artificial del juego.

 

Odin Sphere es el predecesor de ambos, con dibujos hechos a mano, pixel a pixel, y animados frame a frame. Técnicamente se trataba de un juego único, aunque la escena indie y la propia influencia de desarrolladores como Vanillaware, hace que la animación en dos dimensiones vuelva a estar de moda. Cuphead puede ser una muestra de ello, con dibujos estilo años 30, aunque en su día Odin Sphere era totalmente original: cómo serían los juegos en dos dimensiones con la técnica de hoy en día.

 

 

 

Aunque la versión Leifhrasir está remasterizada hablamos de un juego de ps2, por lo que hoy técnicamente se puede superar, el futuro 13 Centinels de Vanillaware nos lo demostrará, pero hay algo que sigue siendo totalmente vigente y es el diseño del juego.

 

Si Muramasa se enraiza en la tradición medieval japonesa y Dragon´s Crown en la fantasía de capa y espada, Odin Sphere toma, de forma absolutamente original, la base de la mitología nórdica, pasada por el filtro de Vanillaware lo que resulta un despliegue audiovisual que, aún más en HD, te dejará boquiabierto delante de tu televisor, cuanto más grande mejor.

 

El DISEÑO, así con mayúsculas, lo inunda todo. Los distintos protagonistas poseen carisma por los cuatro costados, tanto en su forma como en su color como en sus animaciones y forma de moverse o luchar. Pero no es nada más que el principio, las toneladas de personajes no jugables, desde los pequeños pukas hasta los magníficos dragones se mostrarán llenos de poder y color y… Vida. Porque si de algo se puede decir es que los escenarios están vivos, con hasta 7 u 8 capas de profundidad, cual guiñol o teatro tradicional, donde cada una de ellas se mueve y desplaza con la velocidad que su distancia requiere.

 

Moverse en scroll lateral (salvo algún scroll vertical) de toda la vida, por escenarios llenos de capas, luchando contra enormes jefes finales, bailando por el escenario junto con los pequeños enemigos, rodeado de efectos especiales, golpes y magias es un absoluto espectáculo que en Leifthrasir, en pantalla panorámica y HD, elimina la gasa que en el juego orinal nos impedía disfrutar del auténtico diseño del juego. Porque lo bueno de esta remasterización es que todo el diseño ya estaba ahí, solo que ahora luce mejor que nunca.

 

Además el diseño del conjunto está empapado del particularísimo estilo de Vanillaware con personajes exagerados, enemigos que ocupan toda la pantalla, malos miserables, hadas de los bosques y magias brillantes e irreales.

 

 

 

Gráficamente Odin Sphere Leifthrasir es una obra maestra traída a nuestros días, como una restauración de La Gioconda o de Las Meninas, podemos ver hoy lo que el autor pretendía que viésemos, solo que en su día la técnica no daba para más. Odin Sphere ha conseguido que este tipo de juegos y diseños se popularicen y tengan una segunda juventud, sin renunciar a unos gráficos personales, carismáticos y totalmente reconocibles e inolvidables.

 

Una fábula en movimiento.

 

 

 

 

Tal y como hemos dicho se trata de una experiencia audiovisual única, y esto quiere decir que el sonido está a la altura. Las voces pueden escogerse en inglés, con un aire romántico de cuento fabuloso, o, aún mejor, en original japonés, donde los amantes de lo nipón disfrutaremos del arte del doblaje como sólo en el país del sol naciente saben hacer. Nuevamente el carisma, la personalidad y la entonación nos harán vibrar con la delicadeza de una princesa o aterrarnos con la abrumadora voz de un gigantesco dragón.

 

 

 

 

La música está muy bien implementada y las melodías básicas nos transportarán a un cuento de hadas, pero es que volver a escuchar la música coral de la intro o la mezzalina del Desván de Alicia nos dará ganas de soltar una lágrima al sentirnos otra vez como en casa evocando las grandes aventuras que una vez vivimos.

 

Si a esto le añadimos unos magníficos efectos especiales de golpes, magias, viento, etcétera nos da un conjunto con empaque, un todo que se percibe como tal y que nos dará una sensación inolvidable. Y eso no es poco ya que muchos juegos acaban en el cajón de sastre de la memoria, éste no será el caso ya que siempre lo recordarás. Quizás el sonido no sea tan destacable como los gráficos, pero desde luego es sobresaliente e impactante.

 

Ahora toca hablar de la jugabilidad, que en su día era su talón de Aquiles. La historia se divide en cinco protagonistas, en cinco historias, y habrá que ir avanzando en cada una de ellas para desbloquear la siguiente. Cada personaje se maneja más o menos igual, pero con variaciones según su tipo de arma y magias que, conforme se mejore y avance en el personaje, hará que varíe la jugabilidad base.

 

Esto se hace a través de siete capítulos en los que se divide cada historia, contando cada capítulo con un mapa con una veintena o treintena de fases interconectadas entre sí. Cada fase se mueve en dos dimensiones, con los enemigos a derecha o izquierda (o por encima o debajo), moviéndose esféricamente de manera que las fases no suelen tener fin, en bucle, saliendo de ellas en puntos clave.

 

El juego original era bastante limitado con pocas opciones de combos, aunque cada uno de los personajes poseía ataques y manejos totalmente diferenciados, y las mejoras se basaban en farmear por escenarios matando a los mismos enemigos una y otra vez recorriendo las mismas fases una y otra vez. Esto hacía ver que la longitud del juego estaba un tanto inflada.

 

 

 

La gran novedad del juego estaba en la alquimia y en la gestión de inventario donde además de luchar debíamos gestionar nuestras pócimas y ataques extremos, con una clásica barra de vigor que hay que gestionar en combate, y la recolección de ingredientes, comidas y objetos que bien pueden utilizarse directamente o utilizarse para crear otras pociones y objetos, algo muy japonés.

 

Pues llega Leifthrasir y haciendo lo mismo te añade nuevas fases en los mapas, ampliándolos, sin variar la historia base. Y coge e incrementa el número de combos posibles, y los ingredientes, y las recetas, y las pócimas y los mismo que hacía antes pero más. ¿Mejor? Quizás no, pero aporta variación con la misma longitud. Aún así la jugabilidad original era muy exigente y tosca, pues en Leifthrasir puedes elegir entre tres dificultades, la difícil, cercana a la original, la normal, que atiende al jugador medio, y la fácil para poder jugar toda la familia o, incluso, para poder derrotar a auténticos jefes finales titánicos y temibles.

 

¿Qué esto hace el juego más fácil? Pues sí, no más sencillo, pero sí más fácil ¿Esto es bueno? Es diferente, y esa diferencia es buena, pero lo mejor es que si crees que esto pervierte el juego original directamente en el menú principal cambias a Odin Sphere, sin la coletilla Leithrasir detrás. El mismo juego de antes con gráficos de hoy.

 

No se resta, se suma. Mejores gráficos, bien con el juego original, para un desafío intenso y viejos y exigentes paladares, o Leifthrasir, para nuevos jugadores o para los que ya jugaron la versión original y quieren disfrutar de un soplo de aire fresco con el mismo sabor de antaño.

 

Esto no quiere decir que la jugabilidad sea sobresaliente, que no lo es, los añadidos a veces se ven demasiado… añadidos, pero consiguen dar agilidad a un juego que pecaba de rígido, sin renunciar, si uno no quiere, al juego original. Un apartado que se ha mejorado, rozando el notable, pero al que puede que aún le sigan sobrando algunas horas de relleno…

 

Debo reconocer que en este sentido Muramasa sí me parece un juego más equilibrado y fluido, más controlado y con mejor curva de jugabilidad y dificultad, pero claro, antes hubo que hacer Odin Sphere. La casa no se empieza por el tejado.

 

 

 

Por último hablaremos de la historia de Odin Sphere Leifthrasir. La historia es idéntica a la del juego original, tan sólo se ve y se juega mejor. Además la historia en Odin Sphere es importante, una jugabilidad tosca sólo se salva si la historia empuja por su lado, y en este caso, sin tener intención de trascendencia, la historia se divide en cinco hilos, que habrá que seguir uno a uno, con cada uno de los cinco protagonistas. La historia al principio es rígida y debes jugar por orden cada personaje, eso sí los cinco hilos se entrelazan en el tiempo cruzándose y trenzándose las historias, más conforme avanzamos en el juego.

 

Esto nos da cinco historias principales, entrelazadas entre sí, que a su vez nos cuentan la historia del mundo del juego. El desarrollo de la historia se narra con videos al inicio y final de cada una de las siete fases que tiene cada personaje hasta mostrarnos la historia completa del juego.

 

 

 

Sin embargo, una vez finalizadas las narraciones originales, desde un delicioso menú donde una niña, Alicia, en un desván con su gato Sócrates, va escogiendo libros que dan acceso a cada uno de los personajes y sus historias, el juego no termina. Con el arco principal del juego finalizado podemos seguir jugando, no ya navegando por las distintas fases para “farmear” o hacer subir de nivel al personaje, sino para darle continuidad a una historia que podría parecer ya terminada.

 

De esta forma para desentrañar el verdadero final de Odin Sphere es necesario continuar jugando, ahora ya en el orden que prefiramos, y con un desafío mucho mayor que en las fases iniciales del juego. En el juego original esta parte era la más árida ya que el escalón de dificultad hacía necesario repetir y repetir fases para subir de nivel sin el cual era imposible abordar tan temibles nuevos enemigos finales.

 

Con la nueva fórmula de juego, con más variedad de ataques e, incluso, la posibilidad de variar la dificultad esta segunda parte de la historia se vuelve más accesible, sea esto bueno o malo, y puede uno disfrutar más fácilmente de todos los arcos argumentales.

 

La narración de la historia, sin grandes trascendencias, está llena de épica, amor, odio, ambición, victoria, fracaso, reinos, princesas, sapos, dragones, infiernos, bosques, hadas, y un largo, largo despliegue de fantasía e imaginación que, sin necesidad de más, te harán viajar a esos viejos cuentos fantásticos que Alicia guarda en su desván.

 

 

 

Especial mención merece la Storybook Edition, con una caja especial, una camiseta con una de las recetas, un magnífico libro de arte destinado por los creadores directamente para los jugadores, una caja metálica para el juego (además del juego en sí) y una ilustración de Alicia y Sócrates en su desván que, en su conjunto, y a un precio para nada especulador, rinde homenaje al juego, y al jugador, como se merece. Con cariño y pasión.

 

¿Qué más podemos pedirle a Odin Sphere? Historias fantásticas, una fantasía animada e interactiva que nos acompañará durante decenas de horas de diversión y toda la vida como el eco de lo que es, una magnífica fábula.

 

Leifthrasir es la revisión de un clásico, mejorado hasta lo que siempre debió haber sido en lo gráfico: una obra maestra. Además es un juego referencia para lo que las viejas mecánicas y técnicas aún pueden aportar hoy en día. Un juego mejor que el original, que también se incluye, que permite disfrutar y volver a disfrutar de lo artesano, de cómo llenar de personalidad y buen hacer lo más sencillo, sin necesidad de más pretensiones que las de disfrutar jugando.

 

Odin Sphere Leifthrasir es un juego muy importante, que permite entender el pasado, presente y futuro de los videojuegos y que se vuelve imprescindible para los viejos del lugar o por aquellos que quieran quedar atrapados por la nostalgia y la magia.

 

 

 

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